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Leda Valladares
Leda Valladares
La dimensión de una folklorista (en toda la magnitud y extensión de la palabra) como Leda Valladares, merece un libro, o varios. El Pregón Criollo le dedica apenas un grupo de artículos en esta edición, pero intenta al menos significar con ellos su importancia. Nuestra función es (quiere ser) la de motivar a más. Ud. podrá incluso interpretar, por la extensión relativa que le dedicamos, este es un NUMERO ESPECIAL dedicado a Leda Valladares. Y no estaría mal. Para no dejar de lado otros temas hemos, de hecho, decidido sacar dos emisiones quincenales, en lugar de una mensual. Así Leda tiene el espacio necesario. Para ello, aún en lo modesto de nuestra contribución respecto a la que merecería la gran artista que se nos fue, abrimos nuestro humilde homenaje.
 
Su Biografia

Leda Valladares, que era hermana del Chivo Valladares (Rolando Amadeo) nacido el año anterior, vino a traernos la luz en Tucumán el 21 de Diciembre de 1919.
Su adolescencia transcurrió entre el blues y la música clásica que escuchaba su padre. «Antes de mirar el mundo me puse a oírlo. Por mi padre, tocando y cantando entré al follaje de la música», dijo alguna vez.


Comenzó en ese espacio con el seudónimo Ann Kay y formó FIJOS (Folclóricos, Intuitivos, Jazzísticos, Originales y Surrealistas) con Adolfo Abalos, Enrique Villegas, Gustavo Leguizamón y Manuel Gomez Carrillo entre otros (Portorrico, 2004:384). Se graduó en la Universidad Nacional de Tucumán con el título de Profesora de filosofía y luego también se licenció en Ciencias de la Educación.
Es que a los 21 años había descubierto las bagualas y a partir de allí Leda no se detendrá en recuperar ese canto anónimo. Su minucioso trabajo sigue siendo hoy en día un ejemplo de rigurosidad científica: “Estaba en Cafayate (Salta). Era una noche de Carnaval, yo tenía 21 años y allí descubrí la baguala. Me desvelaron tres mujeres que se detuvieron frente a mi balcón. Yo nunca había oído hablar de la baguala y entonces me parecía que tenía que ser algo muy misterioso, muy poderoso. Después de escucharlas me prometí recuperar semejante regalo de la tierra. Eran rastros de una canción que tenía muchos siglos y se estaba descolgando, estaba desapareciendo. Salí a buscar los vestigios de este milagro que hasta ese momento desconocía. A mí nunca me había tocado encontrar la voz agreste y salida de la montaña. Pero era un grito muy solitario, y ya ese pobre grito estaba tan viudo, tan solo, que daba pánico. Entonces tomé una especie de conciencia bastante trágica. Un país que estaba al borde de perder su historia, sus tradiciones, y nadie se daba cuenta de que todo eso se estaba muriendo o que ya estaba muerto.” (extraido de Wikipedia)

Allí toma la decisión de registrar esas melodías y hacer el Mapa Musical Argentino. «Con mi modesto grabadorcito a cuestas fui recogiendo el folclore desde Ecuador hasta Santiago del Estero. Y así, con mucha paciencia, fui reconstruyendo el mapa musical del país, y arrancando esos cantos de callejones, ranchos, valles, quebradas o corrales». En 1948  parte del país. Reside un año en Caracas, dos en Costa Rica y luego en Europa, donde conoce y hace pareja con Maria Elena Walsh. Fue, en París, en el año 1952, cuando se encontró con la gran autora junto a la cual formaron el dúo (folklórico y de vida) Leda y Maria, que hizo escuela y actuó en diversas localidades de Europa. En 1956 ambas retornaron a su país, haciéndose conocidas además en Argentinadonde grabaron sus discos (ver discografía).
En los años 1970` Leda comienza a construir puentes entre jóvenes músicos y cantores de campo y también a compartir escenarios y grabar discos con músicos de rock nacional argentino. Tal vez los viejos e iniciales tiempos de FIJOS se le hicieron entonces presentes y fértiles. Sus últimas grabaciones son de ese período. Su cualidad innata para la combinación llevó a sonidos con texturas que, hasta ese momento, parecían incompatibles.  Luego fue retirándose aunque no olvidada: al cumplir 90 años, Miriam García encabezó, por caso, una comparsa de unos 20 miembros que se acercó a saludarla y a cantarle.
Decidió irse a recoger cantos, más arriba aún que en la Quebrada de Humahuaca, el 13 de julio de 2012, a los 93 años de edad. Aunque las crónicas dicen que estaba alojada en un hogar de ancianos, por las consecuencias del mal de Alzheimer, estaba en realidad bien cálidamente alojada en el alma de los argentinos, y por mucho tiempo...


Su Discografia
 Su primer discografía fue en conjunto con María Elena Walsh

   
   

•    1954: Chants d’Argentine (Le Chant du Monde LDY-M-4021).
•    1955: Sous le ciel de l’Argentine (London International FS 123619/WB 9113).
•    1957: Entre valles y quebradas, vol. 1 (Disc Jockey Estrellas 10071).
•    1957: Entre valles y quebradas, vol. 2 (Disc Jockey LD 15052).
•    1958: Canciones del tiempo de Maricastaña (Disc Jockey 77076).
•    1959: Leda y María cantan villancicos (EP) (Disc Jockey TD 1007).


       


Leda Valladares por su parte realizó y publicó entre 1960 y 1974 una serie de discos documentales que luego fueron llamados en conjunto: Mapa musical argentino (los documentales de Valles de Tucumán por ejemplo o el Documental folklórico de la Quebrada de Humahuaca)


       

Ha concretado también obras discográficas de su total autoría como (Folklore de Rancho, Folklore Centenario, Nosotros, Igual rumbo, o Canciones…) y entre las que se destacan: Grito en el cielo (1989), Grito en el cielo II (1990) y América en cueros (1992). Por su labor, Leda Valladares fue miembro de honor de la UNESCO.

       


       


       







Su Filmografía
No es muy común que una recopiladora haya participado como ella en tres diversas funciones en la producción fílmica argentina. Lo hizo  como Intérprete, en 1976, en  El canto cuenta su historia. Lo hizo como Música en 1965 Pictografías del Cerro Colorado (cortometraje). y en 1969, en Medardo Pantoja (cortometraje).  Y por fin como Asesora musical, en 1967 en Hermógenes Cayo (imaginero), film documental de Jorge Prelorán (1933-2009).


Palabras para ella
Se nos fue en silencio, un día cualquiera.
Dolidos nos quedamos, detrás suyo, y  en la tierra
y todos los  recuerdos, emocionados, se nos llegan.
Es que tantos provoca  tu adiós, mi  tierna Leda…
que si el Criollo Pregón  mil páginas tuviera,
tal vez ni se acercaría siquiera 
a contener el cariño que te  espera
o a contener tu voz, multiplicada y  entera…





Para Leda
Tucumana pequeña y fibra dura,
con sus alforjas plenas de poesía
por cuatro rumbos de la patria mía
salió a buscar el canto que perdura.

Con su caja sonora y su huajtana
convocó a las copleras de la Puna
y en la Quebrada desveló la oscura
voz de los bagualeros de Tilcara,

Atrapó el canto azul que las vallistas
de esencia calchaquí han conservado
y supo atesorar el don sagrado
que tiene el pueblo, simple y fuerte artista.

Cinco mil niños fueron uno en ella,
escueleros unidos a su causa
de rescatar, sin prisas y sin pausa,
un canto que llegara a las estrellas,

canto cósmico, sí, canto raigal,
canto hondo, de corta melodía
que supo en coplas florecer poesía
criolla, y americana, y esencial.

Leda, hace tiempo que tu pie pequeño
tomó por el camino del descanso,
Tu aislado envejecer juzgo tan manso.
por preservarte así,  con tierno empeño,

No viste entonces que, quienes quisieron
tomar la voz que habías rescatado,
al transmutarla  en rock desenfrenado
concretar ese sueño no supieron.

Ya estás en paz, amiga muy querida.
Confío en que tu siembra no sea en vano:
que el canto joven vuelva, soberano,
a retomar la dignidad perdida.

Si ha de ser rock ¡que sea!,   adaptado
a las buenas costumbres argentinas:
sin drogas, sin violencia, sin espinas
en el camino que nos has marcado.

Acaso tu partir, que es tan penoso,
como lo fue también el de María,
una a las dos en la genial manía
que tuvieron de hacernos más dichosos.

De todos modos, es mi fuerte anhelo
que hayas llegado, con tu grito, al Cielo.


Clara Flamante.
14 de julio de 2012

Leda al viento

El 13 de julio pasado murió en Buenos Aires Leda Valladares. Ahora que bastaba una pequeña, casi imperceptible, ráfaga para extinguir la llamita azul que animaba apenas su cuerpito ajetreado por los años, sumergida su conciencia en inexplorados abismos, es oportuno, una vez más, recordar que, en su momento, no hubo vendaval huracanado ni acérrima helazón que pudiera amortiguar el fuego enorme de su proyecto: recuperar para una modernidad vertiginosa y engreída las voces secularmente silenciadas de las bagualeras, vidaleras y cantoras que abrevan duras existencias en sigilosos manantiales y las vuelcan visceralmente airosas en sus carnavales.
A lo largo de su vida, Leda fue dejando de a poco a un lado poesía, jazz y filosofía para empecinarse cada vez más en dar a conocer el desgarramiento entrañable de ese grito revelador que acogía tanto coplas pícaras y sentimentales como desconcertantes sabidurías. No era que esa práctica iba a perderse si nosotros no la conocíamos. Hombres y mujeres que la han cultivado durante generaciones sin cuenta lo seguirán haciendo mientras la madre tierra les siga transmitiendo su respiración incesante y bienhechora. Y se la llevarán consigo cuando ella los acoja por fin en sus pechos de arena.
Éramos nosotros los que íbamos a perder, y sin saberlo siquiera, si nuestra occidental ceguera dejaba que el viento se llevara los ecos finales de ese canto.
Leda no dejaba de ser hija de su tiempo. Incluso hija de su clase. Pero hija indócil. “Rescatar” las “supervivencias” culturales de la “inocencia” campesina antes de que se borraran definitivamente esas huellas de las “raíces” de la “identidad” era un objetivo que conducía los ya para entonces añejos esfuerzos de la folklorología, esfuerzos que ella bien conocía y, en algunos casos, admiraba. Lo que diferenció a Leda, como a Violeta Parra en Chile, de los recopiladores tradicionales es que, en lugar de coleccionar el canto para guardarlo en museos, registrarlo en cancioneros y ofrecerlo a las miradas como un resabio inspirador, lo hizo carne propia hasta sentir en sus propios huesos su vida aleteante y aspiró a darle cauce al río emocionado de sus latidos. Quiso, hizo, que se incorporara, con su jadeo y su alegría, con su corazón y su quejido, con su músculo y su esperanza, a la cultura contemporánea de una sociedad que lo había ignorado durante siglos. Como dice Sergio Pujol, “al cantar para aquellos oyentes jóvenes y urbanos, Leda devino finalmente en coplera auténtica”. Quiso quizá mostrar, incluso, cuan timorata, frívola o banal puede llegar a parecer, en el contraste, mucha pretenciosa vanguardia.
Este afán puede vislumbrarse ya en las tempranas grabaciones de Leda y María, antes de que su compañera de europeas aventuras eligiera otros rumbos. Pero emerge, sobre todo, en la alianza íntima con los roqueros de los 80 y los 90. Leda intuyó afinidades no claramente comprendidas, pero mucho más profundas que las de un mero paternalismo salvacionista, por las cuales Fito Páez, Pedro Aznar, Gustavo Ceratti, León Gieco, Gustavo Santaolalla, entre otros, se sintieron atraídos y se incorporaron militantemente a su proyecto.
Queda la obra de Leda Valladares en su mapa musical argentino, en su América en cueros, en sus gritos en el cielo. Pero más profundamente está en la multiplicada vigencia que alentó a través de esos entendimientos culturales, la expresiva continuidad del canto precipicio que sigue sonando ahora que ella, arrastrada finalmente por el viento, ha vuelto a la madre tierra que amó tanto.

Ricardo J. Kaliman
(INVELEC, UNT-CONICET)
Tucumán, agosto de 2012

 




Recuerdo de sus seguidores
•    “En 1979, en plena dictadura militar, formamos el Movimiento por la Reconstrucción de la Cultura Nacional, y la idea era hacer conciertos donde pudieran actuar todas las artes juntas. Leon Gieco  Leda entabló una discusión con Ernesto Sábato porque él empezó a hablar de las culturas superiores e inferiores. Ella le dijo que no era así, y que era tan importante un Miguel Ángel como una vasija construida por un guaraní, porque cada cosa está hecha con una necesidad y en un momento determinado. Eso fue una de las cosas más importantes que me enseñó Leda. Otra cosa que aprendí de ella y que repito siempre es la necesidad de cantar. Lo hermoso que es enseñar a cantar a los chicos. Esa necesidad, esa energía que tiene un pueblo de aprender a cantar fue su enseñanza. Siempre incito a hacer canto colectivo. Que es lo que ella practicó en plena dictadura militar, cuando reunió cientos de chicos con maestras cantando bagualas y vidalas en El Cadillal. La defino como una de las artistas más interesantes que tiene este país. Además la considero una de las transgresoras más grandes que tenemos.”   León Gieco

•    “Leda y María viajaron desde París hasta Londres, en busca de Alan Lomax. Figura central de la musicología comparada, (que..,) era un tipo riguroso, tal vez un poco rígido.Sergio Pujol Como asesor del sello Folkways, Lomax era toda una autoridad en la música étnica, en una época en la que la única música étnica que daba vueltas sobre una bandeja giradiscos era la rescatada por esos programas filantrópicos de la Unesco (…) Cantaron para él una baguala y un carnavalito, con la esperanza de ser incluidas en el sello, y quedar así eternizadas al lado de bluseros del Mississippi, cantores galeses, cantaores flamencos y otras especies en riesgo de extinción. Pero la cosa no anduvo. “Muy blancas para mi gusto”, sentenció el investigador. Tenía razón. O quizá no tanto.
(…) Leda se propuso consagrar el resto de su vida a rebatir a Lomax, quien en 1965 estaba muy ocupado, boicoteando la presentación “eléctrica” de Bob Dylan en Newport.
¿Logró Leda su rebate? Bueno, quizá no en los términos con los que el etnógrafo sonoro entendía la relación entre folklore y documento discográfico. Hija de la clase media ilustrada de Tucumán, profesora de Filosofía y Ciencias de la Educación, y entendida en jazz y blues, la hermana del folklorista Rolando “Chivo” Valladares no pudo inventarse la genealogía coplera que no tenía. Pero sí pudo aprender y enseñar a los argentinos, y a quienes quisieran oírla allá fuera, cientos de versos anónimos en melodías de tres notas y ritmo de caja: “Dónde están esos cantores / los que cantaban primero. / Caja y cuero, / cantar quiero, cantar quiero”. Una manera de cantar con todo el cuerpo, de cara a las estrellas.…Sergio Pujol (Radar-Pag 12)

•    Conocía a fondo la obra de los investigadores que la precedieron, como Raúl Cortazar, Carlos Vega e Isabel Aretz, pero tenía su propia cosmovisión, que la apartaba de cualquier academicismo. Claudio Kleiman. El canto “bonito” del folklore edulcorado que poblaba los festivales le resultaba vacuo, pasatista. Ella era una iconoclasta, siempre dispuesta a ir a fondo, descartando cierta idea de belleza proveniente de la cultura europea para priorizar una estética que “no busca la forma ni la belleza sino el desborde de la emoción”. Para alcanzar ese objetivo, la técnica es “la imaginación total y la libertad de la voz, que puede alcanzar cualquier salto mortal que sirva para el desangre psíquico”.
En ese sentido, Leda veía más próximas a esas esencias contenidas en la sabiduría ancestral de los pueblos originarios, a los artistas provenientes del rock, y también a los rebeldes del folklore, cuya búsqueda los llevaba a ser marginados por el establishment del género. Uno de sus muchos aportes fue transmitir sus hallazgos a una gran cantidad de músicos jóvenes formados en la cultura del rock, en una forma que –en muchos casos– afectaría de manera decisiva su futura producción artística. Claudio Kleiman (Radar Pag 12)

•    Siempre con tanto entusiasmo y todo el tiempo obsesivamente tratando de cumplir un sueño, para lograr conformar con sus investigaciones y rescates, el mapa completo de la Música Popular Argentina y todos los vericuetos que existen, rítmicos y en maneras de tocar, gracias al cuantioso regionalismo en nuestro país. Lito Nebbia
 Era difícil seguirle el ritmo, no sólo por la parte investigativa, sino por el detalle de producción. El de Leda era un material sumamente valioso, pero muy difícil de divulgar y mucho más de vender. De cualquier manera, logramos desde Melopea producir once de sus álbumes, todos publicados en CD, y son un lindo recuerdo de Leda. Lito Nebbia

•    Es la recuperación de un canto en forma antigua de toda una región del norte argentino y que ha permitido a las nuevas generaciones nutrirse de su sabiduría. Jose Ceña
En mi cátedra de la escuela musical de Ramos Mejía, uso para los chicos en forma constante los discos de Leda Grito en el cielo I y II y les mando hacer trabajos prácticos para que compongan una copla y la canten. De esa forma toman la verdadera dimensión del canto ancestral y se prenden a las vidalas y bagualas en las voces de Fabiana Cantilo, Fito Páez, Divididos y León Gieco. Jose Ceña


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