Opciones
PrincipalIndexPrimer Simposio Nacional de la Danza FolklóricaSegundo Simposio Nacional de la Danza FolklóricaEnlacesQuienes somosMesa DirectivaAporte TeóricosArtículos PrestadosArmando PoesíasAves del PaísArtesaníaArtesanos de la VidaBreves HomenajesBoletín MensualCarnavalesCanal de You TubeCiclosColaboracionesComidasContando CancionesCONGRESOS NACIONALESCorreo de lectoresCumpleañosDanzas TradicionalesDebatesDevociones PopularesDiscosENCUENTROS NAC/ REGIONALESEscritoresEstudiosFestivalesFolklore de LatinoamericaFolklore LaboralFolklore LiterarioFolkloristasGastronomíaHomenajesHistoriaHistoria del CantoHumorInvestigaciónInstrumentos MusicalesJoyitas de RecuerdoLiteraturaLibrosLeyendasLiteratura FolklóricaMultimediaMedicina PopularMúsicaNovedadesNoticiasNuestros MaestrosObras IntegralesPartidasPelículasPinturaPonenciasPoetas de la TierraReflexionesRecuerdosPosicionamientosRegionalismosRegionalesReligiosidadTercer Certamen de CancionesDelegacionesVidas ParalelasContáctenos

Suscribase a nuestra gacetilla electrónica
Nombre:
e-Mail:

 

El Cantor
El Cantor
Poema de Jorge Calvetti
 
El hombre va a cantar.
Debe, por eso, preparar su instrumento.
Como una flor pesada, su cabeza
se inclina para escuchar. Y escucha
-mientras digita con presteza- voces
agudas como las de los pájaros,
graves como el paso del tiempo.
Oye voces que deben acordarse
que una vez (alguna otra vez, remotísima o próxima),
como dos que se aman
fueron un solo ser.
Y continúa escarbando con dedos
que parecen los dientes de un roedor,
las agilísimas uñas del zorro
o de la comadreja,
puesto que es necesario entender
qué dicen
esas cuerdas tan conversadoras,
cada vez más cerca de su temple,
más seguras de que es así -exactamente así-
cómo se debe hablar,
o reir, o llorar.
Son agudas y graves, pero se buscan, se persiguen,
hasta que al final se unen
como las bocas de los amantes,
como la mano del que va a morir con la del ser querido,
como el cielo y la tierra en la distancia,
como el cuerpo y el alma.
El hombre ha inclinado, aún más, la cabeza;
y escucha, escucha.
Hasta que un hilo finísimo,
el silencio (tenue como la vida),
se corta.
Entonces,
llega el canto.

« Volver

 

CopyRight 2018 Academia de Folklore de la República Argentina | Todos los derechos reservados
Cap.Fed. Argentina 
Powered by Sistemas On Line