Opciones
PrincipalIndexPrimer Simposio Nacional de la Danza FolklóricaSegundo Simposio Nacional de la Danza FolklóricaEnlacesQuienes somosMesa DirectivaAporte TeóricosArtículos PrestadosArmando PoesíasAves del PaísArtesaníaArtesanos de la VidaBreves HomenajesBoletín MensualCarnavalesCanal de You TubeCiclosColaboracionesComidasContando CancionesCONGRESOS NACIONALESCorreo de lectoresCumpleañosDanzas TradicionalesDebatesDevociones PopularesDiscosENCUENTROS NAC/ REGIONALESEscritoresEstudiosFestivalesFolklore de LatinoamericaFolklore LaboralFolklore LiterarioFolkloristasGastronomíaHomenajesHistoriaHistoria del CantoHumorInvestigaciónInstrumentos MusicalesJoyitas de RecuerdoLiteraturaLibrosLeyendasLiteratura FolklóricaMultimediaMedicina PopularMúsicaNovedadesNoticiasNuestros MaestrosObras IntegralesPartidasPelículasPinturaPonenciasPoetas de la TierraReflexionesRecuerdosPosicionamientosRegionalismosRegionalesReligiosidadTercer Certamen de CancionesDelegacionesVidas ParalelasContáctenos

Suscribase a nuestra gacetilla electrónica
Nombre:
e-Mail:

 

Riquezas Criticadas – segunda parte
El caso analizado en la primera parte de este escrito, un canto religioso con tono rebelde, aun siendo significativo no es el único. Podemos apreciar que el ensalzamiento de la pobreza, y el castigo destinado al rico (casi lo mismo que decir avaro, o usurero, en este folklore) se muestran también en la canción que abre con: No hay como la pobreza Cuando en pobreza me advierten Solo yo soy el constante Bien haya mi mala suerte!
 
No hay como la pobreza
Cuando en pobreza me advierten
Solo yo soy el constante
Bien haya mi mala suerte!
(sigue…)
En ella se cuenta la volubilidad de la fortuna pero sobre todo  el consiguiente  cambio de apreciación social, que esta mutación  trae (“hoy porque me ven caído/ ya me llenan de bajeza”) pero a la vez la promesa (o expectativa, o deseo)  de cambio (“Y puede llegar el tiempo /que valga el que menos vale…”) tal vez “religioso” tal vez “revolucionario”.
Otra que muestra esto es la que comienza con:

Ya no hay razón para el pobre
La que hubo ya se acabó
La razón se subió al cielo
Solo la sinrazón quedó

Nuevamente se denuncia, y no casualmente, una realidad que no es, pero que se ve como si fuera.  Se acusa al injusto retrato social estereotipado (hoy se diría el “relato”) de un pobre, al que se presenta como malo. Esto es revelador: (“siempre el pobre es embustero, ignorante y sin talento”) pues además ese pobre es consecuentemente sospechado de delincuente (“Y si algo se les perdió/ dicen que él lo llevó”) e incluso de brujería (“el pobre no tiene Dios, es hechicero y sin fé”) y por consiguiente hay que de-velar, clamar, pelear contra, ese contenido injusto: (“Que en este mundo tan chico/ la razón se fue a los ricos/ solo la sinrazón quedó”).

Uno se pregunta, frente a estos ejemplos, cómo podían asombrarse los escuchas, cuando los artistas creadores de canciones “de autor” expresaron la rebeldía popular (más o menos militante), en los sesenta, con sustratos folklóricos como el presente.
La filosofía popular  (que no es una, sino múltiple) muestra una visión del subalterno crítica aunque, digámoslo, no necesariamente “rebelde”, también en coplas sueltas. Por caso (398)
Yo desprecio a muchos ricos
Por pobres de corazón
El pobre es humilde y tiene
Respeto y amor de Dios

Los ricos no son un conjunto homogéneo (desprecio a muchos ricos…) en cambio el pobre sí es homogéneamente bueno  y humilde (el pobre es…). Esta preocupación sobre las clases que dividen, por consecuencia económica, inversamente la  moral de  la sociedad, como en definitiva regulan  la riqueza y la vida de todos los días,  también se hace filosófica (360):

El pobre llora y se queja
Porque no tiene ni un rial
Yo he visto llorar a ricos
¿Dónde estás felicidad?

La distribución de bienes injusta (394) se suma también a una subversión o captación  de conciencias, tal vez hasta provocada por una “colonización cultural” del rico, o de la sociedad que lo sostiene, frente al cual el pobre no asume su pobreza, sino que incluso acepta ese sistema,  manipulando las apariencias. En definitiva legitimándolas.
Unos siembran la lechuga
Y se comen la ensalada
Otros se limpian la boca
Sin haber comido nada

Recuerda esto (perdón por la osadía) aquella genial canción de Armando Tejada Gómez

“Que decoro Doña Clara,
El ser pobre pero honrada
(…) suele mentir cuando dice
‘En casa no falta nada…’
(…) con su piadosa mentira
Le lava al mundo su infamia.”

Este efecto se ve también en la 399:
Yo nunca espero justicia
Porque no tengo ni un cobre
Como campana de palo
Son las razones de un pobre.

Pues nos recuerda la zamba de Maria Elena Walsh para las maestras rurales:
“Campanas de palo
Repican en la soledad
(….) Pobrecita patria en flor
Hasta aquí llegó mi amor”

Como dice don Lazaro Flury “Los Cancioneros de la edad media ya reflejaban a través de los juglares y trovadores el desequilibrio chocante entre “los de arriba y los de abajo”, los poseedores de suntuosos palacios y los que duermen a la intemperie”.  En síntesis, y con pudor frente a los grandes de las letras, pero también a los anónimos grandes del pueblo citados, se me ocurre que estamos, hoy, bastante como estábamos antes, y tal vez seguiremos así:

El mundo no pinta nuevo,
ni tampoco está tan viejo,
que los que antes vivieron,
no lo enseñen con sus versos…

Si  al rodar de cada año,
la copla vuelve a su ruedo
Pobres,  aún somos,… mayoría
Y en eso.. tal vez nos venga el consuelo.
            Carlos Molinero

« Volver

 

CopyRight 2018 Academia de Folklore de la República Argentina | Todos los derechos reservados
Cap.Fed. Argentina 
Powered by Sistemas On Line