Opciones
PrincipalIndexEnlacesPrimer Simposio Nacional de la Danza FolklóricaQuienes somosAporte TeóricosMesa DirectivaArtículos PrestadosArmando PoesíasAves del PaísArtesaníaArtesanos de la VidaBreves HomenajesBoletín MensualCarnavalesCanal de You TubeCiclosColaboracionesComidasContando CancionesCONGRESOS NACIONALESCorreo de lectoresCumpleañosDanzas TradicionalesDebatesDevociones PopularesDiscosENCUENTROS NAC/ REGIONALESEscritoresEstudiosFestivalesFolklore de LatinoamericaFolklore LiterarioFolklore LaboralFolkloristasGastronomíaHomenajesHistoriaHistoria del CantoHumorInstrumentos MusicalesInvestigaciónJoyitas de RecuerdoLiteraturaLibrosLeyendasLiteratura FolklóricaMultimediaMedicina PopularMúsicaNovedadesNoticiasNuestros MaestrosObras IntegralesPartidasPelículasPinturaPonenciasPoetas de la TierraReflexionesRecuerdosPosicionamientosRegionalismosRegionalesReligiosidadTercer Certamen de CancionesDelegacionesVidas ParalelasContáctenos

Suscribase a nuestra gacetilla electrónica
Nombre:
e-Mail:

 

Juan Draghi Lucero
Juan Draghi Lucero
El “Cancionero popular cuyano” en 1938, “Las mil y una noches argentinas” en 1942, “El loro adivino” ya en 1963, los “Cuentos mendocinos” en 1964, “El hachador de Altos Limpios” para 1966, “El bailarín de la noche” en 1968, “El pájaro brujo” en 1972 y “Sueños” en 1986 muestran la obra literaria de un grande de las letras y del Folklore Argentino. Juan Draghi Lucero, es ese grande. Vale la pena conocerlo (sigue…)
 
Nacido por azar en  Los Nogales,  Santa Fe,  el 5 de diciembre de 1895,  fue inscripto en Lujan de Cuyo, Mendoza, donde se mudaría a los dos años.  Se nos fue en  Buenos Aires en 1994. Draghi Lucero comenzó a estudiar historia y Folklore de cuyo en los ‘20. A sus trabajos de campo y recolecciones de datos  de esos años los volcó en el Cancionero popular cuyano, con una excepcional  recopilación de  coplas,  cuecas,  décimas,  romances y tonadas. Su libro más conocido es  Las mil y una noches argentinas, con narraciones,  leyendas,  relatos  y cuentos típicos del folklore argentino. Fundador de la Junta de Estudios Históricos de Mendoza, fue profesor en la Universidad Nacional de Cuyo y miembro correspondiente del Instituto Nacional Sanmartiniano.
********* ************ ****************   
   
Presentamos y comentamos aquí uno de los cuentos: El Dientudo
Eje claro de este relato  es como en otros de su autoría, la utilización de leyendas populares y en especial de características diabólicas, para ofrecer  mensajes de carácter didáctico-pedagógico, o mejor, ejemplificadores. La moraleja es  función que investigadores y escritores  no desdeñaban mostrar en el folklore.  Legitimaba su funcionalidad, y era entonces base de sus relatos.  Importante es aclarar que gran parte de lo que uno pueda encontrar en el análisis posterior, más que determinar una voluntad explícita del relator (por caso justificando aquí las estructuras sociales vigentes) como  haría un “intelectual orgánico”, lo que muestra es el funcionamiento de la mentalidad  vigente en su época, tal como la re-expresan los creadores. Que entonces no solo nos  “proyectan” el folklore, externo a ellos, sino que se “proyectan” ellos mismos, en este caso  a otros tiempos, mostrando,  mostrándonos, y mostrándose, parte de la sociedad.  El uso de cuentos y novelas en las actuales tendencias historiográficas sirven entonces para entender  la sociedad tal como era, aunque no para explicar o aplicar “causas- efectos” lineales, de porque fue así. Menos aún para juzgar  anacrónicamente  a los literatos.  Y así es como llegamos a Draghi Lucero, por caso.

     La particular geografía de San Juan, vemos, le es funcional para “alimentar analogías”: el socavón  (no era tiempo aun de “minerías a cielo abierto”)  es casi una salamanca. La descripción nos  presenta  una visita misteriosa (en cauteloso secreto)   al interior de la tierra oculta  (oscuro socavón) y atemorizante (con un recelo nunca sentido antes). Así  prepara un clima de magia extrahumana, antes  que un espacio de “mágico aprendizaje  de magia”  (por lo veloz y  por el poder así logrado) como es la salamanca. Su ambición justificante  (análoga a la que lleva a  la cueva del Zupay)  está representada aquí por los sueños de poder y riqueza  de ño Pedro.  Sueños (mandar con imperio)  que el oro posibilitaría (descubierto también por “magia”  o “intuición de minero”). Pero más aún, resulta claro que  la razón de su experiencia, como es rápidamente entendido por Ño Pedro, es, antes que dichos deseos,  su realidad previa y de engaños múltiples: a sus patrones (con la casa y la licencia), a su patrona (Petrona, mujer sonsa), a su futura concubina (la china Rosa, que acepta sus solicitaciones solo cuando la llena de un todo),  a  los demás trabajadores de la mina y al innominado dueño de la mina (al cual le esconde y extrae el descubierto oro). No parece en la visión de Draghi Lucero estar mal desear ser más, incluso emparejarse con aquellos que son de antiguo apelativo (máxima aspiración), sino el buscarlo  insanamente (con calenturas), merced a  subterfugios o mejor, desvíos de la senda admisible (sus extravíos). La moral es entonces el fundamento lógico de una posición económico-social admisible. Otra cosa parece ser reducida a una fiebre, que lo hace temblar … de angurriento. 
Pero en fin, aunque las implicancias sociales cuentan, en el sustrato del relato el eje de la caída de ño Pedro y de la consiguiente y angustiante búsqueda (con lo último de sus pujidos) de su redención, está concentrada en el amor,  familiar y tradicional. Las abruptas transiciones del relato entre la mujer caída del catre,  que luego pasa a ser la santa esposa  (al menos cuatro veces así llamada, sobre el final)  a la que hay que “pedirle perdón de rodillas” retratada como aquella que lo libraría, lo evidencian, moralizantemente. Y las consecuencias son más claras aún:  Burla, castigo y locura  es una lógica compensación postulada para esa previa locura de traiciones múltiples,  pero sobre todo matrimonial, dearrollada por el protagonista. Sus tentaciones  serán muy  humanas (como lo es la previa descripción de Draghi Lucero, que con astucia las va presentando como naturales…) pero en el fondo son antisociales, y por ello moralmente reprobables. El relato lo señala ineluctablemente en su crescendo.
En síntesis y por todo esto, disfrútelo…  Pero atención… ¡ni se le ocurra repetir la historia de ño Pedro! Queda advertido.




Obras de los Maestros

El Dientudo

Ño Pedro se apeó del caballo; ató el cabestro en el palenque  sacó el candil de las alforjas y enderezó a la bocamina. Sería la medianoche, pero a la luz de la luna se distinguían la senda de los mineros y la negra boca del socavón. Repechó por el barranco formado por el desmonte, se acogió al reparo de un peñasco y luego de hacer jugar el eslabón contra el pedernal  logró encender el yesquero y finalmente dar luz a su candil. Compuso el pecho para entonarse y entró en el oscuro socavón … De muy adentro le nacía un recelo nunca sentido antes; eran golpeantes aletazos de hosca prevención, como un decir lastimante de la voz del alma que lo llamaba; pero, ¡ya no podía retroceder!...
Ño Pedro fue avanzando despacio por el piso áspero, inclinado, de la mina con el candil en alto. Era día de fiesta, domingo, y él, en cauteloso secreto, procedía como nunca lo hiciera antes. Bien es cierto que asomaban ansiadas novedades en su vida: había conseguido, después de trabajosos empeños  y costosos regalos, convencer a la chinita Rosa que se mudara al ranchito del bajo con la ciega de su madre, y…que lo recibiera a él, solitos los dos, cuando fuera a visitarla. Mucho lo había fatigado esa conquista, pero al fin conseguía adobar este amor de contrabando. La chinita consentía en corresponderle siempre que la llenara de un todo y él, para que viera que no le mezquinaba nada, le había hecho llegar ese mismo día dos árganas con comestibles y golosinas al rancho del bajo, donde acababa de mudarse. Le mandó decir que el lunes de madrugadita le caería él… Quince días de regalona fiesta del amor  se hacia la cuenta de pasar ño Pedro a su lado. Saboreando lo que vendría, se sintió gallito ladino y más sed entonó. La verdad era que ño Pedro veníase preparando de mucho tiempo atrás. Con habilidosos manejos y bien sopesadas industrias  había quedado muy bien con sus patrones, y tanto, que les sacó un ala del caserón antiguo donde ahora vivía con su mujer, con mas el regalo de quince días de licencia…. A la pobre de su patrona las había convencido que tenía que bajar a San Juan para el arreglo de los papeles de la dichosa sucesión que nunca terminaba. La conformó con la promesa de traerle remedios para su sordera ¡era tan buenaza y tan caída del catre, la pobre! Y no solamente muy hacendosa y de buena medida, sino que todo su cariño y su mundo eran para el marido que Dios le dio; pero ya se estaba poniendo viejona y a ño Pedro le bailaban los ojitos detrás de las chinitas. Gallo y de arranques era el viejón, aunque se hacía el santito.
    Otro cominillo lo manejaba, también, a ño Pedro: con porfía soñaba hacerse rico y poderosos de la noche a la mañana con el descubrimiento de un filón de oro o de plata. Conocía las mentas de mineros famosos que se habían ganado a ricos y a señorones con un golpe de barreta. La historia de Juan Godoy la recordaba de continuo, y él también se solazaba con la idea de hallar otro Chañarcillo que lo sacara de la pobreza y de los rajuños. Cuando estas calenturas se le ganaban a la mollera, se le formaba ed la nada un mundo ¡tan brillante y gustoso!. Se miraba en las alturas con el decir y las maneras de un gran señor, mandando con imperio  a sus muchos y rendidos servidores y viviendo en el brillo y la fama… Y recordaba que el día anterior, el sábado, en el justo momento que salían los trabajadores  del socavón nuevo, el tuvo el presentimiento del minero; retrocedió sin ser visto hasta el fondo de la mina, y con un pico  había hecho lo que muchas veces: cavar en un costado siguiendo una “idea”, y esta vez había descubierto un filón de un mineral tan concentrado que era casi un metal. A la pobre luz del candil, contempló brillos tan maravillosos que tuvo la certeza que era un riquísimo filón de oro nativo: pero con el apuro por no ser  descubierto por algún compañero y sobre todo por la fiebre que lo invadió  -temblaba de angurriento- medio tapó y escondió el filón con tierra y escombros, y se prometió volver a la noche siguiente para asegurarse por vía de ojos y manos de su descubrimiento. ¡Y ahora volvía! Solito llegaba y a deshoras de la noche, y en domingo, cuando los mineros se emborrachaban  o dormían  sin maliciar una nada. Y ño Pedro avanzaba afiebrado por las esperanzas de vida nueva, empujado por las mil tentaciones de la suerte del minero.  Ya se ganaba a jurar que su descubrimiento era un riquismo filón  de oro nativo de cortarlo a cincel y esa misma noche ¡la noche de su memoria!, cargaría en su sillero varias arrobas de oro, taparía el resto y pasaría unos quince días con la codiciada Rosa en la dorada gloria; erpo eso era solamente un principiar de la nueva vida. Luego bajaría al pueblo y se vestiría a lo caballero, y compraría una gran casa, de esas en las que se lucen los poderosos ricos, y se ganaría a ser el Señor Don Pedro Gonzalez Calderón y no ño Pedro como agora .Y compraría una gran estancia con animales de crianza, para llevar arreos a Chile; y se haría de tropas de carretas y arrias de mulas para mover sus caudales en incesante aumento. Y viviría, ¡eso sí!, a la par de los ricos más entonados y de antiguo apelativo y una vez bien asentado en su nuevo ser, buscaría una niña de las más finas y pulidas y la solicitaría a sus padres… Le dejaría a la Petrona  , buenaza pero sonsa, lo suficiente para que pasara el resto de su vida. Y ya ganándose a las soñadas alturas, se dejó decir en voz alta:- ¡todo lo puede la plata porque es la dueña del mundo!...
-De pronto cayó en la cuenta que llegaba al fondo del socavón y se aprestó a la obra; en eso le pareció oir algo así como un débil vagido de una criaturita…. Descarrilado con tantos vuelos, medio quiso centrarse, pero otro vagido, ya más claro, le tesó las orejas. ¡Había oído llorar a una criatura! Levantó un candil, y logró divisar, arrimado al fondo del socavón, a un bultito envuelto en pañales. Se quedó tieso con el candil en alto...Sí, era una criaturita que se quejaba con tiernísimos vagidos. Tal vez la madre más cruel del mundo   la había arrojado para que muriera en el fondo de la mina. Queriendo y no queriendo dejó el candil en el suelo y con el corazón a los golpes y la respuración cortada se acercó al bultito envuelto en pañales. Con gran delicadeza tomó con sus dos mansos a la criaturita que tan tristemente lloraba, la levantó y se la arrimó al pecho. Luego sintió que la guagüita se tomaba de su camisa con sus manitas. -Quiere teta- pensó y más la arrimó a su pecho, acunándola…
    Un remezón de su carne y un alarido del alma lo rescataron: fue un alumbrón de relámpago que le anunció la verdad al Hombre… Veloz y alertado pesquisó al bulto que tenía entre sus brazos y vió que una cara se salía  de la oscuridad, sobrenadando en las negruras. Luz verdosa la iluminaba. ¡El hombre vió pegados a su pecho a dos grandes ojos malignos que se saltaban en fogueos rojos y una bocaza increíble de la que salían y se cruzaban cuatro larguísimos dientes como los del jabalí!... Gozando su triunfo le brotaron al dientudo las risadas del Infierno. Era burla y castigo: locura y escarnio. El hombre se recobró desde los cimientos de su ser y con un tremendo sacudón arrojó al Dientudo al suelo y huyó por el socavón oscuro. En la cerrada negrura se caía y se levantaba, atropellando sostenes y escombros, y más corría y gritaba con todas sus fuerzas y todos sus espantos. Enloquecido, oía con el todo de sus oídos, las risadas del Demonio que le pisaba los talones. Más desoladamente huía y tan sin gobierno que tomaba por una galería, llegaba a los socavones y piques, y cayéndose y lastimándose volvía por los mismos con al aparición detrás. Nunca supo cuánto huyó a los alaridos; cuánto anduvo y desanduvo en carreras de locura hasta que, ya al acerse de fatiga, se halló en la bocamina y pudo ver las estrellas. Con gran consuelo se halló frente a la abierta noche, hasta que contempló, con rescoldos en la mirada, al Dientudo, esperándolo… Y se reía el bocón de los salidos dientes y de espantosos ojos saltones. Ño Pedro ni atinó a montar en su caballo; bajó la senda y siguió la huella blanquecina en demandas de su casa. Se le gastaban las fuerzas y resollaba sin gobierno, pero más y más corría. Ganó cuadras y cuadras con el Dientudo a las risadas. Ya apeló a las fuerzas del alma y corrió con todo el resto de sus alientos para guarecerse en su casa, al lado de su santa esposa
Y corrió y corrió con lo último de sus pujidos y todo lo reclamó  a sus restos , hasta que logró divisar los tapiales de su huerta. Un pedir desesperado a la raíz de sus fuerzas y otra y otra fuercita y llegar ¡por fin! A las murallas carcomidas y saltarlas en el aire con las alas  del espanto y a los alaridos.- ¡Petrona! ¡Petrona! – clamaba atropellando los sembrados. Apelaba a su mujer en demandas de socorro y de perdón. Cruzó la huerta, desembocó en la resolana, resollando como perro cansado y se acogió a l resguardo de los corredores del caserón, hundidos en las sombras. Medio se detuvo a escuchar y ante los cavilosos silencios, cayó en la cuenta que el Dientudo ya no lo perseguía… Pesó que el Demonio no podía entrar en su casa, salvaguardada por su santa Petrona. Y todo era silenciar y vigilia en el caserón dormido; todo reposaba y se hundía en los retenidos alientos cordilleranos. Ni un perro aullaba, ni gritaban las aves, ni se agitaban las hojarascas; la noche se sumía en las demasías del aquietamiehnto. Con el cuerpo descoyuntado, la garganta sangrante por alaridos y carraspera, porfiaba por llamar a su única ayuda : ¡Petrona! ¡Petrona! – y su voz quebraba la quietud resguardante. Ño Pedro , siempre a los gritos, abrió puertas y llegó al aposento de dormir y siguió buscando en vano, llamar a su mujer. Y volvía a recorrer las mismas piezas  y corredores, llamándola con más ternura para pedirle perdón de rodillas, para contarle todos sus extravíos , para suplicarle su cariño y que lo librara  del ajusticiador Demonio de los dientes cruzados… Y sus vanas voces remecían  al caserón en vigilia, amurallado por silencios. Y volvía a recorrer el cañón de piezas solitarias  en el más vano solicitar. Perdió la cuenta del tiempo en un nadar sin gobierno hasta que, ya de nuevo en el corredor, medio le pareció ver una vislumbre en la cocina… - ¡Sí, Si; allí estaba su santa esposa, esperándolo como todas las noches, sin oírlo por su sordera! – Y allá se fue él reencontrándose con llamar  a su esposa con voces de amoroso desconsuelo. Llegó a la cocina, abrió bien la puerta y vió  claramente el bulto de su santa mujer que, inclinada sobre el fogón, animaba con soplos al fuego mortecino. - ¡Petrona! – gritó amoroso y entregado, al tiempo que con sus dos brazos le rodeaba la cintura. En demanda de dulces cariñitos le hizo volver la cara junto a la suya…
    Y el bulto  dio vuelta la cara: ¡Dormidas llamas le salían por los ojos saltones, alumbrando a cuatrp larguísimos dientes que se cruzaban fuera de la bocaza!


                Juan Draghi Lucero (cuentos mundanos)

Referencias:
El Dientudo: La leyenda cuenta que a veces en los montes criollos se escucha un lamento nocturno semejante al llanto de un niño. Algunos relatos de campaña nos revelan el fantástico origen de este sollozo, pues afirman que es ocasionado por un ser tenebroso que recibe el nombre de “dientudo”. Algunos cuentos, no solo cuyanos, sino mriooplat6enses lo retoman:  se afirma que en cierta ocasión, unos montevideanos estaban cazando chanchos-jabalíes en Cerro Largo, cuando escucharon a lo lejos los gritos desgarradores de un niño. Desconcertados por estos lloriqueos, dos de los cazadores con un par de perros se fueron acercando al sitio del cual procedía el llanto. Al situarse a menos de cincuenta metros, los canes se atemorizaron y regresaron corriendo al campamento. Uno de los hombres se adelantó unos metros a su compañero y descubrió, con estupor, que en el suelo había un bebé de pocos meses. Totalmente confundido, tomó al pequeñuelo en sus brazos, ignorando que éste era un “dientudo”. La maligna criatura clavó sus dos enormes dientes en el cuello del cazador, desgarrando con furia su carne, mientras éste intentaba deshacerse del extraño ser.-  El otro cazador, impotente, quedó paralizado del horror y no atinando a hacer nada, fue un mero espectador del increíble suceso- Cuando el “dientudo” sació su sed de sangre, saltó hacia los matorrales y huyó en la penumbra. El cazador no había sobrevivido. Esta es la forma de los “dientudos”:- son niños que chupan sangre humana con sus gigantescos incisivos.
Mas detalles en http://www.tacuarembodigital.com.uy/terruno_dientudo.html
Chinita: India. Mujer del pueblo, esposa o manceba. Cariñosamente el gaucho llamaba así a sumujer.. Si chino es mestizo o mulato, China avanza a mujer en términos tgenerales. Aunque ligeramente diversas, sus orígenes muestran una concepciobn de inferior ( por indio, mestizo o mulato) socialmente, comno lo es mujer e, general para la época, y lo es el “chino como hombre mestizo, también:
Adobar: Si proviene de Poner en adobo las carnes u otrascosas para sazonarlas y conservarlas, esto se extiende a Componer, arreglar, aderezar. Incluso  Guisar  o Curtir las pieles. Por ello deriva a su vez a Beber hasta la embriaguez. Y en este caso  a adornar o mas genéricamente preparar adecuadamente antes de comerlo, a este “amor de contrabando”
Árganas: Son cilindros de cuero abiertos en la parte superior para transportar víveres en el lomo de un  caballo,  burro, mula o llama. En definitiva son alforjas grandes. Y de allí a su uso en el relato  como bolsas para alcanzarle los “comestibles y golosinas…”
Industria: se usaba originalmente como capacidad de hacer cosas, habilidades, mas que como espacio material o instalación y equipamiento, organizativo incluso, de fabricación de bienes.
Ganarse a ricos: una acepción es, justamente llegar a donde se pretende: pero también tomar  una  dirección  determinada. Podemos leer entonces que  llegar a ricos, “ganarse a” parece casi, como el texto señala,  no solo alcanzar, sino lograr un camino y alcanzar por él el objetivo. Y este es aumentar, mejorar. Ser ricos es un estado a lograr entonces.
Cominillo: un sinónimo puede ser cizaña, en el sentido de elemento menor y corroyente que va entrándole a debilitar. La ambición era entonces como una especie de veneno trepante. Esa ambición no parece sanamente ingresada a su mente. La pregunta es porque… y la respuesta es por querer hacerlo “de la noche a la mañana”. Reconfontante seguridad sistémica que el orden no sea fácilmente
Sillero: el diccionarios solo refiere hoy bajo ese nombre a una persona, ya sea que haga sillas, o que las “cuide en una iglesia”. En la epoca colonial refería a los cargadores “andinos” de bultos, y a veces de personas en sus “sillas”. Mas en este caso es un caballo, de uso para silla (caballos silleros). Es decir  representan análoga capacidad de carga, en este caso, en la “silla” del animal.
Arrobas: unidad de peso, “tradicional” de unas 25 libras, es decir unos once y medio kilogramos.
Agora: arcaísmo por ahora. Su utilización denota la españolización del San Juán popular de entonces.
Tesó: Pasado de tesar, que es poner tenso o tirante un cabo, una vela de barco o un cable. En este caso indica que le puso en tension sus orejas el “vagido”  escuchado.
Guagüita: proveniente de huahua (quechua por niño recién nacido),  se extendió a niño de tierna edad (de pecho). Su diminutivo suena, no casualmente  aún mas cariñoso. Esto tiende a crear el clima que el relato desea.



------------------------------------------------

[1] Pre tecnologico

[2] No era minería a cielo abierto, claramente.

[3] Miedo no es sonzo, y fundamenta la humanidad del relato. Y las fuerzas oscuras que se avecinan.

[4] Originalmente con  sentido de esfuerzos y habilidades.


 [5]
Presencia de la tradición hispanica y europea en el decir

[6] Banquero y bancario, minero y trabajador de la mina son diversos.

[7] El relato esta en texto de subalterno, aunque no totalmente.

[8] Su patrona es Petrona

 [9] Ver Huerfanos, de M Castro.

[10] Paso de sonsa a santa….

[11] Lo esencial quei es el cambio del poder.

[12] Abnaoligaia a la loca acrrera del soccavon minero, una analogía en definitiva de una vida perdisdas al extraviar valores, en la oscuridad vacía.

« Volver

 

CopyRight 2017 Academia de Folklore de la República Argentina | Todos los derechos reservados
Cap.Fed. Argentina 
Powered by Sistemas On Line