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Día de la Tradición
El 10 de Noviembre es nuestro día. Se ha instituido así desde 1975, para todo el país, por ley 21154. Esto tenia raíces en 1937 en las reuniones de la Agrupación Bases (por el pensamiento de Alberdi), quien logro que en 1938 se presentara una nota ante el senado de la Provincia de Buenos Aires, logrando la ley provincial 4756/39 del 18 de Agosto de 1939. El día elegido fue por el natalicio en 1834 de Jose Hernandez.
 

Raul Chuliver nos acerca la revista Nativa  de 1939, que con cierto optimismo (ya que para ser nacional que debió esperar 36 años) muestra el impacto de esta presentación

En la reunión mensual de nuestra Institución, el martes 6 de Noviembre,  lo recordamos leyendo además un fragmento de la carta de Jose Hernandez a sus editores para la primer impresión del Martin Fierro, que aquí transcribimos.
 Resulta interesante en ellas la concepción que Hernandez tenía de su trabajo y de la función del gaucho o su obra. Abusos y desgracias corren por igual, y lo hacen actuando sobre una clase desheredada. No son palabras al azar: se deshereda solo a quien en realidad tiene derechos, y le son quitados. Derechos que vienen del pasado, de los padres (otra forma de decir PATRIA).  Y que le son quitados por desgracias (“externas”) pero también  abusos (del poder). Así puede analizarse toda su carta: reírse del gaucho por su ignorancia, era la forma de depreciación simbólica que se “usaba”. Es ésta una forma de justificación de los abusos pues eran cometidos contra quien en realidad tenía escaso valor como persona y poco valor (sino completa inutilidad) para la nación. Le sigue en Hernández el  verle y reconocerle su altivez (aun hasta el crimen), imaginación, y originalidad en reflexiones, aún sin demasiados silogismos (lo que muestra el predomino otorgado a la “razón” en el momento) o que dude si el gaucho no las usa “sin comprender” ni “valorar”. Pues lo que parece  decirnos así es que él sí las encuentra profundas, ricas y valiosas. Es la suya entonces una visión ciertamente opuesta a la “vigente”, recategorizante y validante del gaucho. Y es conciente de esta revolución conceptual que

encarna. Al que le resulta tan difícil estudiarlo, casi como entomólogo o arqueólogo, pero que reconoce sobre todo, que la civilización está haciendo desaparecer. Y no debiera. La visión de Leguizamón en el cuento de La Minga, también reproducido en este número, claro que casi medio siglo después, coincide. Y eso no es casual sino fruto de trabajos como el de Hernandez, ese “pobre” Martin Fierro que ha logrado cimentar una visión de Patria, y dar motivo a un Día de la Tradición.


Sr Don Jose Zoilo Miguens
Querido amigo:
Al fin me he decidido que mi pobre Martin Fierro, que me ha ayudado algunos momentos a alejar el fastidio de la vida de hotel, salga a conocer el mundo, y allá va, acogido al amparo de su nombre.
No le niegue su protección, usted que conoce bien todos los abusos y desgracias de que es víctima esa clase desheredada de nuestro país.
Es un pobre gaucho, con todas las imperfecciones de forma que el arte tiene todavía en ellos, y con toda la falta de enlace en sus ideas, en las que no existe siempre una sucesión lógica, descubriéndose, frecuentemente entre ellas, apenas una relación oculta y remota.
Me he esforzado, sin presumir haberlo conseguido, en presentar un tipo que personificara nuestros gauchos, concentrando el modo de ser, de sentir, de pensar y de expresarse que le es peculiar; dotándolo de todos los juegos de su imaginación llenas de imágenes y de colorido, con todos los arranques de su altivez, inmoderados hasta el crimen, y con todos los impulsos y los arrebatos hijos de una naturaleza que la educación no ha pulido ni suavizado.


Cuantos conozcan con propiedad el original, podrán juzgar si hay o no semejanza en la copia.
Quizás la empresa habría sido para mí más feliz y de mejor éxito, si solo me hubiera propuesto hacer reir a costa de su ignorancia, como se halla autorizado por el uso, en este género de composiciones; pero mi objeto ha sido dibujar a grandes rasgos, aunque fielmente, sus costumbres, sus trabajos, sus hábitos de vida, su índole, sus vicios y virtudes; ese conjunto que constituye el cuadro de su fisonomía moral, y los accidentes de su existencia llena de peligros, de inquietudes, de inseguridad, de aventuras y de agitaciones constantes.
Y he deseado todo eso, empeñándome en imitar ese estilo abundante en metáforas, que el gaucho usa sin conocer y sin valorar, y su empleo constante comparaciones tran extrañas como frecuentes; en copiar sus reflexiones con el sello de la originalidad que las distingue y el tinte sombrío del que jamás carecen, revelándose en ellas esa especie de filosofía propia que, sin estudiar, aprende en la misma naturaleza; en respetar la superstición y sus preocupaciones, nacidas y fomentadas por su misma ignorancia; en dibujar el orden de sus impresiones y de sus afectos, que él encubre y disimula estudiosamente; sus desencantos, producidos por su misma condición social, y esa indolencia que le es habitual, hasta llegar a constituir una de las condiciones de su espíritu; en retratar en fin , lo más fielmente que me fuera posible, con todas sus especialidades propias, ese tipo original de nuestras pampas, tan poco conocido por lo
mismo que es difícil estudiarlo, tan erróneamente juzgado muchas veces, y que, al paso que avanzan las conquistas de la civilización, va perdiéndose casi por completo.


Sin duda que todo esto ha sido demasiado desear para tan pocas páginas, pero no se me puede hacer un cargo por el deseo, sino por no haberlo conseguido.
Una palabra más, destinada a disculpar sus defectos. Páselos usted por alto, porque quizás no lo sean todos los que a primera vista, pueden parecerlo, pues no pocos se encuentran allí como copia o imitación de los que lo son realmente.
Por lo demás espero, mi amigo, que usted lo juzgara con benignidad, siquiera sea porque Martin fierro no va de ciudad en ciudad a referir a sus compañeros lo que ha visto y admirado en un 25 de Mayo u otra función semejante, referencias algunas de las cuales, como el Fausto y varias otras  son de mucho mérito ciertamente, sino que cuenta sus trabajos y sus desgracias, los azares de su vida de gaucho, y usted no desconoce que el asunto es mas difícil de lo que muchos se lo imaginarán.
Y con lo dicho basta para preámbulo, pues no Martin Fierro, exige más, ni usted gusta mucho de ellos, ni son de la predilección del publico, ni se aviene con el carácter de
Su verdadero amigo

      Jose Hernández
      Buenos Aires, Diciembre de 1872


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