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2013 Marzo
2013 Marzo
Cerrando el Pregón Criollo, escuchamos el “Habemus Papam” seguido del apellido Bergoglio…y la emoción y los mejores deseos de fuerza y apoyo del Espíritu Santo en la nueva misión, surgen naturalmente como deseo para el Papa Francisco, el argentino (y aficcionado al tango , y al mate) ahora, más conocido en el mundo. Chabuca Granda a 30 años de su muerte La gran peruana tiene este mes su aniversario, el que hemos aprovechado para fijar nuestro sencillo pero intenso homenaje.
 

Chabuca Granda a 30 años de su muerte
La gran peruana  tiene este mes su  aniversario, el que hemos aprovechado para fijar nuestro  sencillo pero intenso homenaje. Para ello aportamos seis visiones como son  la de un periodista, la de nuestro Presidente, las creaciones que  Chabuca hizo en 1982 durante la Guerra de las Malvinas, así como el discurso del Dr. Gomez centurión en el Congreso al primer año de su partida, casi por fin la versión de ella misma sobre su más famosa creación y por ultimo algunos videos que la traen a nuestros ojos, cálida y vital como siempre fue. 

A)    la nota de  Guillermo Pellegrino  ( 8/3/13 en Clarín)”

"Quiéranme en vida. Quiéranme toda la vida. Necesito mucho del afecto de todos porque me gusta también regalarlo a manos llenas. Quiero decirles que no le temo a la muerte. De veras. Pues la espero con alegría. Pero sí temo que mi entierro sea algo multitudinario, que paseen mi ataúd por calles y plazas, pagándome con lágrimas. La verdad es que, más que a la muerte misma, le temo al dolor y al olvido".
Muy poco después de esta declaración, el 8 de marzo de 1983, la no temida muerte encontró a Chabuca Granda. Fue en una clínica de Miami, muy lejos de su Perú, al que amó como pocos.
Fue una de las más grandes exponentes de la canción de raíz folclórica de América Latina. Más que como intérprete, se destacó como autora de música y letra, muchas con un vuelo poético propio, sosteniéndose muy bien sin la apoyatura de la música con las que fueron concebidas.
"La Flor de la canela" es su canción más emblemática. "El puente de los suspiros", "Fina estampa", "José Antonio", "Surco" y "Una larga noche", son otras de sus más recordadas creaciones.

María Isabel Granda nació el 3 de septiembre de 1920, a 4.800 metros sobre el nivel del mar, en el asentamiento de la mina CotabambasAuraria (departamento de Apurímac, en la sierra sur del Perú), adonde había llegado su padre, recién casado, para desempeñarse como ingeniero.
En ese ambiente dio sus primeros pasos y balbuceó las primeras palabras. "Me acuerdo que jugaba con unos patos y unas ranitas, con las mismas cositas que juegan los niños de la sierra... Como tengo los ojos claros, me ponían una especie de lentes para defenderme de la nieve... Mis amas me hablaba en quechua; desgraciadamente, años después, mis amas de Lima me hicieron olvidar ese idioma. Fue una lástima, porque es bellísimo, en quechua se han escrito hermosas poesías que nunca podré leer exactamente...", así, con nostalgia, solía evocar esos primeros años.
Antes que la pequeña cumpliese cuatro años, los Granda se trasladaron al centro de Lima, y al poco tiempo a Barranco, distrito de la provincia de Lima. Sin que lo sospechase, Barranco –con su puente y sus escalinatas- se convertiría en el lugar que movilizaría buena parte de su inspiración.
El 11 de diciembre de 1926, a los 6 años, cantó por primera vez en público. Fue el día que tomó la Primera Comunión en su colegio de los Sagrados Corazones de Belén. Su voz ya se destacaba entre las niñas de su edad.
En la etapa escolar, a Chabuca no le gustaba la música criolla. Era aficionada al charleston, y a otros ritmos que estaban de moda en esa época. Pero en una oportunidad, en Barranco, al escuchar a Carlos Saco Herrera -destacado compositor e intérprete de música peruana-, comenzó a despertarle un especial interés por los ritmos vernáculos.
Antes de que Chabuca cumpliera 12 años, sus padres decidieron mudarse nuevamente a la capital. Fue un cambio que le chocó. Nunca pudo olvidarse de los momentos que pasó en Barranco. "Fue el lugar de los últimos años de mi niñez y los primeros de mi adolescencia. En mi dormitorio, que era la última pieza de la casa, había una ventana que daba a un solar. A los solares luego se les llamó, despectivamente, 'callejones'. Allí, en las noches, siempre había una guitarreada, alguna serenata. Entonces yo iba al colegio con unas enormes ojeras porque me quedaba hasta tarde oyendo los aires de mi tierra, perfectamente cantados por señores a la antigua, por 'cantores de pecho', que se les llamaba así porque tenían que gritar para tapar el ruido de ese ambiente donde la gente bailaba, conversaba, los perros ladraban y los niños lloraban."
En 1937, la decidida vocación artística de Chabuca, la llevó a formar un dúo, Luz y Sombra, con su amiga Pilar "Chamaca" Mujica. Más tarde, en 1940, formó un trío con Martha y Charo Gibson, con el que interpretaban canciones mexicanas, muy de moda en esas épocas. Ambas grupos duraron poco tiempo.
En 1942, poco tiempo después de aquellas dos experiencias, Chabuca se casó con Enrique Füller, un joven aviador brasileño, quien a los pocos días fue trasladado a Washington. El novel matrimonio vivió dos años en la capital de Estados Unidos. Allí donde Chabuca fue madre y no tuvo contacto alguno con actividades artísticas.
A su regreso a Lima, volvió a vincularse con la música. Fue un proceso muy lento ya que en ese segundo lustro de la década del 40 nacieron sus otros dos hijos. La unión con Füller llegó a su fin en 1952.
Casi sin darse cuenta, Chabuca se hizo compositora. Un buen día comenzó a realizar unas invenciones a dos voces, tipo siglo XVI, pero como las consideró limitadas las dejó. Pero el "virus" de la composición ya se le había instalado.
La primera composición de Chabuca, el vals "Lima de veras", tuvo rápido vuelo. Es que un amigo de Chabuca, sin que ella supiera, mandó la letra y la partitura de Lima de Veras a un concurso organizado por la Municipalidad del Rímac. La ceremonia de premiación se efectuó en el estrado oficial levantado en la Pampa de Amancaes. Chabuca era una persona más del público. Cuando por los altoparlantes escuchó el anuncio de que ella era la ganadora, sorprendida dejó su asiento para ir a recibir la distinción. Con un estruendoso aplauso, el público también se encargó de coronarla. Este premio resultó ser un importante espaldarazo para comenzar a desandar el camino de la creación.
Motivada, pronto compuso otras dos canciones: "Callecita encendida", inspirada en los recuerdos que tenía de las serenatas limeñas que se "cantaban a pecho", y "Zaguán", dedicada al hogar de una familia de Barranco.
Recién a los 40 años cantó por primera vez en forma profesional ante el público. "Hasta este entonces, yo creaba canciones para mí, solamente las cantaba yo porque me horrorizaba que se cantara, por ejemplo: 'Ven, que necesito verte.../ ¡Ay! Desesperadamente.' Me daba vergüenza cantar semejantes extravagancias y por eso fabriqué unas cancioncitas".
En los albores de la década del 50, casi nueve años antes de su debut como cantante profesional, Chabuca compuso "La Flor de la Canela". "Definitivamente, esta canción me hizo popular. He dicho siempre que seré popular pero no importante. La importante es Victoria Angulo, distinguida señora de raza negra, por quien me inspiré y a quién dediqué el tema".
A pesar de la soledad en la que se vio envuelta en varios pasajes de su vida, Chabuca consideró que tuvo varios momentos felices: el nacimiento de sus hijos, el cariño mutuo que se repartían día a día, la risa pícara de su madre. Entre esos momentos de alegría, hubo uno de gran dolor: el de la muerte de su padre, con quien tenía una gran ligazón, a quien dedicó Fina estampa, un hermoso vals que con el tiempo llegó a ser grabado por una innumerable cantidad de artistas.
Teresa, su hija menor, declaró a la prensa que "en los últimos veinte años trabajaba incansablemente". Como amaba su trabajo, amó todas sus canciones, por encima del tiempo, y siempre la última más que ninguna.
Quienes escucharon atentamente sus canciones suelen afirmar, sin ruborizarse, que desde la muerte de Chabuca Lima es menos bella.



B) La de  Antonio Rodriguez Villar (en la introducción a su Antología a ella dedicada):

“Este es un libro que le debía a Chabuca.
Siempre, en nuestras largas conversaciones, le insistía que se tomara apenas un poco de su tiempo para ordenar sus desordenados papeles, seleccionar algunos de sus poemas y reunirlos en una antología. “Tú tienes que hacerlo, Tonito. Nadie como tú sabe qué es lo que me gusta de mis canciones y porqué y a quién las compuse...” respondía evadiendo mi insistencia.
    La última vez que estuvimos con ella fue en Buenos Aires. Había venido a mediados de febrero de 1983 a grabar con Palito Ortega parte de una campaña de televisión para Aeroperú. Estuvimos juntos todo el tiempo. Creo que tengo la triste honra de haber sido, junto con mi mujer Marinieves y unos pocos amigos, (Mario Arnedo Gallo, Jorge Marziali, Galo García, Hugo Guerrero Marthineitz)  una noche en mi casa quién la escuchó cantar por última vez y además, acompañarla atrevidamente con mi guitarra como lo había hecho tantas veces en Lima, en Madrid, en México, en Nueva York o en Buenos Aires. Lo último que cantó, recuerdo vívidamente, fue “Fina estampa” por marineras y en La mayor.

    Si Chabuca era naturalmente brillante, esa noche desbordó su inmenso talento en gracia, ocurrencia, originalidad y proyectos.  Insistió entre otras cosas y con arrollador énfasis, como siempre, en la responsabilidad de los mayores y de las grandes figuras de crear oportunidades y alentar a los jóvenes para que puedan surgir nuevos valores y renovar permanentemente todas las expresiones del arte y la cultura.
    La tarde siguiente de esa última reunión regresaba a Lima. La llevamos con Marinieves al aeropuerto. Dos o tres días más tarde viajó a México a continuar el proyecto con Armando Manzanero y luego a Miami, para grabar con Julio Iglesias. Después...

Su plan original era operarse en Houston y regresar a fines de marzo a Buenos Aires a residir con nosotros otra vez por un largo tiempo. Ya había “aprobado” (¡con infinitas modificaciones, por supuesto...!) su cuarto en nuestra casa, habitación que seguiremos llamando con apenada naturalidad “el cuarto de Chabuca”.
    Aquí tenía previsto terminar su comedia musical “La Flor de la Canela” –cuyo original con sus propias correcciones conservo- y que en México, cuando vivía con nosotros, desmenuzábamos cuadro por cuadro en interminables diálogos nocturnos mientras me explicaba el porqué de cada uno de sus personajes. “Tienes que ayudarme con este proyecto que es más importante que la antología... tú ya conoces esta obra mucho mejor que yo..” era el inevitable colofón de nuestras charlas acompañado por una socarrona carcajada.

    He querido reunir en este libro algunos de sus poemas y, además, los comentarios de muchos de sus amigos que, mejor que nadie, han opinado sobre su obra.
    De tantos años de amistad entrañable, de sus cartas, de nuestras inagotables charlas, de anécdotas vividas en común, y de otras que me transmitieron su hija Teresita y muchos de sus amigos y de infinidad de entrevistas en periódicos, revistas, radios y televisión, recogí sus propios comentarios que incluyo en el inicio de muchos de sus poemas. Servirán para entender mejor su obra.
    Aún no se ha tomado una real conciencia de la importancia poética de Chabuca Granda. Ella misma, con su insistente y altanera humildad, contribuyó tal vez a este desconocimiento. “No alcancé ni alcanzaré jamás a hacer poesía. Apenas hice canción popular pero no por eso importante. Los importantes son mis personajes, vivos o alguna vez vivos, que llegaron al corazón de los pueblos gracias a mis extraordinarios y generosos intérpretes. Me di cuenta de que yo había ascendido al pueblo” respondía cuando alguien la alababa.
    “Me di cuenta de que yo había ascendido al pueblo”. ¡Qué maravilla de frase..!
    En aquellos íntimos e inolvidables diálogos que teníamos caminando pasito a paso por la Recoleta de Buenos Aires o por los paseos del Club de Golf La Hacienda de México y en que “nos confesábamos mutuamente” (¿te acuerdas, mi Gorda..?) me hablaba con entristecida y rebelde impotencia de su amor por el Perú, por Lima, de sus frustraciones, de sus esperanzas, de cómo extrañaba su tierra y su gente. Vayan como ejemplos sus poemas Oración a la Patria y ¿Otro siglo de sueños?
    Chabuca es universal por la proyección de su obra, pero desde una total raíz peruana. “Siempre vuelvo a mi país, pues hay que regresar a la fuente. El Perú es mi gran fuente” había dicho en una entrevista y con éstas u otras palabras, siempre lo repetía.
    No le temía a la muerte, la aceptaba naturalmente, tal vez por su profunda fe religiosa. “Hay un coro enorme de amigos que me esperan y le tengo mucha curiosidad a ese paseo constante que realizan por entre las galaxias, porque si no supiera que después hay una vida eterna  no habría podido vivir ahora”.

    Espero que esta antología contribuya a entender mejor su poesía y que las nuevas generaciones alcancen a valorarla en toda su magnitud.
    Debo agradecer a varias personas que me ayudaron y alentaron en la elaboración de este libro.
    A Teresita Fuller Granda, que generosamente me brindó todo el archivo de su madre y que al mirarla, siempre, veo en ella a Chabuca, con su sonrisa y sus profundos ojos azules...
    A Horacio Ferrer, ya que fue cenando con él y nuestras mujeres –Lulú y Marinieves- que surgió la idea de este libro. A mi fraterno Alfonso Grados Bertorini, tan amigo de Chabuca; a mi queridísimo Mario Cavagnaro, con quien compartimos anécdotas inolvidables de Chabuca; a Magda Figuerola, su gran amiga; a Federico Higueras Ramos; a Fernando Guembes; a mi Primera Cuadrilla de Cargadores de las Andas del Señor de los Milagros, que me ha dado el incomparable honor de aceptarme como miembro de la Hermandad; a Javier Luna Elías; al Banco de Crédito del Perú, que editó también esta Antología en Lima; a los amigos del Instituto Cultural Argentino-Peruano, en especial a Ayda y Simón Medrano y a tantos otros que de una u otra manera contribuyeron para que pudiera reunir estas páginas.
    Al Perú, tierra a la que quiero, respeto y siento como si fuera peruano y que recibo de ella infinitas y constantes pruebas de generosidad que apenas puedo retribuir con mi cariño.
Y, naturalmente, a mi mujer Marinieves –a quién tanto quería Chabuca-, lo mismo que a mis hijos, “mis nietos” como ella los llamaba: Javier, Nicolás, Macarena, Juan y Sonsoles”. Antonio Rodríguez Villar



C) las creaciones de Chabuca en la época de las Malvinas

BAGUALA PARA ARGENTINA
Baguala.
Compuesta durante la guerra de Malvinas.
Lima, 1982.

Nada puedo yo cantarte
que tú no lo hayas cantao
y no con mis propios versos
sino con tu pueblo alzao.

Tu corazón que nos dieras
luchando la libertad,
hoy está luchando solo
y espera sin esperar.

Tu corazón es consuelo,
espera sin esperar.
Tu corazón es deshielo
y abriga a tu soledad.

Ay, si don José viviera,
si viviera don Simón,
ya nuestra América entera
te abrigara el corazón.





LA ARGENTINA AGREDIDA
Baguala

Compuesta durante la guerra de Malvinas.
Lima, 1982

Sólo pido a mi memoria
que no me ayude a olvidar,
traición de la Norteamérica
a la Argentina y al TIAR.

¡Ay, Inglaterra, Inglaterra,
la Thatcher te va a encallar
y tus aliados del norte
qué solos van a quedar!

Mi frontera es la frontera
que irremediablemente has cavado.
Nosotros en este lado,
tú al otro del Río Bravo.


   




”ORACION POR LA ARGENTINA”


Al estallar la guerra de Malvinas, el Perú todo se alzó en emocionante solidaridad con la Argentina. Chabuca estaba desolada. Compuso las dos bagualas anteriores que cantó por radio desde Lima en una transmisión especial para nuestros soldados que luchaban en las islas.
    Luego de su entierro, su hija Teresita me pidió que la acompañara al departamento donde vivían con Chabuca en la avenida 28 de Julio de Miraflores. Por indicación de Teresita me puse a revisar algunos desordenados papeles que Chabuca tenía sobre la mesa de luz, junto a su cama.
    Encontré escrito de su puño y letra en su agenda-diario esta suerte de “Oración por la Argentina”. Al terminar de leerla, no pude evitar las lágrimas.
Antonio Rodríguez Villar
 


    “Dispón de mí, amadísima Argentina. Debe haber alguna manera de entregar por ti mi vida a los 61 años que para una guerra parecieran inservibles, pues te considero una causa justa y apropiada de morir por ella.
    Nada puedo decir para ayudarte a conseguir la paz, si tú has mostrado al mundo tus hijos y sus padres como el ejemplo más exacto del honor y del amor y de la voluntad por su tierra. La crueldad y sinrazón de tu enemigo serán castigadas por la historia. Dios te ayude amadísima Argentina. ¡Qué país eres!... Te amo...” Chabuca Granda

Este texto está grabado en una placa de
bronce colocada en el Paseo Chabuca Granda
de la Recoleta de Buenos Aires, en la esquina
de Avenida Quintana y Junín.




D) El Discurso del Senador Gomez Centurión:


Homenaje del entonces Senador Nacional
por la provincia de San Juan,
Dr. Carlos Gómez Centurión,
en la Honorable Cámara de Senadores
el 8 de marzo de 1984,
al que adhirieron, de pie,
todos los miembros del Senado.


    “Señor Presidente:
    Hoy se celebra el Día Internacional de la Mujer. Hoy también, se cumple el primer aniversario de la muerte de una mujer y de una poeta y compositora que nos hizo vibrar como argentinos y latinoamericanos por su amor sin tasa a nuestra patria y por su inmensurable talento. Hablo, Señor Presidente, de la señora Isabel Granda y Larco, conocida en el mundo como Chabuca Granda.
    Recordar hoy el Día Internacional de la Mujer es una circunstancia que nos mueve a rendir homenaje a esta digna dama peruana que, en vida, encarnó la devoción a Latinoamérica y el amor sin barreras para nuestra Argentina, a la que cantó con toda su alma de mujer como si la nuestra fuera su propia patria, dejándonos un testimonio que no se marchitará nunca.
    Su obra, por divulgada, hace inútil la glosa. Sólo debo recordar que ella fatigó su música y su poesía para exaltar las virtudes de nuestro común hogar latinoamericano. Había nacido a 4.800 metros de altura, en una mina de cobre, en el Departamento de Apurimac. Jamás dejó de comprender por eso los esfuerzos de quienes sufren por elevar su vida. No fue política, pero sus letras son un espejo para ver e identificarnos con las penas de los desvalidos.
    Con la modestia propia del talento, se resistía a que la llamaran poeta. “Yo no alcancé –decía- a hacer poesía. Apenas me acerqué, creo, a la canción popular, apenas si logré a ser aceptada por la juglaría...”.
    Nuestro fraterno Perú la vio nacer y –como nadie- cantó a su tierra para exaltar a su adoptada y bella Lima. Pero sin renunciar a una sola de sus cualidades de peruana, proclamó obstinadamente –en canciones que transporta ya por todos los rincones el viento de la leyenda- la necesidad de ser y permanecer fieles al espíritu de la tierra grande que nos alumbró: nuestra América.
    Argentina, Señor Presidente, supo de su amor profundísimo en momentos tristes para nuestro país. Hace dos años, cuando todos sufrimos por una lucha cuyas heridas aún nos duelen, llegó desde Lima la voz de Chabuca Granda en coplas de baguala que ya son parte esencial de nuestra historia.
    De ese amor a la Argentina, es vivo testimonio la página escrita de su puño y letra durante esa guerra y encontrada en su diario personal después que la visitó la muerte.
    Señor Presidente, señores Senadores: creo que lo expuesto fundamente este justiciero homenaje”.



D)  De la misma Antología de Chabuca Granda, de nuestro presidente, proponemos  la historia de La Flor de la Canela, con su letra completa.



LA FLOR DE LA CANELA


Vals. 7 de enero de 1951.
Su quinta canción

“Definitivamente, ésta canción me hizo popular. He dicho siempre que seré popular pero no importante. La importante es Victoria Angulo, distinguida señora de raza negra a quien le hice ‘La Flor de la Canela’.

    “Madrina de la Primera Cuadrilla de Cargadores de las Andas del Señor de los Milagros, guardiana exquisita de nuestras buenas costumbres y tradiciones, Victoria Angulo –por quién Lima tendría que alfombrarse para que ella la paseara de nuevo- necesariamente debemos reconocerla nuestra embajadora mejor ante el mundo, naturalmente hasta hoy sin el reconocimiento oficial, siempre tan desagradecido y mezquino..."



Déjame que te cuente limeño.
Déjame que te diga la gloria
del ensueño que evoca la memoria
del viejo puente, del río y la Alameda.
Déjame que te cuente limeño
ahora que aún perfuma el recuerdo,
ahora que aún se mece en un sueño
el viejo puente, el río y la Alameda.
Jazmines en el pelo y rosas en la cara,
airosa caminaba la Flor de la Canela;
derramaba lisura y a su paso dejaba
aromas de mistura que en el pecho llevaba.
Del puente a la Alameda menudo pie la lleva
por la vereda  que se estremece
al ritmo de su cadera.
Recogía la risa de la brisa del río
y al viento la lanzaba
del puente a la Alameda.
Déjame que te cuente limeño,
¡ay! deja que te diga
moreno, mi pensamiento.
A ver si así despiertas del sueño,
del sueño que entretiene
moreno, tu pensamiento.
Aspira de la lisura
que da la flor de canela,
adórnala con jazmines
matizando su hermosura.
Alfombra de nuevo el puente
y engalana la Alameda
que el río acompasará
su paso por la vereda.
Y recuerda que...
Jazmines en el pelo y rosas en la cara,
airosa caminaba la Flor de la Canela;
derramaba lisura y a su paso dejaba
aromas de mistura que en el pecho llevaba.
Del puente a la Alameda menudo pie la lleva
por la vereda  que se estremece
al ritmo de su cadera.
Recogía la risa de la brisa del río
y al viento la lanzaba
del puente a la Alameda.


    La Flor de la Canela nace al escuchar Chabuca en una conferencia del Dr. Raúl Porras Barrenechea, que pide “piedad para el río, el puente y la alameda”. Desde ese instante comenzó a bullir en Chabuca como un estribillo, esas frases inolvidables que pronunciara el historiador y diplomático peruano.
    En 1949 cuando la señora Victoria Angulo la visita en la Botica Francesa donde Chabuca era demostradora de los productos Helena Rubinstein, al despedirse le dice “Niña, me voy hasta mi casa a pie”. En ese instante se imagina Chabuca su andar lento dirigiéndose hacia el puente “Por la vereda y se estremece”.
   
    Y el toque final lo da en 1950 en una cumpleaños de José Moreno Alarcón, al abrir la ventana del balcón y mirando al cielo con los brazos extendidos exclama”: ¡Déjame que te cuente limeño!” y se emociona hasta las lágrimas por su descubrimiento y exclama: “Eso es. Es la frase que le faltaba a mi vals”.
    El puente en mención es el Puente de Palo que tenía su entrada por la estación de Palma en la primera cuadra de Rufino Torrico y comunicaba con abajo el Puente en la ribera del Tajamar (Malecón Leguía).
    Chabuca le canta a Victoria este vals por primera el 21 de julio de 1950, en su cumpleaños.



E) Como recuerdo- complemento a esta nota, les ofrecemos estos enlaces, con su actuación, en dos temas claves:


Y para la misma canción , disfrutemos a Los Chalchaleros con su versión inolvidable
http://www.youtube.com/watch?v=t67fTBSBk68

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