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2013 Abril
2013 Abril
Como trayectorias de vida las palabras se forman y difunden, se meten en nuestra mente, van creando realidades donde había vacío, o tal vez silencio lleno de otras realidades. Por eso en nuestro Pregón Criollo, completo de secciones, caras distintas de una verdad que solo es una cuando la imaginamos así, abrimos el espacio de las palabras por anotomasia: la poesía.
 
Como trayectorias de vida las palabras se forman y difunden, se meten en nuestra mente, van creando realidades donde había vacío, o tal vez silencio lleno de otras realidades. Por eso en nuestro Pregón Criollo, completo de secciones, caras distintas de una verdad que solo es una cuando la imaginamos así, abrimos el espacio de las palabras por anotomasia: la poesía.  Y dentro de las mil posibilidades para elegir con quien comenzar, nos fuimos al origen, a esos primeros  de los primeros, no olvidados, pero si alejados pioneros para recordar sus vertientes de vida en sonido. Y aunque el inconsciente tiende a unificar poesía con belleza, a veces insustancial y vacua,para alegría de momentos de ocio, la sangre derramada no le escapa a las palabras con rima. Hoy traemos entonces a Luis de Miranda (en realidad Fray Luis de Miranda de Villafaña) un español de Plasencia que vivió entre 1500 1575, y su poema “Romance elegíaco” por la primera fundación de Buenos aires.


El buen don Luis, fraile soldado y poeta, fue llegado a nuestro lugar con Pedro de Mendoza (no nos vamos antes, para no llegarnos aún  a los hermanos originarios, ni llegamos a la época de la independencia, pues no nacimos de un repollo) y entonces subió hasta Paraguay, metiéndose en refriegas políticas varias. La “conquista” (un desastre a todas luces) y la fundación  de la primera Buenos Aires, es pintada, con opinión. No es de extrañar entonces que toda la historia de la poesía sea “militante” aun en el canto folklórico de la futura Argentina (nota de otro lector: perdón lector, al editor se le escapa cada tanto algo de su cuerda monotemática…) en modo octosilábico, propio del romance, que  es introducido en lo que sedimentará como nuestra cultura por este fraile quien, en sus 150 octosílabas de pie quebrado, es el primero en pintar lo que luego sería nuestro país bajo un rasgo trágico. Para él (rescatado por Ricardo Rojas en el centenario, en su historia de la literatura)  la tierra quedó signada por el carácter funesto de su primera fundación. No será el único que recurrirá a señales fundantes.  En el poema nuestra tierra aparece de hecho simbolizada como una mujer traidora que mata a sus hombres. La conquista era entonces matrimonio, debía la tierra ser fiel y entregarse. Mala y viuda si hacia fallecer a sus maridos, legítimos… todo en el vacio de la naturaleza nada (ambiente y habitantes primigenios). La exageración de los relatores también inicia allí: La expedición e Don Pedro de Mendoza solo estaba integrada por unos mil doscientos hombres ( que en el poema se transforman en dos mil ) trasladados por catorce navíos, “además de caballos y vacas que al escapar y reproducirse formaron las primeras manadas”,( las que serán respectivamente símbolo del gaucho y de la posterior riqueza de la pampa húmeda, ya  en el inicio del siglo XX…unos días mas adelante que ese lejano 1536). Venían expulsados por las luchas de los comuneros de Castilla(en 1520).En la “frontera de San Gabriel” ( la isla donde amarraron) de dos mil quedaron doscientos, por los malos tratamientos… es decir que los abusos de autoridad que diezman la propia población estan presentes en nuestro origen, ínsitos en la sangre de estos “conquistadores” autófagos, ya que solo a algunos  “los indios mataron”, lo que de hecho sucedió, y en esos pagos donde no por caso aun hoy se los llama “La Matanza”.

Lo que NO dice, además es interesante. La participación de las mujeres, por caso.  Isabel de Guevara, la primera escritora de estas tierras en su ya famosa “carta” a la princesa Juana, datada en 1556, Asunción, para pedirle que le den las tierras que le competen, (como nuestra admirada Lucia Galvez muy bien trató en su libro Mujeres de la Conquista), y un puesto a su marido, relata cómo fue esto

 “Como la armada llegase al Puerto de Buenos Aires con mil e quinientos hombres y les faltase el bastimento, fué tamaña la hambre, que a cabo de tres meses murieron los mil. Esta hambre fué tamaña, que ni la de Jerusalén se le puede igualar (… en ese contexto las mujeres hicieron mas que lo “suyo”, avanzaron   hasta ser la verdadera columna vertebral de esa resistencia) todos los trabajos cargaban de las pobres mujeres, ansí en lavarles las ropas como en curarles, hacerles de comer lo poco que tenían, a limpiarlos, hacer centinela, rondar los fuegos, armar las ballestas y cuando algunas veces los indios les venían a dar guerra --hasta acometer a poner fuego en los versos y a levantar los soldados, los que estaban para ello, dar alarma por el campo a voces, sargenteando y poniendo en orden los soldados.” (subr ntrs) Tambien ratifica Isabel en su carta la comparación con Jerusalem, que hace el Fraile Luis de Miranda la muerte de mil y el plantel total de mil quinientos, pero en esencia que  ellas trabajaron y pusieron orden, en una masa casi desquiciada.

 Volviendo al poema, los otros muertos, no por los indios,  lo fueron entonces en las disputas por la sucesión del gobierno…de Pedro de Mendoza, que se va,  atacado de sífilis, y por  las internas que acaban  con más víctimas que las de los querandíes. 
No es la nuestra una lectura  tendenciosa,  si decimos que casi habla de seis gobernantes en poco tiempo, sin llegar a cinco presidentes en una semana (nota de un segundo lector: ¡si que lo es!, está el editor tratando de mostrar que los 500 años que siguieron se encuentran nomás  simbolizados en un acto fundante y en un primer poema que lo refleja....¡vaya desfachatez histórica!!!!): Estiércoles y heces eran sustento, nos cuenta (para hacer las analogías que uno desee) y que al fin, la avaricia provocó antropofagia.

la carne del hombre también
la comieron.
Las cosas que alli se vieron,
no se han visto en escritura.
¡Comer la propia asadura
de su hermano! ¡Oh, juicio soberano
que notó nuestra avaricia
y vio la recta justicia
que allí obraste!


Y si al fin hay que buscar culpable, más que a la tierra (viuda múltiple originaria ), como hace el poeta,  los expedicionarios en sí, menos imaginativos, acusaron al gobierno (perdón al General) de estos infortunios, inaugurando otra larga tradición: Nuestro General/ ha causado aqueste mal,/ que no ha sabido /gobernarse…

En síntesis nos dice en este poema don Luis, que los males necesitan remedios, y que para ello nos quedemos esperando que “venga un criollo en esta tierra a  mandar” (nota de un tercero, lector: faltan 300 años para que se escriba el Martin Fierro.El editor ¡cada vez desvaría mas!), o en sus palabras: dando Dios un buen marido,/ sabio, fuerte y atrevido/ a la viuda…

Disfruten aquí, de la poesía, en castizo idioma, inicial
          

 Romance elegíaco


Año de mil y quinientos
que de veinte se decía,
cuando fue la gran porfía
de Castilla,
sin quedar ciudad ni villa,
que a todas inficionó,
por los malos, digo yo,
comuneros,
que los buenos caballeros
quedaron tan señalados
afirmados y acendrados
como el oro.
Semejante al mal que lloro
cual fue la comunidad
tuvimos otra en verdad
subsecuente:
en las partes del poniente,
en el Río de la plata.
Conquista la más ingrata,
a su señor
desleal y sin temor,
enemiga del marido,
que manceba siempre ha sido
que no alabo,
cual los principios al cabo
aquesto ha tenido cierto
que seis maridos ha muerto
la señora.
Y comenzó la traidora
tan a ciegas y siniestro,
que luego mata al maestro
que tenía,
Juan Osorio se decía
el valiente capitán
Juan de Ayolas y Luján
y Medrano.
Salazar por cuya mano
tanto mal nos sucedió;
Dios haya quien lo mandó
tan sin tiento
tan sin ley ni fundamento,
con tan sobrado temor,
con tanta envidia y rencor
y cobardía.
En punto desde aquel día,
todo fue de mal en mal,
la gente y el general
y capitanes.
Trabajos, hambres y afanes
nunca nos faltó en la tierra
y así nos hizo la guerra
la cruel.
Frontera de San Gabriel
a do se hizo el asiento,
allí fue el enterramiento
de la armada;
cosa jamás no pensada,
que cuando no nos catamos
de dos mil aun no quedamos
en doscientos.
Por los malos tratamientos
muchos buenos acabaron
y otros los indios mataron
en un punto.
 Y lo que más que esto junto
nos causó ruina tamaña,
fue la hambre más extraña
que se vio.
La ración que allí se dio
de harina y bizcocho,
fueron seis onzas u ocho,
mal pesadas.
Las viandas más usadas
eran cardos que buscaban
y aun estos no los hallaban
todas veces.
El estiércol y las heces
que algunos no digerían,
muchos tristes los comían,
que era espanto.
Allegó la cosa a tanto
que como en Jerusalén,
la carne del hombre también
la comieron.
Las cosas que alli se vieron,
no se han visto en escritura.
¡Comer la propia asadura
de su hermano! ¡Oh, juicio soberano
que notó nuestra avaricia
y vio la recta justicia
que allí obraste!
A todos nos derribaste
la soberbia por tal modo
que era nuestra casa y lodo
todo uno.
Pocos fueron o ninguno
que no se viese citado,
sentenciado y emplazado
de la muerte.
Más tullido el que más fuerte,
el más sabio más perdido,
el más valiente caído
y hambriento.
Almas puestas en tormento
en vernos, cierto, a todos.
De mil maneras y modos
ya penando.
Unos contillo llorando
por las calles derribados,
otro lamentando echados
tras los fuegos,
del humo y ceniza ciegos,
y flacos, descoloridos,
otros de desfallecidos
tartamudos.
Otros del todo ya mudos
que huelgo echar no podían;
así los tristes morían
rabiando.
Los que quedaban, gritando,
decían: Nuestro General
ha causado aqueste mal,
que no ha sabido
gobernarse, y ha venido
aquesta necesidad.
Causa fue su enfermedad,
que, si tuviera
más fuerzas y más pudiera
no nos viéramos a punto
de vernos así tan juntos
a la muerte.
¡Múdenos tan triste suerte,
dando Dios un buen marido,
sabio, fuerte y atrevido
a la viuda!


 


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