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Augusto Raul Cortazar
Augusto Raul Cortazar
Muchas veces nos consultan por el orden en que elegimos colocar un maestro, un folklorista, o un cumpleaños…. La respuesta es fácil: no queremos establecer un orden de prioridades o jerárquico, que en todo caso forma parte de la evaluación (y evolución) de nuestros lectores. Por ello, hoy elegimos que le toque a quien buen pudo haber sido el primero. Uno de los grandes fundadores de la ciencia del Folklore en argentina, Don Augusto Raul Cortazar.
 

Su obra editada, por caso, es más que conocida, pero igualmente la resumimos aquí:

Noticias para la historia del teatro nacional. Buenos Aires: Universidad de Buenos Aires, 1937

Bosquejo de una introducción al folklore. San Miguel de Tucumán: Universidad Nacional de Tucumán-Instituto de Historia, 1942.

Confluencias culturales en el folklore argentino. Amorrurtu, 1944.

Investigaciones bibliográficas en institutos universitarios. Santa Fe: Universidad Nacional del Litoral, 1946.

Esquema del folklore. Conceptos y métodos". Buenos Aires: Columba, 1959 y 1965.

Folklore y literatura. Buenos Aires: Eudeba, 1964

Andanzas de un folklorista. Buenos Aires: Eudeba, 1964

El folklore argentino y los estudios folklóricos : reseña esquemática de su formación y desarrollo. Buenos Aires: El Ateneo, 1965.

Ciencia folklórica aplicada: reseña teórica y experiencia argentina. Buenos Aires: Fondo Nacional de las Artes, 1976.3

 

                Nació en Salta, un 17 de Junio de 1910 y se fue de nuestro lado en Buenos aires, el 16 de Septiembre de 1974. La Universidad Nacional de Buenos Aires (de donde además fue Director de su biblioteca)  y la Universidad Católica Argentina conocieron su palabra y tarea educadora preclara, como profesor de Literatura Argentina, Folklore General y Ciencias Antropológicas , con orientación Folklore.

Escribió de él al cumplirse 25 años de su partida nuestra admirada Olga Fernández Latour de Botas, en La Nación del 11 de septiembre de 1999: (sigue…)

Iba a lomo de mula, por los duros senderos, llevando con orgullo sus bombachas salteñas de artesanales encarrujados, su poncho lugareño, su regional sombrero alado o también, muchas veces, la boina de vasco. Volvía a su gabinete de trabajo cargado de libretas de viaje, de rollos fotográficos, de registros grabados con las voces, los acentos y tonadas de sus queridos "informantes" campesinos.

Tan pronto se lo hallaba entonces en la Facultad de Filosofía y Letras -donde había fundado las primeras carreras de Folklore y Antropología de la UBA a partir de sus cursos y seminarios de la Escuela Nacional de Danzas; en el Fondo Nacional de las Artes, de cuyo primer directorio fue integrante; en la Academia Nacional de la Historia, a la que se incorporó como miembro de número; en sus quehaceres de investigador y teórico del folklore.

Promotor de la creación de museos y mercados artesanales, no era, para su propio haber, un coleccionista. La posesión excesiva de cosas tenía poco sentido para él. Y esa austeridad esencial, conjugada con un cristianismo "insistencial", fue compartida por su esposa, Celina Sabor. Ella y sus hijas, Laura Isabel y Clara Inés, le brindaron un hogar ejemplar, refugio para una vida luminosa cuya paz sólo la enfermedad cruel y la temprana muerte de aquel amado esposo, padre y maestro, pudieron enturbiar. (…)Su obra, expresada en centenares de trabajos, lejos de envejecer, se convierte en materia de análisis renovados, a fuerza de ser compacta y rica en orientaciones metodológicas. A los proyectos se sumaban realizaciones concretas y planes forjados por su autor para mejorar la comunicación entre las culturas.

El creyó en los valores encerrados en lo que más que saber popular es auténtica "sabiduría", gozó al percibir los nexos que atestiguan la universalidad del folklore. El enseñó a decodificar las actitudes de los pobladores de espacios aparentemente dormidos; nos dijo de sus ritmos, adaptados a un tiempo alejado del cambio vertiginoso, pero no por ello menos latentes.

Jose Antonio Gutierrez escribió de él (http://saltanuestracultura.blogspot.com.ar/2010/01/augusto-raul-cortazar.html)

 

                   En la década del ’50, estudiando en la Universidad de Tucumán, mientras caminaba por la plaza principal en mis ratos de ocio, me acerqué a una sala de conferencias de la Caja Popular de Ahorros, porque disertaba sobre folklore un Señor, de apellido Cortazar.  Desconocía quie era salteño hast6a que hace poco un amigo residente en buenos aires, estudioso del tema, encontrándose de visit en esta ciudad me contaba que había visitado a una hija de Cortazar, ex docente de la UNAS y residente en esta ciudad y me recomendó que leyera una joya escrita por este señor:El carnaval en el Folklore Calchaquí (…) al leer las páginas del escritor salteño vino a kmi memoria las épocas de mi niñez, cuando con seis o siete añitos los chicos del barrio – en el oeste de la ciudad, de raíces comparseras- tratábamos de imitar a los mayores, y nos agrupábamos en una mini comparsa, para cantar en las calles, aquellas coplas que las encontré escritas por Augusto Raul Cortazar:

“Palo ‘ chalchal

Palo ‘i nogal

Pa que m’has  traído

Pa’ verme yorar?”

 

A la que, comprensivo y emocionado, contesta el varón con viril acento:

“Palo ‘i chalchal

Palo’i nogal

Si yo t’i traído

Yo t’i yevar”

 

 

Presidió el Primer Congreso Internacional de Folklore, que  se realizó en la ciudad de Buenos Aires en 1960. Al que asistieron representantes de 30 países que instauraron el 22 de agosto como Día del Folklore. 

“El emblema que representa a los folkloristas argentinos - elegido por el Primer Congreso Nacional del Folklore en 1948 - es el árbol, porque el folklore también hunde sus raíces en la tradición, sus ramas representan el pensamiento, el sentido y la imaginación por un lado y la obra de las manos, es decir la creatividad artesanal por el otro. Las escasas hojas representan la juventud primaveral de la ciencia. Las palomas, la unión de lo material con lo espiritual en la amplitud del folklore. El tronco y ramas están envueltas con una banda que dice: Qué y cómo el pueblo piensa, siente, imagina y obra. Este emblema fue ideado por Rafael Jijena Sánchez.”

(El Folclore en la Educación, de Rosita Barrera. Edic. Colihue,. Bs. As., 1988)

 

Como pequeña visión de su elaboración, extractamos algo de “el carnaval en el Folklore calchaqui”.

Libro excepcional que puede conasultarse por caso en

http://www.portaldesalta.gov.ar/libros/CARNAVAL.pdf

Allí, describe su método integral y también define lo que es folklore. Por ello vale la pena compartir algunas frases (la evidenciación en amarillo es nuestra). Hoy la concepción aquí marcada ha recibido lecturas, aportes y aperturas. Partir de conocer la visión clara de Cortazar resulta entonces doblemente importante. 

 

¿Qué es folklore?

Llega aquí a su término la grata compañía que solicité al lector para que  juntos hiciéramos este breve recorrido de conclusiones doctrinarias. Las páginas anteriores nos habían permitido aproximarnos despaciosamente al análisis de una  expresión popular, arraigada desde tiempo inmemorial, incorporada a las  costumbres locales; por lo tanto, auténticamente folklórica.  Del examen técnico de sus caracteres surgen algunas conclusiones teóricas respecto de los rasgos  distintivos de los fenómenos y de las etapas de los procesos de folklorización. Esas  constancias coinciden con análisis similares practicados mediante el mismo  método con otras muchas manifestaciones. Todo lo cual autoriza a concluir que, en  general, el folklore se caracteriza por ser popular, empírico-inductivo en cuanto a  la captación de sus fenómenos y oral en su transmisión, colectivizado, funcional,  tradicional, anónimo y localizado.

Lo dicho tendería a responder a la posible pregunta que algún lector se  hubiera planteado ante la portada de este libro: ¿qué es folklore?

En esta página, rogándole que tenga en cuenta lo dicho y demostrado, me  animaría a responderle que, por mi parte, lo interpreto como el cúmulo de  fenómenos que cumple un lento proceso de asimilación en el seno de ciertos  sectores humanos que llamamos “pueblo”, deslindables dentro del ámbito de la  sociedad civilizada contemporánea; constituye un complejo cultural que tiene sus  manifestaciones en todos los aspectos de la vida popular; se adquiere y difunde por  el vehículo de la experiencia, traslucida en la palabra y el ejemplo; se colectiviza y  logra vigencia merced a su condición funcional de satisfacer necesidades  biológicas e instrumentales; adquiere la plenitud de su sentido (sea remota  supervivencia o transculturación reciente, invención o descubrimiento), cuando  perdura, tradicionalizándose a través de generaciones y esfumando su origen tras  recatada anonimia; por fin, como resultado del proceso, que se cumple con  sosegado ritmo secular, aparece típicamente localizado por el inevitable influjo de  la naturaleza inmediata, que sustenta y circunscribe la vida del conjunto.

He aquí por qué, aun tratándose siempre de la misma fiesta, es legítimo hablar del carnaval “calchaquí”, como lo sería referirse al de Humahuaca u Oruro,  Tambobamba o Chiloé. En el primer caso, el pueblo que habita la región  calchaqueña lo ha asimilado, integrando un complejo que aun constituido por  elementos extraños y antiquísimos representa en cierto modo su propia creación,  un reflejo de su alma colectiva sustentada por la tierra madre y depurada en las  cribas del tiempo incontable.

Generalizando, puedo repetir que es el folklore por su propia esencia,  trasunto y cifra, no sólo del alma popular, menos contaminada por lo foráneo y por  lo exótico, sino también del influjo hasta hoy misterioso de la tierra y del cielo,  fundido en la unidad del paisaje, forjador de la experiencia lugareña y por fin del  imperativo de la tradición, vigente en todos los ámbitos de la cultura.

Por este triple reflejo que resume armoniosamente el carácter del hombre, la  naturaleza que lo sustenta y la tradición que lo rige, es el folklore lo más típico y  esencial que un pueblo puede ofrecer de sí mismo, como una concreción estilizada  de su vida.

 

La descripción de su método integral es mas larga, solo para recordar algunos caracteres esenciales citamos frases aquí:

Entre los caracteres que hemos ido destacando a medida que analizábamos la marcha de los procesos de folklorización, escojo dos que pueden constituir las más inmediatas bases de nuestro método: funcionalidad y localización. (…)A esa compleja unidad, constituida por un grupo humano instalado en

circunscripto lugar geográfico, al que amalgama una tradición común y cuyos miembros son copartícipes de una misma cultura, propongo que denominemos conglomerado folklórico. (…) La iniciación de la tarea técnica sobre el campo no excluye desde luego el detenido conocimiento previo del terreno; (…) El objetivo concreto que se persigue es el de documentar en su propio  medio, con todo el rigor científico exigible, los fenómenos folklóricos. Para este fin preciso y en este solo ciclo de la investigación, considero aplicable el método  integral.(…)La etapa subsiguiente, que llamaré “investigación de gabinete”, es casi un complemento de la anterior y en cierto modo la integra. De poco valdrían aquellos datos tomados en el campo de trabajo, si no fueran clarificados, ordenados,  clasificados. Es tarea que consiste simplemente en hacer accesibles y aprovechables los materiales obtenidos.(…) Ninguna conclusión o síntesis puede alcanzarse legítimamente sin tener absoluta seguridad personal de  que los materiales utilizados son auténticos, fieles, objetivos.(…). La naturaleza funcional de los fenómenos folklóricos acarrea la consecuencia de que todo estudio monográfico, por más serio y científico que sea, pierde gran parte de su eficacia si considera exclusivamente una especie o manifestación folklórica, sobre todo si lo hace sin referencia a una realidad determinada y concreta, localizable en un punto de la tierra. Todos los aspectos  viven tan indisolublemente unidos, que resulta estéril interesarse sólo por uno, sin tener a la vista cuantos, de cerca o de lejos, influyen sobre él.

 

 


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