Opciones
PrincipalIndexPrimer Simposio Nacional de la Danza FolklóricaSegundo Simposio Nacional de la Danza FolklóricaEnlacesQuienes somosMesa DirectivaAporte TeóricosArtículos PrestadosArmando PoesíasAves del PaísArtesaníaArtesanos de la VidaBreves HomenajesBoletín MensualCarnavalesCanal de You TubeCiclosColaboracionesComidasContando CancionesCONGRESOS NACIONALESCorreo de lectoresCumpleañosDanzas TradicionalesDebatesDevociones PopularesDiscosENCUENTROS NAC/ REGIONALESEscritoresEstudiosFestivalesFolklore de LatinoamericaFolklore LaboralFolklore LiterarioFolkloristasGastronomíaHomenajesHistoriaHistoria del CantoHumorInvestigaciónInstrumentos MusicalesJoyitas de RecuerdoLiteraturaLibrosLeyendasLiteratura FolklóricaMultimediaMedicina PopularMúsicaNovedadesNoticiasNuestros MaestrosObras IntegralesPartidasPelículasPinturaPonenciasPoetas de la TierraReflexionesRecuerdosPosicionamientosRegionalismosRegionalesReligiosidadTercer Certamen de CancionesDelegacionesVidas ParalelasContáctenos

Suscribase a nuestra gacetilla electrónica
Nombre:
e-Mail:

 

Mayo 2013
Mayo 2013
En el III Simposio Internacional Sobre Religiosidad, Cultura Y Poder- Imaginarios Religiosos, Ritualizaciones Y Escenarios, mantenido en Buenos Aires, en Agosto de 2008, La Lic. Malchiodi presentó un interesante trabajo sobre la capilla de los Funes, que vamos a publicar en tres partes, por su extensión. En este número la introducción y algunas de las bellas ilustraciones que lo acompañan.
 
La Capilla De Los Funes, Punta Del Agua, San Luis, Argentina

Lic. María Inés Malchiodi



Introducción

    La reflexión sobre las religiones y la religiosidad muestra cómo el fenómeno de la globalización no solamente involucra la constitución de un mercado global, sino que significa en primer lugar conocimiento, presencia consciente absoluta y virtual, comunicación y relación mutua . Este fenómeno de la globalización remite a una regionalización para posteriormente aproximar la lente al fenómeno local, de lo macro a lo micro y viceversa, en un movimiento pendular que implica ciertamente la existencia de contactos cada vez mayores con miembros de otras religiones, si bien la influencia más honda y significativa se refiere a la percepción y a la conciencia misma de la propia religión y de la religiosidad.
    En los conceptos macro, el espectro se maximiza de manera tal que la propia identidad religiosa exige ante todo superar el riesgo y la tentación de aceptar la imposibilidad de alcanzar una verdad significativa con respecto a Dios, considerando a las diferentes religiones como meros fenómenos culturales de carácter más o menos regional. El desafío de la globalización exigiría, pues, que las religiones puedan comunicar sus riquezas espirituales y dar razón de su pretensión de verdad, manteniendo el nexo intrínseco entre verdad, cultura y religión, a fin de propiciar un encuentro y un diálogo razonable entre ellas, de extraordinaria relevancia para la convivencia pacífica. (sigue…)
    Puesto que la revelación misma de Dios constituye en realidad el don de un camino verdadero hacia la plenitud de la vida, y su pretensión se verificará inevitablemente situando a la persona en este camino, de manera de ser capaz de encontrarse con todos los hombres en el camino de la fe, y alentarlo en la común búsqueda de la verdad compartiendo las propias riquezas espirituales, se llama al diálogo y a la colaboración en el camino de los hombres hacia la plenitud en el seno de Dios, quien es amado y afirmado como mayor símbolo de todo lo creado, en el seno de todas las culturas. Más allá de las mimetizaciones y aceptaciones a la hora de las evangelizaciones, las conquistas espirituales y materiales incluyeron la posibilidad de incorporar consciente y críticamente en su vida las cosas nuevas de la sociedad extraña.
    Pareciera ser que al principio, los conquistadores y misioneros no se percataron de las implicaciones teológicas de su actuar misionero, que propició la yuxtaposición religiosa . Al ver a los indios tan respetuosos en los actos de culto cristiano y escuchar que a todo prestaban su conformidad, creyeron que esta aceptación de la fe cristiana conllevaba el abandono de las creencias antigua propias. Fue por esa causa, que junto a los templos indígenas construyeron sus templos cristianos, y aceptaron que junto a la práctica oficial del culto la gente siguiera haciendo manifestaciones religiosas propias. Convertidos al cristianismo, sentían el deber de cumplir con la nueva fe traída del exterior, pero igualmente sentían la necesidad de mantenerse fieles a las creencias antiguas. No fueron convencidos de tener que abandonarlas porque jamás aceptaron las argumentaciones misioneras de que no era a Dios sino al demonio a quien veneraban sus antepasados. Para ellos, era el mismo Dios sólo que en formas y modalidades diferentes y la mejor manera de expresar esta convicción era el método de la yuxtaposición o acumulación de símbolos religiosos.
    Por una metodología de sustitución, la yuxtaposición de símbolos cristianos sobre las expresiones de la religión o la religiosidad indígena, poco a poco fue llevando a la sustitución de unos símbolos por otros. Los santos y sobre todo la Virgen María fueron los símbolos más sustituidos. Lo que antes pedían o hacían delante de la divinidad indígena ahora lo piden o hacen delante del Dios cristiano o sus intermediarios. Por este mecanismo, la mayoría de los santos patrones de los pueblos ocuparon y juegan hasta el día de hoy el lugar de los antiguos tótems tribales o de las advocaciones divinas que identificaban a cada grupo humano. San Isidro Labrador, por ejemplo, es ahora la nueva expresión de Tlaloc, Cosijo, Chac, o el nombre del Dios que antes vinculaban a la lluvia; la Virgen María sustituye ahora a la Madre Tierra, en su capacidad de dar vida o de amparar y acoger a todos.
     La inculturación del Evangelio Cristiano implica suponer una superación de los esquemas colonialistas de evangelización para entrar de lleno a la implementación de actitudes permanentes de diálogo respetuoso con las culturas y expresiones religiosas de los pueblos indígenas. Para descubrir en ellas la riqueza humana y espiritual que han ido acumulando en siglos de vida y de Dios –según palabras del propio López Hernández- para servir pastoralmente a las Semillas del Verbo, que el Espíritu ha sembrado en ellas,  y ayudarlas a llegar a su plena floración y fructificación.
    El Patrimonio Cultural –entendido como el conjunto de bienes más significativo de la singularidad e identidad  cultural de pueblos y grupos sociales específicos, está cobrando una importancia social sin precedentes. Hasta hace pocas décadas, este era un tema tan secundario que prácticamente estaba circunscrito al ámbito y criterios de expertos profesionales que apenas despertaba interés en la ciudadanía. Hoy, sin embargo, el Patrimonio se ha convertido en un tema central, lo que no debe interpretarse como una moda pasajera sino que constituye una de las forma de respuesta a la dinámica global de homogeneización de los modos de vida y de los símbolos de referencia.
    Ante el temor de pérdida de la identidad y de las raíces culturales que producen los cambios acelerados y profundos de la actualidad, los individuos se refugian cada día más en aquello que consideran real, comprensible y auténtico: la naturaleza, las creencias y las costumbres . Todo aquello que lo vincula a un lugar, a unas prácticas y a unos imaginarios colectivos y comunitarios, se constituye en una dinámica de afirmación, reconstrucción o generación de identidades colectivas. Es  aquí donde el Patrimonio Cultural actúa como un eferente fundamental para el reconocimiento  de los diversos pluralismos colectivos y como instrumento de cohesión social de ellos.
    Es por ello que hablamos de una construcción social a partir de la activación de valores simbólicos y de la propia memoria colectiva, que se encuentra en una encrucijada de intereses y conflictos. Más allá de la presencia de los poderes políticos y religiosos que siempre han influido en la definición de sus contenidos, actualmente el mercado, como lógica sacralizada de la globalización, pretende imponer sus reglas instrumentando el propio sentimiento de búsqueda de la identidad y la memoria. De este modo, lugares singulares, paisajes, monumentos, obras de arte, gastronomías regionales, actividades artesanales, creencias y expresiones folklóricas  son convertidos – o se les trata de convertir – en recursos económicos haciéndolos participar del consumo masificado luego de desacralizarlos, banalizarlos, y desactivar sus más profundos significados específicos.
    Mientras tanto, la gente continua repitiendo  con la pausada premura de los tiempos, sus celebraciones más íntimas, acaso liturgia de lo auténtico y verdadero patrimonio cultural de su génesis.


« Volver

 

CopyRight 2018 Academia de Folklore de la República Argentina | Todos los derechos reservados
Cap.Fed. Argentina 
Powered by Sistemas On Line