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Juán Alfonzo Carrizo
Juán Alfonzo Carrizo
Un grande que escribe sobre otro grande es la base de lo que aquí intentaremnos reflejar sobre el Maestro carrizo. Bruno Jacovella, en efecto escribe de él (Juan Alfonso Carrizo- Edic Culturales Argentinas Bs. As. 1963)
 

Un grande que escribe sobre otro grande es la base de lo que aquí intentaremnos reflejar sobre el Maestro carrizo. Bruno Jacovella, en efecto escribe de él (Juan Alfonso Carrizo- Edic Culturales Argentinas Bs. As. 1963)
Juan Alfonso Carrizo era el sexto de once hijos y cursó estudios en la Escuela Normal, antes de trasladarse a Buenos Aires.  Dice el profRaúl E. Cano, desde Catamarca Guia que  nació en San Antonio Departamento Fray Mamerto Esquiú, Catamarca, el 15 de Febrero de 1895 ( seiria e el 18 de diciembre de  1957)  cursó sus estudios secundarios en la Escuela Normal de Maestros. Era maestro,  pero su dedicación a la investigación lo convirtió en el máximo de la poesía oral americana.En 1912 conoció al Padre Antonio Larrouy, un religioso francés especializado en el estudio metódico y profundo de la prehistoria, quien influyó en la formación de su carácter personal y científico. Viajó por las provincias de Jujuy, Salta, Tucumán, Santiago del Estero, La Rioja y Catamarca; rancho por rancho, de pueblo en pueblo, iba con las alforjas al hombro, cargado de cuadernos y su inconfundible manta de vicuña a las escuelas, donde copiaba de los labios de la gente: coplas, cantares y adivinanzas
Nuestra Academica de honor, la querida Olga Fernandez Latour de Botas escribió rasgos importantes de su vida, e n su ensayo histórico “Juan Alfonso Carrizo, descubridor de la América Poética”.

Allí  señala: “En lo personal no careció de golpes de infortunio como, por ejemplo, casi en luna de miel, debió sufrir la pérdida de su primera esposa, doña Alicia Aurora Mónico, joven descendiente de una distinguida familia salteña. Más tarde se casó en segundas nupcias con doña Petrona del Carmen Cáceres, la inolvidable doña “Pichu”.Dice también: “Si alguna sensación prima tras la lectura de la extensa producción dejada por Carrizo –investigaciones, ensayos, recopilaciones anotadas, contribuciones a la historia de la ciencia, aportaciones pedagógicas, folklorísticas, filológicas y toponímicas- ella es la de que toda esa obra ha sido realizada en cumplimiento de una misión. Aceptado este aserto resulta más sencillo comprender cómo un maestro catamarqueño, sin bienes personales de fortuna ni otros ingresos que los de dos cargos de docente nacional, pudo recorrer personalmente, palmo a palmo, cinco provincias, recolectar cerca de treinta mil cantares y publicarlos anotados con la mayor erudición”.(subr. nuestros)

Es importante su trabajo, sin dudas como investigador de campo, y por su  recolección directa. “No sólo ha recogido de boca del pueblo campesino y aldeano todas las formas poéticas incluídas en su habla, juegos, danzas y canciones, sino que también rastreó en los documentos europeos y americanos hasta las noticias más remotas del origen cierto o presumible de cada especie” dice el diccionario de la red.

Fue además notorio: miembro correspondiente de la Academia Argentina de Letras y de la Sociedad de Historia Argentina, miembro honorario de la Sociedad Folklórica de México e integrante de la institución Folklore de las Américas. Aun no estaba fundada la Academia del Folklore de la República Argentina, que solo tiene seis años, con lo que no fue miembro de nuestra institución…pero uno de los sitiales debería llevar su nombre. 
Fue de hecho miembro fundador del Instituto de Historia, Lingüística y Folklore de la Universidad Nacional de Tucumán y numerario de la Junta Nacional de Intelectuales. Recibió el Tercer Premio Nacional de Literatura, y la Encomienda de Alfonso X el Sabio.
Encontró en los doctores Ernesto Padilla y Alberto Rougés el apoyo necesario para poder solucionar sus problemas laborales con los de investigación, recopilación y catálogo de las obras obtenidas.
n su ensayo histórico “Juan Alfonso Carrizo, descubridor de la América Poética”, Olga Fernández Latour de Botas señala: “En lo personal (Juan Alfonso Carrizo) no careció de golpes de infortunio como, por ejemplo, casi en luna de miel, debió sufrir la pérdida de su primera esposa, doña Alicia Aurora Mónico, joven descendiente de una distinguida familia salteña. Más tarde se casó en segundas nupcias con doña Petrona del Carmen Cáceres, la inolvidable doña “Pichu”.
Dice también Latour de Botas sobre Carrizo: “Si alguna sensación prima tras la lectura de la extensa producción dejada por Carrizo –investigaciones, ensayos, recopilaciones anotadas, contribuciones a la historia de la ciencia, aportaciones pedagógicas, folklorísticas, filológicas y toponímicas- ella es la de que toda esa obra ha sido realizada en cumplimiento de una misión. Aceptado este aserto resulta más sencillo comprender cómo un maestro catamarqueño, sin bienes personales de fortuna ni otros ingresos que los de dos cargos de docente nacional, pudo recorrer personalmente, palmo a palmo, cinco provincias, recolectar cerca de treinta mil cantares y publicarlos anotados con la mayor erudición”.
“Uno no toma verdadera dimensión del faraónico trabajo de Carrizo, entendiendo que en el medio de transporte más impensado (carretas, caballos, mulas) llegó a lo más recóndito de la campiña y los cerros para obtener un tesoro de letras que estaba en el paso final de su agonía. Cada viaje representaba días y hasta semanas, luego su clasificación, tanto o más extensa que su recopilaciones, lo que hicieron de Carrizo un viajero incansable por más de 20 años”nos recuerda Folklore del Norte,
Algunas de sus publicaciones entre las más  conocidas y trabajadas fueron, en 1926 el Cancionero Popular de Catamarca, ( 156 romances y canciones y 1477 coplas además de rimas infantiles); en 1933 el Cancionero Popular de Salta (4.372 piezas) y en 1935 el Cancionero Popular de Jujuy (4.059 copla). A éstas, siguió en 1937 el Cancionero Popular de Tucumán en dos tomos ( 2.581 piezas) y en 1942 el Cancionero popular de La Rioja en tres tomos ( 5.697 coplas).
Fue director del Instituto de la Tradición de la Provincia de Buenos Aires desde su creación hasta fines de 1949, aunque ya en 1940 había anotado el Cancionero Popular de Santiago del Estero compilado por el Dr. Orestes Di Lullo.
En 1958 publicó Historia del Folklore Argentino (fue una de las pocas ocasiones en que usó la palabra Folklore: prefería utilizar tradición .
Bruno Jacovella le dedico un libro. (“Juan Alfonso Carrizo”, Ed. Culturales Argentinas, del M. de Educación y Justicia,  Bs As 1963), en tres partes que hablan mucho de la concepción de jacovella y de los debates en torno a esto que oscilaban en la década del ’60. La primera parte de hceho trata sobre el ser Nacional frente a la tradición y la iluistracion, la segunda es la vida de J.A. Carrizo, y la tercera es la obra del catamarqueño,  y el apéndice. Solo para dejar planteado el gustito por seguir profundizando, citamos: “La revolución de 1943, que reemplazó un régimen de tibia Ilustración por otro de franca Tradición, fue otro cambio fundamental en la vida de Carrizo”: Si el Dr Padilla no le daba tregua  para que investigara y recorriera en trabajo de campo, , cuando luego de la Revolución Padilla perdió apoyos, Carrizo se “libero de su tiranía”, pues la Revolución lo instaló al frente del Instituto Nacional de la Tradición. . Su investigación de campo cesó bruscamente. Además “La gestión de Carrizo al frente de él no fue fructuosa. Requería de los investigadores cualidades iguales a las suyas para dominar a la vez las fatigas del trabajo de campo y de la erudición ( al no hallarlas…) paso a menospreciar inconscientemente al instituto y a considerarlo un mero coronamiento honorífico de su carrera” (…) “En las postrimerías del gobierno de Perón, cunado se dio el `golpe de timón a la izquierda´, Carrizo fue jubilado de oficio de los dos cargos de maestros que conservaba adscriptos  a la Dirección del Instituto. Eso lo obligó a retirarse del cargo, cuando ya un infarto de coronaria le había hecho la advertencia de su próximo fin…”. Cuando murió, nos dice, “solo los amigos más próximos acompañaron sus restos al cementero de San Isidro (…) Impresionaba ver tan poca gente y tan solo el dolor de la amistad, no el del país, en torno de ese gigante caído”.
Don Atahualpa Yupanqui lo recuerda en su “canto del Vientro”: "Yo busco hombres. No paisajes ... Así me respondió Juan Alfonso Carrizo, el folklorista catamarqueño, tenaz buscador de coplas y cantares, autor de los más nutridos cancioneros provincianos, estudioso, investigador, buen cristiano y leal amigo.
Me lo topé allá por Banda Florida, al otro lado de Villa Unión, en el oeste riojano, en 1940. El hombre preparaba su hermoso Cancionero de La Rioja. Los maestros de la zona le tenían preparado coplas y cuadernos con leyendas, chascarrillos, maldiciones, alabanzas o sentencias recogidas de viejos lugareños. Luego, Carrizo, en su retiro conventual, haría la selección, ajustando la clasificación por época y contenido, estableciendo la relación entre lo autóctono y lo adaptado, desentrañando así los asuntos que llevan a conocer de verdad el alma de los pueblos, las líneas generales y esenciales de su fisonomía espiritual y moral, su inclinación a  la gracia o al drama, a la esperanza, a la rebeldía o a la resignación.”
En su cumpleaños del 2013, el senado Catamarqueño lo homenajeo y declaro de interés su obra. El vicegobernador Mera, acompañado por la secretaria de Estado de Cultura, Patricia Saseta; la directora de Patrimonio Cultural, Elsa Moreno y la presidenta de la Sociedad Argentina de Escritores (SADE) filial Catamarca, Hilda García, hizo entrega a los sobrinos nietos, descendientes directos de Juan Alfonso Carrizo, del instrumento escrito, como “una respetuosa manera de homenajear a quien, con su trabajo y andanzas, deteniéndose en la vida común de la gente del campo y los pueblos, contribuyó a un mayor conocimiento de la poesía y cantares tradicionales de nuestro pueblo y provincias aledañas”, se señaló desde el Senado.

http://www.youtube.com/watch?v=wdayODjMaRQ


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