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2013 Julio
Primero leemos a la Nacion del 15/7/13 Estrellas del pasado
 

Primero leemos a la Nacion del  15/7/13
Estrellas del pasado


El chasqui de la Patria
Por Daniel Balmaceda  | Para LA NACION
   
Poco después de haberse declarado la Independencia, el Congreso de Tucumán comisionó al oficial del Regimiento 8, Cayetano Grimau y Gálvez, de 21 años, para que transportara a Buenos Aires pliegos de papeles para entregar al director supremo Pueyrredon, al Cabildo, al brigadier Balcarce y a la Junta de Observación. Entre ellos viajaba el acta de Independencia con la firma de los 29 diputados, según lo informa la foja de servicios del soldado chasqui que partió casi desarmado: el sable que portaba estaba quebrado, le faltaba parte de la hoja.
Durante la escala en la ciudad de Córdoba tomó contacto con el gobernador de la provincia, José Javier Díaz, quien le cedió un soldado para que lo acompañara en calidad de custodio. Grimau aceptó de inmediato, ya que el camino, sobre todo en Santa Fe, se tornaba peligroso y con su medio sable daba ventaja. Sin embargo, la custodia dejaba mucho que desear. El acompañante ni siquiera tenía un cuchillo.
Ya por el sur de Córdoba, Grimau y su compañero se toparon con el inglés Joice (le decían el inglés García), soldado de Artigas a quien acompañaban dos hombres, en una misión encomendada por el caudillo. A Grimau estos viajeros le resultaron sospechosos: "Desde ese momento traté de adelantar mis marchas, por la desconfianza que naturalmente me causó el traje y los modales de dichos individuos, pero la falta de cabalgaduras demoró mi salida", contaría luego.
No tuvo más remedio que marchar con esos tres sujetos que le seguían el rastro. "Inmediatos ya a la posta de la Cabeza de Tigre, divisamos un carruaje en que iba el señor diputado Del Corro [Miguel Calixto], y un doctor Molina [Manuel], con cuyo motivo creí oportunidad de desprenderme de tal compañía y pretexté alcanzar a dichos señores." Pero el plan de Cayetano Grimau y Gálvez no funcionó. "Se frustró mi idea porque el inglés dijo serle también preciso ver a uno de ellos para darle una carta al gobernador de Córdoba."
En medio de aquel encuentro con el diputado -quien viajaba con seis peones que lo escoltaban- ocurrió un gran percance. El chasqui de la Patria se alejó del grupo a distancia prudente, bajó del caballo y se dirigió a unos yuyales para resolver cuestiones fisiológicas. En ese complicado instante le pusieron un trabuco en la espalda, además de amenazarlo con un facón, y lo obligaron a entregar los papeles que transportaba. El inglés y sus secuaces huyeron con las actas sustraídas.
Al enterarse de que los pliegos se habían perdido, el inútil compañero de ruta anunció que regresaría a Córdoba. Según dijo estaba un poco enfermo y ya no tenía nada que custodiar.
El chasqui los persiguió hasta que los perdió de vista. Llegó a Buenos Aires y corrió a denunciar el robo. Se llevó adelante una investigación, pero nada pudo probarse.
Grimau continuó siendo útil a la Patria hasta que murió víctima de la fiebre amarilla de 1871. Las actas de la Independencia nunca más aparecieron. Las que hoy vemos son copias impresas de aquel primer manuscrito perdido en los yuyales del sur de Córdoba..

 

Luego a Atilio Reynoso en Clarin

ATILIO REYNOSO
“Yupanqui grabó un tema que San Martín tocaba en guitarra”


POR LUIS SARTORI
Transmisor. Nació y vivió en el campo. De su padre heredó los ritmos perdidos de la llanura. Se convirtió en guitarrista exquisito. Y recupera, graba y enseña aquellos tesoros olvidados.

En su Ameghino natal –entonces un pueblito de calles de tierra– Atilio Reynoso (73) mamó de su padre trabajador del campo y guitarrero una cantidad de joyas musicales que el tiempo fue olvidando. Eran diez hermanos. Vivieron en una quinta y más tarde en una estancia, donde a sus 9 años hacía el tambo de madrugada.
“No había juguetes, los hacíamos nosotros: los carritos, los caballitos”.

A las 7 desayunaba y salía para la escuela. Tres leguas a caballo (hora y media larga) incluso en invierno: “Se imagina cómo llegaba a la clase, ¡helado, no podía ni hablar!” . Nunca llegaba a horario. A las 12 emprendía la vuelta. Lo esperaba un “pucherito, casi siempre; y sopa primero, infaltable. Cada tanto, milanesas” . Sólo de más grande le llegaron los bifes con cebolla y huevo frito, una exquisitez que sigue pidiéndole a su “patrona” de tanto en tanto. De 2 a 5, otra vez al tambo. Y, después de la leche, a barrer el patio, darle de comer a las gallinas o juntar los huevos, y más tarde a arrimar los terneros al corral. Como no había secundaria cerca y Lincoln quedaba a 100 kilómetros, fue pintor, albañil, peón de estancia, repartidor de almacén y diariero... hasta que a los 18 entró en el ferrocarril de peón en cuadrillas móviles: se calzaba los durmientes de 80 kilos al hombro. Así conoció Mendoza, San Luis y La Pampa. Le tocó la colimba y llegó al Colegio Militar de Palomar, cerca de una tía en Morón. Un hermano le había regalado una guitarra a los 15, y con su buen oído había ido aprendiendo de algunos amigos que “me iban pasando los tonos”, y con ellos se fogueó en bailes y serenatas. Suviola (también vigüela, lira, discante, tiple o changango en otros tiempos de la provincia) le alivió la relación con un cabo bravo que cantaba boleros. Salió al año y ya no volvió al pago: de la textil Castelar pasó a fabricar bombos con otro hermano: a principios de los 60 todo el mundo quería hacer folclore. Empezó a estudiar guitarra en Morón, acompañó a un grupo zonal al programa del padre Gardella por Canal 7, y su profesor le sugirió largarse a enseñar. Después se perfeccionaría con García Lorenzen (profesor de Cafrune), Sebastián Piana (armonía en piano) y en el Conservatorio Manuel de Falla. Hoy enseña en la universidad. Escribió 100 temas. Y hace 30 años viene rescatandoaquellas joyas olvidadas. Las grabó en varios discos; las tocó en Uruguay, Brasil, Los Angeles, Francia. El 16 de agosto actúa en Clásica y Moderna.
¿Cómo registró que su padre tocaba la guitarra?

A mis 6 o 7 años, en la quinta, mi padre se juntaba cada tanto con guitarreros que venían en las horas libres del fin de semana, baldecito y vinito por medio. Estaban en el patio de tierra, a la sombrita de un paraíso.

¿Baldecito con qué?

De agua. Y adentro la botella. Para que estuviera fresca, porque no había heladera. Recuerdo una vez: entre tres o cuatro guitarreros tocaban una milonga . Cada uno iba haciendo un punteo distinto, y los otros acompañaban. Se iban como contestando.

¿Se acuerda esa milonga?

Nooo. Algunos punteos los aprendí después, y los escribí hace poco para no perderlos.

¿Cuándo aparece la milonga?

Yo puse por décadas al estudio de la milonga: de 1840 al 50, del 50 al 60, del 60 al 70 y así. Recién se empezó a hablar de la milonga en la década del 80, en 1884, cuando la primera payada de Gabino Ezeiza con Nemesio Trejo. Ahí él lo dice: Vamos a payar con milonga ciudadana . Y de ahí recién sale la milonga a la campaña, que empezaba en Luján.

¿Y cuándo, su propia búsqueda?

Cuando yo llegué acá no se usaba el estilo . La gente no le prestaba atención. Entonces lo dejé. Hasta que en una oportunidad Rubén Pérez Bugallo, el licenciado, estaba haciendo unos cursos sobre los aborígenes: fui, tuvimos una amistad y le comenté de esta inquietud. Ahí comienzo con él a escuchar música, me iba pasando cosas. Y salió la idea de que pidiera una beca en el Fondo Nacional de las Artes. Y con esa beca empecé el estudio de cada especie bonaerense.

¿Qué es una especie?

Una forma musical, un ritmo. Por ejemplo el estilo es una, pero tiene variantes. La cifra es otra, la milonga , la huella , la vidalita , el gato ...

¿Cuántas especies recuperó?

He tomado estilos , he tomado términos , tristes , cifras , triunfos ,valses , mazurcas , chotis , polcas , algún gato . El prado lo tomó Pérez Bugallo.

¿Cuál es su método?

Cuando me entero de alguna persona que toca, voy a verla. Fui a Monte, fui a Areco, de mi pueblo tomé una mazurca en do , estuve en Mar del Plata y grabé temples antiguos, formas de afinación que ya no se usan.

¿Y después, cuando vuelve?

Los escribo. Y entonces viene un trabajo de pulimiento para grabarlos: que los versos y las rimas estén bien, que me suene bien en la guitarra, y que yo pueda cantarlo bien.

¿Cuántas especies musicales tiene la provincia de Buenos Aires?

Tengo contabilizadas 35, pero sólo se usan tres: milonga , triunfo yhuella .

De lo que encontraron y grabó, ¿qué es lo más antiguo?

De lo que se conoce la fecha, el Triunfo de los Patricios que recuperó Pérez Bugallo, que habla de las batallas de San Martín de 1824 (en Junín y en Ayacucho). Autor anónimo: “Cayeron los realistas/ como gaviotas/que diga, de los patriotas...”

¿Tiene registro de algún prócer que tocara la guitarra?

El general San Martín. Hay un estudio que se llama La gota de agua, del catalán Fernando Sor (ndr: en España lo llamaban el Beethoven de la guitarra ). Atahualpa Yupanqui lo grabó y lo tocaba San Martín con la guitarra. San Martín ha frecuentado los mismos salones que Sor, y es seguro que ha estudiado con él.
La mayoría de las “especies” bonaerenses entraron por el puerto. ¿Encontró música de raíz india?

De lo que yo canto solamente el yaraví – el triste – que viene del Alto Perú, del quechua.

¿Por qué se han ido extraviando las músicas camperas?

No le encontraron la veta comercial.

¿Gardel las cantaba?

Sí, estilos .
A mi morocha era un estilo . Ha cantado mucho repertorio campero. Por eso recomiendo al que quiere aprender que escuche las guitarras de Gardel. Me emocionan todavía.

¿Cómo le suena el folclore con batería, mucha electricidad...?

Me gusta. Cuando salieron Los Nocheros, dije: Me gustan porque tienen voces bien armadas . No importa que esté tocado con otros instrumentos.

¿Música preferida para la película de su vida?

Un estilo como los que tocaba mi padre. Es como sacar algo de adentro. Es intimista. El hombre de campo lo cantaba solo.

¿Qué nos perderíamos sin estas músicas?

Se perdería la identidad musical de la provincia de Buenos Aires.

¿Qué lo enoja?

Cuando trato de transmitir algo y la persona agarra el tema y lo hace como quiere. A este repertorio hay que quererlo mucho.
(Clarin- 22/7/13)

 

 


• Y en fin un articulo de pintura, jujeña,  en Ambito Financiero

Visibilidad y estímulo financiero a los artistas locales


Entre un arte académico y la expresividad más pura
Por: Ana Martínez Quijano
 
Este paisaje de Sergio Zago (uno de los meramente “seleccionados” en el Concurso Ledesma) se destaca por su anacronismo y, a la vez, por sus psicodélicas tonalidades, a la vez que recupera el asombro de los pintores viajeros de principios del siglo XX.
San Salvador de Jujuy - Hasta hace muy pocos años, el interior del país se vislumbraba como algo lejano, casi ajeno a los movimientos artísticos de las vanguardias que se concentraban en Buenos Aires. Tucumán, Córdoba y, sobre todo, Rosario supieron propiciar sin embargo la creatividad a través del tiempo e insertar a varios de sus artistas en el circuito internacional. Y el secreto de la riqueza del arte de estas ciudades, reside, en gran medida, en el empuje brindado por las instituciones y los Salones nacionales y regionales.


En todo el territorio argentino, de Norte a Sur, el arte suscita el interés creciente de las nuevas generaciones que lo consideran materia de estudio y, simultáneamente, aumenta la atracción que ejerce en el público masivo. Este fenómeno de expansión propició en las últimas décadas la creación y el resurgimiento de los museos provinciales y los ejemplos abundan-, además de una firme acción privada en los espacios vacantes que deja el estado.


En este horizonte, el Concurso Ledesma de Pintores Jujeños otorga visibilidad y estímulo financiero a los artistas de todas las generaciones dedicados en exclusividad a la pintura. La semana pasada en el Centro Cultural Culturarte que dirige Leonor Calvó, durante un acto que supo reunir a artistas, autoridades, operadores culturales como el eficiente curador Inosensio Garzón y, a Federico Gatti como representante de la empresa, se otorgaron los premios del Salón 2013: un total de 53.000 pesos.


La exposición exhibe en general un marcado arraigo a los esquemas formalistas de los talleres y escuelas, ya sea a las derivas del constructivismo como un apego a los colores tierra del arte social y comprometido, entre otras cualidades que premiaron los académicos Matilde Marín y Taverna Irigoyen y el artista jujeño Juan Carlos Entrocassi.


El primer premio, catalogado como "Trayectoria", lo ganó el joven Martín Pérez Borus con una pintura sombría, un poste de alta tensión que se recorta en el cielo y demuestra el caos en el paisaje generado por la invasión tecnológica. El segundo galardón fue adjudicado a la pintura con marco recortado de Alejandro Condolí. La obra conjuga la influencia del comic con la evocación del muralismo mexicano (hay una figura que recuerda el "Tormento de Cuauhtemoc" de Siqueiros). Las tres merecidas menciones de honor fueron para Lorenzo Alberto Toro, por una pintura donde danzan los personajes de la mitología norteña; Julieta Caorlín, por un paisaje donde se advierte el difícil dominio del oficio de la acuarela, y para Andrea Campos, por una abstracción cargada de resonancias urbanas y realizada con azules y rojos personalísimos.


Cabe aclarar por otra parte, que el tucumano Víctor Quiroga, con una estética muy afín a la de Toro, llegó con sus pinturas a París y conquistó al coleccionismo extranjero con sus personajes de fábula.


En la Categoría Abierta, Miguel Ángel Castro ganó el premio mayor con el estilo publicitario de una colla envuelta en un rebozo. Castro destaca el carácter ornamental del atuendo, pero la gracia consiste en el teléfono móvil que la colla lleva en la mano.


El segundo galardón se otorgó a Sergio Reynaga, quien con su "Lluvia de quirquinchos" trae al presente las máquinas voladoras de Xul Solar. Luego, Cristian Colina ganó tan sólo una mención honorífica con un bellísimo paisaje cuya contemporaneidad está dada por la ausencia de color, carencia que le brinda a la imagen la cualidad de un negativo fotográfico. Alejandro López ganó otra mención.


Entre los meramente "seleccionados" hay un paisaje de Sergio Zago que se destaca por su anacronismo y, a la vez, por las psicodélicas tonalidades del rosa que viran hacia el rojo o se encienden hasta el naranja. La obra es conceptual. Bajo la influencia de la francesa Leonie Matthis (1883), que pintó las incomparables vistas de Jujuy, Zago recupera el asombro de los pintores viajeros de principios del siglo XX y cuenta: "Pinté el paisaje existente, cerros y río, el Xibi-Xibi o Rio Chico, desplacé un poco su desembocadura, reduje así la ciudad. Todo es nube y color del amanecer". Arquitecto, pintor y escritor, el artista nacido en Trieste, reconoce la influencia impresionista (movimiento que caló tan hondo en la Argentina que nadie se atreve a citarlo) y la del rosarino Grela, su maestro. "Amanecer" (Éxodo, el día después), es una obra que investiga la historia y las características visuales de Jujuy, sin ocultar la alucinación que provoca la altura, perceptible en la exaltación del color y los ritmos sinuosos de las pinceladas.


Finalmente, la Categoría Estudiantes se destaca por la frescura de lo incontaminado. Vuelve entonces a aparecer, al igual que en la pintura de Zago, la sensibilidad y el delirio del color y las formas onduladas, las expresiones más libres que inspira el contexto jujeño. Y allí, ostentando el valor de lo genuino, están las obras de Arnaldo Vázquez Arraya, Alma Aguirre, Facundo Ismael Tintilay, Gianella Alfonso y Agustina Romano.


Luego del acto, Inosensio Garzón relató la historia del Concurso: "En la década del 70, Ledesma ya había adquirido cuadros de los pintores de Jujuy, como Pantoja, Ramoneda, Pellegrini, Fernández Mar, Raúl Lara, y otros, como un gesto de estima y de reconocimiento". Luego se fundó el Premio Fundación Ingenio Ledesma que cumplió una estimulante función desde el año 1983 hasta 1989. El actual Concurso surgió en 2005 y prosigue hasta la actualidad.
(ámbito Financiero, 23/7/2013)

 


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