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2013 Julio
La cantidad de bibliografía que nos acercan, afortunadamente, supera la posibilidad de tratarlos todos y rápidamente. Por ello pedimos disculpas, a la vez de estar alborozados por la importancia y abundancia de la producción intelectual de los académicos y amigos que desean aportar nuevas investigaciones, resúmenes o visiones sobre el folklore argentino, de diversas fuentes y regiones.
 
La cantidad de bibliografía que nos acercan,  afortunadamente, supera la posibilidad de tratarlos todos y rápidamente. Por ello pedimos disculpas, a la vez de estar alborozados por la importancia y abundancia de la producción intelectual de los académicos y amigos que desean aportar nuevas investigaciones, resúmenes o visiones sobre el folklore argentino, de diversas fuentes y regiones.

En este caso revisamos e informamos brevemente sobre

Cuentan Los Chonkes” de Mario Echeverria Baleta, que  cuenta con más de 17 libros propios mas artículos  en revistas y libros.
Ya va por la cuarta edición, y resulta un breviario imprescindible de la fértil y abundante, mas no correspondientemente rescatada leyendas tehuelches, los primeros habitantes de nuestro territorio, y en ese sentido fundadores de nuestra actual nacionalidad.
Un breve repaso  de sus capítulos /leyendas pueden motivar (es siempre esto lo que buscamos) a nuestros lectores a profundizar el acercamiento a ellos:
la leyenda del tornado, del raptor de niños, el puma raptor, el carancho engañador, la guanaca cantora, Yiakelon, la leyenda de la mara y el invierno, de la Cruz del Sur, de la boleadora azul, del meteorito, el gualicho, la leyenda de los pajaritos, de los petalos de las flores, del calafate, del fuego, y los  cuentos con zorros (siete).
Para darle un “gustito” sobre el trabajo,  traemos  un fragmento del relato sobre el calafate:
Los chonkes, verdaderos dueños de la tierra, conocían los secretos del sur patagónico, en su deambular de Aike en Aike (…) En esa época, la tribu de los Chonkes, comenzaban su viaje hacia el norte, donde el frío no era tan intenso, además la caza no faltaba, pero tengamos en cuenta que el viaje se hacía a pie, ya que los primeros caballos arribaron a Santa Cruz allá por el año 1526, con la expedición de Jofré de Loaiza. Koonek, la anciana curandera de la tribu no podía caminar mas, sus viejas y cansadas piernas estaban agotadas, pero la marcha no se podía detener, y es una ley natural cumplir con el destino (…) se quedaba sola para morir ya que los alimentos ( que le dejaron…) no le alcanzarían para pasar el largo invierno, tal vez un puma hambriento le acortara la espera. (…) pasaron muchos soles y lunas, hasta que llegó “Ariskaikén” con el nacimiento de los brotes y arribaron las golondrinas, los chorlos, , los alegres chingolitos, las inquietas ratoneras, las charlatanas cotorras…(…) de pronto se escucho la voz de la anciana curandera, que desde el interior del kau, les reprendía por haberla dejado sola durante el largo y duro invierno. Kikén, tras la sorpresa, le rrespondió:
-    Nos fuimos porque en otoño, comienza a escasear el alimento, además durante el invierno no tenemos donde abrigarnos.
-    Los comprendo, por eso desde hoy en adelante tendrán alimento en otoño y buen abrigo en invierno: ya nunca más me quedare sola…Diciendo esto calló.
Cuando la brisa volteó los cueros del toldo, en lugar de la anciana se hallaba un arbusto espinoso de perfumadas flores amarillas. Al promediar el verano, las flores se hicieron frutos y antes del otoño comenzaron a madurar tomando un color azul-morado, de sabor exquisito y gran valor alimenticio.
Algunos pajaritos no emigraron nunca más y los que se se habían ido para no volver, al enterarse de la novedad, regresaron para probar el nuevo fruto, del que quedaron prendados. También los Chonkes lo probaron, adoptándolo para siempre y desparramaron las semillas de Aike en Aike, dándole el nombre de Koonek: Desde entonces “el que come calafate, vuelve”

Vocabulario Tehuelche:
Aike: Lugar donde se vive
Chonke: ser humano ( nombre dado por los tehuelches a si mismos)
Kau: toldo ( por extensión, casa, vivienda)
Koonek: calafate en flor
Un aporte mas que interesante, y sobre todo porque, como dice el mismo autor: “¿Cómo podemos ejercer nuestra soberanía si no defendemos el patrimonio cultural?”


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