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Primer Encuentro de la Canción de Raíz Folklórica
La Canción de Raíz Folklórica. Algunas aproximaciones teóricas a su problemática actual.
 

 

La Canción de Raíz Folklórica.
Algunas aproximaciones teóricas a su problemática actual.
        


                                                 Por Rafael Rumich

En principio, debo manifestar que celebro la realización de este  emprendimiento. El sólo propósito de idear, programar y llevar a cabo un cometido de tal magnitud ya es todo un desafío y una hazaña, no tan sólo por los consensos y disensos que tendrán lugar durante el foro, aportes que sin duda servirán para proporcionar una aproximación al esclarecimiento de  la cuestión que pretendemos empezar a resolver en esta ocasión (otorgando mayor visibilidad a la problemática que inunda, sumerge y afecta, con distintos impactos y consecuencias, a las diversas disciplinas que conforman el Folklore y, asimismo, lo que técnicamente entendemos por proyecciones y aplicaciones del folklore, en este caso particular, la canción folklórica), sino, fundamentalmente, porque si no nos reunimos para dar a conocer las afinidades o posiciones diferentes, intercambiar posturas, debatir, consensuar, construir nuevos conocimientos, superando el estado de confusión en que estamos inmersos y, por ese camino, poder actualizar el campo del conocimiento, planear modos y contenidos de capacitación, facilitar la difusión, respondiendo a las exigencias que impone la realidad en que estamos sumidos, todo lo que comprende aún al folklore seguirá existiendo, pero es  muy difícil que, por la dispersión de comprensión y la complejidad existente, podamos reconocer y ordenar los fenómenos que  merezcan ser aceptados como parte de ese patrimonio sociocultural y todas aquellas producciones gestadas por el quehacer humano e inspiradas en dicho acervo. Esa esclarecedora labor es la que está reservada a este Encuentro. De por sí es todo un  desafío a la vez que implica una gran responsabilidad.

De la misma manera,  me veo obligado a expresar que esta convocatoria marca el inicio de un largo proceso. Estaríamos totalmente equivocados si creemos que en esta primera oportunidad vamos a resolver toda la amplia y compleja problemática que hace años ha desbordado los consagrados y ortodoxos límites impuestos por las comunidades (científica, educativa y artística, entre otras), que actúan en el campo de la llamada cultura popular, tradicional y oral, o se inspiran en el todavía considerado folklore, sus proyecciones y aplicaciones, estado que, lamentablemente, distorsiona y confunde todo lo que a esos espacios del conocimiento, la creación o la transferencia educativa, se refieren.

Por lo tanto, como reflexión inicial sugiero que debemos detenernos a pensar acerca de la necesidad y obligación colectiva que tenemos de no actuar aplicando puntos de vistas y perspectivas que nos encierren en posturas parciales, es decir, tener en  cuenta que la realidad se abre ante nosotros como un abanico, exponiendo su conformación integral, por lo tanto estamos obligados a abordarla teniendo en cuenta dicha constitución. Es decir, debemos operar holísticamente. Desempeñarnos así nos va a ayudar a no cometer reduccionismos
La mayoría de las veces caemos en tal enredo porque entusiasmados con el árbol no nos percatamos del bosque y, el bosque plantea cientos de posibles salidas, pero los caminos correctos son pocos. Para asumir la gravedad del problema que hoy atañe al  folklore debemos reconocer que fascinados por nuestros árboles nos hemos desorientado, estamos desplazándonos  a la deriva, caminando en círculos (estereotipadamente) y no encontramos la salida. Por encandilarnos con el árbol de nuestra predilección hemos perdido el rumbo y quedamos prisioneros del bosque. Lo más peligroso es que  muchos aún no nos hemos dado cuenta que estamos extraviados.
Siguiendo con el ejemplo del bosque, tomemos como referencia dos árboles que aparentemente son de la misma especie vegetal. Al respecto, si expresamos canción folklórica y canción de raíz folklórica debemos entender que no estamos mencionando ni refiriéndonos a lo mismo. Son dos categorías diferentes. Las categorías “son las partes de un concepto que orientan el juicio científico. Las categorías de concepto delimitan su dominio, concretan el enfoque con que se usa el concepto. El sistema de categorías es flexible y dinámico (Gomezjara) . A su vez, los conceptos “son abstracciones de los procesos sociales reales. Dentro de la realidad se interrelacionan su esencia (núcleo de causas que la determinan) y su representación cotidiana. Ellas no pueden manejarse por separado. Los procesos sociales deben verse en su totalidad (Gomezjara)” . En ese orden, si aludimos a la canción folklórica nos estamos refiriendo a una especie perteneciente al folklore poético-musical  y si nombramos canción de raíz folklórica  estamos mencionando una proyección estética del folklore (proyección poético-musical perteneciente a la literatura-música folklórica).
 Una de las notables personalidades que tanto trabajaron en bien del Folklore en Argentina fue el Maestro Carlos Vega. Este eminente investigador, científico, musicólogo y autor de tantos libros, fue un auténtico vanguardista en la construcción de una epistemología del Folklore en nuestro país y todo el continente. Pero el trabajo de Vega no quedó reducido a la actividad científica. En 1944 da a conocer su Ensayo. A través de esta obra hará uno de los aportes más significativos y ordenará una cuestión de fondo y de forma que se venía planteando desde hacía unos años y provocaba confusión en el orbe de los conceptos y las categorías de análisis relativas al Folklore.
 Vega sostenía que el Folklore como ciencia recoge materiales para estudiar problemas históricos-culturales, pero, asimismo, entendía que el conocimiento de esos  materiales podía servir a otros fines. Esto es lo que va a exponer en Ensayo. En su obra va a llamar “extensión”, “aplicación” o “proyección” del folklore a todas esas distintas actividades que aprovechan el conocimiento de los hechos folklóricos. Advertía en esa obra que no había que confundir el Folklore –la ciencia- con las “proyecciones” -utilización  de sus materiales para diversos objetos-. Esta distinción lexical se ha difundido y repetido en todas partes, según el mismo Vega consideraba que dicha terminología podía extenderse también a otras disciplinas y muy especialmente, decía, a la historia, que entendía que por aquellos años estaba “sufriendo confusiones e indiscriminación” .
 Acerca de la amplitud de este distingo técnico Vega aclaraba que el Folklore tiene una proyección política, es decir, una proyección que le interesa a la ciencia de gobernar. Además, expresaba, tiene una proyección ética, es decir, una proyección que interesa a la moral. Tenemos, por fin –sostenía-, una proyección estética que atañe al arte nacional .
 Creado por el musicólogo Carlos Vega estas categorías de análisis fueron  adoptados luego  por Raúl Augusto Cortázar, especialmente la referida a las proyecciones artísticas, posteriormente este insigne científico nos legó una obra trascendental, en dónde abordaba el sentido y los alcances de lo que llamó la Ciencia del Folklore Aplicado .
  Olga Fernández Latour de Botas en 1969 definía así proyecciones: “Fenómeno en virtud del cual un hecho folklórico es aprovechado por personas de cultura urbana para inspirarse en él y producir en su ambiente ciudadano obras o actos que reflejan la influencia de su inmediata fuente original” 

En la actualidad, si bien, muchos de estos conceptos aún se mantienen en vigencia, otros han variado en su definición, la realidad ha obligado a los estudiosos enrolados en el Folklore proponer nuevas posturas epistemológicas y axiológicas que den repuesta a las exigencias de la época. 

 

 
 Para el Encuentro de la canción Folklórica, que se realizo en cuatro días, a través de todo el país en video conferencias armadas con la logística (que hay que agradecer inmensamente) del Consejo federal de inversiones, hemos recibido trabajo invalorables.
Por su misma condición de Dialogo, no se favoreció la oportunidad de lectura de varios de ellos. El que sigue por ejemplo fue objeto de un intento de síntesis que el redactor de este pregón  trató humildemente de realizar. Pero se prometió firmemente a si mismo que debía ser conocido en su integralidad. Aquí va entonces la ponencia de Rafael Rumich.

 He aquí, como sostiene la magíster Azucena Colatarci, que dado el estado actual de los distintos aspectos que involucra el campo del Folklore resulta necesario reflexionar al respecto e iniciar un debate superador ya que el Folklore es un recorte disciplinar que bucea en los aspectos identitarios más profundos de la sociedad vinculados y comprometidos con las dimensiones sociales, culturales, humanísticas y artísticas de la sociedad, con capacidad de persistencia, resistencia y resemantización fundamentales en un mundo donde los procesos de globalización tienden a eliminar y subsumir la identidad de los pueblos .
 Prosiguiendo con el ejemplo del bosque, digamos que éste no sólo tiene varias salidas, sino, fundamentalmente, varias entradas. Lo que corresponde efectuar, para no extraviarnos, es saber para qué entramos al bosque; entonces sabremos qué camino de acceso elegir y, de igual manera, por que sendero salir.
 En la  introducción de Las Canciones Folklóricas Argentinas, Carlos  Vega ensaya un breve panorama “para reconocer mejor nuestro centro de interés y aislarlo de conexos”.  Indudablemente por aquellos años (década del 60 del siglo pasado), los estudiosos dedicados a la investigación del folklore ya alternaban con las cuestiones que hoy nos aquejan. De ahí que resulta importante destacar las consideraciones vertidas por Vega a través de su denodado propósito por echar luz a estas cuestiones y establecer un ordenamiento disciplinar que, a pesar del tiempo transcurrido, nos puede servir como aporte para lograr un correcto abordaje a la temática que está en tratamiento en este foro.
 En cuanto a la música como especie sostiene que ella “no existe como expresión  informe y libre”.
  La percibimos, cada vez que se manifiesta, en independientes unidades de creación y consumo que en conjuntos integran, por afinidades de forma, estilo, función, etc., un grupo superior que llamamos especie, entidad responsable de un destino en la peripecia histórica.
  En ciertos casos la música se produce como expresión simple para oyentes nada más; otras veces prevé una coreografía que ha de crearse o que existe para la asociación y se manifiesta como ballet o como simple danza para el baile común de salón o de campaña, otras se ajusta a un texto o lo presupone y la ejecución vocal se añade para constituir las grandes especies corales y las pequeñas canciones comunes .

 Si prestamos atención a la descripción que hace el ilustre musicólogo, podemos apreciar claramente como la misma se ajusta a la realidad sociocultural imperante en dicha época, lo que está demostrando que las herramientas epistemológicas y metodológicas de las ciencias sociales o humanidades, incluyendo la sociología del arte, la antropología del arte, la psicología cultural, la historia del arte, entre otros, deben servir para abordar la realidad, o sea, la constitución sociocultural del  momento histórico que se desea indagar. De igual manera, las disciplinas  científicas deben ir adecuando su instrumental a las exigencias provocadas por el cambio que se produce en los individuos, grupos o comunidades, caso contrario, las ciencias pierden actualidad y quedan desfasadas en el tiempo. Vg: Con la transformación que sufrió demográficamente  la sociedad mundial hoy ya no podemos categorizar tajantemente en dos espacios (contextos antropológicos) como los clasificó Vega: baile común de salón y baile de campaña. Desde ese punto de vista, tampoco el folklore puede reducirse exclusivamente a los espacios rurales o comunidades alejadas en oposición a los espacios, grupos o espacios urbanos. Si analizamos los conceptos los no lugares de Augé o la desterritorialización de Ortiz, y sus respectivas definiciones, podremos tener una mejor comprensión de lo que aquí sostengo. No porque sociocultural y psicosocialmente el mundo haya cambiado los fenómenos folklóricos se han extinguido y desaparecido, quedando nada más como patrimonio histórico. Somos nosotros, los que militamos en este campo del saber, los que tenemos la responsabilidad de investigar y tratar de interpretar cómo el dinosaurio se ha transformado en pájaro.

 Continuando con las enunciaciones de Vega, prestemos atención cómo considera la canción:

  La canción, especie compleja, pertenece al grupo de los bienes que los hombres externan en modo inmaterial y consumen en modo auditivo. Es doble porque nos da la especie poética asociada con música o, si se prefiere, la especie musical emitida en poesías. Hecho tal, así doblado, se llama canción,  y en tal sentido emplearemos esta voz.  Porque también se denomina “canción” la poesía para la música y la  música para versos.
  Sólo en un planteo taxonómico moderno puede ser necesario aclarar esa asociación. La poesía y la música –y con ellas la primitiva  danza anterior y material- desarrollan gérmenes inicialmente comunes y definen su entidad siempre en rigurosa sincronía. Es relativamente tardía la optativa separación del complejo música-poesía y la independencia de una y otra. En cuanto a la danza, la asociación primitiva sigue siendo su manera de elección y, aun cuando hay ocasionales expresiones arcaicas de coreografía sola, son modernos los ensayos de producirla con poesía sin música o sin ambas –moción pura-.
  La canción desempeña funciones diversas. En primer lugar debemos distinguir y separar aquí la canción expresiva más o menos pura, como fin, de la que se destina a la secundaria y activa función de música para danza. Cuando es necesario recurrir a la voz humana  como instrumento melódico, sobreviene la canción .

 Ahora bien, cuando Vega se refiere a la canción folklórica, lo hace desde la perspectiva del enfoque epistemológico predominante durante el  principio de la segunda mitad del siglo XX. ¿Se equivocó en su conceptualización? No. Simplemente respondió a lo que establecía la matriz epistemológica o paradigma imperante. No estaban confundidos aquellos insignes  próceres de la folklorología nacional, ellos actuaron  adecuando las herramientas científicas a la realidad de la época, los que no procedimos así fuimos nosotros, que no atinamos a actualizar esos instrumentos para   abordar la realidad en la medida en que iba cambiando, resultándonos más fácil mantener las herramientas y dogmatizando lo que poco a poco iba perdiendo eficacia y validez instrumental. Incluso, no faltaron los que se atrevieron a diagnosticar la eminente “muerte del folklore”.


 Esta era la descripción que Vega hacía en 1965 de la canción folklórica:

 Es la canción antigua exclusiva de los grupos rurales más o menos aislados y conservadores que viven en los estados modernos. Por lo común se trata de expresiones que, durante su función en los altos centros superiores perdieron vigencia y consumidores. Estos centros superiores no son obligatoriamente los europeos. Los pueblos aborígenes de “alta cultura”, en general, no pierden todos sus bienes espirituales bajo la ocupación europea; la canción primitiva puede pasar a la situación folklórica conservando su pureza o participando en mezclas .

 A partir de este enunciado, debemos entender que la condición de folklórico no puede quedar circunscrito a espacios socioculturales y geohistóricos “predeterminados”, mientras tales ámbitos no puedan ser limitados científicamente. En tal sentido ¿cómo podemos deslindar como contexto o complejo de estudio a un grupo humano localizado geográficamente a partir de ser ‘más o menos aislados’? Al respecto corresponde preguntar: a más de su categorización como aislado ¿cuál es el grado de aislamiento que debemos tener como referencia para señalar su condición de folklórico? En ese caso, qué unidad de medida tenemos que utilizar, el más o el menos, qué queda dentro  (aceptado como folk) y qué afuera (no reconocido como tal). Asimismo, un grupo humano cuando se encuentra más aislado ¿es más folklórico?


 Esta simple observación sirve para demostrar cuánto debemos trabajar para ordenar adecuadamente lo que conocemos como Folklore. Caso contrario, así como hoy se mantiene no sirve como ciencia, y al no tener basamento científico tiende a desaparecer como tal y pierden sostén las proyecciones y aplicaciones. En ese contexto, ante la pregunta  ¿El Folklore se volvió urbano? Podríamos contestar con otra pregunta ¿A qué llamamos urbano? ¿Cuándo un complejo humano empieza a ser una urbe? Corresponde remitirnos nuevamente a investigadores como Augé y Ortiz. 
  Si intentamos ingresar a este amplio y apasionante análisis a partir del término “cultura folklórica” y lo usamos como presupuesto para ensayar un profundo sondeo que arroje claridad y permita ordenar este complejo y desbordado campo del conocimiento, lamentablemente estamos partiendo de un  supuesto falso. “Cultura folklórica” es un término que sólo tiene un sentido conceptual en relación con una interpretación particular de la “cultura industrial”.
 La idea de desarrollar “lo folklórico” como una oposición binaria (polos opuestos dentro del modelo binario) a “lo industrial”, es el resultado de un juego de sentidos y significaciones, perverso y discriminador, a través del  cual se reduce al folklore a nivel de un simple constructo ideológico.
 Esta tipificación se agrava porque cada vez que al folklore le otorgamos la categoría conceptual de “cultura  folklórica”, ubicamos a éste como una parte, compartiendo la totalidad (cultura) con otros “segmentos” de ese todo. Una justificación sincrética, pero no horizontal, por cuanto  se lo coloca en un nivel inferior (asimétrico) y se pretende justificar su existencia como resultado de  un proceso de desprendimiento de la “capas sociales superiores” y decantación “en las capas inferiores”, preferentemente rurales o “campesinas” de materiales, hechos, conductas y elaboraciones estéticas (patrimonio tangible e intangible), cuando, si indagamos retrospectivamente, los hoy llamados “fenómenos folklóricos” anteceden al tipo de “cultura ilustrada y elitista” (burguesa), que emerge al principio de la modernidad, imponiéndose como el sector social predominante y hegemónico.
 El mayor error que cometemos es creer que el folklore pertenece exclusivamente al ámbito rural o campesino. Esta situación se plantea porque hemos obviado lo diacrónico y construimos estadios históricos, es decir, efectuamos análisis que toman en cuenta los momentos históricos sin tener  en cuenta el continnum histórico, congelando las etapas del proceso que vivió la humanidad, como si el crecimiento demográfico y la movilidad espacial humana no fueran una característica fundamental del proceso de transformación que tuvieron las agrupaciones y conformaciones humanas desde el inicio de la historia de la humanidad.
 Nuestro pecado no ha sido habernos aferrado a la tradición, sino quedarnos varados en el pasado. “Si bien la constitución de la ciudadanía  es ineludiblemente histórica, en todas las épocas exige un tipo de sociedad que se abra a la posibilidad de diferencias legítimas” 
 Con respecto a lo expresado, formulo el siguiente aporte. Giovanni Sartori lo hizo desde la perspectiva que ofrece la ciencia política ; he adaptado su texto a las exigencias que plantea en la actualidad el Folklore. Aclaro que solo introduje algunos términos para acomodar dicho texto a la problemática del Folklore. El escrito se mantiene fiel al original en casi su totalidad. Ahora bien, cuál es el motivo, la razón, el por qué de la siguiente adaptación. Porque ante la necesidad que tenemos de salvar al folklore, debemos comprender que el primer y principal problema que tenemos es de carácter comunicacional. La sugerencia es que debemos elaborar y poner a disposición de la amplia comunidad dedicada a la defensa, estudio, promoción, creación, enseñanza y difusión del folklore de un amplio y actualizado “glosario” que integre términos, conceptos y definiciones, cosa que exista un lenguaje común a partir de un vocabulario “básico” que nos permita entendernos; que cuando alguien emita “a”, todos entendamos “a” y no “b”, “c” o “d”, lo que, lamentablemente, al carecer en este momento de una herramienta de tal carácter, dicha situación  nos lleva a discurrir “en el vacío”.
 En el escrito de referencia, Sartori menciona  la  importancia  del  instrumento lingüístico en lo referente al  pensamiento y la acción.  Dada  la  importancia que representa dicho  texto  para  las diversas  ciencias sociales hemos producido una adaptación que entendemos puede servir para comenzar a reconceptualizar y reordenar instrumentalmente el  Folklore.
 El folklore es el “hacer” del hombre que, más que ningún otro, afecta e involucra a todos. El hacer es la praxis, el hacer del hombre esta precedido del discurso (sobre el hacer), la acción, los comportamientos psicosociales y las producciones socioculturales están rodeados por el discurso, el tema de los antecedentes del discurso sobre el folklore son: a) La filosofía del folklore b) La ciencia y los conocimientos empíricos  del folklore c) El discurso común u ordinario sobre el folklore. Podemos expresar que el comportamiento cotidiano del hombre como ser humano individual o sujeto social está inspirado y orientado o por la filosofía, o por el conocimiento empírico-científico, o por la conversación corriente sobre folklore . De la misma manera podemos enunciar que el Folklore es el más renuente de las ciencias. El conocimiento científico de los hechos o fenómenos folklóricos encuentra dificultades para consolidarse al lado de la filosofía y por otra parte el apremiante reclamo con la praxis cotidiana a través del discurso corriente. Queda entonces por elaborar un discurso común que a partir del folklore atraviese transversalmente la filosofía, la ciencia y la praxis cotidiana y mantenga una estrecha relación con los tres órdenes mencionados.
  Para obtener una mejor y mayor comprensión sobre el discurso común recurrimos nuevamente al filósofo italiano:


 El discurso común puede asumir tonalidades emotivas hasta convertirse en un discurso ideológico emotivo en la que no se trata de persuadir como de convencer; ni de razonar como apasionar. Palabras y significados.- El lenguaje está constituido por palabras y significados, lo que debe establecerse es que a cada palabra le corresponden muchos significados, está polivalencia acarrea ventajas y desventajas para la comunicación lingüística del hombre pero es evidente que no nos ponemos de acuerdo con el significado que les atribuimos a las palabras. El remedio es organizar y ordenar el lenguaje según el tipo de significado. El lenguaje especial con su propio vocabulario técnico: en él las palabras asumen un contenido sui generis lo que equivale a decir que la filosofía y las ciencias son claros ejemplos del lenguaje especial. El lenguaje es un universo de signos convencionales provistos de significados, la polivalencia de las palabras propone ventajas y desventajas. La ventaja consiste en que se puede traspasar los confines de vocabulario y hacer más rico y dúctil el saber de cuanto pareciera permitir la terminología, en cambio la desventaja reside en que, con frecuencia, no nos entendemos. Al utilizar los mismos vocablos decimos (en apariencia), lo mismo pero pensamos (en sustancia) otra cosa muy diferente. La desventaja es, la ambigüedad (de las palabras) .


 Indudablemente, a través de esta notoria y precisa aclaración comprendemos cual es el principal problema que hoy aqueja a quienes de una forma u otra estamos relacionados con los estudios o la creación folklórica. Sigamos con la lectura de lo vertido por Sartori quien se refiere así de la dimensión emotiva y la dimensión lógica del lenguaje:

 La división más elemental entre los significados emotivo y lógico de un mismo lenguaje; el ejemplo es: La poesía y filosofía. El lenguaje poético es típicamente un discurso que habla al corazón, a los sentimientos, lo que equivale a decir que es un lenguaje emotivo, la lógica de la poesía por decirlo así es una lógica estética, sustentada en inflexiones fonéticas. El lenguaje lógico se encuentra en el extremo opuesto; buscamos un sujeto, un verbo, un predicado exigimos que cada proposición sea inequívoca y que contribuya a una demostración lógica congruente entre sí. Las palabras cuanto más asumen un significado preciso, más se despojan de un impreciso contenido emocional . 


 Pero en este foro no nos interesa solamente conocer la dimensión emotiva  del lenguaje,  también,  por tratarse  justamente del  folklore  o  saber popular,  debemos  prestar atención a la lengua  materna:


  El lenguaje común es el lenguaje materno, que es él mínimo común denominador de todos los demás. El lenguaje común es un lenguaje falto por completo de conciencia de sí mínimo que usamos de una manera instintiva e irreflexiva lo que apareja graves inconvenientes. El primer inconveniente es que no nos preocupamos en definir las palabras que empleamos; de este modo, todo discurso resulta vago, genérico, y se escapa los límites de una comunicación elemental y puede generar importantes malentendidos ya que cada palabra posee para el otro diferente significado. El Lenguaje Corriente.- es un lenguaje en que las conversaciones ordinarias son intercambios de mensajes breves y separados, y satisface finalidades de relaciones interpersonales, pero cuando se trata de comunicaciones, el lenguaje corriente no sirve, comunicar es una cosa, y transmitir conocimiento es otra .


 Además de los lenguajes descritos, Sartori se refiere a los lenguajes especiales y los usos para los que se destinan:


 Los lenguajes especiales son los lenguajes críticos, a los que se llega por corrección de los defectos del lenguaje corriente y se caracterizan de este para lo siguiente: a) Hace precisos y definen los significados de las palabras. b) Estipula reglas precisas de sintaxis lógica. c) Crea nuevas palabras. En el lenguaje corriente las palabras son polivalentes y se usan de un modo ambiguo; en el lenguaje especial establece de un modo explícito y unívoco el significado de todos los términos fundamentales del campo de interés de que se trate.
 En el pensamiento crítico, la precisión del lenguaje es esencial, utilizar una palabra en vez de otra tiene importancia y usarla impropiamente en cierto termino, equivale a equivocar el concepto. Cuando se exhorta a ser preciso y ajustado en el uso del vocabulario, no es meramente por pulcritud, es adiestrar en el pensar. Otra característica es la de fijar y tener firme la regla del proceso demostrativo, un discurso solo tendrá validez demostrativa si se le desarrolla con unidad de método, según un patrón argumental constante y coherente.


 Entre los lenguajes especiales están los que son utilizados por la filosofía y la ciencia, es decir, los que sirven como instrumento de expresión al pensamiento y a la construcción de conocimiento:


 Los lenguajes especiales comprenden a la ciencia y la filosofía, y el uso de estos lenguajes se refleja en el pensar. Esto equivale a decir que el uso del lenguaje pone su sello en un modo de pensar. Todo lo que se habla del lenguaje debe transferirse y referirse al pensamiento, pasando a la relación entre palabras y pensamiento, entre lenguaje y logos. Sobre la relación entre lenguaje y la conceptualización, entre palabras y pensamiento se puede afirmar que aun cuando el pensamiento no sea reductible al lenguaje, las palabras son indispensables tanto para comunicar como para pensar, si bien pensamos con palabras, pero las palabras son fundamentales para comunicar a los otros lo que pensamos, en resumen las palabras sirven tanto para hablar como para pensar y por más que el lenguaje no es pensamiento no existe uno sin el otro, por lo tanto, aprendemos a pensar en la medida en que aprendemos a hablar; y una vez adultos, enseñamos a pensar siempre mediante palabras, el condicionamiento lingüístico del pensamiento .

 Finalmente,  transcribimos el pensamiento del citado filósofo en cuanto al significado que las palabras evocan o denotan en su carácter de símbolos lingüísticos:


 Se ha definido el lenguaje como un conjunto de signos (palabras) provistos de significado otra definición muy general es que las palabras significan porque evocan o denotan de alguna manera una imagen. Las palabras son símbolos lingüísticos que están en lugar de un simbolizado y más concretamente, en lugar de las imágenes que le reclamamos a nuestra mente cuando los pronunciamos o pensamos. Jean Paúl Sarte afirmó que nosotros conocemos a través de tres modalidades: perceptiva, por concepto o por imágenes. Esto es, la primera podíamos llamar ocultos o visual en función a lo que percibimos. La segunda es de tipo intelectual, por concepto, según imágenes concebidas y la tercera es en función a imágenes fantásticas; en resumen, las palabras carecen de un significado perceptivo o ideativo, o bien típicamente alusivo lo que alimenta nuestra comprensión en una fantasía .

 Por último, en la conclusión de esta ponencia,  quiero referirme a la monografía Proyección Artística del Folklore y Cultura Nacional, elaborada por la doctora Clara Passafari . Dicho trabajo comienza con un capítulo dedicado a la escuela y el folklore en función de la cultura nacional. En el sostiene Passafari “universidad y regionalidad –es decir posibilidad de reunir armónicamente madurez de siglos e imbricación en un ‘aquí’ y un ‘ahora’ concretos- son las constantes necesarias que deben poseer los hechos culturales para servir de base a creaciones de alto vuelo”. A esto agrega, “el folklore las reúne milagrosamente en cada una de sus manifestaciones”, para concluir estos juicios con “pero es necesario potenciar esta tradición para que trascienda a planos universales, destacando la personalidad colectiva de nuestro  pueblo”.
 Posteriormente el texto considera la tradición, como coherencia y continuidad sociocultural; el romanticismo como expresión popular y proyección artística del folklore; una cultura de participación, la reelaboración  de lo folk por el folk; y, finaliza, con la proyección del folklore en el arte.
 En ese último capítulo sostuvo: “Y en tal sentido podemos hablar de proyecciones musicales, plásticas, literarias, fílmicas, artesanales, nombrando las más trabajadas, para crear una fisonomía propia e identificatoria”, a lo que agregaba, “para que esta renovación sugerente pueda producirse y afianzar sus efectos, el camino más acertado supone la educación institucional, la  educación permanente y los medios de comunicación al servicio de una política cultural  coherente y con objetivos definidos”.

 [1] Entrada correspondiente al Breve Diccionario Sirvent,  compilado por la licenciada Graciela M. Spielmann. Universidad de Buenos Aires. 1997.
[1] Ib.
[1] VEGA, Carlos: La Ciencia del Folklore. Editorial NOVA. Buenos Aires. 1960.
  Ibid.
  CORTAZAR, Raúl Augusto: Ciencia Folklórica Aplicada. Reseña Teórica  y Experiencia Argentina. Fondo Nacional de las Artes. Buenos Aires. 1976.
  FERNANDEZ LATOUR DE BOTAS, Olga: Folklore y Poesía Argentina. Editorial Guadalupe. Buenos Aires. 1969.
  COLATARSI, María Azucena: El Folklore en la Argentina en el siglo XXI: enseñanza, formación profesional, investigación. Ponencia presentada en el II Encuentro Nacional de Folklore, Salta, 2011.
  VEGA, Carlos: LAS CANCIONES FOLKLORICAS ARGENTINAS. Instituto de Musicología .Buenos Aires. 1965.
  PAYNE, Michael (Compilador): Diccionario de Teoría Crítica y Estudios Culturales,    Editorial Paidós, Buenos Aires, 2002.
  MATUS SEPÚLVEDA, Teresa: Propuestas Contemporáneas en Trabajo Social. Hacia una intervención polifónica. Editorial Espacio, Buenos Aires. 1999
 SARTORI, Giovanni: LA POLITICA, LÓGICA Y MÉTODOS EN LAS CIENCIAS SOCIALES.

http://es.scribd.com/doc/54121698/La-Politica-Giovanni-Sartori.

  Texto de Giovanni Sartori adaptado a la Ciencia del Folklore (El análisis que efectuara el filósofo italiano a partir de la Política, desde puntos de vistas filosóficos y científicos, se adapta al Folklore, lo que sirve como una  evidencia más para argumentar  que Folklore es una  Ciencia  Social)
   Entendido como el “hacer” generado por sujetos psicosociales y socioculturales (individuos, grupos o comunidades).
  SARTORI, Giovanni: op. citadods


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