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2013 Agosto
2013 Agosto
Literatura Folklórica Virreinal
 

Literatura  Folklórica Virreinal


Si en el Pregón Criollo de abril incluimos el primer poema escrito en nuestras costas, ahora elegimos traer al que se cita como “primer poema gauchesco” de la literatura de nuestro país, realizado además por alguien aquí nacido y criado:  Juan Baltasar Maciel (o "Maziel") , 1727 - 1788. De la literatura de la primera fundación pasamos entonces, a la generalmente denominada  “literatura virreinal”.
Aunque “fundador” del genero gauchesco, no era Maciel un gaucho, sino sacerdote y educador. Al escribir como supuso que lo haría “el pueblo”, hizo literatura folklórica, (bien lejos del Folklore literario). Su erudición (en su biblioteca, la más importante del virreinato, había más de 1500 volúmenes) lo llevó a escribir una gran cantidad de poesías. Más en el caso que traemos, uso los términos que creyó propios de un guaso, que canta en estilo campestre los triunfos y las gazañas de Ceballos, según su propia descripción. Una idea que en el ambiente virreinal no cayó bien, dicen, aunque las hazañas fueran dignas de ser rememoradas (las tres victorias de Ceballos sobre los portugueses, incluidas dos reconquistas de la Colonia del Sacramento, dos de la Misiones Guaraníticas, y la captura de una amplia zona del sur del Brasil) . Es que la cultura, entonces  era una cosa, y lo vulgar era otra: universos, en fin,  sin contacto. Esta confrontación crítica anticiparía futuras dicotomías (nota de un lector: el editor se anticipa a los tiempos…¿no le habrán enseñado sobre anacronismos en la Universidad?).
En este poema  Maciel ensalza a Cevallos, pero a la llegada del Virrey Vértiz (que lo sucedió), e inaugurando el estilo panquequista de muchos asesores, se hizo rápido fanático del nuevo jefe, siendo exitoso en ello (nota de otro lector: el editor sigue con su obsesión de encontrar semillas de futuro, en las acciones de los hombres de otras épocas…. Ya no tiene remedio). Vértiz, en efecto lo nombró “canciller”  del  Colegio Carolino (fundado sobre la base del “colegio jesuita”)  del que redactó reglamentos y estatutos y en el cual  dictó cátedra. Es más, allí fue uno de los "maestros de la generación de Mayo", pues lo fue de Cornelio Saavedra, Manuel Belgrano y Vicente de Azcuénaga, así como su sucesor, Luis José de Chorroarín,  de Mariano Moreno, Domingo French o Manuel Dorrego .


El Romance: se dice que el manuscrito mantenido en la Colección Segurola perdió el verso 22 al ser guillotinado el papel para la encuadernación. Veamos algunos detalles del poemita.
El título ya delimita una situación de enunciación: el acto de cantar frente a un auditorio. Se simula que este texto se escucha, no se lo lee. Estamos frente a una voz no frente a letras, en la convención. El poema nos instala, entonces, en el campo de la oralidad, no en el de la literatura o lecturidad. El texto es expresión de una cultura oral folk (simula serlo, claro), confrontada con la cultura letrada de los sonetos y el resto de la veintena de composiciones «escritas». La voz no narra, canta. De modo que se supone una guitarra de apoyo, con su bordoneo de acompañamiento. Esa voz celebra y festeja, con tono exultante. Nosotros, lectores, nos convertimos en auditores virtuales, receptores auditivos. La vía de transmisión es de boca a oreja. No hay lectorado, hay auditorio. Contrasta con aquello repetido de «Discreto lector...», de tantas piezas literarias. Todo estos según Barcia, Pedro Luis

La voz es la de un campesino, un gaucho o guaso, por otros nombres, como los de gauderio, camilucho, mozo amargo, que también recibió el habitante de la campaña. La fonética, escrita, es «guaso», con aspiración de la «h» original: «huaso». Este es el primer rasgo de fonética que registra el poema. La aspiración oral de la «h» en «g», popular, aparece también en las palabras: «gazañas» y «germanos» y «germanas», lo que revela una voluntad del autor de imitar la fonética rural, como en otros aspectos que señalaré más adelante. La voz no es la de un hombre cualquiera, es la de un cantor, figura funcional dentro de la comunidad rural que ha sido descripta por Sarmiento en Facundo (cap. II) y encarnada en el Viejo Chano, en Aniceto el Gallo, en Martín Fierro y tantos cantores facultativos de la ficción gauchesca. El cantor asume la voz del pueblo. Voz anónima, a diferencia de la del sistema literario neoclásico que subraya cada texto con el nombre de autor. Aquí la autoría no cuenta. La expresión «en estilo campestre» define el nivel de lenguaje y la existencia de una poética del cantor popular. Hay un sistema de creación estética por la palabra hablada o cantada.
Se simula, pues, un acto de habla producto de la cultura ágrafa. Así, Maciel, por aplicada contraposición con el sistema neoclásico, va definiendo los elementos de un nuevo sistema que habrá de denominarse gauchesco. Este poemita nace de otro paradigma cultural, de otra concepción del arte y de su funcionalidad, de su naturaleza, etc. El texto consta de 40 versos de un romance, forma popular centenaria y de transmisión tradicional del pueblo español, trasplantado al Plata. El romance no es frecuente en el XVIII, Aquí se afirma más la intención de Maciel al elegir esta forma poética. Su asonancia es a-a, una de las más frecuentes.
El verso inicial es un verso que Maciel toma de la oralidad popular. Verso formulario de apertura de poema. Así, comienza a definirse que se trata de u caso de proyección folclórica, como lo será toda la gauchesca. El verso formulario aparece en cantidad de coplas españolas y sus trasplantes al Río de la Plata.


Veamos casos españoles:
  -58- 


 Aquí me pongo a cantar                            Aquí me pongo a cantar 
 debajo de este membrillo,                          a la sombra de la luna               
 por ver si puedo enlazar                            por ver si puedo alcanzar  
 las astas de este novillo.                           de las dos hermanas, una. 

 
 Aquí me pongo a cantar                            Aquí me pongo a cantar  
 sin pedir licencia a nadie...                        con alegría y sin miedo...

 


Casos rioplatenses, recogidos por Jorge Furt en su Cancionero popular rioplatense. Lírica gauchesca6:


 Aquí me pongo a cantar                           Aquí me pongo a cantar  
 con la caja y la guitarra,                          antes de tomar un pan,
 al ver la cosa tan linda                            atiendan, señores míos,
 y la dueña tan bizarra.                             lo que dice Villagrán.

 

(TI, p. 431)                                                            (TII, p. 244)               


Sería ocioso seguir las presencias del verso, consagrado por la apertura del Martín Fierro. Baste con lo señalado de su origen. El poemita propone su propia escenografía: «debajo de aquestas talas», repárese en el arcaísmo «aquestas», propio del conservadurismo del medio rural. «Del mayor guaina del mundo». Coherente con el rescate de la fonética rural, Maciel escribe: «maior», «vaia»; pero «playa», v. 34. El poemita incorpora voluntarios indigenismos: «guaina», «guampas», «pampas», «batatas». «Guaina», «varón» en quichua, produce igualmente la señalada aspiración de la «h» original, «huaina». Al arcaísmo «aquestas» le sumará «aina» y formas de la oralidad como el «disque»7. Un uso de vulgarismos: «mandria» por «cobarde» y «he de puja» que es una forma abreviada y suavizada del espontáneo «hijo de puta». Aquí no está usado como denigración, sino como ponderativo por antífrasis, como cuando uno dice encomiásticamente de algún campeón: «¡Qué bruto, qué animal!».

El poema maneja un nivel lingüístico popular rural, con todas las notas que acumula intencionalmente, con inclusión de versos formularios de la oralidad, con encuadre de situación de enunciación que supone la voz y el auditorio. Pero a todos estos aportes concitados por Maciel, le suma otro: el poema está concebido y la realidad vista desde la óptica de un gaucho. La forma mentis es gauchesca. De allí las comparaciones que incluye y con las que se expresa: «cacareos», v. 18; «como a ovejas los ha arriado / y repartido en las pampas», vv. 13 y 14; «huyendo como avestruz», v. 27; «aunque más   -59-   griten chicharras, v. 32. Imaginario cultural del gaucho y la lengua como vía expresiva de una cultura ágrafa y popular, rural y tradicional están sugeridos y presentes en «Canta un guaso».
El aporte de Maciel es revolucionario y fundacional. Lo primero, porque se planta frente al sistema imperante en lo literario, lo deja de lado y asume otro, existente en la tradición oral. Pero no recoge una pieza de la cultura folk, es decir, parte del folclore literario, sino que hace literatura folclórica, según la nítida distinción que estableciera Augusto Raúl Cortazar. Es el primer letrado que asume la imitación de la voz popular en la literatura argentina para plasmar un poeta compuesto y celebrar una hazaña político militar. Y es fundacional porque, hacia 1777 Maciel se sacó de la manga un nuevo sistema literario: el gauchesco y, con «Canta un guaso», fundó una literatura de notable vitalidad y descendencia. Fue definiendo el nuevo sistema, en parte, en contraposición con el neoclásico. El conjunto de elementos de diversos niveles que aunó en su poemita convierte el texto en el punto de origen real de la poesía gauchesca, imitadora, en parte, de la poesía gaucha o folclórica; solo en parte.

Se trata de un poemita noticioso, como los viejos romances noticiosos de hechos de guerra en la España de origen. El poema polariza lo argentino y lo portugués. El portugués es el enemigo. El rechazo del enemigo lo hace jovialmente con esa suerte de ánimo exultante y corajudo. Hay mención explícita de personajes históricos: Cevallos y Pina Bandeira, conocido contrabandista portugués; y sitios históricos: la isla Santa Catalina y Cabezón del Rey, región de origen de los Cevallos8.

Claro, alguien señalará la presencia de un par de versos ajenos a la cultura ágrafa del gaucho: «que las germanas de Apolo / no habitan en las campañas», vv. 39-40. ¿Se trata de un desliz del autor este rasgo de mitología intrusa? Digamos que hay un principio de apropiación de lo letrado por lo ágrafo al usar la forma fonética «germanas». En segundo lugar revela, en el huaso, un desconocimiento de la cuestión mitológica, dado que las Musas no eran, precisamente «hermanas de Apolo». Al gaucho pudo llegar, como tantas otras huellas o vestigios de lo mitológico a través de la prédica de los oradores en el templo. Tal vez era una expresión folclorizada. Tal vez quiera revelar que el canto popular quiere lucirse con menciones ajenas a su campo cultural. Tal vez, Maciel se   distrajo y algo se le filtró del otro sistema. Es observable que, hacia el final, el romance denota ciertos tropiezos rítmicos y verbales que no se dieron en lo anterior, de por sí muy fluido. Y, por fin, quiero recordar que más de tres décadas después de «Canta un guaso», en uno de los cielitos atribuidos a

Hidalgo se lee:
 

Cielito de los gallegos,  60 
 ¡ay! Cielito del dios Baco,  
 que salgan al campo limpio  
 y verán lo que es tabaco9.
 

Y, para mostrar el persistente asomo de la oreja de la cultura letrada en los poemas gauchescos, en «El cielito del Río Colorado», de hacia 1830 y tantos, tropezamos con:


 Esta fación encabezan  
 hombres de gran opinión,  
 pues son devotos de Baco  
 a quien dan admiración10.
 

Maciel, un hombre de libros -su biblioteca contenía más de mil quinientos volúmenes-, un hombre de letras sacras y profanas, incorporado a las renovaciones de los estudios universitarios, varón con inquietudes de actualización, de espíritu crítico, de reconocido saber enciclopédico, abierto a aportes de la Ilustración, conocedor del sistema neoclásico literario, el que practicó sin mucha felicidad y más que por facilidad, por disciplina y voluntad, supo sacar de la nada un nuevo sistema literario, el gauchesco, fundando con un poema una riquísima herencia que se irá expandiendo y creciendo como uno de los aportes más señalables del Río de la Plata a las letras hispanoamericanas. Lo notable es que un día de 1777, luego de haber compuesto una veintena de poemas según los reglados cánones de la poética neoclásica, supo ponerlo todo entre paréntesis, dejarlo de lado y graciosa y jubilosamente practicar, con notable coherencia y constelación de recursos acordes, una nueva poética, cifrar todo un sistema en un romance de apenas cuarenta líneas. No sabemos si sólo lo consideró un divertimento, un rasgo de tour de force que demostraría a los porteños su flexible complexión espiritual de un hijo del siglo de las luces, que puede juguetear, imitándola en sus frutos, con la cultura popular, ágrafa, tradicional, incivil y realista, sin contaminarse definitivamente de ella. Pero, al hacerlo, conformó el punto de partida de una forma de poesía con mayor vitalidad que la de sus caros neoclásicos.


Juan Baltasar Maciel

Aquí me pongo a cantar
Debajo de aquestas talas,
Del maior guayna del mundo
Los triunfos y las gazañas.
Del señor de cabezón,
que por fuerza es camarada
De los guapos Cabezones
Que nada tiene de mandrias.
He de puja el caballero,
Y bien vaía toda su alma,
Que a los portugueses jaques
A surrado la badana.
Como a obejas los ha arriado
Y repartido en las pampas,
Donde con guampas y lazo
Sean de nuestra lechigada.
De balde eran, mis germanos
Sus cacareos y bravatas,
Si al columbear a Cevallos
No lo ha hecho así el come gente
O más aina: come Bacas,
Vuestro Don Pina Bandeira
Salteador de la otra Banda,
que allá por sus andurriales
Y siempre de disparada
Huyendo como abestruz
Aún se deja atrás la gama…
Ya de Santa catalina
Las batatas y baranjas
No les darán en el Pico
Aunque más griten chicharras.
Su colonia, raz con raz,
Disque queda con la playa,
Y en ella ¿quando la otra
Harán de azulejos casas?
Perdone Señor Ceballos
Mi rana silvestre y guaza
Que las germanas de Apolo
No habitan en las campañas.

Así vamos, de a poco recorriendo el camino de la poesía con olor a raíz, folklórica, que fue construyendo nuestra literatura.

Un gran Músico, pianista, compositor cuya trayectoria y nombre no recibe usualmente  la memoria permanente que merece. Lo recordamos aquí
Seudónimo

 


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