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2013 Septiembre
Antes de la apertura del Tercer Encuentro de la Nueva Música Folklórica Argentina, 5 y 6 de este mes en Mendoza, habla José Luis Castiñeira de Dios. Director Nacional de Arte además de músico, dice que hoy las expresiones populares se nutren de lo académico y que el estado ...
 
A)    De la  REVISTA EL FEDERAL > CULTURA

JOSÉ LUIS CASTIÑEIRA DE DIOS


"Hoy los jóvenes tienen una visión amplia de la música" por Esteban Raies Editor de El Federal


Antes de la apertura del Tercer Encuentro de la Nueva Música Folklórica Argentina, 5 y 6 de este mes en Mendoza, habla José Luis Castiñeira de Dios. Director Nacional de Arte además de músico, dice que hoy las expresiones populares se nutren de lo académico y que el estado tiene que acompañar a los artistas de todas las regiones del país. Analiza el folklore a partir de la destrucción perpetrada por la dictadura en los años 70. 
El primer piso de la Dirección Nacional de Arte está convulsionado: hay coordinadores armando actividades, hay redactores armando la segunda edición de la revista DNA, hay encargados de prensa dándole los últimos retoques al plan de viaje para el Tercer Encuentro Regional de la Nueva Música Folklórica Argentina. Eso nos lleva hasta la oficina de José Luis Castiñeira de Dios, el director del área, un músico excelso que ahora responde como funcionario. 

José Luis se sienta, pide un café que beberá de un sorbo y dice, casi de corrido: "El año pasado hicimos -con la Academia Nacional del Folklore-, unos encuentros de arte folklórico a partir de los cuales trazamos, provincia por provincia, un estado de situación de la música folklórica y juntamos artistas consagrados con otros jóvenes. Ahí tuve la sensación de que la aparición de nuevas figuras en la música no es un fenómeno que ocurre en Buenos Aires, Rosario o Paraná -que han sido cuna de la creación en los últimos años- sino que en todas las provincias hay artistas que abrevan en la música folklórica, pero tienen una formación académica muy superior a la de sus predecesores: son jóvenes formados que conocen otras músicas y eso se notan en lo que hacen", dice como anticipándose al tercer acto de una serie de encuentros sobre la nueva música folklórica en el país organizados por su dirección, dependiente de la Secreatría de Cultura de la Nación.

-Tal vez llegó la hora de pensar que el saber académico dejó de ser un disvalor en el universo de la música popular de raíz folklórica...
-Para estos jóvenes no es un disvalor. Antes, Atahualpa (Yupanqui) tenía que esconder que tocaba la guitarra clásica y decía que él quería tocar como el paisano. Y ni hablar de cuando leíamos una partitura! Pero eso cambió: hoy los jóvenes tienen una visión más amplia de la música de su tiempo. Y además, les gusta, en vez de competir, compartir, por eso tratan de acompañarse.

-¿Se puede hablar de una nueva música folklórica argentina?
-Se puede hablar de nuevos músicos argentinos, pero no constituyen un movimiento como lo fue el del Nuevo Cancionero (Mendoza, 1963), aunque comparten elementos comunes: producen sus propios discos, que son muy buenos, y tienen una búsqueda estética.

-Hay muchos jóvenes que se vuelcan al folklore a pesar de que, para muchos, ha dejado de ser comercial.
-Cuando la TV Pública transmite los festivales de folklore en el verano, tiene los ratings más altos de toda la programación. Eso quiere decir que a la gente le interesa el folklore, no es una imposición del mercado.     

-¿Adónde tenemos que buscar, entonces, la explicación a la casi nula difusión de la música folklórica? Se lo pregunto cuando ya pasaron las audiencias públicas por la Ley de Servicio de Comunicación Audiovisual...

-Creo que así como la Ley del Cine hizo posible que haya cine argentino, porque de otro modo, sólo seríamos consumidores de productos importados, la ley de medios puede ayudar -como alternativa- a esa falta de difusión. No digo que sea la panacea definitiva porque el mercado de la música está inserto en una problemática mundial de concentración donde sólo hay cuatro empresas en todo el mundo. Eso produce un embudo donde hay mucho para unos pocos y nada para la mayoría. Por eso es que el Estado tiene que intervenir en la música.
Esta nueva música
José Luis demora la llegada del pocillo hasta su boca: revuelve una vez más el café con edulcorante y cuando su interlocutor pregunta aprovecha: bebe rápido y responde. "Estamos poniendo en valor esa nueva generación, que está formando su propio público, un público nuevo. Y son jóvenes que pudiendo haber elegido otro camino -porque no aprendieron a tocar música en un asado- eligen el camino del folklore. Creo que la fuerza creativa más grande de la música popular argentina está hoy en el folklore y después en el tango."

-¿Tiene que ver eso con que la identidad goza de buena salud en nuestros tiempos?   
-Creo que sí. Y también tiene que ver con que pasó el deslumbramiento de la mundialización y a partir de la gran crisis de 2001 aparecieron alternativas que antes no existían. Pero en lo sistémico no ha cambiado tanto eso, porque el mal del pensamiento único ha horadado bastante: el otro día escuchaba radio Universidad, la radio de la UBA, y proponían consignan muy progresistas, pero con música de discoteca traída en lata desde Estados Unidos
 
Castiñeira de Dios responde rápido, más por la pasión que le genera el tema que por el apuro. Apenas deja que el periodista termine la pregunta. Y dice. "Estos encuentros con los músicos jóvenes de las regiones muestran el respeto que hay que darle a estos artistas, que muchas veces están en soledad: los festivales no dan espacio a todas las expresiones y tampoco hay un gran circuito comercial".

El folklore: caída y resurrección


-¿Cuándo el folklore dejó de ser comercial?
-Es un hecho de sociología simple: se explica con lo que pasó en los años 70 en nuestro país. Ante el rumor de que iban a nacionalizar los sellos discográficos, desmontaron los estudios de grabación y se los llevaron a Brasil. Y nunca más una discográfica montó un estudio acá. Eso se unió a una fuerte represión de la dictadura de 1976, a una larga lista de proscripción, porque los militares pensaban que el folklore estaba infectado de ideología. Cuando eso terminó, llegó una autoproscripción y cuando se quiso volver de eso ya era tarde: el público había cambiado. Tampoco alcanzó con la vuelta al país de los que nos habíamos exiliado. La reconstrucción de esto empezó hace poco, 10 años, cuando comenzamos a contar con lo nuestro, a ver que acá había cosas muy valiosas.





B) DE  PAGINA 12 19/9/13
 
MICAELA FARIAS GOMEZ, ENTRE LA TRADICION Y LA MODERNIDAD


El camino de una folklorista heterodoxa


Hija del Chango Farías Gómez, acaba de publicar Flores, segundo disco de su grupo Santadiabla y el último en el que participó su padre. Allí, fiel al legado paterno, asume riesgos estéticos, combinando folklore argentino con ritmos latinoamericanos y flamenco.
  Por Cristian Vitale


Canta intensamente. Con una gran variedad de timbres y quiebres. Viene de la música de raíz, pero arriesga invariablemente. Puede arrancar con una chacarera heterodoxa, correrse hacia un funk, recostarse en el amplio mundo de improntas latinoamericanas, besar flamencos y desembocar en una cumbia. No le importa lo que digan. Cuando compone, con tal matriz ecléctica de fondo, puede hablar de flores que se fuman, se huelen o se tocan; de chacareras en amores o de rituales paganos. Cuando no, toma lo que le cabe, sin reparar en nichos fijos. Es abierta, lúcida e intrépida. Es, y no sólo por portación de apellido, la hija exacta del Chango Farías Gómez. “Difícil abstraerse de la sangre. Creo que hago cosas y después alguien me dice, ‘se nota que tenés la influencia de tu papá’, pero juro que no me doy cuenta’”, remarca ella, con Flores (segundo disco de su grupo Santadiabla) recién publicado y apto para ser presentado mañana en el Chaperío (Jorge Newbery 4880) en una fecha compartida con Tonolec. “Evidentemente la tengo, porque me he criado y he aprendido con él –retoma, sobre las cuestiones de sangre–, pero después hay otra arista que brota de mí. Creo que voy creciendo, y me voy desprendiendo, pero con toda mi raíz encima. Uno viene de donde viene, sí, pero intento ir madurando y encontrando lo que es mío en un proceso no racional... son como destellos de luz.”

–¿Y entonces qué?

–Soy la niña que va queriendo crecer, pero soy la niña y lo seré por mucho tiempo, creo (risas).
Lo de niña entra en el volátil universo de las posibilidades relativas. Lo empírico marca que Micaela Farías Gómez tiene 28 años, dos hijos varones, y un trayecto profesional de diez años. Que en tal lapso ha pasado de corear, percutir y luego cantar en las últimas aventuras de su padre, a formar el grupo Raíces (de claros encares flamencos) y el más acabado Santadiabla, que compartió con Martín Morales en guitarras, composición y coros; Rodrigo Gozalvez en vientos y guitarra, y Manu Uriona en percusión, y que acaba de llegar a un parate, luego de la edición de Flores. “Creo y siento que en este trabajo, si bien hay rock, funk y hip-hop, lo que está siempre es la música de raíz. Todos los músicos han vivido esta música, no se la han contado, y eso se nota”, enmarca ella, sobre un trabajo al que también han aportado el cubano Nelson Falcón Martínez, el trompetista Ricardo Cullotta y, claro, papá Chango. “El tocó el bombo legüero, hizo el arreglo de voces en dos chacareras, cantó, y dice unas cosas divertidas por ahí”, datea Micaela sobre la intromisión del gran improvisador en una pieza recopilada por él (“Chacarera santiagueña”); en “Te voy a contar un sueño”, del enorme Jacinto Piedra, y en “Caminando como el Chango”. “Es el último disco en el que está mi papá, y este tema es un homenaje a él, claro, pero lo de chango también es por lo de los jóvenes, lo de los chicos que caminan para adelante como mi viejo”, remarca ella.

–¿Por qué Flores?

–Porque es un tema muy representativo, es pícaro y divertido. A mí me encantan las flores. Además, en ellas se podrían plasmar todos los colores de Santadiabla. En las flores se pueden poner todas las formas. Puntualmente, es una cumbia que me encanta, me parece un ritmo alucinante porque mueve hasta los muebles. Es el ritmo que más se baila en toda América latina, y en el mundo también.

–¿Hace una distinción entre los diversos tipos de cumbia, como acostumbran muchos de sus colegas?

–No, porque todo lo que hacemos no es premeditado, no está hecho desde un lugar intelectual... sale así, quizá escuchaste una cumbia villera, después otra colombiana, y sale algo que es como una mezcla, o algo a tu manera, pero no hago esas divisiones.

–Como los tanguillos de la mocita, tal vez el más arriesgado de los colores, la flor más “arisca”...

(Risas.) A ver, no es que yo cante como cantaban los gitanos, pero el flamenco me gusta mucho. Incluso bailaba flamenco, y estoy volviendo a bailar. Nunca llegué a saber muy bien de dónde me viene, pero tengo el recuerdo de haber disfrutado de algo que hizo mi viejo para La Manija, y que estaba relacionado con el género. Después me metí a estudiar baile, y me encantó.
Entre la finalización del disco y su publicación, la Farías Gómez chica vivió una vorágine emotiva que implicó el nacimiento de sus dos hijos y la muerte de su padre, en agosto de 2011. Esto explica no sólo el retraso de la edición, sino el parate de la banda, con el disco apenas echado a andar, y el comienzo de un camino más personal. “Yo, que soy un motor que empuja todo, tuve que parar y esperar un tiempo para encarar la mezcla y la publicación del disco. Ahora pasa algo que llamo conclusión de una etapa y comienzo de otra más personal. Un movimiento de etapas, digamos, que implica volver de un momento muy fuerte y tratar de transformarlo en música, pero no bajo la palabra ‘solista’, porque uno nunca está solo en lo que hace. Es sólo una cuestión más personal.”

–¿Más santa o más diabla?

–(Risas.) Es una unidad, es todo junto y a la vez. La verdad es que son dos palabras que parecieran oponerse pero están unidas, porque una no puede existir sin la otra. Si se asume así, todo está permitido.




C) DE  EL FEDERAL 5 de Setiembre de 2013


FORMOSA
Comunidades wichí: Conocé a las artesanas del chaguar
Un viaje al universo wichí en el monte del Gran Chaco, en el Departamento Ramón Lista, Noroeste formoseño. Mirá los videos y sorprendete con las técnicas ancestrales.

Martín Llambí
Periodista de El Federal

Fotos: Fundación Gran Chaco
 
Videos Comunidades Wichí - Los últimos nómades:

1. Niñas wichí y profesor aborígen (M.E.M.A.)
http://www.youtube.com/watch?v=mYEhKHOpQY8&list=UURdiejlUqVdPbyZjpQCPArQ


2. Pescadores wichí del río Pilcomayo

http://www.youtube.com/watch?v=qTFbTxEwIKw&list=UURdiejlUqVdPbyZjpQCPArQ

3. Mujeres wichí, las artesanas del chaguar

 http://www.youtube.com/watch?v=nnkjEJGLuiU&feature=c4-overview&list=UURdiejlUqVdPbyZjpQCPArQ

A las mujeres wichí le gustan los colores. Ellas son suaves y elegantes. Caminan en el monte despacito pero sin pausa. Las wichí poseen técnicas ancestrales en tejidos de punto. Tejen utilizando fibras obtenidas del chaguar, una planta típica del monte del Gran Chaco parecida al aloe vera. La especie más utilizada es la Hyeronimi, Chutsaj en lengua wichí.

 
Con los hilos obtenidos después de un largo y trabajoso proceso, las wichí en el pasado tejían los chalecos para la guerra, las redes para pescar y las yicas (bolsas) para recolectar frutos silvestres. Hoy realizan artesanías que empiezan a ser reconocidas y valoradas en todo el mundo.
 
El proceso para obtener fibras del chaguar lleva etapas:
 
Recolección: Las mujeres recorren el monte buscando chaguar. Como las hojas tienen espinas, sacan la planta con un palo.
 
Desfibrado: Las mujeres seleccionan las hojas y extraen la cobertura espinosa.
 
Desgomado:  Las mujeres golpean las fibras  y después raspan las hojas para eliminar impurezas.
 
Blanqueo:  Enjuagan las fibras limpias y las secan al sol. Cuanto más fuerte pega el sol, más blanca queda la fibra.
 
Elaboración de la piola:  Las artesanas separan fibra por fibra, que son de distintos grosores. Después las tuercen sobre sus piernas usando ceniza como ayuda hasta obtener un hilo de textura fuerte.
 
El teñido: Utilizan las raíces, frutos, cortezas y hojas del monte nativo del Gran Chaco para obtener colores. Los colores tradicionales son los ocres, el negro y el marrón.    
 
El diseño:  Los diseños surgen del universo cultural wichí, un pueblo de cazadores-recolectores que desde siempre vivió en el monte, siguiendo los ritmos de la naturaleza. Reproducen los animales del monte, con los cuales el cazador establece una relación íntima: hasta llega a identificarse con el espíritu de la presa. Algunos de los más usados son el lomo de suri, el ojo de lechuza, el pecho del pájaro carpintero o el cuero de víbora.
 

Los colores del monte
 
Lillyan García es montevideana pero vive en Formosa. Cuenta que se jubiló hace poco y que desde siempre le gusta el arte y pinta. Va al monte del Gran Chaco desde el año 2000. Su hijo, Agustín Noriega está casado con la italiana Fabiana Menna. El matrimonio de antropólogos maneja la Fundación Gran Chaco y Lillyan se fue enganchando con el trabajo para "ayudar a organizar a las mujeres para que tuvieran una mejor calidad de vida".
 
"Las mujeres en el monte usaban polleras de colores pero en sus artesanías sólo se veían blancos, crudos y marrones. Entonces tuvimos un chispazo y empecé a llevar mis pinturas...Ellas tienen pasión por el color y pronto aprendieron a usar los acrílicos con colores bien saturados", comenta la artista plástica. "A las wichí les encantaba, por ejemplo, el azúl...Ellas reclamaban el color. Así se fue dando un cruce de saberes ."
 
La Fundación Gran Chaco dicta cursos de costura y diseño para que las mujeres combinen sus saberes ancestrales con la tecnología textil del mundo blanco. "Participan mujeres de todas las edades. Las más grandes, las consejeras, son las que transmiten los conocimientos que pasan entre ellas de generación en generación".
 
Las wichí consiguieron obtener del monte nuevos colores como el amarillo con hojitas de palo santo. Hoy dominan una paleta de 35 colores. El negro lo obtienen con resina de algarrobo, el anaranjado con barba del monte.
 
 
Innovación: "Nos gusta hacer cosas nuevas para no aburrirnos. Apuntamos a que las artesanías coticen cada vez mejor, entonces trabajamos en la calidad de cada una de las etapas del proceso", explica Lillyan.
 
La mujeres wichí han formado asociaciones y cooperativas de artesanas. La Fundación Gran Chaco aporta capacitaciones y tecnología exótica como ruecas y máquinas de coser eléctricas.
 
Una de las innovaciones son los "animalitos", obras únicas y preciosas.
 
Las obras de las wichí se han expuesto en Francia y en Buenos Aires.

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