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2014 Enero/Febrero
Nelly Omar: “Planeo el último recital de mi vida”
 

Nelly Omar LA ULTIMA ENTREVISTA A CLARIN


Nelly Omar: “Planeo el último recital de mi vida”
La cantante de tango ha tomado la decisión de retirarse a los 102 años, que cumplirá en septiembre. Aquí habla de su “devoción por la vida”, del Papa y de las nuevas generaciones.

17.03.2013
Por Marina Zucchi

“Ando con bastoncito ahora. Pero la cabeza la tengo bien puesta. Soy de cabeza dura y corazón blando. Estoy planeando el último recital de mi vida. Ojalá sea el 10 de septiembre, el día de mi cumpleaños 102. La mano izquierda se me quebró. No puedo tocar más la guitarra, pero que vengan amigos guitarristas y yo canto. La voz la tengo intacta. Todavía quiero llevar alegría a mi pueblo. Yo por la vida tengo devoción”.


 ¿De dónde viene semejante devoción?
¿De dónde? ¡De todo lo que sufrí! Yo gané con mis dolores, con mi soledad. No se olvide que estuve 17 años proscripta. Me sacaron hasta el piano. Hay que saber llevar a la vida, honrarla. Creo que voy por un buen camino. ¿No le parece?
A estas horas todos hablan del argentino con trono en el Vaticano, pero el milagro argentino está en Palermo. La cantante popular más longeva en actividad anda queriendo predicar con sus tangos. Tampoco ostenta anillo de oro. También presume de sus zapatos gastados. Nelly Omar es la versión femenina de Carlos Gardel, pero lo que impresiona es su parecido a Irineo Funes, personaje de Jorge Luis Borges en Funes el memorioso. Acusa una especie de hipermnesia , una memoria autobiográfica superior. Recuerda “patente” cómo estaba vestida cuando a los cinco años cantó Sin amor. Recuerda “patente” el nombre de sus maestros, el día que Juan Domingo Perón conoció a Evita, las sensaciones que despertó en ella Homero Manzi o cuando vio por primera vez al “Zorzal”. Uno la imagina ya de cristal, pero es de roble. Y está ahí, solita, fr ente a un televisor que le muestra cómo el planeta habla de Francisco. El milagro es ella, pero el mundo está demasiado ocupado.
Hay días en que atiende el teléfono. Días que no. Seguirla es trabajo de orfebre. Ya no quiere cámaras que se posen en esos pliegues preciosos de su cara. “Estoy plena. No estoy loca. Quiero hacer mi último recital, pero los tangueros estamos abandonados. ¿Por qué somos así? Me llamaron de Alemania a ver si era cierto que yo existía. También de Costa Rica. Es increíble cómo esa cosita que ustedes usan me hace aparecer por el mundo”. Tiene un Winco, pero escucha casetes. La “cosita” es Internet.

¿Cómo se imagina ese último recital?
Quiero invitar a algunas personas a las que quiero. Uno de ellos es (Horacio) Guarany. Y al chico Alberto Oviedo que canta tan bien folclore. Y podría ser una parejita nueva de mi pueblo, Guaminí. Algo voy a armar lindo. Después, es trabajo de los empresarios. ¡Está desapareciendo nuestra música, lo campero! Ya no difunden. ¡Hay que tirar para el rancho! Los de afuera nos comieron las Malvinas y ahora nos quieren comer la música.
Nilda Elvira Vattuone vivió más de 36.000 días. Su cerebro es un misterio. Habla de sus contemporáneos y se lamenta: “Ya se fueron todos”. No tiene familia, pero algo la anima a no querer terminar su historia en el encierro, como lo hizo su amiga Ada Falcón. “Vino el médico y me dijo, ¿Para qué quiere estar tan bien?
Y le dije, Para ir de un lado al otro. No es chiste. Ir al teatro, al cine, buscar una pareja. Espero no morirme sólo con las ilusiones”, dispara. Sus palabras son balas emocionales.
Fue Malena. Fue -aunque parte de la historia desacredite la versión-, la musa de Manzi y su tortura. Fue la aviadora frustrada que en 1932 probó volar en el Palomar y decidió dedicarse al arte de que “el viento te bañe la cabeza”. Voló alto, pero sin avión. En noviembre de 2011 dio un recital que parecía la despedida en el Luna Park, pero las ganas de vivir la traicionaron. Quiere más horas de vuelo.

Su memoria, Nelly, parece la del cuento de Borges, “Funes el memorioso”...
¿Ha visto? Yo no tomo nada. Leo todo lo que puedo. Soy un elefante para la memoria. Pero no, no quiero volver a lo que era antes; es imposible volver al pasado.

 ¿A veces no fantasea con volver a la infancia?
Bueno, fui feliz de niña, pero no. No me gustaría volver ahí, sino terminar bien mis años.
Extraño no tener menos años para poder seguir dándole cosas lindas a la vida. Y extraño a la última pareja que tuve, Oviedo, un señor encantador.

¿Tiene dimensión de la edad que tiene, la siente en el cuerpo?
No la siento, pero sé que los tengo. No he despilfarrado mi salud.

¿Cree en Dios?
¡Y cómo creo! El todopoderoso. Yo siempre pido, pero no para mí, para el país. Que haga volar a la gente indeseable y nos deje como era antes la Argentina, brillante. Estoy feliz por el papa nuestro. A ver si nos ayuda, nos corrompimos tanto. ¿Sabe cómo me imagino el cielo? Bien azul, con mezclas de nubes blancas. La fe me hizo llegar a 101 y espero llegar a 103, 104, más.

Tantos jóvenes no encuentran motivos para vivir y usted quiere vivir tanto…
¿Sabe cómo doy ánimo? No tiene idea. Me gusta tanto ayudar, que la gente sea feliz... Si hay un enfermo, ayudo. Tengo un amiguito de 17 años que me llama y yo le doy consejos. Hay que tener la esperanza siempre por delante. Portarse bien. Y tratar de hacer obras benéficas. Una palabra es una obra benéfica. No hay que discutir, antes hay que pensar. Y si alguien se equivoca, perdonar. Ojo, no quiero ser yo un ejemplo.

¿Le gusta que la llamen “Gardel con polleras”?
No, para nada. Yo a Gardel lo respetaba. ¿Sabe cómo lo conocí? Allá en Guaminí. Él había ido de gira con Razzano. Mi papá era amigo y lo llevó después de la función a casa. Nosotros detrás de una persiana lo mirábamos, con el peinadito al medio, con la carita redonda. Lo tengo grabado. Después, cuando mi papá murió y a mis 11 años nos vinimos a Buenos Aires, íbamos al cine con mi mamá a escuchar a Gardel. A mí me pusieron “La Gardel con polleras” cuando me sacaron en andas del cine de Valentín Alsina. También me pusieron “La voz dramática del tango”. Pero yo soy Nelly Omar, cantora nacional. ¡Era de linda de joven! Era, como decía Manzi, una magnolia.

¿Le guarda cariño o rencor a Manzi?
Por él siento respeto. Era un hombre de mucho talento. Nadie sabe la verdad. La amistad con Homero nació en el año ‘37. Estábamos en Mar del Plata. Cuando hizo Malena, Manzi estaba en México con Petrone. Se apareció una chica, según me cuenta después Petrone, que se parecía a mí. El le dijo a Manzi ¿a quién te hace acordar?
 Y Manzi sacó un papel del bolsillo y se puso a escribir. De ahí le mandó el verso a Demare. Nunca lo acepté como una relación. Me había prometido divorciarse y casarse conmigo en Uruguay o México. No lo cumplió. Como no cumplió, yo tampoco cumplí.

¿Se lleva de esta vida la fortuna del amor?
No me puedo quejar, siento que me han querido mucho, pero la que no quise mucho mucho fui yo. He tenido muchos hombres que me han querido, pero yo no me enamoré perdidamente. No sé si será la palabra controlarse. Quizá yo tenía otro destino y por eso no me dediqué al amor.

¿Usted dice que por la música no pudo amar tanto?
Acertaste. La música me animaba. Yo quizá amaba demasiado la música.

Su Testamento
Tenemos la copia del testamento de esta excepcional cantora popular. Solo presentarlo nos resulta importante. Aquí deja a Guaminí sus posesiones de valor cultural… destinados al museo que lleve su nombre. Esperamos que se realice.




 


  



Para escucharla

http://www.youtube.com/watch?v=LoQR7KB3KBA


http://www.youtube.com/watch?v=6Jm1ERlXCno


http://www.youtube.com/watch?v=Dm2b7qPx8mY


http://www.youtube.com/watch?v=RXwU4IeEclU


http://www.youtube.com/watch?v=I2Mzj90aX8E






Juan Gelman en el recuerdo de Enrique Llopis y Roberto Espinosa

Por Enrique Llopis

JUAN GELMAN regresó a la Argentina a mediados de 1988. Ese día compusimos con Armando Tejada Gómez una canción en su homenaje: " ...aquella canción nació como consecuencia de una discusión que Armando tuvo en 'Liberarte' -por entonces un nuevo espacio cultural de la calle Corrientes- con algunos personajes, poetas en su mayoría, que discutían acerca de si habían sido más valientes aquellos que se quedaron en el país durante los años de la dictadura militar o los que partieron hacia el exilio. Cuando Armando tomaba la palabra, todos sabíamos que algo iba a ocurrir. Porque aquel orador implacable, nunca se andaba con medias tintas. Y así fue. Luego de un encendido alegato aleccionador en donde entremezcló el 'manga de boludos', como el calificativo más suave, me dijo vayámonos de aquí, y nos fuimos a un tradicional restaurant de la calle Montevideo, 'Cuchillo y Tenedor'. Allí me pidió que le tarareara la tonada que le había hecho escuchar días atrás y ahí nomás, sobre la melodía que le fui cantando, escribió 'Tonada de Juan volviendo'. Aquel día, había regresado al país, luego de un largo exilio, el poeta Juan Gelman, y ese hecho había sido el disparador de la discusión producida en Liberarte." TONADA DE JUAN VOLVIENDO (Armando Tejada Gómez/ Enrique Llopis) Toda ausencia nos cobra nostalgia y pena y apena recordar, es la culpa que lleva el ausente, ya sea en la tierra o en el mar, el adiós es un dios de la legua, que no deja de acosar. El ausente va herido a la ausencia y herido de ausencia volverá, no estará lo que estaba en su sitio entrañablemente vecinal, y el paisaje otoñal del exilio, ya estará amarillo de esperar. Uno sueña que sueña las cosas y las cosas ya no están, digo gente, el amor y aquel árbol que cayó a su sombra vegetal. Es difícil volver del pasado al origen del amor, si pagó con dolor las ausencias, páguenle la ausencia sin dolor. Bienvenido el ausente a su sitio, páguenle la ausencia con amor.

 


Por Roberto Espinoza

Las arrugas del bandoneón se atragantan de tristeza. El empedrado se ahoga en un tango. El humo del pucho siluetea los muslos de la noche, desvestida de amor. “Ella era un alba de algas fosforescentes… esa mujer brillaba como la luna de su voz derecha, como el sol que se ponía en su voz… la memoria le andaba como un reloj con rabia…”

“Pertenezco a un hogar de emigrantes judíos de origen ucraniano y mi hermano mayor Boris, cuando yo tenía cinco, seis años, me recitaba poemas de Pushkin. No entendía yo ni una sola palabra, pero su ritmo y su música me transportaban a un lugar de delicia. Creó que allí nació ese interés”, dice.

Tus versos chocan en los vasos. El canto del Tata Cedrón deambula insomne con tu poesía en ristre entre las botellas. Las miradas. Los silencios. Los abrazos. Del Buen Gusto. De la Cosechera. Del Germania. Ginebras anochecidas. Desesperadas. Se agitan en la bohemia tucumana. “Si me dieran a elegir, yo elegiría esta salud de saber que estamos muy enfermos, esta dicha de andar tan infelices...” Ese Violín y otras cuestiones tensa la cuerda de los desaparecidos. La dictadura de Videla y de Bussi mata a su hijo, lleva a su nuera al Uruguay, donde alumbra a Macarena. La desaparecen y regalan a su nieta.

La poesía es un remanso rebelde de lucha. Bronca. Ironía. Amor. Melancolía. “La palabra viene herida por el mundo y no tiene hospitales para que la curen. Así, el ser humano también viene herido de por vida al mundo por la palabra. Cada lector es el encargado de recrear el libro. El poema es una botella tirada al mar, quizá llegue al alma de alguien. Uno escribe lo que puede, no lo que quiere…”

Esa mujer ejercita a diario su corazón para soportar la ausencia, la pena, el dolor. Para encender el coraje. La resistencia. La tenacidad. Es su amante. “Es una gran señora que entra a mi casa cuando quiere, se va cuando quiere y cuando entra, le tengo que hacer caso”, susurra. “La poesía es palabra calcinada, por eso puede hablar de todo y creo que el único tema de la poesía es la poesía. Alguna razón debe tener la poesía, porque viene del fondo de los siglos y solo se va a terminar cuando se acabe el mundo. Ese es un gran consuelo, porque significa que la poesía no va a morir jamás, porque es un hecho humano”, dice.

El amor. El escepticismo, pero también la fiesta de la vida en el estallido de un beso. En un sueño obrero concretado. En el cielo de un Gotán. “Porque las esperanzas, los amores que pasan, el dolor por lo que sucede, el hambre, las guerras a pesar de todo eso, seguimos queriendo. Duele, sí, pero uno se emperra en querer. El corazón se emperra en seguir queriendo, vaya usted a saber por qué. El amor ha existido desde el principio de los siglos, parece que es una experiencia que se repite”.

Tus ojos de corzuela melancólica se apagaron en México. Ojalá algún día podamos descabezar una ginebra serena en el más acá. Gracias, querido Juan Gelman, por tu poesía que derrota la desesperanza y alimenta el beso de los quetupíes descalzos.

EPITAFIO

POR JUAN GELMAN

Un pájaro vivía en mí.
Una flor viajaba en mi sangre.
Mi corazón era un violín.

Quise o no quise. Pero a veces
me quisieron. También a mí
me alegraban: la primavera,
las manos juntas, lo feliz.

¡Digo que el hombre debe serlo!
Aquí yace un pájaro.
Una flor.
Un violín.



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