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2014 Enero/Febrero
Extraemos de http://www.latinoamericaviva.com.ar/texts/hantfolk/dupey.pdf este articulo, que enmarca teóricamente la temática del Folklore Laboral. Por su interés y extensión lo entregaremos por partes, incluyendo aquí la primera de ellas. Tanto por el estudio de lo laboral, como su aplicación al ámbito urbano (y más específicamente de los artesanos de la Ciudad de Buenos Aires), nos parece muy útil, en tanto planteo conceptual, para su difusión.
 



  Reflexiones teóricas en torno al folklore ocupacional de los artesanos de Buenos Aires. (primera parte)
Ana María Dupey


Objetivos, aproximaciones y alcances del trabajo.
En este artículo me interesa reflexionar acerca de una noción que se presenta en las distintas caracterizaciones del fenómeno folklórico, en particular de aquellas que parten de la adopción de una perspectiva analítica relacional del mundo social. Este principio, que es técnicamente clave para la determinación de la calidad folklórica de comportamientos sociales, es el referido como cultura
urbana u oficial, institucional, código institucional, tradición no escrita mencionadas en las conceptualizaciones de A.R.Cortazar (1), Jan H.Brunvand (2),  M. Blache y J. A Magariños de Morentin (3) y W Kliewer (4) entre otras. Esta noción presenta variaciones de acuerdo a cada una de las posiciones teóricas de los autores señalados evidenciando una trayectoria histórica de permanente rectificación del término desvelando, simultáneamente, las transformaciones de los principios de la definición del folklore. En el proyecto de investigación que realizo  en el INAPL con el equipo de la Sección Folklore de la UBA, esta noción es clave para indagar la posibilidad de la constitución de una identidad social diferencial con calidad de folklórica entre quienes participan de un ámbito laboral que enfrenta profundos cambios debidos a los reordenamientos económicos en los que se privilegia una economía de la especulación frente a la de la producción, y que propugnan el disciplinamiento de la producción de acuerdo al mercado promoviendo la competitividad a partir básicamente de la intensificación de los ritmos de trabajo, variable esta última que es central para el sector artesanal.
Como vemos, la propuesta del proyecto de investigación se constituye en un proceso de movilización de la noción al tratar de experimentarla en nuevos escenarios y con condiciones de aplicación diferentes, que pondrá de manifiesto la resistencia o no del concepto teórico, y su posterior reformulación si correspondiera.

Centralidad de la noción de lo institucional y lo oficial en la construcción del folklore como objeto de estudio.
Cuando A.R. Cortazar escribe el Folklore en el Carnaval Calchaquí hace exactamente cincuenta años, para enunciar el carácter diferencial de lo folklórico elabora una noción de lo no folklórico, que estaría representada por aquellas prácticas trasmitidas por quienes sí bien viven en comunidades folk son representantes de la sociedad urbana ya sea como funcionarios del estado: jueces y maestros, como miembros de instituciones de la sociedad civil tales como sacerdotes y misioneros o propietarios de fincas o comerciantes, y tienen precisamente “por función, difundir, imponer, y llevar a la práctica concepciones educacionales, políticas, económicas, religiosas y administrativas del estado. Y esto -dice Cortazar- es lo antifolklórico por esencia, desde que el folklore ha sido definido como ”lo no oficial”, “lo opuesto a lo institucional estadual”.(5)
De este modo, en la formulación del autor el folklore referido a los artesanos se emplazaría exclusivamente en la sociedad folk, en un medio rural y se distinguiría en términos de aprendizaje empírico, transmisión endogrupal e intergeneracional, en la que predomina lo colectivo frente a lo individual, el tono
local frente a lo foráneo y lo tradicional frente a la innovación.
Cuando en la década de los 70 Archie Green (6) y Horace Beck (7) estudian el folklore ocupacional, no sólo toman en consideración las tradiciones europeas de origen rural traídas por los inmigrantes a USA, sino como éste se va constituyendo en relación con las modernas transformaciones técnicas favorecedoras de la mecanización- y las relaciones sociales del trabajo correspondientes, que se desenvuelven en el nuevo medio. De este modo, se desarrolla un variado folklore ocupacional: canciones, proverbios y relatos se refieren a la lucha por la jornada de ocho horas, las huelgas, la separación técnica de funciones dentro de un mismo oficio, las luchas hostiles entre trabajadores y empresarios y entre trabajadores permanentes y temporales, las hazañas heroicas o acontecimientos peligrosos ocurridos a trabajadores en el desempeño de sus labores. Es decir, que la producción del folklore estaría dada por las condiciones del medio laboral en el que se desempeñan los trabajadores cuya difusión se concretaría en la fábrica, en las oficinas, en el taller, en las agencias de colocaciones, en las reuniones sindicales, en las horas de descanso dentro de la empresa. Para los autores cada ocupación tiene su propio saber o tradición que incluyen canciones, historias, supersticiones, costumbres y creencias relacionadas con el tipo especial de trabajo ( 8). Como vemos la cuestión oficial o institucional puede ser lo opuesto a lo folklórico como es el caso de Cortazar o bien el soporte que posibilita su desarrollo como en los estudios referidos de Green y Beck , además de los de MacCarl (1978) y Santino (1978 y 1983) que analiza A. Cousillas en su proyecto de investigación Identidad y folklore ocupacional entre los trabajadores del transporte de pasajeros en el área metropolitana.

Revisión de la noción de lo institucional en el caso del folklore ocupacional de los artesanos.
Recientemente, en la red de enunciados que elaboraron de M. Blache y J.A Magariños de Morentin (9) para definir la calidad folklórica de un comportamiento social, el aspecto institucional alcanza condición de necesariedad y mayor precisión para producirlo. En tal sentido, los autores atribuyen al ámbito institucional el estar regulado a través de una clase de reglas que se caracterizan por posibilitar la creación de conductas. Estas reglas fueron denominadas por Searle en relación con los actos de habla como constitutivas(10). Esta atribución tiene significativas consecuencias para la cualificación de los comportamientos como sociales dado que la sistematicidad y regularidad de los mismos no sería el resultado de una generalización cuantitativa de base empírica sino el hallarse gobernados por reglas. Pero tampoco se trata como señala P. Bourdieu (11) de una reducción del mundo social al lenguaje de la regla y de explicar las prácticas
sociales automáticamente a partir del enunciado de una regla explícita de la cual se presume son producidas sino más bien cuáles son las condiciones por las cuales una regla puede actuar. Es decir, que para dar cuenta de lo que la gente hace y comprender sus prácticas es necesario reconstruir aquella información que le permite producir pensamientos y prácticas de acuerdo a principios de los cuales no son necesariamente del todo conscientes. Estas reglas que tienen la forma de “X cuenta como Y” o “X cuenta como Y, en contexto C” (12) permiten establecer descripciones o especificaciones que para nuestro caso podrían ser ilustradas con las descripciones contenidas en la ordenanza de la Municipalidad de la ciudad de Buenos Aires que declara de interés municipal la actividad artesanal y reglamenta las ferias (Ordenanza No. 46.075 publicada en el Boletín Municipal de la Ciudad de Buenos Aires No. 19.587 del 2-8-93) . Esta normativa posibilita los desempeños de los artesanos en términos de duración temporal: horarios de trabajo en la feria (art.2º normas complementarias ordenanza cit.), localización espacial ( Plaza Italia, Vuelta de Rocha, Intendente Alvear, Parque Centenario, Manuel Belgrano, Parque Lezama y Doctor Bernardo Houssay en art.5º. Ordenanza cit.) y condiciones de los elementos que pueden desplegar en sus puestos (“todo objeto utilitario o decorativo para la vida cotidiana del hombre, producido en forma independiente, utilizando materiales en su estado natural y/ o procesados industrialmente, utilizando instrumentos y máquinas en las que la destreza manual del hombre sea imprescindible y fundamental para imprimir al objeto una caracterización artística que refleje la personalidad del artesano” art.14 de la ordenanza. Con referencia a los rubros en que pueden trabajar dice: “Los artesanos deberán contar con dictamen favorable de la Comisión Técnica Interferia y con la aprobación de la Autoridad de Aplicación para trabajar en dos rubros, cambiar de rubro o anexar otro material al que trabajan” cláusula 14 de las normas complementarias de la ordenanza citada). Es en virtud de estas reglas que definen las categorías de los participantes, el modo y la secuencia de acceso a las ferias, las pruebas que deben cumplir los permisionarios, “las actividades de extensión que pueden llevar a cabo tales como charlas, conferencias, prácticas gratuitas, exposiciones y otras actividades... relacionadas con la artesanía” (4º. de Normas complementarias ordenanza cit.) que se pueden describir las conductas de los participantes en las ferias. Es decir, que son necesarias definiciones acerca de un estado de cosas referido a las artesanías y a la feria para que sea posible la realización de actos vinculados con ese estado de cosas. Estas reglas permiten que frente a un caso sin precedentes, se sepa qué hacer.
Nosotros podríamos observar las acciones realizadas por los distintos artesanos feriantes y hallaríamos frecuencias estadísticas y efectuaríamos generalizaciones inductivas pero no habríamos descripto el funcionamiento de la feria porque faltan los enunciados que explican las regularidades de la dinámica de la feria. Es decir, las reglas constitutivas de la institución feria. Por otra parte, estas normativas tienen consecuencias acerca de quiénes, en qué forma y con qué frecuencia pueden participar en la feria. Posiciones como las de artesanos con puestos fijos o transitorios en el caso de artesanos de otras regiones del país o del extranjero (3º de Normas complementarias ordenanza citada), o de delegados pueden presentar diversidad de desempeños, pero sólo son realizables porque se invocan convenciones. Estas reglas pueden estar explícitamente enunciadas como es el caso de las ordenanzas, o bien ser implícitas como los esquemas prácticos que posibilitan lo imprevisto, por ejemplo, frente a transformaciones del mercado: la demanda por parte de público extranjero de “recuerdos de viaje”, el ingreso de nuevos productos en el circuito comercial o la incorporación de materias primas novedosas o innovaciones en los procedimientos técnicos produciendo la recodificación del comportamiento.
A través del análisis de la codificación que plasma la ordenanza observamos:
1) la inscripción de la actividad artesanal en el ámbito de la política cultural municipal,
2) el proceso por el cual para participar en la feria el artesano se debe transformar en un permisionario de lo contrario no podrá ejercer su actividad,
3) el mecanismo por medio del cual el desempeño del permisionario es evaluado permanentemente para poder mantener su condición y
4) los dispositivos por los que a determinados agentes sociales, miembros de la Comisión Técnica, del Cuerpo de Delegados y de la Comisión de Delegados Interferias, se les confiere poder para controlar la condición de artesanos de los permisionarios, solicitar la inscripción en el registro pertinente y coordinar las actividades de las ferias , entre las ferias y con el Dto. Ejecutivo.
Asimismo, se los inviste de autoridad para llevar a cabo dichas acciones mediante mecanismos de representatividad (elección directa de los permisionarios), Al mismo tiempo, se plantean las instancias del Departamento
Ejecutivo y del Tribunal Municipal de Faltas, como aquellos que controlan, autorizan y sancionan a los agentes anteriormente mencionados. Las acciones de control que se ejercen sobre los feriantes se profundizan en el enunciado de una de las modalizaciones del permiso que se les otorga, esta es la de la precariedad. Característica que conlleva un doble sentido. Por un lado, el de poca estabilidad o duración y por otro, lo que se tiene sin título por tolerancia. Si vinculamos esta noción de tolerancia que conlleva el permiso para realizar la actividad y la de que el régimen de las ferias se basa en la declaración de un interés del estado promoviendo la actividad que transforma en una circunstancia de la política cultural, se infiere un decir de la voluntad del municipio más que un derecho del trabajador. La voluntad del estado adquiere valor de ley y se torna impositiva en la sociedad.



(1) Cortazar A.R. El Carnaval en el Folklore Calchaquí. Bs.As. Sudamericana 1949.
(2) Brunvand, Jan H. The Study of American folklore. An Introduction New York Norton &Co.1978
(3) Blache, Martha y Juan A. Magariños de Morentin “Enunciados fundamentales tentativos para la definición de Folklore”12 años después. Revista de Investigaciones Folklóricas 1992:7  págs.29-34.
(4) Kliewer W. Collecting Folklore Among the Menonites Readings in American Folklore Brunvand J ed. New York Norton & Co 1979
(5) Cortazar, A. op. cit. pág. 92
(6) Green, Archie Los Trabajadores en el amanecer: La tradición del trabajo. El retorno de los juglares. Tristan Coffin ed. México Editores Asociados S.de R.L. 1972 págs 387-406.
(7) Beck, Horace Las ocupaciones norteamericanas. El retorno de los juglares. Tristan Coffin  ed. México Editores Asociados S.de R.L. 1972 págs 95-112.
(8) Beck, H. op.cit. Pág. 99.
(9) Searle John R. Actos de habla. Ensayo de filosofía del lenguaje. Madrid Cátedra, 1980.
(10) Searle op.cit pág. 44
(11) Bourdieu, P. Cosas Dichas. Barcelona, Gedisa, 1993 pág. 83 a 91.
(12) Searle op. cit. págs.

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