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2014 Abril
Reflexiones de Abril 2014
 
Seguimos con la serie de Meditaciones de Rafael Rumich, con las que intenta provocar el debate, sobre el Folklore en general y la ciencia en particular. En sus palabras espera que :  “Cada lector debe transformarse en un actor para el cambio” , estudiar, aprender, participar, comprometerse, intercambiar ideas y experiencias, transformar el país en un amplio escenario para que habiten el debate, la discusión, el consenso, salir del encierro en que cada uno está atrapado, enfrascado, embobado por la mercadería de su quiosco porque, aceptemos o no, perdimos las llaves que nos abren las puertas hacia el paisaje de la completud; debemos aplicarnos la vacuna que nos salve del autismo intelectual  que nos tiene golpeando la cabeza contra la pared que nosotros mismos levantamos.” Ojala así sea.


MEDITACIONES ACERCA DEL FOLKLORE
(Segunda nota)
Por Rafael Rumich

    Estos artículos tienen como objetivo indagar la compleja y fascinante dimensión biopsicosociocultural humana y los contextos naturales en que se pone de manifiesto el folklore, tanto los que cobran presencia en este tiempo, como, así también, los hechos, sucesos, conductas y materiales que han tenido lugar o fueron producidos en otras épocas y revelados luego a través de  estudios historiográficos; de igual manera, los que aún mantienen vigencia y son examinados desde distintas perspectivas científicas y filosóficas o teorías artísticas.









                    Rafael Rumich con Gerardo Macchi Falú

Para componer los análisis formulados en estas notas se han tenido en cuenta las finalidades institucionales que ha establecido la Academia del Folklore de la República Argentina. La misma, como es sabido, se ha propuesto intervenir en toda esta problemática de una manera original e inédita, en procura del esclarecimiento de este controvertido tema mediante el trazado de pertinentes y efectivos canales de acción. Asimismo, ha planteado que los mecanismos a aplicar no sean insustanciales dispositivos y modos de proceder surgidos de acuerdos consensuados de manera ligera y complaciente, que, lamentablemente, solamente aportan modalidades operativas que no resuelven las cuestiones de fondo existentes en el marco de una problemática de tamaña magnitud y significación, manteniendo, la mayoría de las veces, un estado de inanición, involución, confusión, parcialismo y anarquía hacia el interior del campo disciplinar.
    En tal sentido debemos entender que si los que actuamos en el ámbito de lo folklórico no nos comprometemos a echar luz de manera contundente sobre esta incuestionable y creciente complejidad, cada vez vamos  navegar en aguas más encrespadas y difíciles de sortear.
    Tanto en el ámbito de la filosofía, la ciencia o las artes folklóricas, los obstáculos deben ser enfrentados y resueltos, no evadirlos ni querer sortearlos porque a la larga vuelven a emerger con mayor firmeza y energía.
           Por lo tanto lo que está propiciando la Academia, a través de diferentes cursos de gestión y acción, utilizando dispositivos de participación,  interacción y difusión -entre los que figura el Pregón Criollo, la publicación que la referida institución edita, haciendo uso de la modalidad virtual, incluyendo noticias, artículos  e información de las actividades folklóricas-, es una convocatoria a la participación directa de todos los interesados que estén dispuestos a tomar parte, aportando opiniones, ideas, conocimientos y experiencias en el marco de un debate constante, intenso, abierto e inclusivo, que tiene como propósito alcanzar resultados que resuelvan y esclarezcan el hasta hoy confuso panorama, para que por medio de esa interacción colectiva, posibilite la conformación de un amplio cuerpo doctrinal que incluya y ordene las disímiles teorías y la abundante producción obtenida hasta hoy, la que, indudablemente, por las perspectivas que se avizoran, proseguirá gestando e incrementándose en el futuro.
    Una medida que contemple mecanismos que permitan la recomposición teórico-práctico es lo que precisa y está requiriendo esta megadisciplina. Todo esto nos está indicando que debemos trabajar para incluir y ordenar los aún dispersos componentes del múltiple bagaje acumulado, dentro de márgenes determinados que debemos delinear entre todos. Un tratamiento de esta naturaleza  es el que debe emerger como herramienta válida para resolver las exigencias que plantea la realidad por la que atravesamos, sin dejar de lado, por supuesto, todo lo acontecido durante el  variado proceso que se fue consumando teniendo como nominador común y aglutinante al folklore.
    Por lo tanto, debemos actuar para que el folklore supere su condición de vocablo, como un simple nominativo, abordando y examinando todos los ámbitos y quehaceres de la sociedad, constituyéndolos en el amplio espacio filosófico, científico y artístico que merecen poseer para su correcta interpretación y desenvolvimiento, haciendo prevalecer especialmente como el eje central de esta actividad, aquello que hasta hoy vemos como simple objeto de estudio, es decir, a los que por su condición de sujetos portadores y exponentes de una conducta social y una producción cultural específica, son los que le otorgan sentido y significado al folklore.
    ¿Por qué hacer hincapié en la validez  del Pregón Criollo?
    Porque reconocemos su validez. Además de la importancia de su línea editorial y contenido, por la cantidad de suscriptores que registra en su haber. No todos tienen conocimiento que la comunidad de lectores de este boletín informativo ronda en el orden de las 18.000 personas. Este guarismo muestra a las claras la trascendencia y alcance del mismo, y en la valiosísima herramienta en que se ha transformado para obtener los objetivos establecidos.                   Otras de las cuestiones que debemos tener bien en claro es el debido entendimiento de cuales son los objetivos que debemos intentar concretar por medio  de este emprendimiento y, asimismo, ponernos de acuerdo cómo proceder para alcanzar tales metas. Para entender esto debemos basarnos en la historia de todo el proceso que vivió el folklore. Debemos focalizar y discernir el material que pretendemos abordar. Esto sin duda nos lleva a la causa que provocó su existencia, al origen de ese algo.
     Por lo tanto a través de esa mirada retrospectiva tenemos que viajar hasta el origen, tratando de encontrar y analizar cada una  las primeras proposiciones o principios fundacionales y básicos, razones elementales por donde se deben comenzar a estudiar las ciencias o las artes. De alguna manera, a través de este tránsito hacia las primeras causas es emprender una actividad filosófica, epistemológica, axiológica y gneosológica, lo que podríamos mencionar como el inicio del camino hacia la institución de la filosofía de las disciplinas folklóricas.
     De esta manera y por este camino fijaremos normas y trataremos de alcanzar y ordenar las ideas fundamentales que rigen el pensamiento o la conductas que definen o determinan lo que es folklore.
    Este procedimiento nos mostrará que en el campo de lo folklórico, éste, desde sus comienzos, vive un proceso dinámico e integral, que todo lo que precede y genera está interconectado estrechamente entre sí. De ahí que podemos manifestar, sin temor a equivocarnos, que no es el folklore sino nosotros los que parcializamos su amplia conformación.
    Debemos entender de una vez por todas que no se puede estudiar una parte sin prestar atención al conjunto. El folklore como cultura y conductas generadas por los pueblos, a más de todos los estudios académicos que se efectúan para interpretar tales materiales, nos muestra que en todos los casos existe un enlace estrecho entre un elemento y todos los otros que lo componen.
    Y ya que nos referimos a la ciencia que investiga y estudia al folklore, un caso especial plantea el Folklore desde su posición y carácter de  disciplina científica, quien desde hace varios años se debate en medio de un dilema: desaparece o no, como tal.

    En principio debemos entender que a Folklore siempre se lo vio como una ciencia unidisciplinar y no es así, para abordar el material folklórico se necesita de una acción interdisciplinaria; la realidad en que se desenvuelve debe ser mirada desde distintos puntos de vista y desde diversas perspectivas.     Deben formar parte de esa interdisciplinariedad, las ciencias sociales, los estudios culturales, las teorías de las artes, así también, las reflexiones y cuestionamientos filosóficos, y, además, se debe dar intervención a los que sin dedicarse a los estudios son los creadores y portadores de esa cultura: el pueblo; ahí, mediante ese reconocimiento e incorporación, las diversas prácticas folklóricas se unen y se transforman en un acto transdisciplinario. El
pueblo, entendamos, no es un conejillo de Indias, es un sujeto social, un colectivo, un compuesto innumerable de grupos humanos que interaccionan hacia el interior de cada uno y sus miembros se relacionan de distintas maneras; una de ellas es el vínculo que entrelaza a los integrantes de estos grupos por practicar o creer en algún fenómeno o elemento de carácter folklórico. No existe individuo, grupo o comunidad  totalmente folklóricos; todos, de alguna manera, por nuestra constitución biopsicosociocultural poseemos alguna característica folklórica, que consciente o inconscientemente lo manifestamos o ejercemos. Esto demuestra que el protagonista más importante de toda esta cuestión es el pueblo.
   
Este juicio plantea un original dilema: ¿Qué hacemos con la problemática que presenta la amplia y dispersa materia que llamamos folklore? ¿Cuál es el camino que debemos escoger? ¿Qué tratamiento debemos aplicar? ¿Qué resultados podemos esperar?
    La confrontación dialógica consiste en un procedimiento lingüístico que considera y viabiliza  la oportunidad de discutir y cotejar ideas y pensamientos disímiles.
    Este intercambio de opiniones de manera dialogada a veces no produce consensos, pero de todos modos, es un mecanismo que permite el enriquecimiento del conocimiento y le otorga nuevas herramientas discursivas a los participantes, otras veces propicia la construcción de ideas superadoras. En ese caso nos encontramos ante un acto dialéctico. En la primera modalidad, los argumentos que disienten entre sí tienen como fundamentos dos proposiciones opuestas disyuntivamente, de manera tal que confrontadas las dos posiciones, a través de ese ejercicio, al final, rechazada o aprobada cualquiera de las dos, queda demostrado lo que se intenta probar. Mediante el segundo modo, entre una idea (tesis) y una contraria (antítesis) se construye una tercera opción o idea superadora (síntesis). Estos son dos mecanismos sumamente provechosos para utilizarlos en los foros que realiza la Academia del Folklore de la República Argentina, para escapar del simple comentario anecdótico y aportar a la necesaria reconceptualización y configuración que precisamos en este campo disciplinar a fin de que ocupe el sitio que merece y se ordene normativamente todo el exuberante material que ha surgido en las últimas décadas, situación que aún se mantiene sin resolver la mencionada disyuntiva; este material ¿es o no folklórico? Al no haber pronunciamientos de los filósofos, científicos, artistas y pedagógos que conforman la comunidad  folklórica, logrados mediante el intercambio, la construcción de conocimientos, el debate y el consenso, para que esas conclusiones se transformen en material que se pueda transferir al ámbito del sistema educativo, sirva de inspiración a la producción artística, le otorgue fundamentos y contenidos al turismo, sea aprovechado convenientemente por los diferentes medios de comunicación social, todo ese bagaje seguirá siendo aprovechado por otras ciencias y corrientes artísticas, mientras lo que todavía se exhibe como  perteneciente al ámbito de lo folklórico irá diluyéndose, perdiendo su esencia y razón de ser.
    No debemos dudar, en base a todo lo realizado desde su creación hasta ahora, que el principal objetivo que persigue la mencionada Academia es hacerle frente y resolver satisfactoriamente esta problemática. Eso por supuesto no se logra si no se propicia y consigue concebir y provocar una toma de conciencia colectiva que fomente el compromiso de todos los implicados en participar activa y decididamente como militantes de un movimiento que posibilite el reconocimiento y ordenamiento de todo lo que compete al folklore.
    La cuestión no pasa por si los objetos de estudio fueron acaparados por otras ciencias que, incluso, surgieron con posterioridad al Folklore. Todo esto aconteció porque no hemos asumido debidamente el cometido que debíamos emprender y desarrollar acorde a las exigencias que imponían los cambios psicosocioculturales que, con el correr del tiempo, iban mudando y modificando la realidad. Esa situación trajo como corolario una postergación y un sesgo en la adecuación. Mucho de lo que se había logrado, al no tener una actualización acorde a las exigencias impuestas por las alteraciones y vaivenes, quedo trunco. Pero este panorama no debemos verlo como un anuncio o pronóstico fatídico, por el contrario, debemos capitalizarlo como una experiencia que nos deja una enseñanza, un aprendizaje que no podemos obviar. Tenemos todos los elementos, las condiciones, y por lo tanto,  la posibilidad de superar esta situación. ¿Cómo lograrlo? Asumiendo la decisión de otorgarle al Folklore el ordenamiento y la autonomía científica que precisa; la admisión y clasificación de las artes que se inspiran en él, conjuntamente con la elaboración de las teorías de las artes folklóricas y la promoción de la producción que se gesta en ese importante espacio; la formulación de pautas pedagógicas que normalicen una correcta inclusión y aplicación de materiales provenientes del folklore en el sistema educativo; como así también, propiciar un permanente acto de reflexión, duda y cuestionamiento filosófico.
    Sin temor a equivocarnos podemos decir, con absoluta tranquilidad y confianza, que se puede concebir y desarrollar una tarea de esta índole.
    Nos encontramos sumergidos en esta situación en donde prima el desconcierto, porque no hemos aceptado algunos hechos y situaciones que alteraron la marcha de un proceso disciplinar que había avanzado, con muchas dificultades, pero de manera axiomática. Debíamos habernos percatado oportunamente que estos inconvenientes no sucedían solamente en el campo de lo folklórico,  que el problema no era exclusivo de nuestros objetos de estudio, de nuestras intervenciones o de las producciones que emergían del  entramado contexto psicosociocultural, así fuesen material de estudio, de aplicación, o pertenecientes a la ciencia, al arte o el pensamiento filosófico.

    No dispusimos la mirada de manera tal que nos permitiera indagar y percibir una dimensión mucho más amplia y abarcadora de lo que, muchas veces, ligeramente llamamos sociedad, un nominativo que en distintas circunstancias por no examinar en profundidad como corresponde, se transforma en un vocablo meramente abstracto, que abarca mucho pero dice poco.
    Debemos coincidir que se instala y prevalece este panorama porque las circunstancias por la que atraviesan permanentemente las disciplinas, especialmente las que forman parte las llamadas ciencias sociales, como así también, las humanidades, o sea,  aquellas que tienen una particular manera de abordar cualquier tema de lo que conocemos como realidad sociocultural;  estos deben necesariamente, como ya se expresara, ser interpelados de manera permanente y  dentro del contexto en que se dan los fenómenos, cosas y hechos, en razón a la necesidad de responder adecuadamente a las vertiginosas  transformaciones que prevalecen en el presente, circunstancias de las que incuestionablemente no se salvan los sujetos, materiales y procesos que se dan  en el campo de lo folklórico.
    Ahora comprendemos que, por no haber recibido un tratamiento a tiempo utilizando los procedimientos y las herramientas adecuadas, muchos aspectos han sido dejados de lado, no aceptados como folklóricos. Por lo tanto, de acuerdo a las actuales exigencias, los instrumentos y los mecanismos del Folklore deben ser reordenados, puesto que si hacemos caso omiso a esta demanda y seguimos demorando la puesta en común mediante el intercambio, el debate y consenso, las controversias seguirán emergiendo e incrementándose, dificultando la comprensión de lo qué en la actualidad debemos entender por Folklore, como asimismo, las diversas formas y maneras de utilizar y aplicar el material que proporciona el folklore como hacer humano. 
    Sin duda, este largo proceso de encuentros y desencuentros posibilitó poner en evidencia la falsa antinomia que separaba dos campos que parecían no tocarse ni relacionarse, pero que en realidad, se entrecruzaban y realimentaban entre sí. Estudios posteriores proporcionaron fundamentos de sustentabilidad a la actual concepción sobre el ámbito y los portadores del folklore: 1. Contra todos los pronósticos, el folklore no ha desaparecido como expresión humana, por el contrario, estudios intra y extra disciplinares han dado muestra cabal que el folklore se extiende más allá de las fronteras con las que trataron de determinar sus límites, restringiéndolo, en alguna época, a espacios rurales reducidos, que respondían más a un ideal que a lo que indicaba la realidad, de  manera tal que ahora lo encontramos manifestándose en todos los ámbitos y sectores socioculturales. 2. Esta compleja y cambiante situación merece una puesta en común que eche luz sobre la cuestión. Una acción que, sin duda, demandará tiempo, organización y  constancia, por cuanto se precisa de un largo proceso, puesto que será difícil acordar entre tantos actores sociales provenientes de  diferentes y variadas formaciones intelectuales y posturas asumidas.
    Para descifrar esta compleja trama precisamos entender que lo que llamamos folklore es uno de los componentes biopsicosocioculturales que, no sólo afecta la naturaleza humana, sino que incide sobre los medios naturales y aquellos que tecnológica y artificialmente han sido modificados, en los cuales el hombre vive en relación con otros semejantes. De ahí que ya no es posible utilizar como parámetros y conceptos de análisis las categorías rural y urbana, sino que debemos aceptar que hay folklore tanto en los medios rurales como  también en los urbanos, que existen conductas y comportamientos folklóricos en los grupos humanos constitutitos, formal o informalmente. En pocas palabras, así como no hay una cultura, sino culturas, no hay folklore, sino folklores, tantos como grupos existen, ya sea por razones vinculares o por simple sentido gregario.
    Si bien el factor folklórico requiere de la condición de aglutinante, es decir, compartido con el grupo, sus miembros no precisan estar en ese estado de relación para manifestarse.  Individualmente se exteriorizan, incluso algunos son portadores inconscientes y sin percatarse exhiben en sus prácticas e intervenciones cotidianas conductas de carácter folklórico. La mayoría de los seres humanos por nuestra naturaleza biopsicosociocultural somos portadores inconscientes de fenómenos que arrastramos y transportamos con nosotros y se ponen en evidencia en distintas oportunidades del día, en repuesta a estímulos externos en complicidad con las conductas adquiridas por diversas circunstancias personales, así sea a través del sueño.
    De ahí que hay que tener una mirada holística para abordar la realidad en que se mueven esas entidades biopsicosocioculturales que somos los hombres. Una realidad que supera la misma realidad, porque ella en definitiva no es lo que está allá, fuera de nosotros, sino la que cada uno a través de su vida va construyendo, que va a definir las representaciones sociales de cada uno y que en grupo o comunidad compartiremos mediante el imaginario colectivo, pero que, en definitiva, cada representación que vamos a tener de las cosas, de la sociedad, del mundo, será una elaboración psicosocial y psicocultural de carácter personal. En definitiva, este es el gran dilema filosófico que nos dejó Descartes: el solipsismo (sólo conmigo mismo)     Corresponde, entonces, separar en disciplinas y especialidades lo folklórico, pero nada más que por razones de un mejor estudio y una conveniente práctica a partir de la compleja y variada conformación que presenta, pero no podemos mantener dicha separación de manera permanente, debemos partir de lo general a las partes y de estas, nuevamente, al conjunto total. Pretender separar el folklore en partes, desvinculando cada disciplina del resto, es un error. No podemos actuar así porque son partes de una entidad mayor constituidas por espacios formales e informales.
    Cómo podemos darnos cuenta que el folklore constituye, en mayor o menor grado, una parte constitutiva de todo ser humano. Observando las prácticas y los comportamientos cotidianos, hechos y sucesos que la mayoría de las veces no lo percibimos, porque se han vuelto manifestaciones comunes de dicha cotidianeidad. Sin el propósito de ofrecer aquí un completo registro de esos hechos y comportamientos, sirvan como muestra los siguientes ejemplos: el músico que se predispone a ascender al escenario y se mentaliza que debe hacerlo con el pie derecho o el futbolista que ingresa al campo de juego, se agacha, toca con las manos el césped y se persigna; la persona que compra todos los días el diario y no inicia las  labores correspondientes a esa jornada si  no se entera primero, según el horóscopo, que le demandará el destino; el cuidado que deben tener los miembros que integran un grupo, en diferentes círculos, de nombrar a una persona o tocar madera cuando esos sujetos ingresan al lugar, populares por ser portadores de la “yeta”; los medios gráficos (diarios y revistas) que disponen de secciones fijas para la inserción de agradecimientos a santos populares (Gauchito Gil, Difunta Correa, San La Muerte, Madre María, entre tantos otros); las cábalas para apostar en las carreras de caballos en los hipódromos o a la ruleta en los casinos; las revistas dedicadas a San Como con las claves para jugar a la lotería o la quiniela; los medios gráficos, radiales y televisivos que publicitan la labor de “médium” que ofrecen sus servicios a personas que quieren ser correspondidos en el amor, ganar fortunas, tener salud o alejar la “mala suerte”; la conservación modificada en las ciudades de leyendas que a través del tiempo se van adecuando a las nuevas realidades urbanas; los rituales religiosos-paganos (sincretismo) dedicados a San Baltasar o San Juan; la tradición gastronómica casera que permite mantener antiguas recetas hogareñas o la innovación que se produce al fusionarse con nuevas fórmulas que ingresan al campo del arte culinario doméstico; las reuniones familiares que en cierto momento son amenizadas por músicos y bailarines que mantienen vigente las especies traídas por sus antepasados desde sus lugares de origen, pero que presentan innovaciones en cuanto a los instrumentos, las poesías que argumentan los cantos y en las coreografías con se utilizan para bailar.

    ¿Dónde se originan estas prácticas y por qué perduran en el tiempo, desarrollándose en nuevos sitios socioculturales? Una respuesta puede ser: porque viajan desde los orígenes de la humanidad hasta la actualidad a través de lo que Jung llamó inconsciente colectivo. Así, fenómenos tales como las salamancas, los augurios, los sortilegios, los pactos, los hechizos, aunque no lo percibamos, estos singulares patterns están presentes y los practicamos, con nuevas formas, pero lo practicamos. Toda esta complejidad por su parte genera la instalación de tramas socioculturales y propicia la conformación de frentes culturales que compiten entre sí.
    Por eso, ante tal panorama y contando con las organizaciones institucionales que tienen que ver con esta problemática, en principio debemos ubicarnos en un sitio que nos permita visualizar en su totalidad la agenda de la Academia y  reconocer que la misma propicia una tarea que viene cumpliéndose desde que se creó, que ha sentado las bases para que nos animemos a más.   Por mi parte, quiero rescatar la ejecución de importantes y necesarias acciones en bien de la actualización del  conocimiento, la difusión y acrecentamiento del patrimonio folklórico argentino, pero fundamentalmente deseo detenerme en la valoración del intento de llevar a cabo los foros de alcance y participación nacional que están programados para este año. Además de proseguir desarrollando un programa coherente de inclusión de los variados haceres que conforman el campo de “lo folklórico”; los mismos vienen a saldar una cuenta pendiente que aún tenemos en esta materia: definir, consensuar y convalidar el amplio campo que incluye una variada gama de hechos y prácticas que tienen derecho a formar parte del mismo. Es decir lograr entre todos la integración de lo que llamamos folklore.

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