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2014 Abril
Granada y El Viejo Pancho
 
En la secuencia recorrida por las letras del país (criollísimas como la tierra) hoy en lo que es un orgullo para el Pregón Criollo, aportamos un gran trabajo del Dr. Iturria. Nacido en la ciudad de Sarandí del Yí, Durazno, Uruguay, es abogado de la Universidad de la República, especializado en Derecho Administrativo de la Universidad Complutense de Madrid. Fue intendente de Durazno en dos períodos 1972-1976 y 1990-1995, Ministerio del Interior entre el 10 de noviembre de 1993 y el 17 de mayo de 1994 durante la presidencia de Luis Alberto Lacalle, y luego senador. Entre el 1 de marzo de 1995 y el 16 de octubre de 1998 fue nombrado Ministro de Defensa Nacional (segunda presidencia de Julio María Sanguinetti) y posteriormente, reasumió su banca como senador hasta febrero de 2000. Gran cultor del criollismo, de ambas márgenes del Plata, como aquí mismo surge, de su artículo, que es para disfrutar.


Granada y El Viejo Pancho
                 (Dos gallegos acriollados)

Dr. Raúl Iturria

En este tiempo en que los países hijos de España, conmemoramos el proceso de la independencia, no está demás reflexionar sobre los lazos de la Madre Paria y las naciones americanas. Las mutuas cooperaciones, las interacciones y lo que España trajo y aquí dejó, sin olvidar lo que ofreció la rica, misteriosa y generosa América exigen un análisis comprensivo de tales relaciones.
La desintegración del reino de indias, la lucha contra el imperio español en procura de la independencia, generó rencores profundos que consagraron un largo divorcio entre España y América. Coincide -aquel tiempo- con el auge cultural de Francia, y en especial, de París, que se vuelve foco de atracción para los científicos y artistas de nuestras tierras, que buscaron en aquella capital su formación y sus modelos.
Un afrancesamiento radical, alcanzó a todas las artes y las ciencias, modas y costumbres y olvidamos nuestra procedencia histórica.
Por mucho tiempo no hubo trabajos de complementación o cooperación entre España y América; pero ahora, ya pasados dos siglos es bueno analizar -sin falsos prejuicios- las raíces culturales de la etapa colonial, y luego la mutua colaboración en la creación artística y en particular, de la literatura.
El idioma castellano y los anaqueles de las librerías y bibliotecas, se nutrieron con el esfuerzo de los hombres de la península y de la extensa América Hispana, en un recorrido de ida y vuelta.
Nos ocuparemos de dos hijos de Galicia, que llegaron al Uruguay, aquí estudiaron, formalizaron sus vidas y produjeron obras de gran interés cultural.

Daniel Granada
nació en Vigo en 1847 y falleció en Madrid en 1929. Vino de niño a Montevideo donde estudió, logrando en 1872 el título de abogado. Desempeñó numerosos cargos, en la Universidad como Prosecretario y en el Poder Judicial como magistrado. Dio clases de literatura en el Ateneo de Montevideo, y de Derecho Natural e Internacional en la Facultad de derecho.

Se traslada a la ciudad de Salto donde ejerce su profesión, hace periodismo y prepara sus dos importantes obras: “Vocabulario Rioplatense razonado” y “Reseña histórico-descriptiva de antiguas y modernas supersticiones del Río de la Plata”.
Viaja por los países vecinos, dedicado indudablemente a colectar material para sus trabajos folklóricos. Es nombrado Miembro Correspondiente de la Real Academia Española; volviendo a su Patria de modo definitivo en 1904, donde trabajó en la Real Academia, aportando lo aprendido en estas tierras. Falleció en Madrid en 1929.

José María Alonso
y Trelles (“El Viejo Pancho”) nació en Ribadeo, Lugo, el 7 de mayo de 1857; asturiano su padre, Francisco, y gallega su madre Vicenta Jarén. Diez años menor que Granada, es sin embargo, paralelo y parecido el tránsito de su vida con la de aquel.

Llega niño a nuestro país, estudia, hace todos los cursos para Notario en nuestra facultad de Derecho, y aunque no obtiene el título, sí la preparación y habilitación para ejercer la Procuración, cosa que hace en El Tala, Canelones. Ejerce el periodismo en su pueblo canario. Canelones le elige  Diputado bajo  el  lema Partido Nacional durante la 23ª. Legislatura, o sea desde el 20 de febrero de 1908 al 14 de febrero de 1911.
Vivió algún tiempo en Montevideo, en Chivilcoy -Pampa argentina- y en ”Sarandí Garupá”, Río Grande do Sul, Brasil, y finalmente se radicó en el Tala. De esta ciudad es nativo el General Villegas, que tuviera destacada actuación en la campaña del desierto junto al Gral. Roca y fundara ciudades como Trenque Lauquen, por ejemplo.
Al igual que Granada, Alonso y Trelles al andar por los países fronterizos aumentó su conocimiento de la realidad hispanoamericana y sus particularidades en costumbres, en idioma y en su cultura. Vidas paralelas, con 10 años de diferencia, solamente. Inclinación similar, la de ambos, por el periodismo, el derecho, el folklore y los temas culturales.

Su proceso de acriollamiento:

Del diccionario de términos rioplatenses elaborado por Granada, extraemos la siguiente definición:
“Acriollarse: Acomodarse el extranjero a los usos, costumbres y carácter especial de los hijos del país, de manera que las cualidades correspondientes que por hábito haya adquirido parezcan en él nativas”. (Vocabulario Rioplatense razonado)
La circunstancia de que ambos llegaron de niños, recibiendo su educación en la nueva Patria de adopción, facilitó sin duda su adaptación al medio, a su cultura, a sus costumbres y tradiciones.
Granada cumplió una gran tarea en nuestro País y más tarde en España. Alonso y Trelles  con sus poemas de corte gauchesco,  impresos en el libro “Paja Brava”, decretó su inmortalidad no sólo en Uruguay, sino también, en la región.

El aporte cultural del Dr. Daniel Granada.

En enero de 1889 Granada edita su “Vocabulario Rioplatense Razonado”, trabajo de largo aliento, que aún hoy es texto de consulta.

En actitud modesta, propia de los grandes hombres, señala en el prólogo de la primera edición: “Registrar, definir e historiar las voces incorporadas al lenguaje castellano en el Río de la Plata, es tarea superior a nuestras débiles fuerzas, pero que hemos emprendido en la  cconfianza de que haría disimular sus imperfecciones la bondad del intento.” Ratificando tal actitud, señala luego: “El conjunto de voces y frases reunidas en este librito, no merecería el nombre de Vocabulario rioplatense que suena demasiado, si trabajos anteriores a su composición hubiesen proporcionado los medios de presentarlo más copioso.” “…primeramente, sólo se trata de inventariar las voces y frases de que no hace mención el Diccionario de la lengua castellana por la Real Academia Española, o de las cuales da una idea imperfecta, por la vaguedad, deficiencia o inexactitud de las noticias que le han sido suministradas. En segundo lugar tenga presente que debe hacer caso omiso de la muchedumbre de voces y frases exóticas que, así en América como en España, desfiguran  y estropean el habla en que Ercilla cantó la pujanza de los araucanos.”
Como a los demás países americanos, adonde llegó el español, nos fue legado el idioma castellano hoy llamado idioma o lengua española. Pero como España tiene manifiestas variaciones en sus diversas regiones, y dentro de ellas el acento o tono, o manera de hablar el español. En América ocurre lo mismo, existen  profundas diferencias en el ejercicio del habla, en el uso de vocablos, y a veces es muy disímil el significado que se da a muchas de las palabras de uso corriente,  según los países o regiones.
Aquí, nuestros primeros colonizadores llegaron de las Islas Canarias, y entre otros dones nos marcaron para siempre, con su acento o entonación al hablar el idioma de Cervantes.
La gente del pueblo o el componente folk, enmienda muchos vocablos. Tales deformaciones obedecen a muchas causas. En algunos casos se favorece la más fácil pronunciación de una palabra, en otros, se utilizan términos antiguos, lo que significa conservar arcaísmos. También suele ocurrir que en la nueva geografía, tan distinta a la ibérica, aparecen nuevas necesidades idiomáticas que culminan en terminologías variadas. Y además, los idiomas vernáculos -de gran importancia- se introducen en el léxico español común.
Ese conjunto de causas, pues, generan variaciones del idioma que para mantenerse vivo, debe evolucionar y adaptarse a la realidad que describe. Por ello, la Real Academia Española ha aprendido a recoger esos nuevos vocablos y a introducirlos en cada nueva edición del diccionario, valiéndose para ello, de gente delegada que anda a la búsqueda de americanismos, entre los que se incluyen - por supuesto - los uruguayismos.
En la región donde Granada desenvuelve sus actividades, se mantienen vigentes el Guaraní, el Quechua y algo del Mapuche.
La toponimia exhibe generoso el guaraní, lo mismo que la fauna y la flora, puesto que después del latín, el guaraní es el idioma más usado para nominar animales y árboles de la región.
La fortaleza y amplitud de tales idiomas se mete en el español y se integra en el habla de la gente, que utiliza tales modismos sin saber siquiera el origen, en muchos casos.
La experiencia de Granada y sus estudios lexicográficos, quedaron plasmados en el Vocabulario, pero luego se trasladaron con él a España y allí, colaboró con la Real Academia, ayudando a incrementar la consideración y el respeto por las nuevas contribuciones de América y sus hombres al idioma materno.
Como ya lo hemos indicado, la otra obra fundamental de Granada, es su estudio sobre las antiguas y modernas supersticiones del Río de la Plata; trabajo folklórico de singular relieve, que le llevó muchos años de estudio y búsqueda por toda la región.
En la autorizada opinión de don Lauro Ayestarán, es el primero -en nuestro país- que utiliza la palabra folklore para identificar la cultura popular, vocablo creado en 1846 en Inglaterra.
En cumplimiento de esa vocación, Granada es de los primeros folklorólogos nacionales y mediante la “Reseña Histórico-Descriptiva de Antiguas y Modernas Supersticiones del Río de la Plata, editado por Barreiro y Ramos, en Montevideo en 1896, que  mantiene toda su vigencia hasta el presente, nos ilustra sobre un conjunto de manifestaciones populares que él ha eternizado en su libro. Como bien lo indica el autor: “Nada hay inútil, para el historiador y el filósofo, de cuanto el vulgo conserva tradicionalmente en hábitos y creencias. El observador hallará, entre unos y otras, cosas que mueven a risa y aún a lástima, por la simplicidad e ignorancia de quien las ejecuta o tiene por ciertas. Con todo, algún interés han de ofrecer y utilidad para el más cabal estudio y conocimiento de la condición humana, de sus inclinaciones y tendencias, de la vida íntima de las sociedades en el tiempo y en el pasado”.
Todo el saber popular y sus manifestaciones, un tanto ingenuas o primitivas, son el camino más directo para conocer el alma de los pueblos, su identidad y esencia y de ese modo, comprender todo lo que ocurre en una sociedad.
España o mejor aún, la península ibérica, con sus dos estados soberanos, España y Portugal, cuando llegan a América, traen la cultura universal allí instaurada por las múltiples migraciones e invasiones de pueblos de toda Europa, de Asia y África. Mas, aquí encuentran otro ámbito geográfico, étnico y cultural, y de esa mezcla surgen las nuevas culturas. Las leyendas y supersticiones son universales y se entremezclan. Vaya como ejemplo, el nombre dado al río más grande del mundo: “Amazonas” por aplicación o traslado a América de una leyenda de Asia Menor, la de las guerreras de a caballo. Y así sucesivamente, las tradiciones de allá y de acá, se van integrando y hasta los conceptos religiosos se mezclan y confunden.
Del mismo modo  las etnias europeas y americanas al reproducirse dan un nuevo hombre, el hombre americano, que podrá ser el criollo o el mancebo de la tierra, hijo de europeos nacido acá, en el primer caso y producto del cruzamiento de nativas con europeos, en el segundo.
Convencido de la importancia de tales estudios, nos señala Granada: “Así como el historiador y el sociólogo utilizan el sentido simbólico de los mitos en las leyendas populares y las menudencias y puerilidades del folklore, para rastrear el origen y seguir el rumbo de los sucesos y comunicar mayor apoyo y certidumbre a las conclusiones y juicios que formulan…”.  Agregando luego: “La presente “Reseña Histórico-Descriptiva”, harto imperfecta sin duda, no importa otra cosa que abrir el camino a esta clase de estudios en el Río de la Plata. Le ha parecido al autor que los datos diversos que por vía de entretenimiento había ido recogiendo de la boca del vulgo, no debía relegarlos al desierto del olvido, adonde precipitadamente se encaminan ideas vetustas, creencias supersticiosas y costumbres que el hombre escudriñando aún con facilidad desentierra de entre las ínfimas capas que forman la masa social, señaladamente la que está desparramada en los campos.”
Con total conciencia del papel que asumía, se transforma -como ya lo dijimos- en un pionero de los estudios folklóricos en la región platense.

La obra de Alonso y Trelles (“El Viejo Pancho”).

Ya referimos el curioso paralelismo entre ambos intelectuales, por origen, por estudios y por vocación nativista. La obra del Viejo Pancho es menos universal y no alcanza las profundidades de la de Granada, pero en cambio, es más popular.

Integró los grupos de intelectuales que cultivaban y divulgaban las tradiciones nacionales, intimando con personalidades del nivel de Elías Regules, Alcides de María, Orosmán Moratorio, Diógenes Héquet y otros de similar significación.
Se integró a las peñas que promovía Francisco San Román, otro español destacado, en los cafés “Polo Bamba” y “Tupí Nambá”.
Escribe en varias publicaciones de idéntica naturaleza, como “El Fogón”, “El Ombú” y “El Tala Cómico”, entre otras.
Sin embargo la obra consagratoria será su libro de poesía gauchesca “Paja Brava”.
El nombre de tal libro: “Paja Brava”, proviene de una hierba de mediana altura, que crece abundante en la proximidad de nuestros arroyos y ríos. Lo de brava, es porque sus hojas tienen un filo que corta piernas y manos e inclusive la cara, si no se actúa con mucho cuidado al tratarla, cortarla o simplemente transitar entre los pajonales.  Se utiliza para el techo de los ranchos, y aún, para formar las paredes en los ranchos de fajina o construcciones para animales de la granja o de la casa.

Alonso y Trelles escribe sus versos en lenguaje gauchesco. Género éste cuyo inventor o iniciador fue Bartolomé Hidalgo. Aquí se da un caso curioso, puesto que en cuanto a la paternidad de tal género adjudicada a Hidalgo, no existe controversia entre uruguayos, argentinos, ni españoles. Pocos temas adquieren unanimidad como éste.

“La poesía gauchesca, desde Bartolomé Hidalgo hasta José Hernández, se funda en una convención que casi no lo es, a fuerza de ser espontánea. Presupone un cantor que, a diferencia de los payadores genuinos, maneja deliberadamente el lenguaje oral de los gauchos y aprovecha los rasgos diferenciales de este lenguaje, opuestos al urbano. Haber descubierto esta convención es el mérito capital de Bartolomé Hidalgo, un mérito que vivirá más que las estrofas redactadas por él y que hizo posible la obra ulterior de Ascasubi, de Estanislao del Campo y de Hernández”.
Esta es la opinión clara y terminante de Borges.
Con el transcurrir del tiempo y cuando el uso reiterado del modo de hablar arrevesado del campesino, produjo aburrimiento, se creó el género “nativista”, obra de Fernán Silva Valdes, que tiene como base la misma temática, pero se escribe en el lenguaje común o culto.
Los poetas gauchescos trataron, también, los temas sociales y en muchos casos denunciaron injusticias y tratos discriminatorios. No todo lo que se expresa por estos vates es producto de su imaginación, sino que recogen el producto de tradiciones y leyendas folklóricas y lo ubican en sus versos.
“Paja Brava” tuvo un gran impacto en la opinión pública y edición tras edición, se derramaron sus ejemplares, inundando fogones, peñas, escenarios y sus versos fueron musicalizados por muchos cantores. Gardel hizo un sonado éxito del poema “Hopa…Hopa…Hopa”, inmortalizando este tema y otros, y a su autor.
El prólogo del autor se viste con un ropaje de modestia similar, al que vimos en los conceptos manejados por Granada, así nos dice el poeta: “Los renglones desiguales (¡cualquier día les llamo yo versos!) que te brinda este volumen y que leerás o no, porque no se si se adaptarán a tus gustos, en mi opinión, y considerados literariamente, no valen nada. Te juro que no hay modestia en la emisión de este juicio absoluto y desenfrenado, sino sinceridad campera, y, por lo mismo sana”.
Todo lo contrario sucedió. Tales versos se ganaron un sitio en lo más profundo de los corazones de las gentes de todas las culturas y de todas las capas sociales.
Por el sentimiento que encierran -nacido en el alma del poeta- se transformaron en la voz de muchos, que al no saber escribir se sintieron representados en ellos.
¡Cuántos jóvenes y viejos! repitieron: “¡Que por qué ando yo ansina como enojao y triste! / ¿Pa que querés saberlo, mi linda flor de ceibo? / Los días del verano, que son pal mozo auroras, / son tardes melancólicas pa los que van pa viejos”.
Otros recitando Insomnio, repetirán la hermosa imagen: “Es de noche; pasa / rezongando el viento /que duebla los sauces / cuasi contra el suelo”.
Y pocos orientales no repetirán, estrofas de “Hopa…”, “Cuasi anochecido, cerquita e mi rancho, / cuando con mis penas conversaba a solas, / sentí ayer ruidaje como de pezuñas / y el grito campero de ¡hopa!, ¡hopa!, ¡hopa!”

Conclusión:

Dos hijos de la Galicia histórica, trabajadora y migrante llegaron a nuestra tierra, se formaron en ella y contribuyeron a la cultura nacional y a la lengua española.
Ambas vidas tuvieron un curso muy parecido y resultados similares, transformándose en lazos de unión entre la cultura de su tierra de origen y las nuevas tierras americanas.
Al recordarles y rendirles tributo de admiración y agradecimiento, también lo hacemos con la cultura Hispana, de la que venimos y a la que aportamos lo propio de esta misteriosa y bella América.
Dr. Raúl Iturria. Febrero de 2012

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