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2014 Abril
TONADAS PARA USAR
 
Una sección que pensamos como homenaje y difusión: la poesía de Armando Tejada Gómez no merece, no debe estar encerrada en bibliotecas. Era y es una poesía para ser dicha, repetida, liberada.
Armando Poesías fue su vida, Armando poesía  fue su lucha.
Les presentamos aquí algunas de las poesías que Armando construía con su pueblo, comentadas por nuestro editor, irrefrenable él. Hoy las de

     TONADAS PARA USAR
Libro que fue publicado por Editorial Jorge Alvarez en 1968, con una dedicatoria vigente

A Gloriana,
este poema mío
de una sola palabra
 Su índice incluye tres partes: en la primera Che, Buenos Aires y Carta  al hombre del día. En la segunda una serie de bellas tonadas alternadas con aún más bellos poemas sobre los que volveremos, como Poeta de la Legua, El sembrador de vientos, la Mancha ( para Martin Luther King), Mirar la vida ( para Carlos Alonso) y El Huesped de la Lluvia ( para César Vallejos) y en la Tercera El Hombre del Cántaro

De ellos elegimos para mostrar hoy, Carta al Hombre del Día, que nos muestra en una síntesis precisa, su encuentro con el otro. Es ese uno que pasa, ajeno a él, pero tal vez ajeno a sí mismo. Anda con la raíz afuera, mostrando que es,  tradición e historia, pero a la vez intemperie. Esta en un tiempo de inclemencia. La Revolución Argentina de Onganía, antes del Cordobazo, es momento de ajenidad revolucionaria, de aparente quietud y por lo mismo cierto desamparo militante. Esto es lo que Tejada muestra. Herido como va ese hombre común no ve la polvareda. Su entorno de futuros se le niega, esta afiliado al olvido, y, supuestamente, “ajeno a mi viento”. La imagen del viento como ideología y movimiento, como esperanza e impulso esta mas que presente y casi como un código una palabra de contraseña en Tejada. Ya que vuelve a cumplir su función, aun para marcar la ausencia. Es supuesta esa ajenidad, por que la incomunicación, el desamparo de la soledad en multitud es el otro eje. Ese que pasa esta “enmarañado en gestiones de agonía” y por eso mismo no vivo… “lejos el uno del otro”, aislados, muriendo su sobrevida.

Pero si la raíz está, aún afuera, acudiendo a la historia se debe verla, se lo debe ver a ese otro que es imprescindible para el futuro. Aunque mas no sea para autointerrogarse donde la construcción colectiva (peronista, comunista, militante en todo caso) pasó a ser indiferencia, gestión “municipal”, corriendo “del espanto al espanto”. Y en ese “aceptar  hacer la propia”, en ese no te metás o mejor en esa resignación que corta el hilo de una historia donde se era astillas de un mismo árbol se pasa a soledades paralelas, llega y se aprovechan los militares, bajo proclamas falsas y vacías. Casi podría decirse que el reclamo al otro, el poeta lo hace extensivo e intensivo. Lo marca y lo desmarca. La responsabilidad de la construcción colectiva es hija de las angustias compartidas. De los errores se aprende podría decir en su final, que en cambio prefiere apuntarlo bajo forma de descripción ahistorica, e histórica, pero aun mas (considerando una década después) en forma anticipatoria de un futuro, otro nuevo futuro,  ciertamente siniestro, cuyo porque aclara:

Hasta que un lunes árido sin sol y sin palomas
Despertás con un ruido de hierro y de proclamas
Porque vos, chivo histórico, hombre del himno, hermano
Vas y venis de olvido y viento y desamparo.


Y así la carta es un advertencia un llamado de conciencia. Un lugar desde donde puede reducir a añicos  el olvido piadoso del tumulto, y no tanto por el otro, sino para salvarse él mismo, poeta de destino de campana de un pueblo, que sin él, o con las ovejas extraviadas pierde el sentido del camino..
 Y es así que sale a jugarte y jugarme, por animal adentro, para no verme a solas
Esa carta es entonces más que una simple botella en el mar, o un grito en la multitud. Para parar el mundo y romper la indiferencia. Es la carta de un escritor-actor sin compañía, un soldado sin ejercito, un hombre pueblo sin los otros. A ese otro, lo mira, pero sobre todo lo busca despertar, militante aún en el silencio.


Carta al hombre del día

Te ví cruzando el viento con la raíz afuera
Un día de estos días, cuyas cenizas arden,
Inmerso en un silencio de soledad sin tregua
Seguramente herido de sombra u desamparo.
Ibas, cómo decirte, sin ver la polvareda
Que perdura en el polvo caliente que pisamos,
Afiliado al olvido piadoso del tumulto,
Anónimo en la prisa, como suelo encontrarte,
Suponiéndote ajeno a mi viento y mi prisa,
Desterrado de origen, urgente solitario,
Enmarañado en esas gestiones de agonía,
Padeciendo el exilio ruidoso de las calles.

Así te ví. Apuesto a que también me viste
con la raíz afuera cruzando el desamparo.
Lejos  uno del otro. Cada cual en lo suyo
Manoteando la bronca que nos mantiene aislados
Y toda esa apariencia municipal de ausencia
Con que pasás y paso, me agredió la campana,
Me urgió, me dio de pronto un sopapo en los huesos,
En la raíz perenne donde la vida tañe
Y entonces, qué remedio? Acudí a la memoria
Hasta el rescoldo ardiente donde somos la Patria
Golpeando, preguntando dónde empezó el olvido,
La cruel extranjería que nos ha vuelto extraños:
Babel, náufragos, buzos, Robinsones de apuro,
Dónde se cortó el hilo que hilaba nuestra sangre?

Bajé, me ví hurgando  la piel a la ceniza,
Buscando la rotura, la pérdida de savia,
Porque en alguna parte fuimos un árbol siempre,
Un nacimiento, un grito idéntico en el aire.

Así, sin condolerme de esas navegaciones
Entré a las escrituras a jugarte y jugarme
Por animal adentro, para no verme a solas
Imbécil de ternura, por ver volar los pájaros,
porque, después de todo, hay que sacar la cara,
Qué se yo, por la honra torcida y retorcida
De esta vejada tierra de humillación y nadie,
Aunque nadie confiesa quererla para olvido
Pero ya ves, mi viejo, aquí yace humillada,
Acaso, quién te dice, porque uno está en lo de uno
Tratando de morderse la cola, ensimismado
Y pasás, paso, pasan y pasamos de largo
Como esas pobres bestias que huyen de su sombra
Sin comprender que corren del espanto al espanto.

Mirá, al final del miedo, siempre espera la muerte.
Pensalo. Es muy sencillo. Lo claro cayó al agua.
No me salgás con  gallos porque no es medianoche.
Escuchá. No hablo en griego. Si yo salgo a atajarte
No es porque a mí el silencio me devore los dientes
Ni haya angustia en colores, misterios, sicoanálisis,
Salgo porque te veo con la raíz afuera
Y soy astilla tuya y es bueno que alguien salga
A sacudirte un grito feroz donde te duela
Y serte, hombre del día, un testigo implacable,
Porque acaso nos gusta andar de opinión pública,
De muchedumbre y niebla, de lectores de diarios.

Hay cierto regodeo en sentirnos anónimos,
Proceso, cauce histórico, multitud, destinados,
No me digás, hay raros placeres solitarios,
Cierto gusto suicida en jugarla de masa,
Hincha, televidente, ratting, encuesta, número,
Pueblo de los discursos, contribuyente y nada:
La cosa es que gastemos la flor en esas muertes
Y andemos de cortejo, de inquilinos sin causa,
Hasta que un lunes árido sin sol y sin palomas
Despertás con un ruido de hierro y de proclamas
Porque vos, chivo histórico, hombre del himno, hermano
Vas y venis de olvido y viento y desamparo.

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