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2014 Junio
En esta sección intentamos aportar a la difusión de los trabajos que nuestros académicos o amigos nos hacen llegar. Y para inaugurarla, en Abril elegimos un trabajo que fuera presentado en el Primer Congreso de nuestra institución, de Claudia Forgione, en tres partes. En este numero seguimos con otro excelente trabajo, también presentado en el Primer Congreso de nuestra Academia (San Luis, 2010), por Cecilia Cavanagh y Ángel Estrada. De la
 


En esta sección intentamos aportar a la difusión de los trabajos que nuestros académicos o amigos nos hacen llegar. Y para inaugurarla, en Abril elegimos un trabajo que fuera presentado en el Primer Congreso de nuestra institución, de Claudia Forgione, en tres partes.  En este numero seguimos con otro excelente trabajo, también presentado en el Primer Congreso de nuestra Academia (San Luis, 2010), por Cecilia Cavanagh y Ángel Estrada. De la
ASOCIACIÓN GAUCHA GALERA DE DÁVILA





La Galera de Dávila

Historia y Restauración



PRIMERA PARTE


Travesías en galera por caminos reales

Sin duda, fue el alambrado el que aceleró el trazado de los caminos en nuestra infinita pampa bonaerense. Antes de su introducción, el viajero podía elegir a su  albedrío el recorrido por seguir, principalmente si se trasladaba a caballo.
Promovido empecinadamente por Sarmiento, los primeros cercos alambrados llegan con un inglés acriollado, Richard Newton, quien en un paseo por el parque del Conde Fitzwilliams en el condado de Yorkshire, descubrió el grueso alambrado que cercaba un predio de ciervos. En 1846 importa para su estancia «La Santa María», los primeros 100 atados de alambre, desencadenando una creciente y vertiginosa espiral: el alambre de púa y los alambradores vascos. Hoy es posible admirarlo en el Museo Pampeano de Chascomús y dar con trozos originales de aquel primer alambrado.
Es seguro que el establecimiento de tropas de carretas, galeras y mensajerías, y fundamentalmente de postas, a lo largo de estas incipientes  vías de comunicación, fueron el punto de arranque principal de nuestra evolución demográfica. Nuevos centros de población comenzaron a surgir a la vera de los caminos reales en el horizonte de aquella llanura sin límites, hasta entonces dominio casi exclusivo del indio.


Primeros «Caminos Reales»

Hacia 1928 ya se contaba con caminos como el que salía de Buenos Aires hacia Chascomús; de allí, al «Paso de la Postrera» en el Salado, cañada y Juncales del Vecino; Montes del Tordillo y Montes Grande, donde concluía y se reunía con el que, de la Endenada de Barragán, había llegado también hasta allí pasando el arroyo Santiago, Cañada Larga y Paso de las Piedras, en el Salado, llegando al arroyo de «Las Vívoras», «El Tala» de Orellano, Loma de la Espuela Verde y por fin, los mencionados Montes Grandes del Tuyú.
La descripción de Emeric Essex Vidal en 1818

… «El modo común de transporte es a caballo (montado), ya que no hay una cosa tal como el transporte público para un determinado número de personas para ningún punto de estas provincias. Los coches se mantienen, sin embargo para el propósito de llevar  a cabo un viaje; pero tanto los vehículos como el equipo son una caricatura de un servicio de postas…

Unos pocos comerciantes británicos de Buenos Aires, y dos o tres familias criollas, y también el Director Supremo, tienen coches Ingleses modernos; pero todos los demás coches tienen el diseño del SXVII y en general en miserables condiciones de mantenimiento.»

Es seguro que el establecimiento de tropas de carretas, galeras y mensajerías, y fundamentalmente de postas, a lo largo de estas incipientes  vías de comunicación, fueron el punto de arranque principal de nuestra evolución demográfica. Nuevos centros de población comenzaron a surgir a la vera de los caminos reales en el horizonte de aquella llanura sin límites, hasta entonces dominio casi exclusivo del indio.

La Galera, también conocida como "Diligencia" o "Mensajería" era el viejo coche de transporte de pasajeros y correspondencia, munido de caja larga, una puerta trasera, ventanillas laterales y asientos para varias personas. El conductor se ubicaba sobre el "pescante", obviamente al exterior. La parte superior del techo tenía por objeto soportar el equipaje. Además, la "Galera" podía llevar uno o más postillones que tiraban de ella con el lazo atado a la cincha. Lograban recorrer grandes distancias en pocos días sosteniendo un ritmo de marcha que implicaba cambiar los animales de tiro con frecuencia, operación que se realizaba en las Casas de Postas ubicadas generalmente a 20-25 kms de distancia.

Los mayorales y postillones de las galeras eran también singulares personajes en esta suerte de nave que, como un arca de Noé, contenía las especies más dispares (el comerciante italiano, el viajero inglés, el peón vasco, los policías o soldados que cargaban un malhechor hacia la capital, las señoras con sus criadas, el estanciero, etc.). Carreteras de interminables caravanas y reseros de tropas bravías, completaban esta constelación de oficios, de heroicos y curtidos errabundos.

La costa bonaerense, al sur de la bahía de Samborombón, integraba en tiempos coloniales el partido de Monsalvo. Las características topográficas de la zona, cubierta de barriales y cangrejales, acuñaron para el lugar el nombre de Tuyú, vocablo guaraní que, precisamente, significa barro.

El poblamiento se fue cimentando en la línea de fortines, que progresaba en un límite impreciso de acuerdo a las victorias o derrotas que se iban sucediendo durante la avanzada contra el indio. Así fue como en la zona de la laguna Kaquel Huincul se formó el pueblo de Dolores en el paraje conocido como Montes o Islas de Tordillo, a partir de la instalación de un puesto militar.

El 25 de diciembre de 1839 se escindió de Monsalvo el partido de Ajó, Nuevo distrito situado en el pago de Rincón de Ajó. Pasaron 27 años hasta la fundación del pueblo de General Lavalle, sobre la margen derecha del arroyo de Ajó, sin que se demarcara el futuro asentamiento hasta 1870. El 22 de octubre de 1891 el partido de Ajó pasó a llamarse General Lavalle.

En 1865 Monsalvo había sufrido otra partición, que dio origen al partido del Tuyú. Siete años más tarde se decidió su autonomía y recién en la primera década del siglo XX se proyectó la fundación de un pueblo alrededor de la estación Divisadero del Ferro Carril del Sud. En 1910 pueblo y partido pasaron a denominarse General Juan Madariaga.

Galera de Dávila

En 1881 ya existía la mensajería Comercio de Ajó, del portugués Joao Leite, uniendo Dolores con Ajó y Tuyú unas cuatro veces por mes.

En 1897, ante el inminente arribo del ferrocarril, Leite transfirió la galera a Serafín Dávila, quien denominó a su empresa Mensagería La Central, aunque siempre se la conoció popularmente como "Galera de Dávila".

Este traspaso incluyó al postillón Pedro Lucero, alias «Ánima Negra".

La Galera lleva en la primera fila contra el coche, dos caballos atados al tronco o a la lanza y cuatro laderos que tiran de la cincha. Hacia adelante, tres postillones con sus correspondientes laderos.  Total doce caballos. Lleva ocho pasajeros y dos más en el pescante acompañando al mayoral. Total once personas más el equipaje.
A primera vista, el de Dávila era un negocio con destino al fracaso. Veamos por qué: Luego de siete años sin progresos, la punta de rieles del Ferro Carril del Sud cubrió los 90 kilómetros entre Chascomús y Dolores, arribando el 10 de noviembre de 1872. A partir de 1884 se desarrollaron proyectos para que llegara al Ajó, y entre 1888 y 1889 la provincia otorgó a distintos empresarios y personeros una importante cantidad de líneas y ramales ferroviarios.
En 1899, aparte de la galera se puso en servicio un break, coche más liviano para menos pasajeros, que facilitaba el paso por los numerosos bañados y cenagales que poblaban la ruta. Posteriormente Dávila tuvo también una volanta y una americana con las que hacía servicios expresos (lo que hoy denominamos charter) a las estancias, con una tarifa más alta. En grandes inundaciones se usaba la "galera en bote", un ancho bote tirado por caballos. Además, la empresa prestaba servicio de chasquis.
En verano se salía a las 7 de la mañana desde Dolores. El punto inicial era el Hotel Victoria o la confitería de Gorricho. El recorrido variaba según el clima y los caminos, que en veranos secos, eran transitables sin mayores dificultades, mientras que a partir de abril o mayo se convertían en cenagales solo aptos para espíritus aventureros.

El trayecto más conveniente ocupaba 10 u 11 horas, cruzando el puente sobre el arroyo Escobar y continuando unos 10 Km. por el Camino General hasta la pulpería Esquina de Ortiz. Desde allí el vehículo seguía una huella a la derecha hasta el Camino de la Costa del Monte, por éste a la tranquera de Ochoa, luego a campo traviesa hasta la de Valenzuela, continuando por Esquina de las Polvaredas, a través de cañadones y bañados hasta la Esquina de las Ruedas, por Tordillo, vadeando "La Pantanosa" y el arroyo de los Perros. En Las Ruedas se almorzaba, continuando por Cañadón de Laferrere, Cañada de Fernández y Cañadón de los Milagros. Se llegaba al Ajó entre las 17 y las 18 horas, terminando en el Hotel de Espósito. En las postas del camino los Dávila cambiaban caballos. También tenían animales de refresco en Estancia Santa Clara, Esquina de Crotto y Las Cruces. Asimismo se efectuaban otras paradas, de quince o veinte minutos, en distintos boliches, para que los caballos descansaran y los viajeros matizaran la travesía con un trago o un café.
La crónica especifica que se viajaba a galope largo, cruzando los bañados al trote "siempre que el agua no pasara de las rodillas de los animales". Al cruzar cañadones y lagunas se marchaba al paso. Allí era de esperar el imperativo del cochero: "¡Levanten las piernas!" ante la habitual entrada de agua en el habitáculo de la galera. La construcción de los canales aliviadores inaugurados en mayo de 1913 contribuyó al mejor drenaje del agua hacia el mar, pero la galera continuó chapaleando barro.
Aunque el Camino de la Costa del Monte estuviera en buenas condiciones, era menos usado por su mala fama. Cuando la ruta habitual estaba intransitable se iba por El Médano, saliendo hasta la Esquina de Crotto y de allí a Esquina de las Ruedas, con un obvio retraso de tiempo. Si este camino tampoco se podía usar se iba por Laguna de las Cruces y Tranquera la Vasca (Canal A), tardando hasta 15 horas. Las variables llegaban hasta el Puente del Aliso, en Canal 2 ó, en sentido contrario, desde Dolores por el Camino a Buenos Aires hasta Castelli y luego por Canal 15, dando un inverosímil rodeo. Dificultades adicionales, como la rotura de un eje o el vuelco de la galera, podían prolongar el viaje hasta el día siguiente, unas 30 horas entre Dolores y Ajó.
En 1932 murió Serafín Dávila y la empresa pasó a sus hijos Manuel y Roberto. Muchos años después, el nombre del pionero se perpetuó en la Escuela 2 de San Clemente del Tuyú.
Pedro Lucero, por su parte, estuvo con los Dávila hasta la vejez, y cada invierno volvía a su puesto de postillón, ya jubilado, porque la melancolía de ver el paso del carruaje desde su forzado ocio era más fuerte que él. Con estos vehículos los Dávila se constituyeron en sinónimo de transporte y símbolo de civilización. Dice C. A. Bernárdez: "Llegó a ser tan reconocida su habilidad en transitar tan endiablados caminos que era común escuchar: ¡Cómo estará la ruta que ni los Dávila salieron hoy!"
En 1936, Manuel Dávila compró un colectivo Chevrolet y dos años más tarde contaba con una camioneta para el tramo Dolores - Ajó. Por supuesto, la galera se continuó utilizando, relegada a los días de lluvia, sobre todo en el recorrido a Conesa - Lavalle. Completaba el heterogéneo parque móvil un camión-correo.


Don Serafín Dávila


Breve Biografía

Humilde gallego que llegó al país (1886) siendo un niño (apenas 13 años), al decidir expatriarse por problemas con su madrastra, refugiándose en la tentadora América invitado por un primo segundo. Obtenida su ciudadanía argentina en 1614, se destacó como transportista, siendo hábil conductor  de galeras y además como ganadero, comerciante y político. Pocos saben que fue el primero en sembrar lino, actividad por la cual fuera premiado con una medalla por el ministerio de agricultura.
Con tan sólo 21 años, adquiere la Empresa de Transporte de Pasajeros a la que denomina «MENSAGERÍA LA CENTRAL», formada por diligencias o galeras que prestarían servicios en la zona de Dolores, General Lavalle y tierras de Ajó, a Don Juan Leitte que la malvende ante el inminente arribo del ferrocarril.
Serafín Dávila, dueño de esta Galera, fue uno de esos tantos inmigrantes (gallego nacido en Vigo) que buscando un destino de progreso, desarrolló además proyectos varios que trajeron progreso y trabajo en la zona: saladero de pescados, venta de maquinaria agrícola, el primer ómnibus de Dolores, etc.
Según el Reglamento General de Correos, Mensajerías y Postas, al cual Dávila suscribiera para convertirse en transportista oficial de correspondencia y pasajeros, la Galera, debía tener 12 asientos, transportar 50 kilogramos de correo y los empresarios debían establecer postas cada 4 leguas, construir puentes sobre los arroyos, y establecer poblados cada 25 leguas; por ello, no se trataba de un simple conductor de galeras, sino de un verdadero pionero.
En el año 1959, teniendo ya mucha competencia de ómnibus que llegaban desde Buenos Aires y la ya constituida como transporte automotor, la empresa  «Dávila Hnos» pasa a llamarse transporte «La Central» haciendo el trayecto desde 1950 en un jeep de la post guerra. El 21 de Febrero de 1969 la empresa «La Central» cerró sus actividades definitivamente.
Por el inmenso aporte que la Galera significara para la comunidad, muchos son los homenajes que se dedicaran a Don Serafín Dávila por su inmensa contribución humana: la Escuela de San Clemente del Tuyú, lleva su nombre, se realiza en España en 2000 una exposición de Filatelia Internacional en la que fue exhibida una estampilla cuya ilustración pertenecía a la Galera de Dávila, además de ser expuestas fotografías y propagandas de la empresa.


Importancia de la Galera de Dávila

La Galera fue el único medio de comunicación  entre los pueblos de Lavalle y Dolores,  transportando a sus habitantes, a enfermos, médicos y parteras, y haciendo llegar correspondencia, encomiendas y diarios nacionales, por más de 40 años en forma ininterrumpida (1898 – 1938). Luego de esta fecha volvió a ser utilizada con las inundaciones del 40 y el 45.
La llegada de la Galera a destino, significaba para los habitantes de cada pueblo, la posibilidad de refrescar la comunicación con poblados distintos, recibir correo, noticias de los periódicos, parientes y personajes que viajaban en ella, poniendo una nota de novedad en esas vidas tan aisladas, y a menudo hastiadas de la rutina habitual de las pequeñas comunidades.
La Galera es un testimonio de la habilidad de todas las personas que directa o indirectamente estuvieron relacionadas con la difícil empresa de sus viajes, su tenacidad, el coraje, la constancia, la habilidad empresaria, y la efectividad para cumplir con tan  ardua rutina.
En este proyecto Pyme, el caballo criollo demostró como ninguno que «La Patria se hizo a caballo», y donde muchos de ellos, héroes anónimos, murieron en su cometido.
Fue el medio utilizado, con grandes sufrimientos por la incomodidad del trayecto, por curas, policías, militares, presos, monjas, peones, encargados, estancieros, amas de casa, bolicheros, diputados, prostitutas, intendentes, etc. para conectarse desde Lavalle a Dolores y sus pueblo intermedios.
En un acuerdo de tácita colaboración, todos los involucrados, tanto los empresarios de transporte como aquellos que esperaban recibir correo y otros menesteres que llegaban con la galera, ayudaban a hacer posible el recorrido, colaborando en situaciones de dificultad, ya sea por las condiciones climáticas, estado de los caminos, zonas de difícil acceso, averías del coche, etc.
Actualmente, un gran porcentaje de la población de esa zona, tiene familiares que de una manera u otra están vinculados a la historia de la Galera, lo que la convierte en un tema popular y a la vez democrático ya que fue un transporte que nunca discriminó, en ella viajaron tanto ricos como pobres en un ambiente de sana camaradería.

Restauración


La Asociación Gaucha Galera de Dávila ofreció ocuparse de su restauración y puesta en valor, propuesta que fue aprobada por el Museo Libres del Sur de Dolores, y autorizada por el Instituto Cultural de la Provincia de Buenos Aires. Así, la Galera fue presentada en sus pagos para ser devuelta ya restaurada.
Oriundo de Monte, Hugo Peralta, discípulo de un experto francés en carruajes,  llevó a cabo la difícil obra de restauración de la Galera de Dávila.
Ambos pueblos, Dolores y General Lavalle, recibieron a su querida Galera en Marzo de 2006, siendo tirada por caballos y guiada por paisanos de la zona, con la omnipresencia de Lulo Gasparri, y algunos pasajeros –los testimonios vivientes- que viajaron en su juventud en la Galera, y retomaron con emoción su viaje en un gesto simbólico de amor y agradecimiento.
Bibliografía: “Travesías de Antaño, por caminos reales, postas y mensajerías”, Carlos Antonio Moncaut


SEGUNDA PARTE

¿Por qué surgió la Asociación Gaucha Galera de Dávila?
Ángel Estrada, el primero en tener noticia de La Galera de Dávila, presenta el proyecto recordando cuando iba al escritorio de los Madero Lanusse  por alguna operación de campo y en la sala de reuniones tenía de frente, colgada en la pared  como un cuadro, la fabulosa foto de la Galera de Dávila tirada por 12 caballos que sacara en  1908, el señor Francisco Ferrando un vecino de Lavalle. Tenía además un texto en su parte inferior, muy explicativo sobre la historia de la misma, escrito por Sbarra.
Siempre fue muy grande y reiterada la admiración que le producía ese conjunto de hombres y caballos. “Mucha la emoción que me embargaba, inexplicablemente, cada vez que miraba esa foto, magníficamente ampliada, tanta, que me quedaba como extasiado frente a ella.”
Muchos años después, en un encuentro casual de Ángel con un paisano de Dolores llamado Tomás Batisttessa –gran amansador de caballos y también alambrador- salió la conversación sobre el descuido de muchos de los testimonios que forman parte de nuestra tradición histórica. “Si, decía Tomás, es una lástima que nadie se preocupe, aunque sea, de arreglarle la rueda rota a la galera de Dávila que está en el Museo de Dolores”,  “así podríamos hacerle un homenaje viviente a Lulo Gasparri que tanta relación ha tenido con ella”.
¿La Galera de Dávila? ¿En serio, está en el Museo de Dolores? ¿Es la que hacía el trayecto de Dolores a Lavalle?
“Sí, esa misma”, contestó Tomás Batisttessa.

A partir de ese momento se fue construyendo el sueño: imaginar el trámite burocrático imposible, las trabas, la conocida OSA (Organización para el Sufrimiento Argentino), el conseguir los fondos, verlo a Lulo Gasparri sentadito en el pescante dirigiendo la galera, la recreación de las postas, ¿estarían aún algunas de las postas en pié, aunque sean hoy en día taperas?… etc. etc.
“A medida que fue pasando el tiempo y comentando con los amigos de fierro que uno tiene –en orden alfabético para que no se sientan discriminados- como Cecilia Cavanagh,  Guillermo Fiorito y Diego Peralta Ramos, decidimos fundar la “Asociación Gaucha Galera de Dávila”. Fue una tarde en una reunión en El Gitana, que iba a ser el mascarón de proa para llevar a cabo el proyecto de rescate de la Galera.

Gracias a Dios, a medida que fue avanzando el proyecto, aparecieron muchos y muy entusiastas colaboradores que de muchas maneras fueron ayudando para que este rescate se haya convertido en realidad.


Manos a  la Obra

Primer tema a resolver dadas ya las autorizaciones por la Dirección de Patrimonio de la provincia de Buenos Aires era la elección del artesano que podría llevar a cabo la tarea del rescate de la Galera. Y surgió claramente la figura de Hugo Peralta un experimentado maestro en el arte de restaurar carruajes que vivía en el pago de San Miguel del Monte.
Luego debíamos juntar el máximo de información referida a la historia de la Galera, de sus anécdotas, de los Dávila. En tal sentido nos fue de una gran ayuda lo aportado por Juan Carlos Pirali  conocido historiador de los pagos de Dolores y también el valiosísimo aporte documental de Angel Fortini a cargo del archivo histórico de la ciudad de Dolores.
No pensábamos que la Galera nos iba a dar tantas sorpresas ya que investigando descubrimos lindísimas historias relatadas por personas que aún viven y que viajaron en los últimos años de la Galera. Y así nos pusimos en contacto con Elvira Garay de Vargas, con la Mulata Herrera, con Carlos Perez Padila, con Severa Schoo de Caballero, todas personas hoy muy mayores pero que tuvieron la inmensa alegría de soñar con volver a andar en la misma Galera que las había transportado hace más de 80 años.
También tomamos contacto con personas que habían ayudado en varias oportunidades a desencajar a la galera, entre ellos Lulo Gasparri, Heriberto Rooney, o con personas como Ramón Aldais bisnieto del Alcalde del distrito que nos contó que  su familia había ayudado a los Dávila facilitando caballos en cualquiera de las postas.
El sentido de la solidaridad y de cooperación mutua reinaba en el trayecto y tanto los gauchos como las estancias y los comerciantes ayudaban en lo que fuese necesario para que la galera llegase a destino.
Es tan rico el historial de la Galera (1898-1940) que transportó no solo las cartas, los diarios  y encomiendas a su destino sino, y principalmente,  porque transportó a muchísimas personas y conectó a pueblos enteros.
Fue sin duda un vehículo de civilización y de progreso para una zona completamente aislada, donde la vida realmente era muy dura y  solitaria. La llegada de la galera, con todo tipo de personajes y equipaje fue motivo de excitación e interés.
Por el enorme esfuerzo que realizaron los hombres que la manejaban y la admiración que ese hecho produce en todos nosotros nos hemos comprometido a editar en un futuro no muy lejano el  libro que describa su historia tan rica en hechos y anécdotas.


La restauración

Ubicamos a la Galera en el Museo de Dolores pues había sido donada por la Familia Davila al gobierno de la provincia. La familia nos autorizó a solicitar el permiso para ocuparnos del rescate de la Galera.  La Dirección de Patrimonio nos fió finalmente la aprobación para que iniciemos las tareas de restauración.
Con la colaboración de los vecinos de San Miguel del Monte  conseguimos transportarla al taller de Hugo Peralta en Monte, gracias al aporte de un amigo, donde se inició el análisis profundo del estado en que se encontraba la Galera. Gran parte de la estructura interna estaba prácticamente corroída por lo que tuvo que ser desmantelada y rehecha en sus partes que actuaban de sostén y soporte. También hubo que reconstruir una de las ruedas delanteras que se encontraba en pésimas condiciones así como sus bujes.
Todas las partes de la galera fueron rescatadas y numeradas y si no pudieron integrarse al vehículo fueron inventariadas y devueltas a la Dirección de Patrimonio. Sin embargo los techos, las estructuras de hierro, y las chapas que forraban las paredes de la Galera fueron todas rescatadas y reacondicionadas.
Las llantas fueron reparadas y vueltas a utilizar así como todas las maderas machimbradas del techo con sus grafittis escritos por los viajeros, hay uno en especial que dice “biage aburrido, León Serini 1919.” (sic) Las interminables horas dentro se la galera que debían soportar los pasajeros producían grandes incomodidades y tedio en muchas ocasiones.


La Galera en sus pies

Finalmente la Galera fue armada luego de dos años de trabajo constante y cuidadoso por parte de Hugo Peralta en enero de 2007. 
Y llegó el momento de avisarle a los intendentes de los pueblos cuando iba a retornar la Galera de Dávila, y de avisar a los vecinos y a los testimonios vivientes que iban a poder subirse de nuevo a la galera en su triunfal retorno a Dolores, Conesa y General Lavalle.  La emoción y el entusiasmo fueron enormes cuando el 2 de marzo de 2007 la Galera de Dávila hacía su triunfal retorno a la ciudad de Dolores entrando por el camino de Escobar tirada por seis caballos y manejada por Tomás Batistessa,  un paisano amigo y por Hugo Peralta.
En esta atada subieron todos los descendientes de la familia Dávila que fueron aplaudidos por los dolorenses así como también los testimonios vivientes que sonreían y contestaban todas las preguntas formuladas en diversos reportajes que salían por radio y televisión.
La misma o mayor emoción sintieron cuando la Galera entró a Conesa y finalmente a su amado General Lavalle ese puerto y pueblo pesquero con tanta historia en nuestro país. 


Héroes silenciosos

Cuando Serafín Dávila le compra la Galera La Central a Leite la misma se transfiere con Pedro Lucero, uno de los tres postillones que tiraban la galera y que figura en segundo término en la foto tomada por Ferrando en 1908.  Serafín Dávila no dudó en tomarlo como su postillón ya que era famosa su baquía y su conocimiento. Siempre fue reconocido como el hombre más baqueano de la zona para pasar esos “infiernos de barro” y porque cuando se tuvo que jubilar siguió siempre a la Galera por detrás como una sombra y es por eso que se lo conoció como “el Negro Sombra”. Cuando falleció hacía rato que vivía en lo de Dávila y fue enterrado en General Conesa en el sepulcro de los Dávila.
Queremos rendir en él un homenaje, a los héroes anónimos, a los que realmente hicieron “la patria a caballo”, a los auténticos hacedores de nuestro país y nos parece que el verso de Ismael Dozo, el poeta de Dolores, que le canta a Pedro Lucero es la mejor manera de llegar con el mensaje.

Pedro Lucero
El último Postillón

Hoy quiero escribir mis versos
Para un viejo cuarteador.
Hoy canto a Pedro Lucero
Cuarenta años postillón
De la galera que corre
Entre Dolores y Ajó.

Nadie como él conocía
Las trampas del cañadón;
El paso donde se embosca
El carcahuezal traidor;
El aguazal que se hace hoyas
Al peso del carretón;
La encrucijada engañosa
Para el ojo no avisor;
En el bajo de “La Estrella”
Qué huellas oreaba al sol;
Cual vado era en la caññada
De Fernández el mejor.
    ¡Piloto de atascaderos
    Capitán del cañadón!
 
Ninguno como él intuía
-según se ocultara el sol-
si habría helada a la noche,
si caería el chaparrón,
o si se desataría
el pampero bramador.
Ninguno con más baquía
Que él la galera cuarteó;
En la hondonada, el estero,
El pajonal el zanjón.
Y de su mano la palma
No la conoció mejor
Que aquél infierno de barro
Desde Conesa hasta Ajó.
    ¡Capitán de encrucijadas
    piloto de cañadón!

Fue el Tuyú todo su mundo,
Nunca al Tuyú dijo adiós,
Y en el Tuyú moriría
Quien en el Tuyú nació,
A lo largo de su vida
No fue más que postillón
(por eso no tuvo un rancho
ni en amores se perdió).
La dureza de su vida
Le hizo duro el corazón
Pasó cantando la dicha;
Cantando pasó el amor
Pero, él cerró sus oídos
A la mágica canción.
Y cuando al final un día,
Su soledad le advirtió
Que su vida era un desierto
Donde nunca abrió una flor,
y que la noche crecía
tras la puesta del sol;
¡ya estaba lejos la dicha
y estaba ausente el amor!
    ¿Atalaya de andurriales
    piloto del cañadón!

¡Ha muerto Pedro Lucero…!
La nueva cundió veloz
Por el talar y el repecho
El atajo y el hondón;
Por lomadas y gredales,
Desde Dolores a Ajó.
Y a coro la repitieron
El tero en el albardón,
La gaviota en el barranco
Y el chajá sobre el alcor.
Que en el Tuyú moriría
Quién en el Tuyú nació.

¿Qué hacés ahora?
En el cielo también eres postillón
De una galera que guías
Montado sobre un veloz
Potrillo alado, que tiene
Pelaje de luna y sol.
Llevas una carga de ángeles
-como hostias en su copón-
entre celajes y estrellas
y palomas del Señor.
Y hábilmente conduces
Por las praderas de Dios
Como aquella otra galera
Por los fangales de Ajó.

Ismael
Dozo Dolores 1959



La Galera de Dávila fue el equivalente del Internet de ahora, pues era la principal portadora de las noticias, las encomiendas, los periódicos, además de transporte de  pasajeros. Era el único medio que podía atravesar esos terribles bañados y pantanos al no existir el ferrocarril- con el lema “Había que llegar” que Lulo Gasparri nos transmitió como testigo de ese proyecto.

Cecilia Cavanagh
Ángel Estrada


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