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2014 Junio
Carlos Di Fulvio
 

Carlos Di Fulvio
Para la Academia Nacional Argentina de Folklore
CADBA 18 de Febrero de 2014

Todos los festivales del mundo que yo sepa y conozca son auténticos; sin precisamente por eso, éstos pretendieron alguna vez, ostentar ser “Nacionales”: En Baalbek, “de lo Lírico”; en Italia, “de la Canción”; en España, “de lo Flamenco”; en México, “de lo Cervantino”… Y de ahí en más -por lo menos para mí- comienza esta necesidad de divagar por escrito respecto a esa epidémica locura disfrazada de nacionalismo que ataca a las comisiones organizadoras de festivales en nuestro país, que incluye en su nómina a cuanta persona (capaz o incapaz), con tal que sepa como camuflarse en torno al poder político para el logro de sus “altos fines”: si es artista nacional,(en el caso artístico) para que le pague el gobierno; si es artista internacional, también para que le pague el gobierno; y por su puesto, (amén de todos los gastos que signifique traer a todos “nuestros hermanos latino-americanos” en representación de los ”pueblos originarios”  con sus pertrechos artísticos y de los otros no tan artísticos), quede luego algún remanente significativo que justifique la inversión de horas que dedicaron los “delegados y representantes comisionados”, previo descuento de los gastos extraordinarios de pasajes aéreos, agasajos, condecoraciones, hoteles, cuando no… Simplemente “reservados”.    

Claro, pensándolo bien, al mencionar México, entramos ya en América latina; esa América, ¡tan indescriptiblemente compleja!..
Por un lado, los que reniegan del idioma que utilizan en la actualidad para poder expresarse, tal el caso de algunos que según su teoría no es México si no “Méjico”; y por el otro, los oidores autómatas de toda la vida que no teniendo muy en claro lo que aquellos pretenden o quieren decir, aunque se les ocurriera hablar en amauta, quechua, tehuelche, comechingón, o cualquier otro idioma aborigen, siguen tras la ola de lo que no conocen y el eco del “a mí qué me importa”, sosteniendo tales teorías sin saber cómo ni a qué puerto llegar; en fin, ¡un dilema!..

De la misma manera se me ocurre que comienza a formarse el criterio para nada simple ni sencillo del cómo, por qué y para qué, se crean los “Festivales”.
Según mis observaciones y experiencias:
(Desde 1958 a 2014)
 
El “ABC” genérico común que los impulsa:

a)    Recaudar dinero, mucho, venga de donde venga, mientras más sea, mejor. (Cavilación ésta que siempre surge después de una opípara comilona entre “Profesionales” que no tienen muy en claro para qué estudiaron, pero que si tienen muy en claro donde es que quieren llegar.)
b)    ¿Con qué fin, lo haríamos?.. ¿Qué destino le daríamos?.. Eso se busca luego, no es lo que por ahora importe; lo importante es ponerlo de manifiesto públicamente y en marcha lo antes posible.
c)    Entonces urge formar una “Comisión Organizadora Representativa”, con todas aquellas personas más destacadas de nuestro medio en la sociedad; manos a la obra…

Esto sucedía realmente en Argentina cuando aun se estudiaba para obtener un título y luego poder ser útil a la sociedad a la que se pertenecía de alguna manera honorable, pensando que al colaborar por altruismo con las Comisiones, ya de Fomento, Parroquial, Cooperadora Escolar, Sala de Primeros Auxilios, Hospital de Menores Madres, Hospital de Clínicas, Hospital de Niños, etcétera, etcétera… Se estaba  socorriendo a una imperante necesidad del prójimo menos pudiente (así se decía entonces) no como si se tratara de una “dádiva” a modo paliativo, si no como una “eficaz” colaboración de vida entre seres semejantes.  Valga sí aclarar que, entonces, no existían aun en nuestro léxico las palabras: “carenciado”, “discriminación”, “pluralismo”, etcétera… 

Volvamos a la elección de la Comisión.
(Si llegase a existir  algún parecido con la realidad de la formación de algún Festival famoso representativo de la provincia de Córdoba, es solo una mera coincidencia…)

PRIMERA REUNION
(Siempre hay alguien que hace de lenguaraz y es muy probable que luego siga como “maestro de ceremonia” una vez logrado el objetivo)

-¿Quienes creen ustedes que podemos proponer como Presidente de la Comisión Organizadora?..
-¡Hombre, ni pensarlo!.. Dice el  gerente del Banco Nación que es, en ese momento ante los demás, el hombre más capacitado en manejar dinero: a mi criterio debe ser quien en estos momentos rige la Dirección de nuestro nosocomio…
-Me parece apropiado y correcto, dice categóricamente otro (que se ve eran colegas) con sesuda discreción  profesional…
-¡Por su puesto!.. Nada mejor, se alzaron las voces aprobatorias de los otros auto convocados, saciados, y distendidos comensales.
No obstante, alguien que parecía mantenerse al margen como en una nube –vaya a saber de qué, pero nube al fin- con cara de “cuervo prestamista” propone místicamente un cargo alegórico paralelo que serviría para reforzar ante la idea de cualquier persona, fuere del rango que fuere, la calidad y dones de la persona elegida como Presidente de la Comisión; llamémosle  a esto: un aval indiscutible de “anticorrupción”, como si fuese un halo natural de buena conducta en el ámbito de lo moral y lo ético.

  ¿Qué mejor para eso entonces que sea el Padre Cura, señores?.. El Cura sí, el Cura Párroco… Se le da por decir al “sumiso y lírico usurero”  agregando a modo de currículo, (como quien refuerza el mérito de su postulado): sabe andar en burro, le gusta tocar la guitarra, toma vino, fuma armado, sabe jugar al truco, cuenta cuentos, es un verdadero folklorísta!..


Entonces corría la década del ‘60 cuando aun prevalecían como valores los conocimientos adquiridos por esfuerzo e inquietud propios para poder lograr ser uno algo mejor de lo que era, sin pretender por eso, tener más de lo que se debía.
Quiero decir con esto, que todos estudiábamos: los que ya sabían, para saber un poquito más; y los que no sabíamos nada, al menos para tener cabida si en el mejor de los casos se diese la posibilidad de un diálogo casual;  de lo contrario, ¿Cómo mantener una conversación con un Juan Carlos Dávalos; con un Atahualpa Yupanqui; con un Buenaventura Luna; en fin, con cualquiera de los titanes que conformaban esa época?

Pero,”ahicito nomás”, comenzó a mancarse el burro; y lo que parecía en principio un simple galopito en mula hacia la loma, se transformó en una vertiginosa carrera “pura sangre” hacia el barranco sin tener la menor idea de la conformación biológica de la bestia ni saber de la cualidad y calidad étnica ni racial de la monta. Eso sí, ya se tenía una idea muy clara de lo que significaría poder contar con el auspicio de la Nación.

Pues hacia la Presidencia de la Nación vamos.

El “D.E.F.”  común que lo logra:

d) ¿Qué opina doctor en cuanto al auspicio?..
-Más que necesario es indispensable diría: primero debe ser declarado de Interés Municipal; luego, de Interés Provincial; y por último (que es el que más nos interesa a nosotros) el de Interés Nacional.
e) Pero algo importante tendríamos que ofertar como atractivo a cada una de estas reparticiones para que les convenga acceder a tal patrocinio.
f) Por su puesto mi hijito: háganles notar y saber que tendrán acceso directo a la Programación del gran escenario; que podrán condecorar a cuanta persona y organización se les ocurra; que podrán disponer de toda la cadena de nuestros mejores hoteles para sus invitados; claro está, siempre y cuando se hagan cargo de las erogaciones que demandaren tales beneficios.
  ¿Alguna objeción?..
  ¡Ninguna!

Cuando el estudio dejó de ser un incentivo para la inteligencia, cosa que vino tan de pronto, como la mancada del burro, con las huelgas estudiantiles promovidas entre los que preferían una enseñanza laica y no la enseñanza libre; entre los que no les importaba la abolición de la lógica como materia de estudio; y mucho menos que “Cultura ciudadana” suplantase a la ética y a la moral; cuando más nos empezó a importar el espacio de la huelga obrera al cual plegarnos, fuere quien fuere el líder que la liderara con tal de no ir a clase ese día; cuando los concursos de capacitación y adiestramiento para la postulación a cualquier puesto o cargo, en caso de haber tenido que dejar los estudios por decisión propia, pasaron a ser historia antigua y lo que hacía falta en es momento era una “buena recomendación política”, así comenzó a desvanecerse el entusiasmo por lo serio, a tal punto de llegar a preferir la mayoría lo efímero por lo eficaz. 

Estos mismos argumentos y muchos otros no menos pretenciosos, fueron a posteriori, los adjuntos analíticos que fundamentaron las bases de innumerables comisiones municipales, provinciales y dependencias del Estado, para que en nombre de la “Cultura” se albergara a un sin fin de empleados públicos que (desde la época de Arturo Frondizi, el de los 20 millones) hasta la fecha, pasando por los militares “militantes” más recalcitrantes que proponían como sentido de patria la frase: ”Hay que dar la imagen”… Sin dejar de lado al que decía: ”La Casa está en orden”… Teniendo e cuenta a los que en nombre de la subversión pregonaban campantemente: ”Estamos mal pero vamos bien”… “Síganme que no los defraudaré”… Y ni qué hablar de lo que luego vino como resultante de lo mal entendido entre el “Derecho animal y el humano”; esta actualidad sorpresiva en que la mejor muestra de condolencia ante todo un pueblo en ascuas, dolido por los acontecimientos desmedidos de lo irracional, es que, nuestra máxima autoridad, se ponga a bailar el Himno Nacional como si fuese una murga, mientras la pléyade de los autodenominados “K”  aplauden y vociferan haciendo coros al mejor estilo de las “barras bravas”, con sus correspondientes tatuajes a  lo “bicho malo”, con clavos y aros en cualquier parte del cuerpo menos en las orejas; cuando no, luciendo capuchas, antifaces, palos y cadenas al mejor estilo del medioevo, como si se tratara de un abordaje bucanero que con  tal de conseguir una silla donde apoltronar su ocio, prometen llegar con cierta puntualidad a la hora del “trabajo” sin saber por qué ni para qué, pero eso sí: a primera hora.

Antes de seguir, desearía hacer una breve aclaración al respecto ya que, no hace mucho tiempo, fui distinguido por el Congreso de la Nación; y no crean que lo que digo, lo digo de envenenado o por envenenamiento.
……

  Solía decirme don Atahualpa Yupanqui, hablando de las “vicisitudes de la vida artística” y haciendo referencia en especial a esta clase de actos, cierta vez que lo acompañamos a recibir honores con mi esposa Teresita al Colegio de Escribanos de la Ciudad de Buenos Aires, allá por la calle Callao y Alvear:

“Mire paisanito”… (Que era su muletilla de distinción favorita) …
Usted lo va a poder ver y experimentar: dentro de unos años, cuando note que se le empiezan a enfriar los pies, es señal que le ha llegado la época y hora de los homenajes!.. Deje no más que lleguen; eso sí, usted tratará en lo posible que vengan acompañados por algún dinero; y si es un cheque de esos que se cobran,  preferentemente que sea con cuatro ceros a la derecha!..”
……

Tal vez esas palabras, sarcásticas y agudas, aunque graciosamente criollas: sean una síntesis de todo lo que yo pueda decir, imaginar o agregar en este coloquio, pero no quisiera desaprovechar la ocasión sin antes destacar lo que en realidad siento y me ocurre, después de haber podido comprobar la realidad de semejante cita…
Sin retrotraer tanto el tiempo, me encontré cara a cara con lo que tan paisanamente me advertía don Atahualpa, les cuento:

Por prescripción médica, a mis 74 años de edad tuve que hacerme un “estudio de extremidades inferiores” justo a los tres meses de haber sido honrado por el CONGRESO DE LA NACION, en su Cámara de Senadores,  con el Diploma de Honor: “Senador, DOMINGO FAUSTINO SARMIENTO”: distinción ésta que me llenó de orgullo, pero a la vez, me dejó más confuso que nunca al no llegar acompañada por ninguna clase de ceros; también azorado, por que luego de ocurrido esto, desde la SECRETARIA DE CULTURA DE LA NACIÓN  -donde uno supone que están considerados de alguna manera, entre otros,  los “Artistas que la Nación distingue” me preguntaban por teléfono: si Carlos Di Fulvio seguía siendo “el Representante Artístico” de Teresita Zamora. (¡?), Genial.
……

Como podrán apreciar, no es una cuestión de simpatía o antipatía partidaria política; es simplemente el por qué del deterioro genérico en que nos encontramos inmersos; y  la única forma de revertir tal situación según mi modesto parecer, no es al amparo del anonimato, si no a la honrosa postura de hacer saber y ejercer lo que se sabe. O sea: aquél que esté capacitado realmente para determinada obra, tarea o cosa, tiene la obligación de hacerlo. Y aquél que solo imagina que sabe, que no se sienta “menospreciado”, que no se crea “discriminado”, que no se auto defina “ninguneado”; que siga imaginando que sabe mucho simplemente pero que no haga absolutamente  nada; ya con eso, es suficiente. ¡Demasiado!.. Diría un modesto serranito tulumbano.

No creo que sea otra la forma de mejorar -no solo los Festivales- si no todo lo que nos sucede.
  
Con toda sinceridad y sin soda.


Carlos Di Fulvio
Para la Academia Nacional Argentina de Folklore
CADBA 18 de Febrero de 2014


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