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2014 Junio
Himno Nacional
 


Un caso de variantes de sentido

En el mes de Mayo, dia 11, se cumplieron 201 años de la “creación” del Himno Nacional Argentino. En realidad de al aprobación por la Asamblea del Año 13, de su texto. Este artículo, entonces,  debió haber salido en el numero anterior de nuestro Pregón Criollo. Perdón, pero más vale tarde que nunca… pues en definitiva solo intenta motivar reflexiones, más que aportar datos, sobre un tema más que tratado hasta el día de hoy.
Aunque no todos estuvieron de acuerdo en esa fecha. Carlos Vega, el gran folklorólogo, discute con Mariano Bosh, en su libro de Eudeba, 1960, “El Himno Nacional Argentino”, sobre la invención de la letra del Himno. Bosh, de hecho,  supone que las primeras estrofas se habrían hecho en 1812 y no en 1813. Y Vega entonces discute la seriedad del trabajo del historiador, y particularmente en la fidelidad de transcripción de citas bibliográficas.
Luis Cánepa, por su parte (“Historia del Himno Nacional Argentino” del autor, Linari, 1944, pag 6) completa el análisis bibliográfico, adhiriendo no solo al texto de los “documentos” oficiales” sino  pues para él: “la historia debe poseer por base ambos elementos: el comprobante escrito, cuando él existe, y la tradición, puestos uno frente a la otra”. Asi para él “la historia de nuestro himno no es tan sencilla como pudiera creerse (…) hay materia para discusión (…y) donde los documentos o la tradición  no sean suficientemente claros y fehacientes, solo daremos una simple opinión…”. Algo parecido haremos aquí, aunque solo como difusión, que no como investigación o nuevos datos.
Con estos antecedentes, parece interesante actualizar los conocimientos sobre la evolución de nuestra canción patria.


Para ello sintetizamos lo que hoy se conocce:
 Que el 11 de mayo de 1813, lo aprobado es la letra del Himno, que, además,  no se llamo así. Las diversas Canciones patriotas recibieron nombre, pero ésta, definitiva, durante un tiempo solo fue conocida por sus versos iniciales, que la hicieron populares : “Oid mortales el Grito sagrado” y difundida hasta en los esclavos de Latinoamérica (ver el caso de Colombia/ Panamá) por los que le siguen: “Libertad, Libertad, Libertad”
 Que hubo intentos precedentes (tres, en el resumen de Carlos Vega).
 Que el “estreno” en lo de Mariquita Sanchez de Thompson presenta dudas, y se afirma que en todo caso el estreno no fue como “canto”, sino como la lectura de sus estrofas, que en efecto se realizó en su casa.
 Que solo en los días siguientes al 11 de mayo de ese mismo mayo de 1813 Blas Parera realizó la música,  como ya había realizado con dos de las canciones precedentes (y posiblemente también con la tercera), música hoy oficial que nunca aparece formalmente aprobada por la Asamblea, como sí lo fue el texto
 Que la música  aparece “pagada” el 1 de Junio, ( fecha que aprovechamos para justificar forzadamente su incorporar en el Pregón Criollo de junio).  
 Que la música original no queda registrada en partituras disponibles, y seguramente vario muchas veces en su ejecución. Incluso por el mismo Parera. 
 Que la música también fue variando en su ejecución por los que lo sucedieron, y en esencia por Juan Pedro Esnaola. De las versiones de éste, Carlos Vega introduce de hecho al menos DOS, diversas entre sí, la de 1848 (que  quedó en el álbum de Manuelita Rosas) y el de 1860 (cuando fue en definitiva adoptada formalmente).
 Que el himno fue además de difusión muy elevada, no solo en la Buenos Aires que lo prohijó, sino en el interior y en el exterior. Se citan los casos de su canto espontáneo en travesías sobre el Plata y en las plazas de Buenos Aires  (1817), en época de Rosas (1845) , en la huida de José María Paz (1840) , en Mendoza (1815, con San Martín y en 1825), en arroyito del Sauce (1823) en Uruguay (desde 1814 a 1832) en Santiago de Chile (1817 hasta 1821) en Venezuela (1818, con los llaneros del Gral. Páez) en Colombia/ Panamá (en 1822). Y siempre cantado en cada lugar como “propio”. (Vega, op cit, pag 30/41).
 Que  las estrofas aprobadas fueron acortadas para su versión cantable, en épocas menos anti-ibéricas. En este momento (1910) se redujo la interpretación pública a solo la primer y ultima estrofas con el coro,  ocultándose aquellas más fuertemente belicosas.
 Que en 1924 se reformo la música, anulándose esta reforma en 1944.
 Que recientemente, se promovió desde algún legislador retomar aquellas estrofas, que algunos despistados pensaron como que “se quería modificar el himno”… solo por NO SABER que había otra parte en el himno… Que es lo grave.
 Que las versiones más actuales, en idiomas como quechua, guaraní o araucano, o en ritmos y estilos más “rockeros” como el de Charly García, provocan debates sobre si “ofenden” a uno de los símbolos patrios. En otras palabras si es inmutable o mutable

Todo ello merece al menos una aproximación… y por la última observación, la copia de la letra completa del Himno… Todo material a disposición, pero cuya difusión nunca vienen mal.
La extensión  de lo que exponemos nos hace dividirla en dos partes. Disfrútelas.



El himno, es, según su formalidad:
El Himno Nacional Argentino , escrito por Vicente López y Planes , y compuesto por Blas Parera en 1813, originalmente fue denominado Marcha patriótica, luego Canción patriótica nacional, y posteriormente Canción patriótica. Una publicación en 1847 lo llamó "Himno Nacional Argentino", nombre que ha conservado hasta la actualidad. La versión original del himno dura 20 minutos y en 1924 fue abreviado a entre 3 minutos 30 segundos y 3 minutos 53 segundos.

Sus orígenes han sido fruto de flujos múltiples y concurrentes.
El libro de Carlos Vega, “El Himno Nacional Argentino”, EUDEBA, 1962, fue el texto de consulta obligado para todo aquel que se haya ocupado del tema nos dice Ana María Mondolo, en la  Revista del Instituto de Investigación Musicológica “Carlos Vega” Año XXVI, Nº 26, Buenos Aires, 2012, pág. 271. Y aclara sobre las versiones primigenias: “No importan objetivamente los nombres de marcha, canción o himno, repetimos. Nos interesa separar convencionalmente las dos primeras de los  dos últimos porque el proceso de los himnos siempre ha sido objeto de  grandes confusiones.” (Vega, 2010:18)
El detalle que brinda es que hay cuatro versiones hasta 1813, dos canciones y dos himnos:  “Las dos canciones: (…de)  1810 Marcha patriótica, texto de Esteban de Luca, música de “un  ciudadano”, y  1812. Canción, texto de Saturnino de la Rosa, música de Blas  Parera.  Los dos himnos:  Primer himno, texto de Fray Cayetano Rodríguez, música de Blas Parera. Segundo himno, texto de Vicente López y Planes, música de  Blas Parera. Este es el definitivo, en  versión de Juan Pedro  Esnaola (1860).” (Vega, 2010:17-18)
    Las ideas que flotaban en torno a “qué decir” no muestran originalidades

El 15 de noviembre de 1810, el periódico
La Gaceta de Buenos Aires publicó unos versos anónimos, cuyas primeras estrofas rezaban:



Según La Gaceta, se trataba de una “...Marcha Patriótica compuesta por un ciudadano de Buenos Aires, para cantar con la música que otro ciudadano está arreglando”. El historiador José Antonio Pillado atribuye la autoría de texto y música al poeta y pianista aficionado Esteban de Luca. Sin embargo, su colega Vicente Gesualdo supone que la partitura en realidad estuvo a cargo del compositor español Blas Parera, muy amigo de la familia de Luca. En cualquier caso, la obra tuvo su debut el 24 de noviembre de 1810, en el marco del festejo por el triunfo de la batalla de Suipacha. Posteriormente pudo escuchársela repetidas veces en las reuniones de la Sociedad Patriótica, y muy pronto alcanzó un importante grado de popularidad. A diferencia del texto original, que se conserva en su totalidad, la partitura se extravió y la música de la marcha sobrevive en un arreglo del compositor Josué T. Wilkes, posterior a otro similar del año 1909, de José M. Roldán.

Más efímera resultó la suerte de una segunda canción patriótica. Se sabe que el 26 de mayo de 1812 tres niños entonaron en el Cabildo de Buenos Aires, y ante la presencia de las autoridades nacionales y municipales, un texto del poeta Saturnino de la Rosa, con música de Blas Parera. En esta ocasión el nombre de los autores quedó debidamente asentado en documentos oficiales, como así también la gratificación entregada a los niños cantores: 25 pesos a cada uno, “para un vestido”, como consta en el acta del acuerdo capitular de la misma fecha.


Olga Fernandez Latour de Botas, dice:
“basta con recordar que, si bien el acta del 25 había sido todavía redactada con la retórica propia de la monarquía, pocos meses después, todo el nuevo modelo americano se condensa en un cantar, cuando el joven artillero porteño Esteban de Luca publica en la «Gazeta de Buenos Aires» su «Canción patriótica /…/» para celebrar la batalla de Suipacha” (juntar a los Sudamericanos y no a solo las “Provincias Unidas”, para hacer una “lid” contra los tiranos  que oprimen…)
.
CORO
Sudamericanos,
mirad ya lucir
de la dulce patria
la aurora feliz.
La América toda
se conmueve al fin,
y a sus caros hijos
convoca a la lid,
a la lid tremenda
que va a destruir
a cuantos tiranos
ósanla oprimir.
 
De la gloria el genio
ardor varonil
infunda en los pechos;
su fuerza sentid.
Si el déspota impío
atentare vil
vuestra libertad,
al punto acudid.
España fue presa
del Galo sutil,
porque a los tiranos
rindió la cerviz
Si allá la perfidia
perdió a pueblos mil,
libertad sagrada
y unión reine aquí.
La patria en cadenas
no vuelva a gemir,
en su auxilio todos
la espada ceñid.

Triunfo de la Expedición auxiliadora al Alto Perú el 7 de noviembre de 1810.
Olga Elena Fernández Latour de Botas,  Gramma, XXIII, 49 (2012) – 317

El padre a sus hijos
pueda ya decir:
gozad de derechos
que no conocí.
De la patria al seno
volando venid,
que el sol os preside
en su alto zenit.
Bellas argentinas
de gracia gentil,
os tejen coronas
de rosa y jazmín.

En realidad, las raíces de nuestro himno inmóvil, que hemos considerado como eterno, han variado no solo como estilo sino también de acuerdo a los resultados de batallas. Tiene raíces y ajustes, pero su popularidad (uso de una canción de autor, como expresión amplia de sentimientos, mas allá de la intención de los autores) no es de este siglo.
Algunas versiones hablan de unas variante inicial, políticamente correcta en ese momento.
la Asamblea del año XIII pide un "arreglo" de la letra, para que el himno quedara más acorde con los nuevos vientos que soplaban: Inglaterra se oponía vigorosamente a todo intento de autonomía en las colonias de España, su aliada en la guerra contra Napoleón. El embajador británico, Lord Strangford, hace saber al gobierno de Buenos Aires "lo loco y peligroso de toda declaración de independencia prematura".
Desaparecen entonces estrofas que anunciaban que "se levanta a la faz de la Tierra una nueva y gloriosa Nación". Se infiltran, en cambio, conceptos monárquicos tan en boga entonces, cuando los próceres competían en candidaturas de príncipes europeos para gobernarlos: el príncipe portugués, el francés, el italiano...
No extraña entonces el "ved en trono a la noble igualdad", afrancesamiento relacionado con el propósito de coronar al duque de Orleans (aunque otros autores señalan que los orleanistas no estaban a favor de la "noble igualdad" de la Revolución francesa sino más bien lo contrario, que eran partidarios del Antiguo Régimen). O "sobre alas de gloria alza el pueblo, trono digno a su Gran Majestad", estrofa desaparecida en la versión definitiva. O "ya su trono dignísimo abrieron, las Provincias Unidas del Sur".


Wikipedia transcribe, ya más adelante, esta anécdota;
El testimonio de un viajero de la época da una idea de la amplia aceptación popular de la que gozaba el nuevo himno: En 1817, un diplomático estadounidense, Henry M. Brackenridge, fue testigo de la extraordinaria difusión que había tenido en el pueblo rioplatense la canción patriótica que la Asamblea del año 1813 había consagrado como Marcha Nacional.
Brackenridge viajaba en un pequeño barco desde Montevideo a Buenos Aires y, en el transcurso de la travesía, escuchó las estrofas del himno coreadas espontáneamente por sus acompañantes. El relato de Brackenridge, tomado de su libro Voyage to South America (Viaje a Sud América), publicado en Baltimore en 1819, decía:
“Por la tarde, nuestros compañeros, después de beber un vaso de algo estimulante, rompieron con una de sus canciones nacionales, que cantaron con entusiasmo como nosotros entonaríamos nuestro ‘Hail Columbia!’. Me uní a ellos en el fondo de mi corazón, aunque incapaz de tomar parte en el concierto con mi voz. La música era algo lenta, aunque audaz y expresiva... este himno, me dijeron, había sido compuesto por un abogado llamado López, ahora miembro del Congreso, y que era universalmente cantado en todas las provincias de El Plata, así en los campamentos de Artigas, como en las calles de Buenos Aires; y que se enseña en las escuelas como parte de la esencia de la educación de la juventud...”4

Así también  las variantes políticas afectaron su texto. Lo marcadamente antihispano y anti monárquico, bajo su nivel de agresividad por sentido oportunístico
La letra era marcadamente independentista y antiespañola, como correspondía al espíritu de la época. Tiempo más tarde la Asamblea del año XIII pide un "arreglo" de la letra, para que el himno quedara más acorde con los nuevos vientos que soplaban: Inglaterra se oponía vigorosamente a todo intento de autonomía en las colonias de España, su aliada en la guerra contra Napoleón. El embajador británico, Lord Strangford, hace saber al gobierno de Buenos Aires "lo loco y peligroso de toda declaración de independencia prematura".
Desaparecen entonces estrofas que anunciaban que "se levanta a la faz de la Tierra una nueva y gloriosa Nación". Se infiltran, en cambio, conceptos monárquicos tan en boga entonces, cuando los próceres competían en candidaturas de príncipes europeos para gobernarlos: el príncipe portugués, el francés, el italiano...
No extraña entonces el "ved en trono a la noble igualdad", afrancesamiento relacionado con el propósito de coronar al duque de Orleans (aunque otros autores señalan que los orleanistas no estaban a favor de la "noble igualdad" de la Revolución francesa sino más bien lo contrario, que eran partidarios del Antiguo Régimen). O "sobre alas de gloria alza el pueblo, trono digno a su Gran Majestad", estrofa desaparecida en la versión definitiva. O "ya su trono dignísimo abrieron, las Provincias Unidas del Sur".
La música del himno experimentó en 1860 una modificación encomendada al músico Juan Pedro Esnaola, quien realizó una versión orquestada más rica desde el punto de vista armónico.



Ya más cerca del Centenario (una época que a nuestro entender marco significativamente la evolución también del concepto de lo folklórico, a través de la imagen de nación que se quería dar), afectó al himno.

Durante la segunda presidencia del general Julio Argentino Roca, el 30 de marzo de 1900 un decreto refrendado con la firma del Presidente de la Nación y de los ministros Luis María Campos, Emilio Civit, Martín Rivadavia, Felipe Yofre, José María Rosa y Martín García Merou disponía que:
"Sin producir alteraciones en el texto del Himno Nacional, hay en él estrofas que responden perfectamente al concepto que universalmente tienen las naciones respecto de sus himnos en tiempo de paz y que armonizan con la tranquilidad y la dignidad de millares de españoles que comparten nuestra existencia, las que pueden y deben preferirse para ser cantadas en las festividades oficiales, por cuanto respetan las tradiciones y la ley sin ofensa de nadie, el presidente de la República, en acuerdo de ministros decreta:
Artículo 1°. En las fiestas oficiales o públicas, así como en los colegios y escuelas del Estado, sólo se cantarán la primera y la última cuarteta y el coro de la Canción Nacional sancionada por la Asamblea General el 11 de mayo de 1813."
Es decir, la agresividad anti española  desaparece de la memoria utilizada,  de los Argentinos, aunque no de la realidad formal.

Los malos, malos, malos, españoles, que merecen (como todo enemigo) la execración total ya no corresponden al clima de época, desaparece entre otras (ver mas abajo) la “prueba de sus masacres”

¿No los veis sobre Méjico y Quito

arrojarse con saña tenaz,
y cuál lloran bañados en sangre
Potosí, Cochabamba y La Paz?
¿No los veis sobre el triste Caracas
luto y llanto y muerte esparcir?
¿No los veis devorando cual fieras
todo pueblo que logran rendir?

Pero no solo desaparecen los españoles en el 1900.Tambien con ellos salen los incas que se conmueven en las tumbas… viendo a Buenos Aires , como sus hijos… Y la raza argentina aparece sin orígenes, nacida en 1810-
Sin embargo esta variante, no es la única. También en lo musical se trabaja con retoques que no parecieron inocuos, y que fueron impuestos en 1924 para desaparecer en veinte años después:
El Presidente radical Marcelo T. de Alvear, creó el 2 de Agosto de 1924 una comisión formada por tres compositores (Floro M. Ugarte, Carlos López Buchardo y José André) para proponer una versión musical definitiva del Himno. Hasta entonces se interpretaba el arreglo de Esnaola, popularizado y publicado a partir de 1860. En 1926 esta comisión encontró en el Museo Histórico Nacional la partitura del Himno atribuida a Parera, donada por la familia De Luca, que hasta entonces, se creía perdida. La comisión compuso un nuevo arreglo del Himno, basado en ese manuscrito, y el 25 de Mayo de 1927 tuvo lugar una función de gala en el Teatro Colón, donde se lo interpretó. De inmediato saltó la polémica, que se reflejó en los diarios. Desde el diario La Nación se apoyó esta iniciativa, "que produjo el mejor efecto por las modificaciones que se han introducido al texto corriente, y que el público aprobó con aplauso caluroso". Desde la vereda opuesta, La Prensa sostenía la falsedad del manuscrito de De Luca, y urgía al Gobierno a retirar la nueva versión del Himno porque: "el himno actual, feo o lindo, es una tradición". La pelea pasó luego a las calles. Durante el festejo del 9 de Julio de 1927, una marcha opositora llegó hasta la Casa Rosada para cantar el "Himno Viejo"; siendo reprimida por la policía. La Nación diría: "finalizada la canción patriótica toda la concurrencia, de pie, aplaudió con entusiasmo y prolongadamente"; y La Prensa: "los empleados policiales detuvieron a todos los que no estuvieron de acuerdo con la versión". Ante el escándalo, Alvear suspendió todo, conformó una nueva comisión que aconsejó restaurar el "Himno Viejo", siguiendo la versión de Esnaola. Así lo hizo mediante Decreto del 25 de Setiembre de 1929, instituyéndolo como "Himno Nacional Argentino". Finalmente, el Gobierno de facto del Gral. Edelmiro Farrel, mediante Decreto N° 10.302, del 24 de abril de 1944 consagró los símbolos patrios y consagró "como forma auténtica de la música del Himno Argentino, la versión editada por Juan P. Esnaola en 1860, con el título: 'Himno Nacional Argentino - Música del maestro Blas Parera'", con lo que se terminó definitivamente esta polémica.


Carlos Vega aporta su visión sobre esto, centrándose en lo musical:

“Antes de contestar si el himno ha sido vuelto a su primitiva forma es indispensable que sepamos cuál fue su primitiva forma. Y resulta que tenemos dos formas históricas: la “luqueana” [sic. por manuscrito de de Luca] y la “lírica” [sic. por La Lira]. Para la comisión, que ignoraba ésta, se trata de una restitución […]” El mayor peso de su crítica fue de índole político. “El Poder Ejecutivo ha decretado la revisación del Himno en un sospechoso movimiento espontáneo. Se trata de un decreto que no consulta necesidad apremiante alguna ni responde sino a opiniones aisladas que se fundan en una estima incompleta de factores. El Poder Ejecutivo nombra tres músicos adictos y éstos se atreven a proponer, como la cosa más natural, el Himno trunco. Pero el Poder Ejecutivo no lo rechaza. Le parece muy bien y pretende imponerlo con evidente desconocimiento de sus propias atribuciones e inesperada negación de los sentimiento comunes a todo argentino.
Estamos autorizados a creer que la reducción del himno no es iniciativa de la comisión; es „orden‟ del Poder Ejecutivo, al cual –como se ha dicho tanta veces en los cenáculos- la audición del cántico patrio le resultaba larga y soporífera. Piense el lector en que la ejecución completa del Himno dura tan sólo cuatro minutos y cuarenta y cinco segundos. La Comisión habla de „dimensiones excesivas‟ y el Ejecutivo suscribe tal declaración. En el nombre de nuestras ilusiones, horroriza creer que los treinta y cinco segundos que dura la audición del fragmento suprimido hayan inspirado a los representantes del Poder Ejecutivo el decreto que debía satisfacerlos y aliviarlos, porque les aburre y adormece un instante de concentración en el
símbolo de la nacionalidad.” 

Seguiremos en el próximo





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