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2014 Julio
La Conquista del Desierto
 

    por Carlos Molinero


    La Conquista del Desierto

    Análisis- Tercera parte
    Siguiendo nuestro análisis (o acotaciones) al texto, más que interesante, profundo, de Carlos Di Fulvio “La Conquista del desierto”, que comenzamos en el número de Mayo de 2014, y seguimos en Junio,  ya descripto el malón abraca el tema de las cautivas, como de la llegada de los araucanos, hasta el final.
    Retomamos la lectura de la obra:


    Recitado

    Habia una vez una moza nacida en tierra cordobesa,
    que viajando en una carreta por territorio ranquelino
    se vio envuelta en un  remolino  de gritos indios, y de arena

    Fue muy cerca de Las Achiras, villa vecina al Rio Cuarto
    Ella era Panchita Adaro, de ojos negros, de pelo largo
    De largos sueños imposibles

    Nunca imagino que un cacique
    De tremenda estampa araucana
    Que arquea las piernas, cara chata,
    De ojos por donde pasan hilos lujuriosos
    Seria el príncipe azul de su negro destino

    Si bien no pudo ser azul, al menos fue un derivado
    “Paine”, celeste en araucano, heredero de vincha real
    La que Yanquetruz ceñirá un dia  en su frente de guerrero




    Este es un tema clave en el análisis de la obra y de la situación en la época  de la frontera mapuche- blanca. El de la cautiva es un tema de análisis que el romanticismo pintó de una cierta monocorde forma y que permite, sin embargo, lecturas adicionales. Tal vez por eso mismo nos desviamos un poco acercándonos a las versiones históricas disponibles.
    Di Fulvio, claramente, presenta un “momento” de la acción del secuestro: la ruptura de sueños, de romances y de proyectos de vida, de pronto, llevada por Payné, en un juego de términos con el príncipe “azul”,  y con cierta amarga sátira.
    Es esta situación que se abre al dolor, y perfila visiones  históricas con sesgos mas sociológicos. Estudiando la situación en Chile, por caso Rebeca Alegría (ver en Univ de Chile http://web.uchile.cl/publicaciones/cyber/04/textos/ralegria.html ) ha visto que
    
    “La esclavitud tiene un origen muy antiguo. Propia en un principio de los pueblos nómades, se extendió posteriormente a los agricultores y sobre todo a los pueblos conquistadores. La costumbre de matar a los prisioneros de guerra fue reemplazada por la de venderlos o utilizarlos como mano de obra, destinada a servir de instrumento de enriquecimiento, status o placer.
    Desde el punto de vista léxico, los vocablos: esclavo (prisionero de guerra) y cautivo (aprisionado en la guerra) son dos conceptos que definen una misma realidad, aunque desde la perspectiva histórica se le ha otorgado una connotación de mayor fuerza y crueldad al primero: significando, tal vez, que el esclavo es capturado en el lugar de un enfrentamiento y como resultado de su resistencia, por lo que la situación posterior será peor que la del cautivo; éste al ser capturado como producto de un conflicto bélico y sólo por ser enemigo, puede acomodarse mejor dentro de la sociedad rival.
    Los cronistas al referirse a las mujeres blancas, prisioneras al interior de la sociedad mapuche, las denominan cautivas, implicando con ello placer y respeto. Si las afectadas son indígenas, el concepto cambia por el de esclava, como una forma de justificar la situación de dominación, y trabajo forzado que experimentan por resistirse al dominio de su señor natural - el monarca español.(…) Sabemos que las regiones de frontera hispano-indígena en América fueron generalmente espacios de tensión y conflicto, en los cuales la violencia entre indígenas y españoles provocó la captura mutua de prisioneras.(…) El gobernador de Chile, Alonso de Sotomayor, anotaba en 1583 que: "la cantidad de españoles varones avecindados en Chile era de mil cien y que las mujeres no eran más de cincuenta. Así, la guerra no sería impedimento para la unión entre soldados españoles y mujeres araucanas" .


    La ontología de la época establecía que la esclavitud era una consecuencia de la guerra justa o de la lucha contra los que se alzaban frente a Dios o su señor natural. Los vencidos quedaban sujetos a pena de muerte, la cual podía conmutarse por esclavitud. Se unían así la magnanimidad medieval con el espíritu de lucro renacentista. La Real Cédula de 1608 señalaba que serían sujetos de esclavitud: "así hombres como mujeres de las provincias rebeladas del dicho reino de Chile, siendo los hombres mayores de diez años y medio y las mujeres de nueve y medio"(…) El impacto sicológico que implicó para el invasor la captura de sus mujeres (madres, esposas, hermanas, hijas etc.) incorporó un nuevo conflicto que contribuyó a desgastar aun más las relaciones entre el dominador y el dominado.(…) Jerónimo de Quiroga nos narra las maniobras de un cacique que se preciaba de haber capturado: "muchos españoles con sus mujeres, hijos e hijas gente principal y ordinaria, de que se servía como esclavas u como concubinas que sirviesen a sus indias como sus indias las habían servido antes a ellas" .Los mapuches aplicaron el mismo tratamiento recibido por sus hermanos de sangre en cautiverio: desarraigo, tortura y mestizaje racial y cultural.

    También en el origen de este lado de la cordillera la práctica de secuestro entre grupos indígenas (huarpes y puelches por caso). La llegada de los araucanos del otro lado favoreció  mas que redujo la práctica del secuestro. Las mujeres representaban propiedad y eran expresión de poder y status. Sin embargo, aunque la poligamia era una práctica aceptada en los araucanos, sólo caciques y capitanejos se podían permitir el lujo de mantener más de una esposa... Para muchos indios de bajo status, que no poseían medios para comprar una esposa, raptar una cautiva blanca era una forma de conseguirse cónyuge sin pagar el precio de la novia.
    En los no muy abundantes casos que se dio, su reinserción a la sociedad española no estuvo exenta de dificultades y en algunos casos fue absolutamente frustrada, tanto que algunas mujeres lloraban por volver a los indios. Los años de cautiverio obraron en ellas un cambio notorio tanto en lo físico como en lo espiritual, muchas ya habían olvidado el idioma materno y se expresaban en lengua mapuche, otras (la mayoría) volvían con sus hijos mestizos, lo que  aumentó el desprecio y el prejuicio (mal disimulado) de la sociedad española
    Por ello, casos como Francisca de Bengolea, de La Carlota, muestran lo bivalente de la situación: después del ataque a la estancia y muerte de sus padres, fueron llevados los seis hermanos a las tolderías, de donde  fueron regresando de a poco cada uno excepto Francisquita,  que caso con Curripitay, hijo del Cacique, con quien tuvo u hijo y una hija. Su esposo accedió a que Francisca fuera a La carlota a visitar sus hermanos. Los Niños fueron reclamados, por la familia, pero los blancos no apoyaron ese reclamo. El comandante dijo que no eran cautivos sino nacidos en convivencia y la patria potestad correspondía al padre. Y Francisquita decidió por la familia del aduar. Volvió al Mamuel mapú (tierra de los árboles).
    Así en la usual profundidad y centrada sujeción a la realidad histórica,  la descripción de Di Fulvio retrata el momento inicial… la agonia de la historia personal que camvbia, y no puede saber hacia dónde, pero nunca fácil. La angustia de Panchita adaro se traduce en la lentitud crucial de la música. Lo que un gran creador puede hacer
    



    En el rumbo de su viaje,
    por salud hacia la sierra
    El adiós de la partida
    Lo acunaba la carreta

    En la lenta parsimonia
    De los bueyes en la arena
    El color de la alborada
    Resbalaba  por sus trenzas

    En la lanza de un cacique
    Se clavó la madrugada
    Al llegar a Las Achiras
    Su carreta no cantaba

    Y rodó por sus mejillas
    Con sus lágrimas el alba
    La tristeza de los bueyes
    Lentamente la miraban

    Con lujoso sobrepaso
    La llevó Zorro Celeste
    En la cruz de su caballo
    Al aduar , con sus mujeres.

    Adios, …le decía el viento
    Adios, …doncella del campo
    Adios,… florcita silvestre
    Adios,…Francisquita Adaro ….



    Milonga

    Los montes de tierra adentro, de Coli-Mula se ven
    Fogoncito de alpataco nunca dejará de arder.
    A veces pienso mirando su roja llama crecer
    Sera mejor terminarlos?
    Sera mejor al revés?
    Malhaya con los ranqueles!
    ¿Quién los pudiera entender?


    El “problema del indio” fue una cuestión, importante y nacional, que se presentó a lo largo del siglo XIX en varios momentos. Y en esencia era una discusión sobre intereses, concepciones y territorios. El artista se lo plantea casi a nivel individual. Entender la “otro” como se diría hoy es lo que Di Fulvio se y nos pregunta. Estudios diversos sobre la obra de Lucio V Mansilla “Una excursión a los Indios ranqueles” y a la etnografizacion discursivas de los ranqueles, con   756-2609-1-PB.pdf, file:///C:/Documents and Settings/Carlos/My Documents/Downloads/1414-6648-1-PB.pdf
    En pocas palabras la duda de que hacer es la de que no lo entiendo….¿para que decir más?


    LA TIERRA DE LOS RANQUELES


http://www.youtube.com/watch?v=kRcA0wZTtXs

    La naturaleza, como  el problema del indio , o la situación de las cautivas, es parte del retrato con que se llega a la historia. Hasta donde y como el paisaje marca al hombre. Si es arena y sal, es horizonte sin marcas, donde solo quien sabe pasa. La amenaza de la muerte y de ser maldecido como luz mala, conjunta realidad, experiencia y superstición. Folklore en suma. Y gaucho, imagen de bravura y nobleza es caracterizado por la habilidad  en la pampa salvaje… que decir del indio, preexistente (lo ha visto nacer…). Hasta un militar como el hermano de Don Bartolomé, fracasa en expediciones por la zona de los “medanos y el guadal”.


    La tierra de los ranqueles
    es de arena y es de sal
    Hay que tener buen baqueano
    para poderla cruzar:
    Emilio Mitre lo supo
    Cuando no pudo llegar


    Pa colmo errando el camino
    Si no hay lluvia , muerto está.
    Aquel que no vio la aguada,
    Mojon de huesos será…
    Y ha de penar por las noches
    Porque luz mala se hará

    Bruto y cruel por inocencia
    Loncotear  es su placer
    Tironearse de las mechas
    Tratar de quedar en pie
    Si se alimenta de yeguas,
    ¡Potrazo tiene que ser!

    Si el gaucho creció a caballo
    El indio lo vió nacer
    Por eso tal vez el barro
    No lo pudo detener:
    Pa andar en tembladerales,
    Lo meno’ hay que ser Ranquel .


    Del río quinto hasta El Cuero
    Treinta leguas  hay que andar
    Camino de rastrillada
    Medanos monte y guadal
    No apure amigo el caballo
    que se le puede aplastar
    Emilio Mitre lo supo
    Cuando no pudo llegar


    Calufucura es el gran nombre, el personaje faltante de esta novela escrita con tinta y sangre, El que llego del otro lado, quien negoció… y mató.
    El ejército de Calfucurá en 1856 era estimado en 6.000 guerreros: 1.500 ranqueles, 2.000 "pampas", 1.000 "chilenos" (seguidores de él mismo y los caciques Cañumil, Quentriel y demás), 800 araucanos (traídos desde el otro lado de los Andes) y 700 pehuenches. Esto era una prueba clara del control del cacique de un amplio y variado territorio. Calfucurá jamás recibió el apoyo material de su principal aliado, Valentín Sayhueque, quién se negó a participar de los malones realizados por los otros caciques. En buena medida esto se debió a los esfuerzos de la diplomacia porteña de evitar que las numerosas huestes de manzaneros apoyaran a los pampas en su esfuerzo bélico.
    El 29 de octubre de 1855 Calfucurá derrotó a Hornos en San Jacinto y luego de esta victoria se sucedieron los malones de saqueo y muerte sobre Cabo Corrientes, Azul, Tandil, Cruz de Guerra, Junín, Melincué, Olavarria, Alvear, Bragado y Bahía Blanca.- Dice la red que un nuevo gran malón se realizó en junio de 1870. Calfucurá atacó con 3.500 a 6.000 lanceros Tres Arroyos y la arrasó. Luego, en octubre hizo lo mismo en Bahía Blanca, matando medio centenar de criollos, secuestrando numerosas cautivas y robando 80.000 cabezas de ganado.
    En 1872 el presidente Sarmiento ordenó atacarlo, Calfucurá declaró formalmente la guerra a Sarmiento y saqueó varios ciudades, pero el 11 de marzo de 1872 fue derrotado en la Batalla de San Carlos de Bolívar, por el general Rivas y los guerreros de Catriel. Las fuerzas nacionales debieron hacer un gran esfuerzo para interceptar a los indios, pero lograron una gran victoria enfrentando a Calfucurá y sus caciques que formaban en tres cuerpos de mil guerreros cada uno con Calfucurá al centro y 500 de reserva. Al año siguiente de esta derrota muere Calfucurá de casi cien años de edad, disolviéndose la Confederación Pampa que formara.-
    El artista pinta la llegada, con la actitud alerta del vigía y el estruendo, ya no de un malón, sino de un ejército indio, y  las contradicciones internas entre organización y actitudes, con la maestría de la pocas pero definitivas palabras:

   
    El silencio se adueñó del campo
    Cuando quedóse inmóvil la oveja
    Un caballo levanto la oreja
    Escondió un  temblor entre los flancos

    Y en el belfo de su pico blanco
    se hamaco el amague de un relincho
    Una mano que sube de un brinco
    Queda paralítica en visera
    El pulgar hundido en la melena
    Acaricia el hueco de la mente
    Y la transpiración de repente
    Abre las vertientes de la cara


    La noticia fue a la comandancia
    Y ésta mandó más ojos a ver
    Como desde el fondo de la tierra
    Los remolinos a la distancia
    pintaban la más grande avalancha
    que pueda imaginarse en la vida


  
La voz del Clarín clavo su astilla
    en los timpanos de la frontera de Santa Ana
    Fuel se desespera
    ¡Como para no!
    Si son apenas puñados de arena sus milicos
    Y los indios, una cordillera

    Pero no tiene tiempo la pena
    De hacer tragar sus buches amargos
    Ya pisan el suelo de San Carlos
    Don Rivas Catriel y Colliqueo

    Viene alentando a los lanceros
    Que según Catriel ya son cristianos
    Pero la sangre entre los hermanos
    Al fin y al cabo no se rebela
    No puede renegar a las tetas
    que hasta hace poco los alimentaban


  
Calfucura, en el otro bando,
    Arengaba firme al regimiento
    “Pie a tierra les enseñaremos a los infantes
    Que somos toros
    Y aunque fuera de otro modo el modo que nos reciban
    Dejen la vida si la estiman
    Pero no reculen”

    En eso levantaron las nubes
    Toda Una catedral de alaridos
    Y un cortinado de 3000 indios
    Cubrió el horizonte de San carlos

    Alla fueron Rivas nuevo Ocampo
    Levalle Catriel y Colliqueo
    Pero la sangre tira y no es cuento
    Los indios de Catriel no pelearon
    “¡Han de portarse como cristianos!”
    el grito de Catriel fue atroz
    Y pidió 50 fusileros
    Con los que raleó a los cobardes

    Cuando ordeno volver al ataque
    lospampas se vieron traicionados
    Y antes de sentirse derrotados
    Sintieron la ira y el desprecio
    Volcanes de la sangre al acecho
    Despidieron coágulos por lava
    Y en las entrañas de la batalla
    los perros del odio se prendieron

    Calfucura llamo a retirada
    Su dolor disolvio las Salinas

    El sol del invierno no puede asomar
    Lo nubla la pena de Calfucura
    Se agranda la sal

    Se ha roto el Imperio de Piedra al final
    Ha muerto en Chiligue Cual…fucurá
    Lo llora la sal

    Sobre un potro blanco lo van a enterrar
    La arena en los médanos lo ha de velar
    Por Namuncurá

    Ya todo es silencio los indios se van
    Un cuero es la tumba de Calfucura
    Lo cubre la sal



    La próxima entrega  concluirá con este análisis comentario de  la obra.


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