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2014 Julio
La medicina mapuche
 

    - Area mapuche


    La medicina mapuche

    Para la cultura Mapuche, la Medicina era tradicionalmente una porción más de una forma  integral de visión del universo, en la cual la salud y la enfermedad se encontraban  estrechamente vinculadas con la armonía natural y las acciones del hombre que contribuían a  conservarla o destruirla. La Sanación ocurre cuando a alguien se le restituye la armonía y se  conecta con los poderes universales. La curación tradicional, desde este punto, puede  considerarse comprensiva: no se enfoca en síntomas o enfermedades, sino que se trata al  individuo en forma total. En este caso, el individuo no se concibe como un ser independiente  y aislado de su medio, sino como parte integrante de un grupo y un medio natural; la  comunidad en la que se encuentra enmarcado el hombre también está relacionada con la  enfermedad, e interviene en los procesos curativos, dando poder y fuerza al sentido  comunitario.
    “Conceptos como salud, enfermedad o bienestar físico son difíciles de definir y están  estrechamente ligados a la percepción personal y cultural de cada individuo. En los  mapuches este aspecto está unido de manera profunda a su cosmovisión. La machi y sus  rituales ancestrales; infusiones de hierbas, cataplasmas y pomadas, no solo ayudan a  eliminar las dolencias físicas, sino que son parte integral de la espiritualidad de cada  comunidad” (Orrego Guerrero, M. 2002).
    La desgracia, la enfermedad y la muerte nunca son acontecimientos casuales o naturales;  siempre existe, cuando ellas se manifiestan, la intervención de una fuerza sobrenatural que  subvierte el equilibrio de las fuerzas cósmicas, un poder malévolo que despierta. Su  concepción del cosmos está relacionada con una dualidad de fuerzas antagónicas, que no son  concebidas como un obstáculo para la vida, sino como un elemento básico para su desarrollo,  mientras permanezcan en equilibrio. Por lo tanto, el equilibrio en el cosmos es visto por esta  cultura como el encuentro entre fuerzas opuestas que son, al mismo tiempo, necesarias y  complementarias.
    En esta Concepción Cósmica existe una unión indisoluble entre Medicina, Magia y Mitología,
    el surgimiento de un tipo pensamiento que los occidentales denominamos “mágico”,  oponiéndose al científico por su cualidad totalizadora y de establecer relaciones especiales  entre lo cotidiano, lo cosmológico y lo sobrenatural. En este contexto, la enfermedad adquiere  un carácter integral y sus causas deben ser combatidas con métodos mágicos.
    Los mecanismos que el chamán acciona durante el proceso de curación corresponden no solo a su propia “vivencia del mito” que subyace a su práctica, sino también a la vivencia del paciente que lo conoce. Por lo tanto el enfermo siente que no es solamente una persona  especial la que está actuando sobre él, sino toda su concepción del universo, que da sentido  tanto a la enfermedad como a la cura.
    El paciente se siente entonces parte de un orden cósmico que entra en acción para ayudarlo,  orden representado por la figura del chamán, quien garantiza que el arquetipo de la relación  enfermedad-curación pueda reiterarse con efectividad.
    Tanto el agente como el paciente poseen una misma vivencia del proceso, y ambos están  ligados al ritual que se oficia.

    Los chamanes

    Desde el punto de vista material, la medicina mapuche está estructurada bajo la dirección de  miembros de la institución chamánica, llamados machis, poseedores del conocimiento que le  permite controlar las fuerzas cósmicas para un regreso al equilibrio perdido. Para el estudio y  conocimiento de un chamán es necesario conocer e interpretar el medio cultural propio en el  cual ha surgido y se desenvuelve, dado que cada hombre es el producto de los elementos que  provee su cultura. La relación con el chamán lleva implícita una total transferencia por parte  de quien se siente protegido por “uno de ellos mismos”. Ello lo transforma en un ser especial  porque conoce los secretos del universo conceptual en que sus pacientes se mueven.
    Como el mundo espiritual es más arduo de comprender que el mundo natural y humano, se  requiere de estos intermediarios, que toman la función de intérpretes sagrados. Ellos son los  que se comunican con los ancestros y con las fuerzas espirituales del mundo misterioso, y los  que están capacitados para aliviar enfermedades y sufrimientos, por medio del Vuelo  Chamánico que realizan transportando su espíritu al más allá, y retornando, por medio de la  Técnica del Éxtasis.
    Estos curadores son, muchas veces, especialistas en un área particular de la salud, mientras  que en otros momentos pueden actuar como consejeros en cuestiones emocionales, expertos  en el uso de hierbas, colocación de huesos, extracción de malos espíritus o parteros. Sin  embargo, también existen curadores y expertos en el uso de la herboristería, los llamados  Yerberos, cuyo conocimiento se limita a la faz material o práctica, carentes de los poderes  especiales que caracterizan a los chamanes.
    El machi o Fileu es el intermediario entre el pueblo mapuche y el Wenu Mapu, la tierra de los  entes espirituales. A través de su mediación, los seres espirituales otorgan salud, bienestar,  tranquilidad y abundancia al indígena. El machi es el representante de estas fuerzas en la  lucha diaria entre el bien y el mal, cuyo campo de batalla es la tierra. Por esa razón se le dota  de facultades adivinatorias, terapéuticas y rituales.
    De acuerdo con los relatos históricos de cronistas y viajeros, en tiempos pasados ejercían esta  tarea hombres en forma exclusiva, dotados de una ambigüedad de atributos sexuales, como  forma de integración de la polaridad masculino-femenino. En la actualidad, sin embargo, esta  función es ejercida principalmente por mujeres, en las que no se encuentra dicha  característica. Se debe hacer notar que la descripción de los machis y sus funciones  corresponde a datos provenientes de fuentes etnohistóricas, ya que en la actualidad se cree que  no hay machis ejerciendo activamente sus funciones en el territorio argentino a diferencia del  vecino territorio chileno.
    En las crónicas se menciona que una serie de señales que indican al candidato que ha sido  elegido para desempeñarse como chamán. Tiene sueños y visiones premonitorias relacionados  con animales de color blanco, después de los cuales puede contraer una enfermedad grave,  que solo desaparece con la aceptación de su destino. Es el comienzo de su entrenamiento, que  efectuará guiado por otras machis. Construirá una ruka (casa) y vivirá solo, iniciándose en los  secretos de las plantas medicinales y en la ciencia de los complicados ritos y ceremonias de  invocación, bajo la estrecha vigilancia de su maestra. Transcurridos algunos años de  aprendizaje, se preparará para el gran día de su iniciación, en que se celebrará una solemne  ceremonia de consagración de la machi, denominada Machiluwun, a la cual asisten afamados  chamanes de la localidad que le prestarán su ayuda en el paso hacia otro estado. Esta  ceremonia es en sí un reflejo de la ceremonia curativa (Machitún) que el machi de aquí en  adelante podrá realizar para curar.
    El futuro machi habrá mandado a fabricar o tallará él mismo el Rewe, escalera ceremonial,  símbolo de su estado y que representa su poder de comunicarse con el wenu mapu. Lo mismo  deberá hacer con el Kultrun, tambor ceremonial al sonido del cual cantará y bailará toda su  vida invocando a los espíritus auxiliares y de sus antepasados en beneficio de su pueblo.
    
    Enterrado el rewe al Oriente de su casa, todos los machi que asistan a la ceremonia cantarán al  Wuñelfe o lucero del alba, para que concurran en ayuda del iniciado los antecesores: Pillanes  (grandes guerreros antecesores que residen en los volcanes), las Antiguas Machis, la familia  sagrada (el viejo padre o Rey y la vieja madre o Reina; Joven hombre y Joven mujer), los  antiguos y poderosos Caciques y, sobre todo, la luna y las estrellas, entes espirituales  auxiliares de la machi. La ceremonia culmina con el baile y el canto del iniciado, que asciende  por primera vez los peldaños sagrados del rewe, al son del kultrun que toca con su mano  derecha, aderezada de cascabeles. El clímax llega en el momento en que el machi cae en  trance, se mueve en agitadas convulsiones que tratan de calmar sus asistentes y comienza a  transmitir los mensajes de las entidades espirituales, que son repetidos por el Machidungún o  intérprete.

    En el uso de este poder de comunicación con los seres celestiales, el recién consagrado machi expulsará a los malos espíritus que causan daño a los hombres y administrará medicinas en el  Machitún, ceremonia de curación de corte comunitario, en la que participará todo el grupo  presente.
    La enfermedad ha sido causada por el robo o ladeo (corrimiento) del alma o bien por la  introducción de un ente maléfico, instigado por el kalku. El machitún es una ceremonia a la que asiste no solo la familia del paciente, sino también  amigos y la comunidad en general, que tiene un papel activo en la sanación, y todo el proceso  tiene su fundamento en el sustrato religioso familiar y comunitario. Se realiza en la casa del enfermo, y comienza al atardecer, cuando la machi toma el kultrun y  comienza a cantar, con los presentes marcando el ritmo. Estos cánticos monótonos,  acompañados por pasos de danza, hacen que la machi entre en un estado de éxtasis, y se  produzca el “vuelo” del alma a las esferas superiores, en busca del alma perdida para traerla  de vuelta; otras veces, más frecuente en relatos históricos argentinos, la entrada en un estado  alterado de conciencia permite la entrada en su cuerpo del espíritu sanador, que habla por su  boca en un lenguaje no inteligible. Un intercesor pide a continuación que el espíritu se
    identifique, lo saluda y pide la extracción del mal. El espíritu formula el diagnóstico, anuncia  la sanación o la muerte, y la machi procede a lavar la parte afectada con agua que contiene  hierbas, receta pociones, y a veces chupa el área afectada, de la cual extrae materializaciones  del mal en forma de objetos (insectos, gusanos, trozos de madera, etc.) que luego son  arrojados a un río o al fuego para su destrucción, muchas veces perseguidos por la  concurrencia para evitar su regreso. Mientras los presentes cantan y bailan para honrar al espíritu, la machi se desvanece, y el  espíritu se marcha.
    Se dice que cada machi posee encantamientos particulares, con los cuales llama o entra en  contacto con su espíritu guía, que le ayudará a detectar la enfermedad, ya sea producida por la
    acción de un kalku por un alma descarriada o por los wekufu.

    La herbolaria indígena


    Entre los materiales utilizados por el machi durante la fase empírica de su práctica, las plantas
    medicinales, con diferentes principios activos, constituyeron una parte muy importante. Sin embargo, la comunión arcaica con la Tierra viva por medio de plantas no es privativa de los  machis, es una experiencia propia de los chamanes a escala mundial. Las plantas no son solo fuentes de alimento, vestido, bebida, éxtasis, medicinas y perfumes; son también maestras muy profundas. La experiencia de estrecho contacto con una planta pone a un chamán en comunicación con el latido del corazón de la Tierra.
    Sin embargo, son pocas las referencias con que se cuenta sobre el empleo específico de cada una de ellas, y muchas veces son confusas. Varios viajeros y cronistas, durante el siglo XIX, recopilaron información al respecto, haciendo una somera descripción de cada especie y uniendo a esto los informes verbales que los miembros de las tribus visitadas les brindaban. La nomenclatura botánica es inexistente en la mayor parte de los casos, y en otros ha variado a lo largo del siglo XX, haciendo aun más difícil su identificación correcta.
    De todos modos, existe una flora ampliamente conocida en Pampa-Patagonia por su gran dispersión, que ha sido mencionada por varios investigadores, aunque los usos que cada uno de ellos reporta no sean siempre coincidentes. Como ejemplo, sugerimos consultar el Cuadro 1.

    La medicina indígena en la actualidad

    En general, en actuales comunidades mapuche de Chile (Cittarella, 2000) se concibe la enfermedad como el resultado de una pérdida del equilibrio del orden natural y social. La familia ancestral (viejo/joven, hombre/mujer) ha dotado al pueblo mapuche de leyes que lo rigen (admapu); se trata de preceptos morales e ideológicos así como formas de actuar prácticas y cotidianas. Los seres humanos deben mantener el respeto por ellas, a través de obligaciones religiosas y rituales establecidos. La salud es un estado de equilibrio biológico y psicosocial, pero se halla amenazada por la enfermedad, así como el bien siempre está asolado por el mal, dentro de esta concepción de principios opuestos que rige la cosmovisión mapuche. El mal y los agentes del mal (wekufu, kalku) producen la enfermedad rompiendo el equilibrio bien/mal. Cuando el ser humano no respeta el orden y las normas que lo conforman (consciente o inconscientemente) se rompe el equilibrio pactado y puede acceder el mal enviado por otro ser humano (espíritu o elemento material que entra en el cuerpo; el daño, la envidia) pero a consecuencia de las propias acciones que permiten que el otro haga el mal.
    Las enfermedades ocurren también por castigo por parte de los entes espirituales (benéficos o maléficos) ante la trasgresión del admapu. En suma, un desequilibrio o conflicto en la red social del individuo y su relación con el mundo sobrenatural pueden ser los causantes de la enfermedad. Los remedios pueden incluir hierbas específicas, cantos sagrados, prácticas de masajes para extracción del mal, y contacto con los seres de los planos espirituales.

    En la actualidad se tiende entonces a clasificar las enfermedades en dos categorías:

    1) Re Kutran o enfermedades naturales: son sencillas o pasajeras de causalidad natural; surgen
    a causa de que el hombre, como parte de la naturaleza, siente los cambios que acaecen en esta.
    Dichos cambios, como los factores climáticos o las etapas en el ciclo productivo, influyen en él. La falta de atención al cuerpo expuesto a fuerzas de la naturaleza (conceptuada como transgresión del admapu por imprudencia) resultará en enfermedad e incapacidad para desempeñar los roles sociales.
    Dentro de esta categoría se encontrarían enfermedades como el enfriamiento, la insolación, tos, gripe, diarrea, estreñimiento, desnutrición. Se las considera causadas por ingestión de alimentos contraproducentes, esfuerzo físico excesivo, contagios por falta de higiene. Todas ellas se relacionan con la ruptura de la armonía del hombre con su medio ambiente natural o social.

    2) Weda Kutran o enfermedades mágico-religiosas: enfermedades atribuidas a la acción de fuerzas espirituales (malignas o benignas), “...categoría más amplia de enfermedades en las que el principal factor de diferenciación es el reconocimiento de la intervención de un agente sobrenatural...” (Citarella, 2000; p.152). Las enfermedades weda kutran se consideran causadas por la intervención del kalku o brujo, y los wekufu o espíritus malignos, mientras que las Wenu Kutran serían provocadas por deidades benéficas, como señal de llamada a ejercer el rol chamánico o como castigo a transgresiones. Ambas están basadas en la creencia de que los actos humanos pueden perturbar el orden universal, siendo sancionados con una intervención punitiva de las deidades, así como en la existencia de seres y animales maléficos que pueden introducir sustancias nocivas en el cuerpo de aquel al que escogen como víctima.


    Para la Cosmovisión Mapuche en la actualidad es sobre el género femenino sobre el cual asienta el saber acerca de la salud y la enfermedad, siendo una de las habilidades de la curación la utilización de la herboristería.

    Las hierbas nativas, como formación del universo, contienen la forma energética y composición necesaria para las curaciones.
    Cuando se estudia su utilización a través de la historia, se encuentra que distintos autores, en
    distintos momentos y distintos entornos, refieren usos muy diversos para la misma especie, como detallaremos a continuación.

    El uso aborigen de las plantas medicinales en Pampa-Patagonia
    Para el siguiente análisis hemos recurrido a aquellos autores en los que las especies descriptas
    son identificables botánicamente, ya sea porque su denominación científica se encuentra mencionada, o porque su nombre vulgar o en lengua indígena ha sido identificado más tarde por otro investigador.
    La Cultura Mapuche no tuvo lenguaje escrito conocido, razón por la cual debemos recaer, para el análisis y conocimiento de sus prácticas médicas en siglos pretéritos, en las crónicas y memorias escritas por los europeos desde su llegada a estos territorios. Estas crónicas, por lo general, abarcaban en sus descripciones un amplio espectro de temas y aspectos de la vida indígena, entre los cuales la medicina era uno más, muchas veces descripta someramente debido al poco conocimiento de las propiedades terapéuticas de las plantas que poseía el narrador y, lo que es más importante, porque desde su enclave cultural consideraban dichas prácticas como acciones misteriosas, muchas veces conceptuadas como demoníacas.
    Una de las primeras crónicas hispánicas, donde se mencionan plantas curativas y sus usos, es la del Padre Jesuita Diego de Rosales. Si bien el Padre Rosales visitó en ocasión de un parlamento pacificador con los indígenas el territorio hoy argentino, sus referencias son para las comunidades Mapuche en Chile. Sus escritos datan de mediados del siglo XVII. En estos, junto con una descripción de algunas prácticas médicas indígenas, se hace mención de una interesante lista plantas y sus usos en general, entre ellas algunas con fines medicinales, que se han resumido en el siguiente cuadro (Rosales, 1877-78 [1674]; e identificación de los nombres científicos en Citarella, 2000).


    Cuadro 1. Especies botánicas y sus usos.

    Nombre latino            Nombre vulgar         Forma de uso         Aplicación

 
    Peumus boldus           Boldo                    Infusión hojas        Vesícula, tos, digestivo.

    Erythrea chilensis       Cachan Lawen        Infusión planta       Dolores de costado.
    Drimys winteri            Foye-Canelo          Infusión hojas         Reuma/Post parto.
    Datura     ferox          Chamico                Infusión semillas     Dol. de cabeza Locura.
                                                                                        Conocimiento futuro.
    Fuchsia magellanica     Chilco                  Infusión flores        Abortivo-sobreparto.
                                                                                        Problemas menstruales.
    Austrocedrus chilensis. Ciprés                  Ramas                  Sudorífico.
    Diferonia                   Congona                Infusión hojas        Diarrea-dolor oídos.
                                                                                        inaequalifolia
    Maytenus boaria        Maitén                  Cataplasma hojas    Dolor de estómago.
    Matricaria chamomila  Manzanilla              Infusión                Enfriamiento-sedante.
    Sophora microphylla   Pelu-Mayu              Infusión semillas     Produce vómitos.
    Chenopodium            Paico                     Infusión                Diarrea-empacho.
    ambrosioides                                                                   Dolor de estómago.
    Weinmannia              Medewe                 Cocimiento de        Dolor de espalda.
    trichosperma                                        Corteza



    Uno de los más conocidos viajeros que exploraron nuestro territorio en el siglo XIX fue George Chaworth Musters. Este marino británico cruzó la Patagonia de sur a norte en compañía de indígenas Tehuelche Meridionales en 1869, intentando con sus investigaciones incrementar el conocimiento geográfico de la región. Convivió con sus compañeros de viaje durante un año y fue encontrándose con diferentes tribus indígenas más o menos ya araucanizadas. Su obra fue editada en Londres, en inglés, en 1871. Con algunas excepciones, toda la flora que se enumera en su diario de viaje se halla con los nombres vulgares; en algunos casos, muy contados, figura un uso medicinal, y en el resto solo se menciona la existencia de la planta en el área visitada. Se recuentan a continuación las especies (Musters, G., 1964 [1869]).

    Apio silvestre: solo mención.
    Ortiga: solo mención.
    Papa silvestre: uso comestible, presumiblemente varios tipos de tubérculos.
    Nalca o Talca: tallos comestibles.
    Diente de león: solo mención.
    Piñones (de Araucaria araucana): uso comestible.
    Chuquiraga avellanedae: (“uña de gato”): infusión para bajar la fiebre.
    Schinus (molle, incienso): infusión dulce.
    Algarrobo: fruto comestible.


    Para la misma época de Musters, otro viajero, Jorge Claraz, este suizo especialista en Ciencias Naturales, emprende su viaje de exploración por Norpatagonia, guiado por indígenas “baqueanos” y lenguaraces también tehuelche, en este caso septentrionales. El texto es la transcripción de su diario de viaje, escrito en alemán en 1865.
    Al igual que sucede con Musters, la mayoría de las especies vegetales son mencionadas en forma simple, sin indicación de uso, y los nombres botánicos son casi inexistentes. A continuación detallamos las especies detectadas (Claraz, J.1988 [1865-66]).

    Zarzaparrilla: (nombre indígena Tschicaipa) se hierven las ramas como té contra la viruela y ataques febriles.

    Jarilla: (Nombre indígena Miya) abortivo.
    Totora: sin mención de uso.
    Senecio: sin mención de uso.
    Arjona tuberosa: tubérculo comestible.
    Saxífraga: sin mención de uso.
    Azorella glebaria: resina masticatoria.
    Llantén: sin mención de uso.
    Apio Cimarrón (Romaza): sin mención de uso.
    Sphagnum: sin mención de uso.
    Chilca (Baccharis salicifolia): sin mención de uso.
    Ortiga: sin mención de uso.
    Maitén (Maytenus boaria): sin mención de uso.
    Berberis heterophylla: sin mención de uso.
    Ephedra: sin mención de uso.
    Paico (Chenopodium ambrosioides): en infusión o decocción, servía como remedio contra los
    resfríos.
    Tropaeolum polyphyllum: tubérculo comestible.
    Mulinum spinosum (Coirón): resina de raíz contra la oftalmia y manchas blancas de la
    conjuntiva (tracoma).


    Francisco P. Moreno, reconocido naturalista argentino, por su parte, efectuó varios viajes a Patagonia. En su obra Viaje a la Patagonia Austral (Moreno F. P. 1969 [1876-1877]), brinda una magnífica semblanza de la geografía, fauna y flora de los territorios que explora, enumerando con detenimiento y gran conocimiento las denominaciones botánicas de todos los vegetales; en cuanto a su uso por parte de los indígenas, las breves menciones que existen están distribuidas irregularmente a lo largo del texto, ya que se encuentran incluidas en el contexto de sus vivencias personales en las tolderías. Por lo tanto, no existe un análisis ni un recuento ordenado de ellas.
    Clemente Onelli, viajero y explorador de Patagonia en los primeros años del siglo XX, fue Director del zoológico de Buenos Aires, y colaborador de F.P. Moreno en la Comisión del trazado de límites con la República de Chile. Relata en su obra Trepando los Andes retazos de sus experiencias con algunos grupos tehuelche de las Provincias de Río Negro y Chubut.
    Incluidas dentro de una obra de información general se encuentran referencias a la flora natural y algunos de los usos que los nativos hacían de ellas, dando siempre las denominaciones populares más conocidas.
    Entre ellas se destacan, por ser frecuentes aún hoy en la farmacopea popular las siguientes
    especies (Onelli, C., 1977):

    Orozuz (Lippia dulcis): resfrío, bronquios.
    Boldo: afecciones del hígado.
    Maitén (Maytenus boaria): fiebre.
    Palo Piche (Fabiana imbricata): diurético.
    Apio silvestre (Apium australe) berro (Mimulus glabratus) sinantera: indigestión.
    Tomillo menta: tisana sudorífica.

    Ya en la actualidad, Raúl Martínez Crovetto, Profesor de Botánica Sistemática y Fitogeografía de la Facultad de Agronomía y Veterinaria de la Universidad Nacional del Nordeste, en Corrientes, se centra, en varios de sus trabajos (1962, 1968 y 1980), en el estudio botánico de la flora patagónica, brindando una información detallada sobre los usos medicinales y comestibles de las plantas estudiadas, pero sin mencionar la procedencia de los datos. Debido a que sus investigaciones requirieron extenso trabajo de campo, se presume que sus informantes fueron pobladores rurales de raigambre indígena en algunos casos, y en otros simples recipientes del conocimiento popular.
    En uno de sus escritos, Martínez Crovetto (1963) analiza la crónica de un viajero francés, Augusto Guinnard, quien llegó a Argentina en 1855, internándose en las Pampas para finalmente ser hecho cautivo por tribus araucanas, entre las que vivió tres años. A su regreso a Francia, Guinnard escribió Trois ans d’esclavage chez les Patagons, obra de la cual M.Crovetto extrae las referencias etnobotánicas, a las cuales agrega sus propios comentarios.
    Por su parte, Sara Newbery (1978) realiza un análisis del accionar de curanderos naturistas, a los que llama fitoterapeutas que utilizan elementos de la naturaleza en sus procedimientos, diferenciándolos de aquellos con poderes mágicos, para los cuales la enfermedad es causada por elementos malignos, y debe ser tratada por otras vías.
    La autora menciona algunas hierbas utilizadas aún hoy por los curanderos naturistas de la región que trabaja, en la Provincia de Buenos Aires. Algunas de ellas aparecen como Congorosa, Muña Muña, Calaguala o Ruda, sin denominación botánica que permita identificarlos, y mezclados con elementos de la medicina popular de raíz europea, como sal, agua bendita, velas, sapos, jugo de limón y oraciones de origen cristiano, lo que denota una dosis elevada de sincretismo.

    Uno de los ecólogos locales, dependiente de la Universidad Nacional del Comahue, estudioso de plantas nativas e introducidas, el Dr. Eduardo Rapoport, ha editado poco tiempo atrás una serie de estudios regionales bajo el título Plantas nativas comestibles de la Patagonia andina argentino-chilena (1999), en los cuales no solo describebotánicamente cada especie tratada, explicando su uso culinario, sino que también suma los principios activos que se encuentran en cada una de ellas, junto con el uso que le daban los nativos y los que aún existen entre la población rural. Estos estudios, editados en forma de pequeños libritos, conforman un compendio muy completo para el conocimiento de la flora local y patagónica en general. Recientemente, la Antropóloga Dra. Ana M. Aguerre (2000), como complemento de la tarea arqueológica y del relevamiento del arte rupestre del área del Río Pinturas, donde se halla la reconocida Cueva de las Manos, ha realizado un trabajo de recopilación de costumbres con una informante descendiente de Tehuelche que alcanzó a vivir en la una de las últimas tolderías del área sur de la Patagonia. En una intensa labor de rescate de recuerdos infantiles, estas memorias se han volcado en una obra que posee numerosos datos de primera mano, aunque sobre losprocesos de curación los datos son muy escasos. Se rescata la descripción
    del uso de la raíz de totora en las madres recientes, informando que se creía sus vitaminas ayudaban a la abundancia de leche materna. Del resto de las plantas que se nombran, solo se describen sus usos culinarios.
    Trabajando, al igual que Newbery, en la pampa bonaerense, en un área paralela aunque un poco más hacia el Sur, Benvenuto y Sánchez (2003), desde la visión de la medicina oficial, describe prácticas de curación popular, que incluyen plantas medicinales, entre un sector de mujeres de Bahía Blanca. Se nota en su análisis el uso de informantes de raigambre indígena, muchas de ellas provenientes de la Pampa-Patagonia.
    Este visible fenómeno de las diferencias entre autores es entendido como resultante de una diferente Constelación Simbólico-Cultural para distintos tiempos y distintas ubicaciones
    geográficas.
    Al “no existe la enfermedad sino solo enfermos”, podríamos agregar “no existe la curación sino solo modos de curar”, y es en virtud de este concepto que creeríamos acertado realizar un
    estudio actual acerca del uso de la herboristería. *********** **************** ***************

    Fuente: extraído parcial de
    INTRODUCCIÓN A LA COMPLEJIDAD HERBOLARIA DE LA MEDICINA TRADICIONAL MAPUCHE  Pampa-Patagonia Argentina: análisis multidisciplinario De: Ana Albornoz, Valentina Farías, Graciela Montero y Alicia Negri (GEAM Trabajo realizado para la Cátedra de Etnobotánica de la Universidad de Siena, Italia, y publicado en www.unisi.it/ricerca/centri/cisai/Albetal.doc en 2004.
    Tambien en : http://www.centroetnosalud.com/trabajos/Introduccion a la Complejidad Etnobotanica.pdf


    Bibliografía:

    Aguerre, Ana M. (2000): “Las vidas de Pati en la toldería tehuelche del Río Pinturas y el después”. Facultad de Filosofía y Letras, Universidad de Buenos Aires.
    Albornoz, Ana M. (1998): “La importancia de la visión antropológica en la práctica de la medicina en regiones multiculturales”. Disertación Ms. Jornadas Binacionales de Pediatría y neonatología de la Región Araucano Patagónica.
    Albornoz, Ana M. (2001): “La importancia del análisis antropológico en las fuentes etnohistóricas para la comprensión de la medicina aborigen actual”. Disertación Ms. Jornadas regionales de interculturalidad para la equidad en salud. Sociedad Argentina para la Equidad en Salud.
    Albornoz, Ana M. y Helena Aizen (1993): “La cultura mapuche, su pasado histórico y la actualidad en los barrios marginados de San Carlos de Bariloche”. Fundación Van Der Leer, Holanda.
    Albornoz A., R. Calfín, B. Carbonell, V. Farías (2000): “Medicina al plurale”. Vivereoggi Anno 2000, Milán, Italia.
    Alonqueo, Martín (1979): Instituciones religiosas del pueblo mapuche. Ediciones Nueva Universidad. Pontificia Universidad Católica de Chile. Santiago, Chile.
    Alonso, Jorge (S/F): “Plantas medicinales empleadas por los Mapuches”. Uso de actualización en Fitomedicina del Colegio de Médicos de Avellaneda (Buenos Aires). Sociedad Argentina de Antropología Médica. En: www.antropologiamedica.org
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