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2014 Julio
De Didáctica del Folklore Ismael Moya
 

De Didáctica del Folklore
    Ismael Moya

    Seleccionamos algún capítulo de esta muy útil obra (“El Ateneo” Bs As, 1948), dados su valores como presentación en el tema de apoyo a  la enseñanza  del Folklore.
    Los primeros, de  hecho circulan  sobre el origen del término,  las definiciones de folklore, el hecho folklórico y las doctrinas y métodos relativos (hasta su publicación),  así como sobre investigación y clasificación (capítulos I a V). Dentro del folklore literario (hecho tradicional, anónimo, transmitido por vía oral, no institucionalizada, funcional, etc, expresado en palabras) el capítulo VI, que usaremos a continuación se centra en las Especies Literarias, dejando para la próxima nota el Folklore en la enseñanza. Colocamos aquí una síntesis, necesariamente parcial, de lo escrito por el Prof. I. Moya.
    En esta nota abarcamos algo sobre mitos, tradiciones y leyendas:

    Mito: supone una acción a cargo de seres con facultades sobrenaturales. Se desempeñaban lo mismo en el escenario celestial que en el terreno. Pero sus pasiones eran las mismas del hombre mortal. Podían cambiar de apariencia, mas no lograban eludir  el influjo de la simpatía y el odio; los celos y el despecho; la ira y la venganza; la ambición y la mentira; la ternura y el amor sexual. Eran una proyección mágica del hombre, la cual, por eso mismo revestía caracteres de una superioridad ilimitada con respecto de las valencias y poderes del hombre común, que les hizo objeto de culto para obtener inmunidad frente a los peligros y alcanzar ventajas en todas las direcciones de su apetencia. Por eso los tratadistas dicen que una condición inalienable del mito es la liturgia, la devoción exteriorizada.(…) Pienso que todo mito supone la intervención de los sobrenatural: Y que dentro del sector mítico pueden caber en mayor o menor extensión la leyenda y aún la misma tradición. Por ello es acertada la idea de van Gennep (en  “la formación de las leyendas”, Paris, 1929) de que es asaz difícil establecer un límite categórico entre las especies narrativas porque unas y otras suelen compenetrarse, mezclándose los elementos constitutivos hasta hacer vacilar al investigador sobre la identificación de aquellas.

    Caben dentro de la esfera del mito:
    Los fenómenos físicos: luz, eclipse, noche, día, viento, rayo,trueno, lluvia, nieve, etc, con personificación divina
    El origen y actuación del mundo astral: sol, luna, estrellas aisladas, las constelaciones, Via Láctea, cometas; en sus acciones y transformaciones
    Orígenes de los Seres: el hombre, los animales por influencia divina: Animales que se ocultan en algunos fenómenos físicos.
    Origen de las plantas: por influencia divina.
    Origen de minerales: por influencia divina.
    Dioses, genios, demonios, tótemes,  en sus variadísimas figuraciones.

    La obra de Moya incluye variados ejemplos en cada tipo, de los cuales elegimos por caso aquí el tipo de Mito Metereológico:

    “El viento llegó a la selva convertido en un apuesto galán y enamoró a la hermosa Aramimbí (estrella). Hastiado de ese amor, porque él siempre fei voluble, se alejó un día. La desesperación de la niña alcanzó extremos de tragedia. ¡Tan puros habían sido sus sentimientos y tan honda su lealtad! Tupá, poderoso, dijo al viento: -No te desharás jamás de ella y la convirtió en rumor que sigue a todas partes al viento, ora llorando, ora llamándolo con silbidos, ora cantando”.

    La tradición:

    Como especie folklórica aparece rodeada de elementos con tangencias en lo maravilloso. Estos elementos acompañan a un hecho real comprobado, con proyecciones histórica y geográfica. Existen pues, dos factores determinantes: un episodio que es del dominio general, y una circunstancia que está fuera de las posibilidades humanas. Se puede poner ebn duda el sobrenatural origen de esa circunstancia, mas no el hecho concreto sobre el que se funda. No siempre la circunstancia paralela al hecho real es sobrenatural. Puede estar dentro del alcance del hombre, pero no hay pruebas fehacientes que lo respalden. Ejemplo de tradición es la del indio ciego, recogida por el mismo Moya en Dolores

    “El 30 de abril de 1821, las indiadas de Ancafilú y Pichuimán, dirigidas por el ex capataz de Miraflores, José Luis Molina, atacaron a la naciente población de Dolores, y luego de matar a la mayoría de los bravos habitantes que se defendieron con denuedo heroico, incendiaron los ranchos. Dice la tradición que una bellísima joven llamada Florencia, al verse tenazmente perseguida por uno de los lanceros de Pichuimán, arrodillóse y pidió a la Virgen de los Dolores amparo en tan amarga circunstancia. La Virgen oyó esta súplica y , cuando el formidable indio iba a hacerla cautiva, quedó repentinamente ciego; la infeliz mujer pudo entonces guarecerse en un tupido pajonal y allí estuvo escondida hasta que, días más tarde llegó un piquetes de blandengues y la condujo sana e inmune a la Guardia de Kakel.”

    a)    Hecho real: El asalto y destrucción de Dolores el 30 de abril de 1821 por los indios de Ancafilú y Pichuimán a quienes dirigía el ex capataz de Miraflores, José Luis Molina.
    b)    Hecho sobrenatural: El milagro de la Virgen.

    La leyenda:

    En la leyenda heroica, se fija un lugar geográfico. La acción está en la posibilidad humana e histórica. Pero no se acumulan pruebas de que tal hecho haya tenido realización, aunque las personas pudieran haber existido, lo que no es pro sí mismo testimonio de la efectividad del hecho (toma los casos de Don Rodrigo y el Cid Campeador, la tragedia del Conde Saldaña, etc, como ejemplo de que las hazañas reales fueron desmesuradas en su alcance por la imaginación hasta convertirlas en legendarias).  Ejemplo:

    Después de una reñida pelea entre correntinos leales al bravo Berón de Astrada y fuerzas pertenecientes a Rosas (el Dr Moya habla de la “tiranía”, término que este editor “traduce”, por no compartir el calificativo, aunque lo explicita. Algunas recopilaciones de leyendas no son políticamente inocuas) aquellos, agobiados por el número y las armas, retrocedieron hasta la misma laguna de Iberá. Allí se detuvieron para deliberar. El más viejo, curtido en cien entreveros, habló con la presura que los instantes exigían:
    -¿Quién de Uds quiere entregarse?
    Todos se miraron. Ninguno habló. El saboreó la dicha de mandar  un grupo de valientes sin renuncios ni aflojadas. Y dijo:
    -Tenemos pues, dos caminos: peliarlos hasta morir, o cruzar la laguna hasta las islas donde podríamos esperar más gente y volver para vengar al jefe.
    -Resuelva usté nomás, Ño Gómez.
    El cruce de la Iberá resultaba peligrosísimo, pero entre morir degollados y aventurarse a las marejadas traicioneras de la laguna en la esperanza de poder seguir la guerra por la libertad, prefirieron este recurso.
    Una descarga cerrada les hizo comprender que el enemigo ya estaba encima. Contestaron los tiros y se azotaron a la laguna. En la mitad de la travesía levantóse un viento huracanado y comenzó a llover. Se encresparon las aguas furiosamente y era tanta la fuerza de la correntada que el heroico pelotón fue dispersándose. Algunos caballos desaparecieron de la superficie. La noche cayó sobre la escena, una noche acribillada a relámpagos, resonante de truenos. Ninguno alcanzó la orilla.
    Desde entonces, dicen los comarcanos que en las noches tormentosas se levanta del fondo de la laguna de Iberá un rumor confuso de armas y voces, como se desde el otro lado de la muerte los héroes anónimos de aquella patriada quisieran recordarnos su abnegación cívica.



    La leyenda etiológica, cuyas tangencias con el mito y la fábula son a veces profundas. Ellas se refieren al origen de un animal o planta, como consecuencia generalmente de un drama desarrollado entre seres humanos, más aún si hay intervención fundamental de  factores divinos. Un ejemplo típico es la leyenda del Crispín:

    Vivía en la selva un matrimonio joven. Eran muy felices pero un día paso el diablo por allí buscando almas que perder, y con sus malas artes sedujo a la mujer que, sin acordarse de sus deberes, lo siguió durante muchos días.  Cuando el diablo la abandonó ¿adónde iba a ir sino a su rancho, dispuesta a suplicar perdón? Pero al llegar a la puerta, le dijeron que Crispín se había alejado para siempre llorando aquella traición. Y tan honda fue su pena que poco a poco se convirtió en ese pajarillo que anda inquieto entre los churquis de las lomas piando: -¡Crispín!, ¡Crispín!, nombre del esposo que ella había engañado sin querer.




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