Opciones
PrincipalIndexPrimer Simposio Nacional de la Danza FolklóricaSegundo Simposio Nacional de la Danza FolklóricaEnlacesQuienes somosMesa DirectivaAporte TeóricosArtículos PrestadosArmando PoesíasAves del PaísArtesaníaArtesanos de la VidaBreves HomenajesBoletín MensualCarnavalesCanal de You TubeCiclosColaboracionesComidasContando CancionesCONGRESOS NACIONALESCorreo de lectoresCumpleañosDanzas TradicionalesDebatesDevociones PopularesDiscosENCUENTROS NAC/ REGIONALESEscritoresEstudiosFestivalesFolklore de LatinoamericaFolklore LaboralFolklore LiterarioFolkloristasGastronomíaHomenajesHistoriaHistoria del CantoHumorInvestigaciónInstrumentos MusicalesJoyitas de RecuerdoLiteraturaLibrosLeyendasLiteratura FolklóricaMultimediaMedicina PopularMúsicaNovedadesNoticiasNuestros MaestrosObras IntegralesPartidasPelículasPinturaPonenciasPoetas de la TierraReflexionesRecuerdosPosicionamientosRegionalismosRegionalesReligiosidadTercer Certamen de CancionesDelegacionesVidas ParalelasContáctenos

Suscribase a nuestra gacetilla electrónica
Nombre:
e-Mail:

 

2014 Julio
MEDITACIONES ACERCA DEL FOLKLORE (Quinta Nota) Por Rafael Rumich
 
En esta sección publicaremos una serie de notas especiales de nuestro Académico Correspondiente, Rafael Rumich, formoseño de ley. Que está desarrollando su investigación , profunda como todas las que hace, sobre un tema muy especial. “demostrar  que el folklore (ya sea en la superficie o en el subsuelo) está en todos lados, en todos los saberes (científicos, artísticos, filosóficos, tecnológicos, como en los distintos ámbitos del saber, ya sea el provisto por los sistemas educativos o los adquiridos empíricamente), o sea  Filosofía del Folklore.


          

        MEDITACIONES ACERCA DEL FOLKLORE
    (Quinta Nota)

                                                                                  Por Rafael Rumich

        Lo que iniciamos como una serie de reflexiones acerca de la realidad, entendiendo a ésta como todo aquello que trasciende inevitablemente a la experiencia, nos permitió clarificar que la filosofía folklórica es el estudio de una variedad de problemas fundamentales acerca de cuestiones como la existencia, el conocimiento, la verdad, la moral, la belleza, la mente y el lenguaje, que se manifiestan en todos los ambientes humanos, espacios donde se torna evidente o coexiste subrepticiamente el folklore a través de sus más diferentes naturalezas, temperamentos y manifestaciones.
        En principio hemos especificado que el ejercicio filosófico permite descifrar o, al menos, trata de interpretar “la totalidad de las cosas por sus causas últimas, adquirida por la luz de la razón”, también hemos dilucidado que el folklore, en su infinita variedad como “cosa” esta presente de diferentes formas en esa “totalidad”.
        Para entender como se compone esa totalidad, debemos volver sobre el concepto “realidad”. Algunos pensadores concuerdan que ésta se ajusta a lo que es, o, mejor dicho, a lo que es en la actualidad, a lo que existe en el momento actual, en ese sentido, relacionan estrechamente a  lo que es y existe en la actualidad.
        Ahora bien, qué es lo que existe en la actualidad, o mejor dicho, qué es lo que debemos entender por actual. En principio, eso pone en jaque a la razón porque se genera un interrogante ¿hasta dónde alumbra la luz de la razón?, ¿ésta, tiene suficiente luminosidad para atravesar los muros de la apariencia y penetrar en el espació del ser y tomar contacto con la legítima y completa realidad o debemos aceptar como realidad solamente aquello que aparece como actual? En este punto emerge un nuevo interrogante ¿qué es lo que debemos entender como actualidad?, y, en consecuencia, ¿la razón humana ha avanzado lo suficiente para comprender todo lo que conforma y determina lo que es “actual”?. Indudablemente, esta es una problemática que tiene que dilucidar la metafísica, y, en este caso, nos atrevemos a decir, por los objetivos que persigue este apremio: la metafísica folklórica.
        Si la  realidad está determinada por lo que es en la actualidad, entonces, lo que deviene del pasado a través de la tradición o el inconsciente colectivo qué papel juega en esta concepción. Si la realidad es lo actual, dónde queda lo anterior, ¿se cortan los ligámenes?, ¿se trunca el bagaje psicosocial?, ¿se interrumpen las conexiones psicoculturales?, ¿se establecen periodicidades que marcan etapas que no se relacionan entre sí?
        Para responder este cúmulo de preguntas debemos recurrir necesariamente a la filosofía. En ese sentido, la que ingresa para indagar el contenido del campo de las nociones fundamentales, es la metafísica, o sea, la disciplina filosófica que se dedica precisamente a la clarificación e investigación de algunas de las nociones fundamentales con las que entendemos el mundo; tarea similar le corresponde a la ontología y a disciplina como la epistemología, la gnoseología, la axiología, la lógica, la ética y la estética, entre otros dominios del pensamiento humano.   
        Antes de avanzar en el desarrollo de este tema es conveniente dejar aclarado que existe una noción errónea en cuanto a la comprensión de lo que es la filosofía. La mayoría de las personas consideran que ella es un saber que para obtenerlo se precisa de una formación especial, erudita, ilustrada y forjada a través de años de intensa instrucción e intervención profesional; por el contrario, es la actividad más usual del hombre. Todo ser racional en algún momento de su vida, algunos con más asiduidad que otros, se enfrenta a cuestiones que afectan su existencia, en esa circunstancia emerge la pregunta ¿por qué? Para responderse, no necesita estudiar filosofía, simplemente asumir una actitud filosófica, o sea, filosofar, porque todos precisamos y hacemos uso del ejercicio racional que nos proporcione el conocimiento que aclare nuestras dudas; dicha revelación es el entendimiento que la razón humana demanda de manera  inmediata y espontánea, porque esa exigencia es tan común al comportamiento humano que incluso, la mayoría de las veces,  no nos damos cuenta que asumimos el acto de la indagación y nos dedicamos a examinar y reflexionar sobre lo que nos aqueja o que el pensamiento nos demanda.
        Cuando eso se produce comenzamos a “iluminarnos”, la luz de la razón se encarga de alumbrar las partes oscuras de nuestros espíritus y empezamos a eludir el cerco que nos tiene acorralados y sujetos al “mundo” al que nos introdujeron desde niños y en el cual crecimos con la idea que todo debía ser así; que aquello que nos rodeaba, circunscribe, y donde se desenvuelve nuestra existencia, ya estaba finiquitado, concluido, terminado, hasta que en algún momento de nuestras vidas, obligadamente, por diferentes causas que pueden llegar a afectarnos, nos preguntamos ¿por qué?
        Por lo tanto, si bien algunos son entendidos y duchos en ese hacer intelectual, a quienes comúnmente denominamos filósofos, no es necesario estudiar para introducirse por los senderos de dicho saber, simplemente hay que reflexionar racionalmente, que es la  manera más natural y corriente de  actuar de todo hombre.
        Si tomamos en cuenta los fundamentos a los que hemos recurrido, podemos sostener que no solamente la naturaleza, los elementos que la conforman, aquellos que son producciones o cosas transformadas por el hombre, los distintos componentes y acontecimientos de la sociedad, el pensamiento, los conocimientos, las diferentes maneras de relacionarnos entre los seres humanos y con la naturaleza, las creencias, las razones de la existencia de múltiples entidades, el cuestionamiento sobre el tiempo y el espacio, o los motivos que generan las casualidades o provocan las causalidades, todos ellos y mucho más, pueden ser objetos de análisis o especulaciones filosóficas, sino que cualquier persona, sea del sector sociocultural que sea y provenga de donde provenga, por el simple hecho de ser un ser racional, puede filosofar.   
        Estas observaciones explican por qué hablamos de filosofía folklórica. En ese sentido, si los términos anglosajones “folk” y “lore”, expresan “la sabiduría del pueblo”, y el término filosofía, vocablo proveniente del griego, significa “amor a la sabiduría”, si analizamos el significado de ambos debemos arribar a la conclusión de que entre ambas denominaciones y todo lo que implican, existe una estrecha conexión.

        Estos argumentos nos permiten detenernos en la definición de sabiduría. De por sí ella es muy amplia y determina diferenciaciones con los otros  saberes. Maritain (citado por Ferrater Mora) se refirió a una “armonía entre las sabidurías” y especialmente entre la sabiduría y las ciencias particulares. El filósofo francés sostuvo “que un mismo impulso que se transforma gradualmente, pero que siempre permanece, el impulso del espíritu en busca del ser, atraviesa esas zonas, heterogéneas del conocimiento, desde la más humilde investigación de laboratorio, hasta las especulaciones del metafísico y del teólogo, y aún hasta la experiencia suprarracional y la sabiduría de gracia de los místicos”. En pocas palabras, según esta observación, los saberes del hombre se transforman pero siempre, en todo este proceso del intelecto, el espíritu humano se pone de manifiesto, no solamente para hurgar en ellos, sino por considerarlos una unificación de las partes en un todo indivisible, es decir, aquel ser que según la concepción del espíritu  esta constituido por el conjunto de elaboraciones que darán como resultado lo que entendemos como sabiduría. Asimismo, debemos adentrarnos debidamente en lo que se formula cuando nos referimos al espíritu del pueblo. Hegel sostiene al respecto “que el sentimiento que un pueblo tiene de sí  y de sus posesiones, instituciones, costumbres, pasado, etc., constituye una entidad: es el Espíritu del pueblo”. Se trata –agrega- de que, “es un espíritu determinado por la historia”.   
        Si ampliamos nuestra mirada y relacionamos el pensamiento de diversos intelectuales que marcaron el camino del conocimiento humano, podremos empezar a comprender la real importancia de lo que llamamos folklore.

        En la actualidad, respondiendo a la compleja y caótica realidad en que  estamos inmersos, el filósofo Edgar Morin se decidió componer una corriente de raciocinio que ayude a mejorar el desenvolvimiento de las personas y por ende, de las diversas sociedades. Cuando el pensador francés tomó contacto con Suramérica descubrió un pueblo que por su conformación sociocultural y el futuro promisorio que le deparaba el atesoramiento de esa combinación de, muchas veces y para muchos,  insondables componentes. Contagiado por las particularidades que nutre a este espacio humano y advirtiendo lo propicio de sus óptimas y variadas condiciones emprendió la construcción de la doctrina de la transdisciplinariedad.
        El sabio había advertido y reconoció que la complejidad es el factor determinante de la composición de la realidad actual, que lleva al conjunto social a no comprender algunos factores, sin poder, por ello, encontrar respuestas adecuadas para enmendar las cuestiones que se nos presentan en distintos escenarios y de manera cotidiana. De allí que Morin, a través de su cultivado propósito, se opone  al aislamiento de los objetos del conocimiento, los restituye a su contexto, los reinserta en el espacio al que pertenecen.
        Si nos basamos en la postura de Morin sin duda encontraremos nuevas herramientas para entender qué es lo que implica el folklore, especialmente en este tiempo, y la desvirtuación que ha tenido por no percibirse desde un principio las implicancias y el alcance del folklore como sabiduría y como pueblo.
        Por eso el término cultura, teniendo en cuenta como hoy se lo define, merece ser reconceptualizado. De esta manera tendrá la oportunidad de adecuarse correctamente como e interactuar con la sabiduría. Si actuamos así podremos actualizar diferentes términos forjando el sentido y los significados  que nos exige la realidad en la cual actuamos, tales como: saber, grupo, individuo, comunidad, nación, pueblo, cultura, ciencia, arte, filosofía, folklore, sabiduría, sucesos, hechos y cosas.   
        Ya que mencionamos “hecho” tenemos que aclarar que a través del análisis de este término ingresamos a otra cuestión filosófica.
         Según Wittgenstein el mundo sólo consta de hechos. En principio debemos percatarnos preceptivamente que como acto lo hecho, hecho está, y si no se analiza este juicio en profundidad dicho concepto puede quedar como algo concluido, terminado, finiquitado (si no se le otorga un sentido y un significado diferente al orden establecido regido por pautas o criterios tipificados). En segundo lugar, percibir que los hechos no son cosas, pero cuando los hechos dejan de pertenecer al espacio lógico, resignan de ser tales para constituirse en meras cosas. Por lo tanto si lo aceptamos así y obramos en consecuencia, cercamos al acontecimiento (hecho o suceso, especialmente cuando reviste cierta importancia), lo encerramos. Esto tiene lugar, cuando no somos capaces de advertir las posibilidades que posee potencialmente (hacia delante y como generador de cambios) un hecho independientemente de su realización.
        En definitiva, los acontecimiento que concentran nuestra atención reúnen todas las condiciones de movilidad que precisan para tornarse en  vectores capaces de abrir nuevos caminos, ramificarse, para que como hecho lógico no se inmovilicen, encerrados en esquemas o paradigmas obsoletos, y, puedan sí, producir consecuencias que conciernen y conmuevan, a todos por igual, mediante la extensión y propagación de acciones, en una interconexión de ida y vuelta, que alimente y realimente el proceso evolutivo a partir de la esencia misma que le dio origen y sustento.
        Este proceso debe poseer total movimiento y expandirse, no unidireccionalmente, sino circularmente, o sea, un proceso que aparentemente pareciera no tener fin porque acaba en el punto en que empieza, pero que es un conjunto de razonamientos, interpretaciones y definiciones que relacionan y entrecruzan armando una trama nervuda y pujante con elementos que se explican recíprocamente y se propagan desde el punto en que se inicia a través de un movimiento que se irradia por el espacio a manera de ondas expansivas que se extienden o dilatan, ocupando cada vez mayor dimensión.
        El principal propósito que debemos perseguir en el campo folklórico debe ser perturbar el pensamiento,  inmutarlo, es decir, alterar y variar el “statu quo” imperante, para trastornar el estado que aún prevalece en casi todos los que formamos parte de la “comunidad folklórica”, ya que de manera contundente fuimos llevados a un estado de anomia o, simplemente, a la quietud, el sosiego, la pasividad y el consumismo, quitándole al Folklore su verdadero campo de pensamiento y acción.
        Estamos obligados a provocar una conmoción en el ánimo colectivo, manifestándola mediante la alteración de lo instituido por lo instituyente: nuevas medidas y acciones que propicien el ingreso participativo, activo y protagónico del pueblo a través de elementos y facultades que les pertenecen y están necesitando ejercerlas y mejorarlas.
        Propiciar la democracia cultural es incorporar e integrar a toda la sociedad argentina, haciéndola partícipe y protagonista de su propio destino y fundamentalmente, impulsar una existencia compartida en común unión, única manera de producir la revolución que precisa Argentina para definir, actualizar, posicionar y acrecentar la cultura nacional, en base a lo que somos y lo que debemos seguir siendo, para desenvolvernos fuertes y adecuadamente en esta realidad actual mundial tan compleja y cambiante que derrumba a los que no tienen buenos sustentos para afirmarse a la tierra y les impide construir su propio “mundo”.
        Hasta la próxima.



« Volver

 

CopyRight 2018 Academia de Folklore de la República Argentina | Todos los derechos reservados
Cap.Fed. Argentina 
Powered by Sistemas On Line