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2014 Agosto
ITINERARIOS DE LOS ESTUDIOS FOLKLÓRICOS EN LA ARGENTINA
 
Extraemos de  “ISSN 0325-2221- Relaciones de la Sociedad Argentina de Antropología XXXII, 2007. Buenos Aires.” un articulo que por su intensidad publicaremos en tres partes. Y cuya lectura recomendamos con pasión.

ITINERARIOS DE LOS ESTUDIOS FOLKLÓRICOS EN LA ARGENTINA

(tercer y última parte)

Martha Blache*
Ana María Dupey**

* CONICET. E-mail: mblache@fibertel.com.ar
** Instituto Nacional de Antropología y Pensamiento Latinoamericano, Universidad de Buenos Aires.
E-mail: ana.dupey@inapl.gov.ar


REFORMULACIONES DE LAS ORIENTACIONES DE LA DISCIPLINA EN EL ORDEN INTERNACIONAL
En las décadas de 1970-1980 se tornó cada vez más evidente que la sociedad folk, aislada y autosuficiente, se correspondía más con una representación ficcional que con un entramado social concreto. Ficción que permitía constituir al grupo folk en sujetos fijos entre quienes se efectuaban las recolecciones de material folklórico para su posterior análisis. Sujetos anónimos en quienes reposaba la elaboración de la tradición, en la que los folkloristas anclaban su nostalgia por el pasado y por un estilo de vida vernáculo, idealizado como “armónico” y al margen del conflic¬tivo cosmopolitismo. Por su parte, como anticipara el académico alemán Hermann Bausinger en su obra precursora, Folk Culture in a World of Technology ([1961] 1990), se observaba una expansión del folklore hacia otros ámbitos sociales. Se manifestaba en escenarios no-tradicio¬nales, circulando por canales distintos al de la oralidad, como la radio y la televisión, e incluso adquiría valor de cambio en el mercado a través de su explotación turística. Se combinaba con formas ajenas a las folklóricas hibridándose, como ocurría con la incorporación de instrumentos musicales modernos en bandas de músicos tradicionales. Se ponía en evidencia que las relaciones entre las manifestaciones folklóricas y la tecnología del mundo moderno no eran mutuamente excluyentes sinointeractivas. Estas cuestiones convocaron a los investigadores a distanciarse de los lugares consagrados de reflexión teórica -centrados en el origen del folklore asociado a los viejos tiempos, o en los grupos rurales como depositarios exclusivos de la tradición- y a repensar sobre las nuevas relocalizaciones de las manifestaciones folklóricas.
Por consiguiente, en el ámbito internacional la disciplina comenzó un novedoso itinerario intelectual relacionado con los cambios que se producían en la Lingüística en torno a los actos de habla y al uso social del lenguaje. Desde la perspectiva de Dell Hymes (1972) el Folklore podía hacer una valiosa contribución a la Sociolingüística porque aunque los lingüistas habían observado que el habla se habían dedicado mayormente al análisis de la dimensión gramatical del lenguaje; a su vez, los antropólogos habían estudiado el acto de habla y los usos sociales del lenguaje para alcanzar su contenido pero habían dejado de lado sus formas expresivas. Así, como lo destaca Dell Hymes ([1975] 2000), fueron los folkloristas quienes mantuvieron unidos las formas expresivas y su organización en géneros, los contenidos y las circunstancias y contextos sociales en las que se concretaban. Simultáneamente, los aportes de la Etnografía del Habla y la Sociolingüística fecundaron epistemológicamente al Folklore al poner énfasis en el proceso comunicativo, en las diferentes funciones del lenguaje y en la noción de actuación o performance (Bauman [1977] 1992). Pero los folkloristas le darán a este aporte su propia impronta, al analizar el uso destacado de los medios expresivos -acto artístico, forma expresiva, respuesta estética, según los autores- que se efectiviza en la actuación de un comportamiento y sus efectos sociales y culturales. Para ello privilegiaron el modo especial en el que los agentes sociales hacen uso de dichos medios expresivos en la actuación, atendiendo a cómo los participantes los ratifican o modifican conforme a las situaciones y
contextos sociopolíticos en los que se enmarcan. Al tomar en cuenta la manera en que las manifestaciones folklóricas son ejecutadas en la actuación se debilitaba una poderosa convicción teórica, dominante hasta el momento. En consecuencia, la idea de que las manifestaciones folklóricas eran residuos del pasado provenientes de condi¬ciones sociales y culturales pretéritas y, por lo tanto, tradicionales se reformula. La tradición ya no se concibe como la marca diacrítica más distintiva de lo folklórico sino como el esfuerzo que realizan los agentes sociales para situar, en tiempo y espacio, las manifestaciones folklóricas con el objeto de mantener vigentes los efectos sociales y culturales; en particular en términos de su papel simbólico en la afirmación y negociación de las identidades grupales.
Este giro hacia la actuación o performanceconmovió profundamente la práctica que venían realizando los folkloristas, dado que ahora se preocupaban por el proceso comunicativo en donde las manifestaciones folklóricas se concretaban. Antes que los textos fijos y permanentes -asumidos como
artefactos culturales- interesaban ahora los procesos que los habían generado. Pero el desarrollo de esta nueva línea de pensamiento presentó matices diferentes los cuales quedaron reflejados en el polémico libro Towards New Perspectives in Folklore,compilado por Américo Paredes y Richard Bauman y editado por la American Folklore Society (1972). En el mismo no se expone un modelo unificado sino que se proveen fundamentos teóricos para el análisis de las características expresivas del mensaje folklórico que permiten dar cuenta de los valores vivencia¬dos, subjetivamente, por los miembros de una comunidad. Si bien los folkloristas se preocuparon por las formas expresivas y los significados atribuidos en el marco de la acción comunicativa de los colectivos sociales sus intereses se extendieron a los problemas de identidad de los grupos folklóricos, a los sistemas de valores comunitarios que expresan, a la indagación de las tensiones y conflictos que los afectan, tanto internamente como en su interacción con otros grupos, y a las negociaciones que realizan para superarlos.

LAS INFLUENCIAS INTERNACIONALES EN LA PRODUCCIÓN LOCAL
Estos desafíos condujeron a los investigadores locales hacia nuevas reflexiones en torno a las categorías utilizadas por la disciplina, las que imprimieron direcciones novedosas en la inves¬tigación del Folklore. Una de las primeras folkloristas locales que aplicó estas orientaciones fue Susana Chertudi aunque su prematura muerte, en 1977, no le permitió continuar en esta línea de investigación. Ella utilizó su acabado dominio del método histórico-geográfico para incorporar, no sólo en el caso de la narrativa sino también de otras expresiones folklóricas como las devo¬ciones populares (Chertudi y Newbery 1978), los nuevos escenarios en los que se producían y los canales por los que se trasmitían. Y lo hizo siempre atendiendo a la especificidad de los procesos de localización del folklore conforme a la propuesta de ecotipo de Carl W. Von Sydow (1948).
Como investigadora de la narrativa folklórica había adquirido una valiosa experiencia en el trabajo de campo, la cual le posibilitó advertir las limitaciones que acarreaba circunscribirse a los textos registrados por el investigador fuera del contexto narrativo anticipando así la relevancia que la acción comunicativa tiene para el folklore (Chertudi 1977-1978). Puso de manifiesto cómo el texto es resultado de la interacción del intérprete con la audiencia, la que acepta, apoya o rechaza la manifestación actuada. A través de sus publicaciones dio a conocer los innovadores trabajos de los distinguidos folkloristas húngaros, Linda Dégh y Andrew Vázsonyi ([1976] 1988), que abordan el estudio de un género poco tratado en nuestro medio: la leyenda contemporánea. Dégh y Vázsonyi destacan el proceso social de transmisión de la leyenda contemporánea, su dinámica dialéctica y polifónica y el lugar que ocupa la creencia en la leyenda, así como su significación en los contextos urbanos modernos. Chertudi no sólo desarrolló estas líneas de trabajo en el ám¬bito del Instituto Nacional de Antropología sino también en la cátedra universitaria, a través de los Seminarios de Folklore que dictara en la Facultad de Filosofía y Letras de la UBA para los estudiantes de Antropología.
La producción científica de Susana Chertudi trasciende las fronteras de nuestro país y la proyecta internacionalmente como miembro fundador y vicepresidenta de la región sudamericana de la International Society for Folk Narrative Research, e integrante de la Société Internationale d’Ethnologie et Folklore y del Comité de Folklore del Instituto Panamericano de Geografía e Historia, respectivamente.
Aunque se dedicó a la investigación científica no le fue ajena la preocupación por la pro¬fesionalización de los antropólogos. En 1972 formó parte del grupo fundador del Colegio de Antropólogos de la República Argentina, institución que reúne a profesionales de las distintas ramas de esta ciencia entre los que están incluidos los folkloristas formados en el ámbito de la Antropología. En el mencionado Colegio se desempeñó como pro-secretaria del primer Consejo Directivo.

AVANCES LOCALES EN LAS NUEVAS DIRECCIONES DEL FOLKLORE
A partir de 1980 estas nuevas orientaciones comienzan a difundirse con mayor fuerza en nuestro medio, a través de la cátedra de Folklore General de la Facultad de Filosofía y Letras de la UBA y más de cuarenta artículos traducidos por la cátedra y publicados por dicha casa de estudios como Serie de Folklore. El propósito de esta serie era dar a conocer a los estudiantes los aportes fundamentales brindados por prestigiosos folkloristas extranjeros. Este giro hacia las nuevas perspectivas, que ponen el acento en el Folklore en acción y su comunicación, será retomado localmente -con algunos matices- en los proyectos de investigación realizados en la Sección Folklore del Instituto de Ciencias Antropológicas dirigidos por Martha Blache con la codirección de Juan A. Magariños de Morentín20 y, años más tarde, por Ana María Dupey. El centro de gravedad ya no estaba en el origen rural, en las características intrínsecas de la manifes¬tación ni en las meras descripciones sino en el comportamiento activo y reflexivo del ser humano. Comportamiento donde el lenguaje tiene un rol decisivo dado que está inserto en las actividades concretas de la vida cotidiana y, en este sentido, es constitutivo de dichas actividades. Teniendo en cuenta estos criterios, los comportamientos folklóricos son analizados en cuanto procesos de comunicación en los que el mensaje que se comunica -ya sea en su textura, significado o contexto- tiene una significación especial y responde a un código singular. Además se encuentra enmarcado de una manera particular para su interpretación, que no vale por lo que denota sino por lo que connota para quienes participan del evento comunicativo. Esa manera especial de interpretación se fundamenta en convenciones culturales que los participantes reconocen y a las cuales adhieren, porque promueven un sentido de pertenencia e identificación. Es el conjunto de las pautas de interacción social, las características de los medios de comunicación empleados, la acción simbólica desplegada por los participantes y el efecto identificador lo que permite deslindar la manifestación folklórica de la no-folklórica.
La implementación -con matices- de estos abordajes en distintos proyectos de investigación ha ido esclareciendo, a través de casos concretos, problemáticas sociales que tanto interesan a los folkloristas como a los antropólogos sociales. El Folklore fue perfeccionando el conocimiento sobre las situaciones y los contextos -ya sea textual, situacional, social y societal (Bausinger [1980] 1988)- en los que un grupo, a partir de su interacción con otros, constituye su identidad diferencial o alteridad. Al atender a los modos expresivos y a las operaciones cognitivo-simbólicas que se efectivizan en los procesos comunicativos se adentra en las posiciones y puntos de vista que sustentan los agentes sociales sobre sí mismos y sobre los otros con los que se relacionan.
Aunque en nuestro medio los trabajos de los autores de Towards New Perspectives in Folklore (Paredes y Bauman 1972) favorecieron la revisión de las perspectivas del Folklore presentaban también ciertas restricciones, dado que los análisis no establecían conexiones con el nivel macro¬social como señalan José Limón y M. Jane Young (1986). Esta cuestión, en cambio, se tornaba crucial en las propuestas locales. Interesaba la dinámica entre las prácticas de las manifestaciones folklóricas y el contexto societal que las constreñía, de allí que los esfuerzos teóricos y de investi¬gación se concentraron en su interrelación.
Para profundizar en esta dirección los trabajos teóricos de Martha Blache y Juan A. Magariños de Morentin (1980a, 1980b y Magariños de Morentin y Blache 1992)resaltan el nexo entre los códigos institucionales y las transformaciones simbólicas que sobre ellos realizan los agentes sociales, dando lugar a un código particular o metacódigo, expresado en comportamientos folklóricos distintivos. A través de tales comportamientos dan cuenta de una manera particular de percibir e interpretar la base institucional, y al ser dicha in¬terpretación compartida genera un sentido de identidad y pertenencia grupal. Esta perspectiva enfatiza las reelaboraciones que los agentes sociales hacen sobre la base institucional atendiendo, al mismo tiempo, a los elementos emergentes y creativos que desarrollan para expresar simbóli¬camente su identidad diferencial y orientar su acción frente a otros colectivos sociales.
Además, los precursores trabajos publicados en Towards New Perspectives in Folklore se
concentraban, mayormente, en el estudio sincrónico de la performance(Shuman y Briggs 1993: 115) pero no habían puesto suficiente atención en la dimensión histórica21. Por ello, Blache y Magariños de Morentin (1980b) proponen atender a dicha dimensión basándose en la noción de tradición, ya no asumiéndola como un rasgo intrínseco del Folklore -como lo venían
cuestionando investigadores como Dan Ben-Amos, ([1972] 1992)- o simple pátina del pasado sino como el proceso por el cual los comportamientos folklóricos, sea en su forma, significado o contexto de actuación, pueden ser modificados a través del tiempo. Pero estas modificaciones están sujetas a la condición de que mantengan la continuidad de los efectos identificadores y diferenciadores que tienen para los agentes sociales, y el modo en que éstos se relacionan con el contexto societal. Al enfatizar el proceso de tradicionalización del comportamiento folklórico no sólo se privilegia lo que se reproduce con respecto al pasado sino lo que cambia, lo que es novedoso e innovativo. Estas propuestas convergen con el estudio de la construcción social y cultural de la tradición que anticipara el folklorista Hermann Bausinger ([1961] 1990) y desarrollaran posteriormente Eric Hobsbawm y Terence Ranger (1983)22.
Estas líneas de trabajo han sido retomadas y enriquecidas por los aportes de investigado¬res como Flora Losada (2004) de la Universidad Nacional de Jujuy; Alicia Martín (2005) en el marco del Programa Economía Política de la Cultura. Estudios sobre producciones culturales y patrimonio de la Sección Antropología Social de la UBA; Mirta Bialogorski y Ana María Cousillas (1997) en sus
estudios sobre folklore ocupacional; Fernando Fischman (2005) en sus trabajos sobre performance y memoria social; María Inés Palleiro (2004) de CONICET en sus análisis sobre la narrativa folklórica; y Ana María Dupey (2004) a cargo de la Sección Folklore de la UBA, quien dirigió diversos proyectos referidos al folklore de los artesanos y la vigencia del criollismo en nuestro país -trabajando en estos últimos con Eva Bomben y María Ester Necuzzi (Bomben et al. 2006). También han realizado significativos aportes Nélida Giovannoni y María Inés Poduje del Departamento de Investigaciones Culturales de La Pampa23; los integrantes del Centro de Investigadores de Folklore de la provincia de Córdoba, y recientemente en el ámbito de la Universidad Nacional de Córdoba24; el Centro de Investigadores de Folklore en la provincia de Neuquén; el INAPL25 y el Instituto de Investigaciones Lingüísticas y Filológicas “Manuel Al¬var” de la Universidad Nacional de San Juan, dirigido por César E. Quiroga Salcedo26. También han brindado un sustancial aporte Ricardo Kaliman27 y su equipo de la Universidad Nacional de Tucumán.

SOCIALIZACIÓN DE LAS NUEVAS ORIENTACIONES DEL FOLKLORE
En la difusión de estas nuevas orientaciones ha tenido un papel relevante la Revista de Investigaciones Folclóricas28. Con más de veinte años esta publicación ha sido un canal que en forma continua -año tras año- fue dando a conocer los trabajos de colegas de la Argentina y también de Latinoamérica. Ha difundido localmente trabajos innovadores en el campo de la dis¬ciplina producidos en el exterior y de difícil acceso en nuestro medio y es una reconocida fuente de material bibliográfico para estudiantes de grado, postgrado y para investigadores. Su presencia en las bibliotecas universitarias, del país y del exterior, contribuyó a dar a conocer la producción local.
Del mismo modo, las reuniones académicas dedicadas a la disciplina han mantenido abier¬to el intercambio y la actualización de conocimientos en materia de investigación. El INAPL junto con el Departamento de Investigaciones Culturales de la Subsecretaría de La Pampa han organizado hasta ahora seis Jornadas de Estudio de la Narrativa Folklórica. Las mismas han ido ampliando su convocatoria, pasando del ámbito nacional al regional. En reconocimiento a esta labor la International Society for Folk Narrative Research (ISFNR) se asoció para la rea¬lización de las séptimas Jornadas, realizadas del 20 al 22 de septiembre de 2007 en la ciudad
de Santa Rosa. De este modo se amplía el intercambio local y regional hacia otros continentes -como África, Asia y Europa. Otras instituciones como el Área Transdepartamental de Folklore del Instituto Universitario Nacional del Arte, la Universidad Nacional de Córdoba y el Instituto de Divulgación e Investigaciones del Folklore Cuyano han sostenido la continuidad de jornadas y congresos dedicados a las investigaciones folklóricas. Además, la presencia de simposios de la especialidad en congresos nacionales y latinoamericanos de Antropología ha brindado la oportu¬nidad de profundizar el diálogo interdisciplinario.
Finalmente, deseamos agradecer a los editores de Relaciones por habernos convocado en este homenaje a la fundación de la SAA, que honra a los antropólogos. Ello nos ha dado la posibilidad de atraer la atención sobre el campo disciplinario del Folklore y manifestar sus configuraciones y reconfiguraciones pero, sobre todo, poder establecer nexos intertextuales entre nuestro relato y los de los colegas que nos acompañan en la empresa, manifestando la diversidad y pluralidad que alberga la Antropología.
Fecha de recepción: 6 de agosto de 2007
Fecha de aceptación: 12 de mayo de 2008

Notas

1 Samuel Lafone Quevedo (1888 y 1898) publica libros que versan sobre costumbres, cuentos y anécdotas tradicionales de la provincia de Catamarca. Adán Quiroga (1987) ofrece descripciones de fiestas, cultos y creencias del Noroeste. Eric Boman (1908) describe costumbres jujeñas de las punas y la Quebrada de Humahuaca y, al igual que Quiroga, vincula las tradiciones de los pobladores de tales regiones con las culturas prehispánicas. En tanto que Juan Bautista Ambrosetti (1917) transcribe relatos y creencias recogidas en Misiones, los valles Calchaquíes y en las Pampas.
2 Académico alemán, doctorado en Munich, fue contratado en 1897 por el Museo de La Plata para hacerse cargo de la Sección Antropología y durante 33 años residió en nuestro país. Se dedicó al estudio de dis¬tintas áreas destacándose, sobre todo, en las investigaciones folklóricas por su rigurosidad metodológica en la recolección y el análisis de la información. Publicó la serie de Folklore Argentino compuesta por siete volúmenes editados entre 1911 y 1928.
3 Utilizamos mayúscula cuando nos referimos a la disciplina y minúscula cuando aludimos a la manifes¬tación folklórica.
4 Los docentes que participaron pertenecían a las escuelas primarias dependientes del Consejo Nacional de Educación. Estas fueron creadas por la ley Nº 4974 del 30/9/1909 propuesta por Manuel Láinez, senador nacional de la provincia de Buenos Aires, motivo por el cual se las conocía como “escuelas Laínez”.
5 En las instrucciones para realizar la encuesta se advertía a los maestros que no debían recoger las tradi¬ciones de los inmigrantes, las que eran calificadas como exóticas por no ser de origen local.
6 No se alcanzaron los resultados esperados debido al desconocimiento de las técnicas de recopilación por parte de los maestros. Estos recogieron cuanto les dictaron y junto a géneros tradicionales apuntaban otros que no tenían arraigo en la población, dado que a menudo no estaban familiarizados con el lugar donde ejercían la docencia.
7 Tanto Ismael Moya (1948) como Félix Coluccio ([1965] 1993) se ocuparon de la enseñanza del folklore. Este último también publica el Diccionario folklórico argentino, cuya primera edición aparece en 1948 y la décima reedición en 2006.
8 En Informaciones, Sección IV, Revista del Instituto Nacional de la Tradición 1948 (1): 368.
9 Carrizo 1926, 1933, 1934, 1937 y 1942. También cabe mencionar la compilación de Di Lullo (1940) con prólogo y anotaciones de Carrizo.
10 De acuerdo al decreto Nº 15951 del 20/12/1943. A lo largo de su trayectoria cambió de nombre varias veces, actualmente se denomina Instituto Nacional de Antropología y Pensamiento Latinoamericano (INAPL).
11 Ver Chertudi 1960 y 1964.313 Martha Blache y ana María Dupey – ItInerarIos De los estuD os folklórIcos en la argentIna
12 Por Decreto Nº 32456/44 del presidente Farrel.
13 Ercilia Moreno Chá desarrolla esta línea de trabajo como investigadora del Instituto Nacional de Antro¬pología entre 1971y 1979.
14 Entre las inéditas figura la Antología del Tango Rioplatense (1980) y entre las reeditadas dos obras de Carlos Vega. (1986 y 1981), además del libro de Juan María Veniard (1986).
15 Stavenhagen (1966) afirma que ambas estructuras en Latinoamérica corresponden a un mismo proceso y que una crece a expensas de la otra.
16 Ambas publicaciones están prologadas por Augusto Raúl Cortazar.
17 Esta investigadora fue una de las primeras antropólogas de nuestro país que se formó en la Universidad de Chicago, centro académico relevante en Antropología Social, donde obtuvo su doctorado en 1964. Fue responsable del área de Antropología Social del Instituto Torcuato Di Tella y al crearse el Centro de Antropología Social, en el IDES, lo dirigió hasta su fallecimiento en 1990.
18 Ratier publica en 1969 y Bilbao en 1968-1971.
19 Al respecto Martha Blache analiza las creencias de residentes paraguayos en el conurbano bonaerense; Elena Chiaffitella y Lucía Barzzizza efectúan estudios en Villa Comunicaciones en el barrio de Retiro en la Capital Federal y Andrés Spinelli y Raquel González en el barrio Budget en la provincia de Buenos Aires. En el Seminario de Tesis en la especialidad Folklore se realizaron estudios sobre canonizaciones populares vinculadas a líderes políticos y asociadas a problemáticas económico-laborales.
20 Los proyectos estuvieron financiados por la UBA, el CONICET y la Agencia Nacional de Promoción Científica y Tecnológica. En dichos proyectos participaron investigadores de distintos ámbitos acadé¬micos: Mirta Bialogorski, Eva Bomben, Ana María Cousillas, Mauro Dobruskin, Josefina Fernández, Fernando Fischman, Rodolfo Florio, Ana Kats, Viviana Liatis, Flora Losada, Alicia Martín, María Ester Necuzzi, Martha Solari y Carmen Vayá de la UBA; Patricia Coto, María Teresa Poccioni, Mauricio Pascuali, Verónica Piovani, Sergio Vázquez de la Universidad Nacional de La Plata; Elena Hourquebie de la Universidad de Morón y Mabel Prelorán de la University of California, Los Angeles, UCLA, y Silvia Balzano del CONICET.
21 Hay excepciones como el trabajo de Richard Bauman [1986] 1991.
22 Ver Introducción pág. 1-14.
23 Ver Giovannoni y Poduje 1988, Poduje 2001.
24 La Escuela de Artes de la Facultad de Filosofía y Humanidades de la Universidad Nacional de Córdoba ha realizado distintas ediciones del Congreso Universitario de Folklore y de las Jornadas de Arte Popu¬lar, en las que se debatieron y presentaron resultados de investigaciones relacionados con las actuales perspectivas del folklore.
25 Cabe destacar los trabajos realizados por los investigadores Luis Amaya, Silvia P. García, Ercilia Moreno Chá y Cecilia Pisarello.
26 Además, merecen destacarse los trabajos que vienen realizando los profesores y los egresados de la reciente Licenciatura en Folklore del IUNA; de los docentes investigadores de las cátedras de Folklore y de Folklore y Etnología en la Universidad del Salvador; de la cátedra de Literatura y Folklore en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Católica Argentina, y los investigadores del Centro de Estudios Folklóricos “Dr. Augusto R. Cortazar” de la Universidad Católica Argentina.
27 Ricardo Kaliman, dirige el Proyecto de Investigación Identidad y Reproducción Cultural en los Andes Centromeridionales, patrocinado por la Universidad Nacional de Tucumán, Facultad de Filosofía y Letras, Instituto de Historia y Pensamiento Argentinos.
28 Alojada en el sitio de internet: www.investigacionesfolcloricas.com
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