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2014 Agosto
MEDITACIONES ACERCA DEL FOLKLORE
 
En esta sección publicaremos una serie de notas especiales de nuestro Académico Correspondiente, Rafael Rumich, formoseño de ley. Que está desarrollando su investigación , profunda como todas las que hace, sobre un tema muy especial. “demostrar  que el folklore (ya sea en la superficie o en el subsuelo) está en todos lados, en todos los saberes (científicos, artísticos, filosóficos, tecnológicos, como en los distintos ámbitos del saber, ya sea el provisto por los sistemas educativos o los adquiridos empíricamente), o sea  Filosofía del Folklore..
   

MEDITACIONES ACERCA DEL FOLKLORE
(Sexta Nota)

                                                                              Por Rafael Rumich
A partir de la posición teórica que hemos ido adoptando con respecto al folklore, luego de un largo proceso de investigación, reflexión y análisis, la conclusión a la que hemos arribado se funda, entre otras cuestiones, en la necesidad de introducir en este marco epistémico nuevas hipótesis que ayuden a dilucidar y comprender la amplia diversidad que engloba esta disciplina, que, indudablemente, excede el reducido contexto al que fue sometida, limitando y obstaculizando la posibilidad de desarrollo y trascendencia de la capacidad generadora que potencialmente posee. Sugestivamente estas condiciones, a pesar de sus innegables atributos, aún no han sido tomadas en cuenta y reconocidas en razón a su envergadura y significación. Debemos adquirir conciencia plena de estas viabilidades, puesto que, tanto hacia el interior, como desde afuera del ámbito objetual y el campo conceptual, en la actualidad no poseemos una clara noción de qué es lo que “tenemos entre manos”, es decir, no hemos comprendido verazmente qué implica el folklore; para ser más precisos, debemos admitir y tener en cuenta el cúmulo de conocimientos que puede producir, que por diversos motivos aún no tienen tratamiento y aplicación efectiva, quedando sus logros constreñidos al espacio de  la reducida contextura a la que fue comprimida. Precisamos pues efectuar un planteamiento objetivista y subjetivista. Es preciso, en ese sentido, que desarrollemos una determinada estrategia conceptual (Haberlas: 1997). En el caso específico de la disciplina con la que estamos involucrados y comprometidos, tenemos que forjar una estrategia conceptual que permita otorgar, en la construcción lingüística y en la práctica comunicacional, el correcto significado que requieren los términos que precisamos utilizar en el folklore, haciendo posible su fecundidad mediante la aplicación de los mecanismos y herramientas que sean indispensables utilizar.
    Si se logra dar un giro y propiciar un cambio de la configuración que aún persiste, el folklore dejará de mantenerse como una estructura supeditada a esquemas inamovibles, y, para bien de la disciplina, servirá para tender puentes que la relacionen con diferentes saberes, aquellos que por sus logros han podido agrupar conocimientos en el grado más alto de su competencia y dominio.  
    Los avances de tales saberes y la ubicación obtenida en el universo del conocimiento humano son resultados de un proceso irregular pero ininterrumpido, aunque no siempre convivieron en connivencia los pensamientos ni las posturas en que se sostenían o se sostienen.
    Josetxo  Beriain expresa al referirse a los fundamentos de una compilación de autores, textos y temas sobre ciencias sociales, que vertebrar a la reflexión en torno al estudio y análisis de los presupuestos, elementos y proceso que hacen posible históricamente la configuración mental y espiritual de la producción social del individuo y la misma realidad social su ineludible interrelación es el propósito de dicha colección (Mardones, José Mª: Filosofía de las ciencias humanas y sociales.2003)
    Mediante el aprovechamiento de la facultad intelectiva aplicada por el hombre durante el desarrollo de las  sucesivas fases del recorrido que realizó durante la edificación de la historia del pensamiento humano, construyendo y acrecentando todo el bagaje que hoy poseemos, que es  resultado de lo logrado desde sus orígenes hasta nuestros días, saberes que indefectiblemente tienen que conectarse e interactuar juntos, puesto que en definitiva pertenecen y hacen a la naturaleza y el orden de la humanidad, ésta no puede estar disgregada en cuanto a lo más válido y fecundo de sus creaciones: el conocimiento y las  elaboraciones que emergen de sus aplicaciones.
    Por eso, en busca del enriquecimiento de la actividad intelectiva, el abordaje que hacemos del folklore lo efectuamos desde diversas perspectivas e incursionamos en la realidad en que estamos inmersos desde todos los ángulos, procurando no quedar enclavados en ninguna tendencia o corriente de pensamiento, más bien, desde nuestra postura transdisciplinar, intentamos utilizar los distintos puntos de vista y abrirnos a todas las inclinaciones y preferencias, tratando de aprovechar holísticamente todas las alternativas que se han generado durante el largo transcurso de la constitución del pensamiento humano.
    Esta cobertura holística nos permite orientar la observación desde distintas miradas y, utilizando las herramientas que nos brindan la filosofía, la teología, la ciencia, las artes y la tecnología, poder contemplar de hito en hito la realidad, entrecruzando las percepciones, propiciando el tejido de una trama comprimida y densa que cubra los espacios incompletos, posibilitando la  indagación hacia el interior de esa espesa complejidad a fin de percibir y detectar cómo el folklore sobrevive y se moldea de acuerdo a los cambios que se originan mediante la transformación que se va produciendo en la sociedad.
    Una cuestión que tenemos que tener en cuenta es que, en la actualidad, hay campos del conocimiento que están delimitados, que se desenvuelven hacia el interior de cada uno, pero, por distintas causas, sus  componentes no se relacionan entre sí, salvo raras excepciones, provocando desarticulaciones y obstáculos, especialmente en lo que concierne al uso de las herramientas epistemológicas o metodológicas que se utilizan en cada sector. Esto se debe a los propósitos y objetivos que se persiguen de acuerdo a las finalidades establecidas por cada uno de estos espacios del saber. Cada uno de ellos se han organizado en dominios, sectores, especialidades y categorías, pero asimismo han impuesto límites y marcado divisorias.
    Estos profusos campos del conocimiento, como ya adelantáramos, se denominan saber, y, el conjunto de ellos, saberes. Es decir, el mundo del conocimiento está conformado por estas voluminosas áreas y, en la mayoría de los casos, marchan paralelamente, pero, así también, no se conectan y, menos aún, interactúan juntas.
    Además, en función de las particularidades, alcances y orígenes de cada saber se puede hablar de saberes espontáneos,  empíricos, instintivos, intuitivos, racionales, prácticos, filosóficos,  simbólicos,  descriptivos y prescriptivos, por citar algunas categorías posibles a modo de referencia. (http://tipos-de-saberes)
    Tales saberes, atendiendo las categorizaciones formuladas, no son generados solamente en el seno de los sitios académicos, científicos, filosóficos o de la educación sistematizada, muchos de ellos constituyen y componen el amplio universo de los sectores que no forman parte de ese ámbito del conocimiento, pertenecen también al resto de la sabiduría del pueblo.
    En este punto debemos aclarar que el pueblo está constituido por todos los sectores que conforman una nación, una región, una provincia, una comuna o un espacio rural. En tal sentido, algunas personas integran las comunidades académicas, otras no, pero todas por pertenecer al pueblo, de alguna manera son portadoras de algunos elementos de la sabiduría general. Ese patrimonio es un factor que ningún conocimiento erudito puede acaparar, erradicar ni extirpar totalmente; siempre acompaña y acompañará al hombre, tenga  la formación o instrucción que tenga, porque cada individuo es parte del pueblo y todo pueblo es portador de una sabiduría común, por lo tanto, si folk significa pueblo y lore sabiduría, todos de alguna manera tenemos en nuestra constitución como seres humanos que somos algún elemento o fenómeno folklórico. No nos podemos escabullir de esa condición, es inherente a nuestra condición humana y nada ni nadie, ninguna situación sociocultural, económica, religiosa o lo que fuere, nos puede separar de esa condición original.
   He aquí el fundamento más importante de la existencia del folklore: todos los saberes se manejan dentro de sus límites y por esos andariveles se desarrollan; el folklore, que también es un saber, no se despliega paralelamente a los otros, sino que los atraviesa horizontalmente tomando contacto con todos y, si una porción de la sabiduría del pueblo es parte de la constitución biopsico socio cultural de cada uno de nosotros, ostentamos esas características, no solamente por ser una condición inherente a la naturaleza humana que arrastramos con nuestra forma de ser y deviene con nosotros desde los orígenes mismos de nuestra conformación como especie, sino porque nos construimos permanentemente y desarrollamos por acción e intervención de la sociedad. Por eso somos sujetos sociales, porque estamos construidos y sujetados por la sociedad de acuerdo a los moldes y esquema que nos impone. Asimismo, por tal razón, en cada uno de nosotros hay, en mayor o menor grado, una constitución y una conducta folklórica.
   El que no acepte esto, puede efectuar la tarea de viajar hacia su interioridad y examinarse, sin lugar a dudas se encontrará con distintas manifestaciones conductuales  y estados mentales difíciles de explicar, porque otro de los fundamentos básicos de nuestra relación con el folklore es que somos portadores de algunos ingredientes proporcionados por él, pero por ser tan comunes y cotidianos no los percibimos ni nos damos cuenta que ya forman parte de nosotros.
   Como expresó Kant, la reflexión no se ocupa de los objetos mismos con el fin de derivar de ellos directamente conceptos, sino que es un estado de la mente en el cual nos disponemos a descubrir las condiciones subjetivas bajo las cuales podemos llegar a los conceptos. Es la conciencia de la relación de representaciones dadas a nuestras distintas fuentes de conocimiento. (Ferrater Mora: Diccionario de Filosofía: 1999.). En fin, tenemos que aprender a observarnos para distinguir y apreciar quiénes somos en definitiva.
    Desde sus orígenes, la humanidad trató, impulsado por el sentido personal y gregario, de evolucionar relacionándose e interaccionando con otros similares a él, sus congéneres. Así se constituyeron las hordas, las tribus, los clanes. Al principio, nuestros antepasados, para sobrevivir, eran trashumantes, errantes, nómades. Al igual que los demás animales se trasladaban de un sitio a otro mediante lo cual la naturaleza les proveía de los elementos necesarios para la subsistencia. Luego empezaron a establecerse en determinados lugares, los más pródigos para la manutención y el sustento individual y comunitario, especialmente los que proveían del elemento más vital, el agua, hasta que terminaron por transformarse definitivamente en sedentarios. Pero el hombre nunca dejó sus costumbres iniciales, atávicas, ni tampoco sus ansias de conocer, descubrir y  ganar nuevos territorios. Estas apetencias lo impulsaron a conquistar nuevos territorios. Cuando ya no hubo lugar por dominar en el planeta tierra puso su vista en el amplio espacio universal, no para descifrarlo, sino para conquistar y habitarlo.
     Así fue desde el comienzo. Desde el origen mismo el hombre desafió todas las vicisitudes, superó todos los obstáculos y se propuso desenfrenadamente en convertirse en el protagonista principal de esta genial aventura, que cada vez que insinúa extinguirse, pega un giro y vuelve  a revivir. Por eso cada tiempo forja su narrativa y siempre hay algo nuevo para relatar. Este empeñoso procedimiento nos permitió construir una larga historia. Al volverse nuestros predecesores en sedentarios, se fortaleció en ellos la pulsión colectiva del dominio y defensa del territorio.
Así nacieron las aldeas, las polis, las civis, los castillos, el burgo, las aldeas, las villas y las urbes; en cada uno de esos espacios colectivos fueron emergiendo, a fin de satisfacer diferentes necesidades, las instituciones políticas, religiosas, jurídicas, militares, educativas; consecuentemente se levantaron  edificios y monumentos, surgieron las civilizaciones y con ellas se consolidaron los saberes, o sea, la manera  de tratar de encontrar, mediante la práctica y la experiencia, la interpretación y explicación de lo desconocido recurriendo al ejercicio de la inteligencia y su práctica. A través del desciframiento de lo desconocido y la necesidad de explicarlo, surgió el intento de poseer la certeza de lo que iban produciendo y la verdad del por qué la existencia individual y social se iba comportando de distintas maneras. Cada espacio tuvo su ámbito de debate. Los saberes marcaron sus límites y hacia dentro de esos  dominios, en la medida que el hombre evolucionaba cognitivamente, iban evolucionando y
transformándose. De allí  que, por lo que tratan y cómo lo tratan, cada saber se vio obligado a  desenvolverse autónomamente en su propio espacio. Pero cada saber, por las exigencias que le impone la realidad que cambia permanentemente, se ve obligado a abrir nuevos caminos y desplegar alternativas inéditas para construir conocimientos superadores, lo que hace que se construyan nuevos conocimientos, surjan distintas especialidades y algunas sucumban puesto que la misma experiencia se encarga de demostrar que lo aparentemente novedoso persiste un tiempo pero luego es superado por nuevas matrices u otros paradigmas.
    Por los intersticios de los diferentes saberes fluye el folklore, porque el contenido y alcance que éste  involucra no es exclusivo ni específico de una simple disciplina, sino, como lo expresa su inicial denominación, es la sabiduría que gesta y baña todo el pueblo, es decir, que tiene como ámbito de desenvolvimiento todo el contexto social  y por lo tanto es un material que debe ser estudiado por todos los saberes. Eso determina la amplitud del folklore como materia y al Folklore como una mega o meta disciplina.
    Si permitimos que esta realidad se reduzca a lo que hasta ahora concebimos como folklore, estamos totalmente equivocados. Es preciso que con urgencia nos pongamos a analizar que se entiende y que alcance tiene la categoría de análisis sabiduría del pueblo, o lo que es lo mismo: folk y lore.
  Caso contrario vamos a tener que aceptar la descripción que hacen algunos autores acerca que el folklore es un producto de la modernidad en oposición al industrialismo, cuando, sin embargo, es la condición que trae el hombre genéricamente desde el inicio como especie humana, cuando dejaba de ser un primate para transformarse en homínido y no había clases sociales, religiones, monumentos, el mito empezaba a constituirse en el primer relato y   procuraba cambiar el lenguaje de las señas por sus iniciales manifestaciones guturales, dando paso al habla con que intentaba articular algunas palabras, temía al trueno, al rayo, la oscuridad, temblaba de frío, ingería hiervas y frutos y comía carne cruda porque ni el fuego conocía.
    Por eso, porque nos falta descifrar y comprender muchas cosas, desde estos artículos hemos tratado de implantar las preguntas que, por qué, cuándo y dónde. Puesto que necesitamos encontrar el camino que nos acerque al origen de las cosas, estamos obligados a utilizar la linterna cuya luz nos va a permitir la revisión de muchas corrientes .y posturas de pensamiento.
   Para concretar ese propósito debemos ser cómo Sócrates, despojarnos de la soberbia de creer que sabemos todo. La lucha por encontrar nuevos paradigmas nos va a ayudar a avanzar hacia delante, caso contrario podemos perder el sendero. La mala interpretación del término folklore es el ejemplo evidente que hemos cometido una gran equivocación, creer que nuestra disciplina  comenzó con la designación de Thoms: nos quedamos en el término, nunca indagamos que es lo que ansiaba demostrar el científico inglés. Le pusimos fecha de nacimiento y con ese acto marcamos un punto como el inicio de la historia. Nunca nos preguntamos el porqué del interés del anticuario londinense ni que pretendía con su propuesta.
Por eso el mejor instrumento, la brújula que debemos utilizar para transitar es el cuestionamiento; este ejercicio intelectual se funda en la indagación que busca responder preguntas.
   
Por lo  tanto para la confección de estos artículos, y con el propósito de aportar epistemológica y axiológicamente desde la filosofía del folklore a la comprensión de este voluminoso material, seguiremos recurriendo a la postura propuesta por Descartes al plantear la  duda metódica, es decir, sugiriendo y tratando de hallar respuestas concebibles que le otorguen sentido y significado correcto a tantos términos que se utilizan en el campo de los estudios folklóricos.
    Debemos plantear nuevas hipótesis, entendiendo que su ejercicio es básico para la evolución de toda disciplina o a las  partes que la componen. El folklore por sus condiciones, elementos, características y alcance es un saber más, como todos los otros, solamente que distinto, por eso puede interaccionar con todos ellos, porque sus componentes, consciente o inconscientemente forman parte de la constitución del sujeto social, ya sea este individual, grupal o comunitario, tenga el conocimiento que tenga y se desempeñen en la profesión u oficio que se desempeñen.
    A esta altura del camino cabe preguntarnos ¿no habrá llegado el momento de cuestionarnos todo y de replantearnos los diversos conocimientos con los que nos manejamos? De lo primero se encarga la filosofía, de lo segundo, la ciencia. Lo que se manifiesta paralelamente a esos dos grandes saberes, es lo que queda librado a la inspiración sensible del espíritu humano, o sea, el arte. De lo que creamos, más allá de nuestros alcances intelectivos y según la fe que poseamos, ya pertenece al religare
o religión. Todos ellos están atravesados por un factor que deviene desde siempre y nos acompañará por siempre, es la que llamamos sabiduría del pueblo, y constituye la marca más fuerte que porta el género humano, esté donde esté, es producto de la pulsión más profunda e intensa del hombre, una mochila que  estamos predestinados a llevar a todos lados y de la cual no podemos desprendernos. El que crea que lo puede enlazar, separar de la manada, domarlo y domesticarlo, está totalmente equivocado. .
    Hasta la próxima...


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