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2014 Septiembre
2014 Septiembre
Dicen Salas y Piñeyro, en “los Gauchillos Correntinos”, que un enfoque en la vida y el ...
 

Dicen Salas y Piñeyro, en “los Gauchillos Correntinos”, que un enfoque en la vida y el quehacer del gaucho Correntino con una perspectiva diferente en la que el protagonista adquiere una actitud antisocial y se manifiesta como Bandolero rural, lo que en esa provincia se concoce como gauchillos alzados.
De su investigación sobre las razones que motivaban a alzarse aprecian dos grandes ejes conceptuales opuestos en que lo Sacro, que abarca la cultura impuesta y un Mesianismo con su ideología venidos de afuera, es contestado por lo profano, la actitud de rebeldía de los Gauchillos. Y consideran para ello los factores como el hábitat natural, el sistema sociopolítico histórico ( que los excluye) la cultura impuesta como factor desintegrador y el sistema religiosos sincrético como factor integrador; la historia provinciana, los mitos  y leyendas y la cosmovisión guaraní.


Un ejemplo sería Aparicio Altamirano

En el libro del escritor Froilán Blanco, nacido en San Luis del Palmar, "Aparicio Altamirano, El Último Gaucho Alzado", obra de fuerte raigambre tradicionalista y sobre la identidad del correntino
               

se realiza una novelización de las investigaciones acerca de este personaje real,realizada por el doctor Miguel Ángel Aguirre- y que expresan fielmente el compromiso del autor con el correntino, su identidad y su dignidad.

Eso es lo que expresa Aparicio y lo que promovió el interés de Froilán Blanco que en este caso buscó a toda costa preservar el contenido de la fuente investigativa que demandó a Aguirre años de trabajo. Su propósito es exhibir a ese ser indómito que fue el gaucho alzado, leal y valeroso, que no reparaba en riesgos para enfrentarse a los personeros del poder, cuando su dignidad o la suerte de su pueblo estaban en juego.

¿Quien era?

Aparicio vivía en la casa de sus padres y corrían tiempos violentos en la lucha contra el llamado cuatrerismo. Las aventuras de Altamirano y el creciente culto a los gauchos de la tierra lo convirtieron en leyenda. Se hicieron muy comunes las historias de emboscadas policiales fallidas en gran medida por la inteligencia, sagacidad y capacidad de observación de Aparicio.
La veneración al gaucho Aparicio Altamirano se origina y expande desde la provincia de Corrientes, región centro y sureste, en las costas del Paraná. Proviene de personajes, usanzas, prácticas y costumbres criollas con escasa influencias de los ritos cristianos. Uno de los primeros ritos en los cuales se ofrendaron balas y puñales en honor al "santo". Los investigadores e historiadores coinciden en que se trató del último gaucho en desarrollar un culto en su entorno. De su vida se guardan registros e inclusive imágenes fotográficas.
Los principales departamentos donde se puede recoger el anecdotario son los de Bella Vista, Mburucuyá, Caá Catí y Empedrado.

Historia: Según la profesora Marta de París, nació el 14 de septiembre de 1873. Según autores revisionistas el mes de nacimiento es del de octubre. El lugar sin embargo es coincidente en ambas versiones, la región del Paiubre, actual territorio del departamento de Mercedes en la provincia de Corrientes.

En la localidad correntina de San Roque se produjo el primer capítulo de las andanzas de Aparicio Altamirano. Era el año 1891 y un joven paisano de voluntad emprendedora fue acusado de robo de ganado y faena ilegal por un estanciero de la región.
Aparicio vivía en la casa de sus padres y corrían tiempos violentos en la lucha contra el llamado cuatrerismo.

El clima que se vivía puede calificarse como el de las antiguas cacerías de brujas. Bastaba el rumor o el comentario malicioso sobre la conducta de cualquier ciudadano para que las autoridades lo detuviesen y amonestasen.

Altamirano contaba con tan sólo 18 años de edad y la partida que se envió para detenerlo era modesta y nada pudo hacer para detener su fuga. Se cuenta que inclusive, en su descuido, uno de los efectivos perdió su caballo a manos de Altamirano, siendo ésta su primera montura para el escape.
 
Las aventuras de Altamirano y el creciente culto a los gauchos de la tierra lo convirtieron en leyenda. Se hicieron muy comunes las historias de emboscadas policiales fallidas en gran medida por la inteligencia, sagacidad y capacidad de observación de Aparicio.
Realizando comparaciones con otros personajes de mitos universales se puede encontrar en Aparicio un Ulises criollo. Es el conocimiento del suelo, del viento, del comportamiento de los animales y hasta de los seres humanos lo que utilizaba el gaucho para adelantarse a su perseguidores.
El juego finalizó cuando Aparicio Altamirano fue rodeado en un rancho en la campiña de San Roque, donde vivía con su pareja y su hijo pequeño.
 Durante el primer ataque de las partidas pereció el hijo de Altamirano lo cual desmoralizó y aturdió al gaucho.
Luego fue llevado al lugar su padre quien intervino para lograr su rendición.

Siendo el padre de Aparicio Altamirano un militar veterano y de gran respeto en toda la región, tras la entrega de la temida Remington del gaucho, se le brindó un salvoconducto para el entierro del menor y luego se le condujo a la mítica cárcel de Corrientes capital.
Aparicio Altamirano permaneció detenido por diecisiete años al lado de muchos de los criminales más temidos en la región y aún entre ellos supo ganarse la fama de hombre justo y peligroso.

Durante la segunda noche del carnaval de 1904 un grupo de forajidos confabulados logró una de las fugas más grandes de aquella instalación carcelaria.
Para salir de la ciudad durante la cacería humana iniciada, Aparicio Altamirano se unió al Paraguay Villalva, a Rolón Caré (Rolón, el Tuerto) y a Olegario Alvarez, quien asumió el liderazgo del grupo.

Según la tradición, en los primeros meses los prófugos se escondieron en el Monte Luciano "Luchí Caavig". Formaron una primera posta e incorporaron nuevos paisanos a su banda. Este gran grupo es el que cabalga y protagoniza múltiples episodios recordados aún en los departamentos de Empedrado, Mburucuyá, Caá Catí y Bella Vista.

Siendo conocidos defensores de las ideas de Juan Ramón Vidal, del Partido Autonomista y opositores a las políticas de colonización promovidos por la Nación en el marco de sus planes de inmigración, tanto Aparicio como Olegario obtuvieron favores de algunos terratenientes de filiación colorada. Sin embargo sus dominios eran los caseríos pobres donde se los trataba con temor, respeto e inclusive admiración.
Dentro del grupo de forajidos famosos Aparicio Altamirano se destacaba por su aspecto "agringado", su caballo blanco y la velocidad con la cual lograba evadirse de los hombres de la ley.

Para completar su leyenda y emulando a hombres como Antonio María y Antonio Gil, buscó durante algún tiempo refugió en la base de un gran ombú. Se supone que dicho escondite se encuentra localizado en la región de Muchas Islas al norte de la ciudad de Bella Vista. La guarida es hoy un santuario menor en homenaje a Aparicio Altamirano.
El anecdotario local da por sentado que en aquella época el lugar se hallaba rodeado de cardos y en tiempos de lluvias era de muy difícil acceso.
Las fuerzas policiales correntinas de principios del siglo XX acumulaba entre sus líneas hombres de gran experiencia e inclusive de pericia a la hora de combatir bandoleros rurales. En los diferentes cruces con la ley el grupo fue menguando hasta reducirse a un número no superior a cuatro personas.

Al llegar a la edad de sesenta años Aparicio Altamirano aún era un forajido de la Justicia correntina y se mantenía escondido en un caserío en el departamento de Bella Vista.
En la tarde del 10 de abril de 1933, enfermo del estómago y alejado de la mayor parte de sus compañeros de armas, fue rodeado por una partida policíaca que primeramente le dio orden de rendición.

El legendario revolver Remington de Aparicio Altamirano respondió a la amenaza. Las escopetas y fusiles de la partida reforzaron el ataque y el gaucho fue forzado a abandonar su rancho para buscar refugio en la casa de su vecino y compadre, Francisco Velardo.
Allí pereció Altamirano, enredado en el alambrado lindero entre ambas propiedades víctima de ocho impactos de bala.

Durante la noche del 10 de abril se inició el modesto culto a su figura, primeramente con velas rojas, luego, con el pasar de los años, con las ofrendas en la tumba de Altamirano, en el Ombú que supo ocultarlo y en numerosas capillas privadas.

Hoy en el cementerio municipal de Bella Vista se pueden ver cruces, paños, velas rojas y placas en agradecimiento a favores solicitados por sus devotos.

Iconografía: Paisano de estatura media, de tez blanca, con cabello corto, enrulado y claro, mirada limpia y benevolente. Con escasa barba y bigote, lleva un pañuelo rojo al cuello sobre una camisa sencilla. Ataviado con bombacha gaucha simple y alpargata criolla.
Se destacan en el ancho cinturón gaucho un espadín criollo cruzado sobre a la izquierda y un revolver Remington.

Rito: Velas, paños, banderas y cruces rojas en la tumba colorada en Bella Vista y en el hueco del Ombú donde se refugiaba, en el paraje de Muchas Islas.

Ver http://www.diariolarepublica.com.ar/notix/noticia.php?i=139534&f=2008-2-29#.VB9Ntfl5NLc




Dice Hugo Chumbita que Aparicio Alta¬mira¬no era otro corren¬tino de Merce¬des, que com-partió la suerte del Lega desde que lo acompañó en la famo¬sa fuga del carnaval de 1906. Fue el único del trío que logró esca¬par del tiroteo de Rincón de Luna. Continua¬dor de la le¬yenda, siguió dando que hacer a la policía hasta que lo mata¬ron en un paraje del de¬par-tamento Bella Vista. Aunque hay más de una ver¬sión del suceso, parece que andaba enfermo, acompa¬ñado por un sobri¬no, y se había refugiado en casa de su compa¬dre Velardo. Cercado por la policía, saltó por la ventana ha¬cia un maizal y resistió a bala¬zos hasta que cayó herido de muerte. Cuentan que los agentes buscaron en su cuerpo yacente el esca¬pula¬rio mágico que llevaba al cuello, pero éste había desapa¬reci¬do  .
    Igual que el Lega, Altamirano era "piragué", o sea colo¬rado. Dicen que un secretario de Vidal, el gran caudillo auto¬nomista de aquellos años, lo había sacado una vez de la cárcel y el gaucho se comprome¬tió a servirle. El emblema partidario lo acompañó hasta la tumba, según los versos anónimos que evo¬can un gesto de su compa¬dre:

    Velardo lo sepultó
    con su poncho colorado
    como homenaje sagrado
    al amigo que calló. 
    Otras coplas mencionan a la mujer que amó, "Angela que siem¬pre lo llora", así como también la devoción del paisanaje en gene¬ral, ya que la leyenda lo reconoce como paladín de los humil¬des:
    Era amigo de los pobres
    Aparicio Altamirano,
    él a los ricos robaba
    jugando fiero su vida
    y esqui¬vando a las partidas
    a los po¬bres ayuda¬ba. 

    Miguel de Galarza o "Tu¬qui¬ña", a quien se nombraba tam¬bién por los apodos de Guadaña o Chuña, fue otro matrero que se des¬gració por cuestión de amores y anduvo por los pagos de Goya y Em¬pedra¬do:

    Y fue así como Tuquiña
    se transformó en gaucho alzado.
    ¡Su fama aún se comenta
    por los campos de Empedrado! 
    El 20 de octubre de 1917 fue asesinado, dicen que a trai¬ci¬ón, por unos paisanos en el paraje Costa Guazú. Sobre el lomo de su caballo fue llevado a la comisaría de Mburucuyá, donde cuen¬tan que aquella noche "diluvió". Su tumba en el ce¬menterio del pueblo se convirtió en sitio sagra¬do, donde los fieles agra¬de¬cidos por sus milagros renue-van constan¬temente la ofrenda de cabos de velas.

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