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2014 Octubre
Analizando a Pedro Urdimal
 

Analizando a Pedro Urdimal

Tejiendo la historia:
reflexiones acerca del ciclo mítico de Pedro Urdimal en la puna jujeña

María Gabriela Morgante*

Revista de Investigaciones Folclóricas- vol. 16-diciembre de 2001

Este trabajo presenta algunas narraciones míticas sobre el personaje de Pedro Urdimal, relatadas en el distrito de Coranzulí (Departamento de Susques, provinciade Jujuy). El área se caracteriza por su aridez, no obstante lo cual sus habitantes presentan un largo proceso de contacto intercultural. En contraste con otras descripciones sobre estas comunidades pastoras, la presente contribución afirma la permanencia de rasgos culturales específicos entre los pobladores actuales. De este modo el mito comunica con la visión de mundo indígena, enfatizando las concepciones propias sobre el pasado, el presente y el futuro. Asimismo, la perspectiva nativa pone en evidencia las interacciones entre los habitantes presentes (“los de ahora”) y las generaciones del tiempo mítico (“los de antes”).

Palabras clave: contacto intercultural, mito, cosmovisión, habitantes del pasado
y actuales.


* División Antropología. Facultad de Ciencias Naturales, Universidad Nacional de La Plata. E-mail:alfonsa@topmail.com.ar. Del 1995 – Presente (19 años)  Docente investigador UNLP. Profesora Adjunta de la Cátedra de Etnografía II para la Carrera de Antropología (de la Facultad de Ciencias Naturales y Museo, UNLP). Participa como docente de posgrado en esta y otras universidades.



Presentación.
Las historias de Pedro, de origen hispánico, tienen una amplia difusión en nuestro territorio, desde el monte chaqueño a las altiplanicies del noroeste argentino. Los relatos que voy a presentar aquí, repiten las principales características de este ser burlón y poderoso. Los mismos fueron obtenidos durante la década del los ‘80 en la localidad susqueña de Coranzulí,1 y servirán de pretexto para acercarnos, por su intermedio, a la riqueza de la visión de mundo de los habitantes de estos pueblos. De esta manera, y a partir de la consideración de la narrativa oral como punto de partida, se caracterizarán algunos aspectos de los actuales habitantes de la Puna jujeña, accediendo al conocimiento de su, muchas veces subestimada,

riqueza cultural. Los narradores de estas historias constituyen actualmente comunidades campesinas cuya
subsistencia alterna entre el pastoreo, una agricultura de bajo rendimiento y empleos ocasionales en las ciudades o pueblos regionales. Estos puneños se consideran a sí mismos, a “los de ahora”, como los descendientes de “los antiguos”, categoría abarcativa que refiere a todas las humanidades que poblaron el mundo desde sus orígenes hasta la llegada del hombre blanco. Sabemos, a través del estudio etnográfico, que los pobladores actuales de la Puna, en ocasiones mencionados como kollas, provienen de procesos de contacto cultural entre los indígenas atacamas y omaguacas (pobladores respectivamente del altiplano y la región de valles y quebradas, en el período previo al siglo XV), algunas influencias aymaras bolivianas, la
presencia quechua e incaica y el componente colonizador instalado en la región desde el siglo XV.2 A pesar de esta característica de misturados, las poblaciones susqueñas conservan –entre otros aspectos de la cultura “tradicional”- una rica narrativa que ha ido incorporando y resignificando las diversas circunstancias históricas que las involucran. La misma ha sido en ocasiones subestimada o desconsiderada por aquellos estudios que promueven la existencia de identidades esenciales, y que encuentran a estos puneños como comunidades aculturadas o cuya identidad se ha perdido junto con la lengua y otra sumatoria de rasgos de la cultura material, o por la fuerte presencia del horizonte católico que opera entre estas poblaciones desde hace varios siglos. A pesar de ello, considero que los puneños actuales aparecen como un grupo étnico con características propias, que el acercamiento etnográfico puede evidenciar. Sin duda uno de sus rasgos principales reside en la referencia a un paso compartido. El mito constituye un modo de aludir a ese momento común y, provee - conjuntamente- un marco explicativo que reelabora las circunstancias históricas vividas, desde los antiguos hasta el presente. A través del mismo se proyecta la singularidad étnica, más allá del proceso histórico global, y se semantiza el ámbito de lo cotidiano, estableciendo los límites sociales de la comunidad. Esta exposición intentará demostrar la vigencia de un legado cultural de larga data, reflejado en la narrativa relatada por estos habitantes que, como Pedro, urden una historia compartida que sacraliza lo cotidiano y lo coloca en una concepción de mundo propia.

Pedro en la Puna jujeña
En el contexto particular de la Puna jujeña, Pedro, también referido como El Urdimal representa, la imagen de muchos de los atributos de la asocialidad por los cuales el mundo ha sufrido o sufre catástrofes, desgracias y castigos.
Localmente el apellido de Pedro no es Urdemales, ni Ordimán u otros; sino Urdimal, que como señala uno de nuestros informantes “es el que teje (urde3) con la palabra”.
Pedro Urdimal es un personaje con aspecto humano, aunque pueda adoptar diversas fisonomías, cuyo rasgo fundamental es el embuste. Su accionar se inscribe en el tiempo mítico pero, a diferencia de otros personajes propios de esta cosmovisión, no se establece dentro de un ciclo en particular.4 Efectivamente,
el personaje y sus historias repiten motivos y características propios de la primera generación de esta concepción nativa de la temporalidad: la de víboras. De allí su posibilidad de mutar y el tema habitual del engaño a mujeres solteras.
También de este momento son algunas de sus conductas compartidas con el zorro, que encara a la figura del trickster dentro esta cosmovisión.5 Pero, a diferencia de este animal que siempre acaba abatido por otros seres de esta generación, Pedro tiene la habilidad de escapar ante la evidencia de su conducta embustera. El Urdimal también tiene el don de moverse entre el ámbito terreno y el celeste, movilidad que desaparece con este primer momento de la existencia. Finalmente, entre los sucesos que protagoniza aparece la mención a la antropofagia,6 no encarnada personalmente pero sí entre algunos de los personajes con los que interactúa.
Luego, nuestro protagonista se mueve en el espacio-tiempo de la generación de los antiguos, de esos “pequeños dioses” que poblaron un mundo fértil, caracterizados por su devoción al trabajo, pero también por el paganismo. De allí la cuestión de Pedro compitiendo con Dios y sus santos, negando su status y autoridad y ridiculizando (“desvistiendo”) a sus representantes terrenales contemporáneos: los curas. El Urdimal aparece así como habitante de esa humanidad pecadora (ladrona, infiel, mentirosa), antropófaga y egoísta que es castigada con la llegada del calor y el final de su mundo. Sin embargo, a diferencia de esos antiguos o gentiles, Pedro “sobrevive” a esta destrucción y protagoniza los sucesos propios de
la generación del sol, la del Rey Inka.
A partir de entonces, comienza la sucesión de días y noches que pueden leerse en las distintas narrativas protagonizadas por Pedro Urdimal, así como la significación de ciertos lugares “daniños” que son los espacios en los que se mueve esta figura: peñas, profundidades, angostos; precisamente, aquellos lugares en los cuales se desplaza el Diablo, con quien muchas veces Pedro parece fundirse. Del mismo modo, nuestro embaucador llega al presente, e interjuega con empleados de Vialidad Nacional o con curas que transitan las sendas altiplánicas, evangelizando a sus pueblos. Más allá del tiempo mítico o del presente el Urdimal se proyecta al futuro, condenado –como podrá leerse en los contenidos que se presentan seguidamente- a vivir en la tierra hasta el final del mundo.

A continuación se refieren brevemente los siete relatos protagonizados por Pedro Urdimal, correspondientes a un corpus mayor de la narrativa recogida en la localidad antes mencionada.7 Luego, se presenta un cuadro en el que se intenta sistematizar las principales cuestiones involucradas en estos relatos, para finalmente responder a algunos interrogantes surgidos del análisis del discurso mítico.

El procedimiento analítico empleado consiste en un análisis formal del mito reconociendo elementos textuales y contextuales, para alcanzar un conocimiento de la cosmovisión y del sistema de valores que opera en el grupo. Por lo tanto, en cada uno de los relatos de Pedro, se ha sistematizado la información contenida, por medio de una grilla que identifique a los personajes y/o elementos en juego, su dimensión espacio-temporal y otras referencias, especialmente aquellas vinculadas a los principios axiológicos.

1. Pedro Urdimal y San Pedro. El fin del mundo
(Coranzulí 1982, N.Q.)
En este relato, los protagonistas se disputan el dominio del espacio celestial, a través de la posesión de la llave que abre su puerta. Pedro –que en primera instancia pertenece a la esfera terrestre- levanta vuelo y alcanza el dominio celeste. Una vez allí logra burlar a San Pedro (subordinado de Dios), a quien pretende enviar a la tierra.
No obstante ello, éste último contrarresta el ardid con otro que lo condena a Pedro definitivamente a la vida terrenal (hasta tanto ocurra el final de los tiempos). Es interesante considerar el carácter del trato por el cual Pedro propone al santo recuperar la llave perdida: el traslado de las almas del Purgatorio al Infierno. Es clara, aquí, la asociación de este personaje negativamente connotado con la igualmente perniciosa imagen del Diablo, a partir de su condición de “traficante” de almas.

2. Pedro Urdimal y la mujer del Diablo
(Coranzulí 1982, N. Q.)
En esta oportunidad, Pedro aparece en una relación de subordinación como empleado del Diablo. A pesar de un aparente respeto, Pedro comete adulterio con la esposa de su patrón, con la complicidad de ésta. Al
ser descubierto, el adúltero escapa, actuando astutamente frente a su jefe. Pero al repetirse la situación, Pedro es condenado a ser comido por la parentela satánica. En ausencia del Diablo, engaña a su compañera, la mata y escapa en un caballo de colores que le roba a su contrincante. Junto a él carga un loro adivino que pertenece a Satanás, a quien ordena que le anuncie los movimientos de su dueño. El adúltero es atrapado en los límites de un río de sangre más allá del cual no se puede acceder (por decisión divina), pero que sin embargo Pedro atraviesa para perderse en él anunciando un posible retorno, sin fecha precisa.

3. Pedro Urdimal chanchero (dos versiones)
(Coranzulí 1982 N. Q. y N. LL.)
Las dos versiones acerca del relato de Pedro como pastor de chanchos, coinciden en la sucesión de acontecimientos que incluyen el recorte de las orejas y colas de los chanchos, para enterrarlos en un pantano, y de ese modo engañar al patrón y vender a los animales robados. El Urdimal, con el pretexto de procurar herramientas para rescatar a los animales, se aleja y no cumple con su promesa de regresar. En un caso el relato se detiene en este punto. Pero en la otra versión, frente a la revelación de la verdad, Pedro se relaciona con un “gaucho”, para el que trabaja a cambio de la panza y la sangre de un animal con el que engaña a su patrón, bajo un presunto suicidio. Tiempo después, mutado en una nueva fisonomía, pide prestado un caballo al dueño de los animales con el que se escapa (“a la loma del Diablo”) y ya no retorna.


4. Pedro Urdimal disfrazado de mujer
(Coranzulí 1982, N. Q.)
En esta ocasión, Pedro se disfraza de mujer, aunque se evidencian sus rasgos masculinos. De este modo se emplea como “pastora” de un hombre, se instala en un puesto de altura en el campo y engaña y seduce a las hijas de su patrón –haciéndolas cómplices del embuste-, que suben diariamente a proveerlo del almuerzo. A partir de una pelea entre estas últimas, su padre advierte el engaño, persigue a Pedro que escapa montado a caballo y se topa con una cuadrilla de hombres que reparan un camino. A pesar de que el hombre les pide ayuda, Urdimal también burla a estas personas –aprovechando la eventual presencia de un pato- y, finalmente, logra escapar. Al final de este relato hay una secuencia particularmente interesante
para este análisis: en la persecución, el hombre grita: “agarren a ese animal”. Aunque se refiere a Pedro, los otros no lo interpretan así y de ese modo se concreta la fuga.

5. Pedro Urdimal y el cura (dos versiones)
(Coranzulí 1982, N. Q. y N. LL.)
En el encuentro con un cura, Pedro vuelve a mentir (simulando, en un caso, detener una peña para permitir el paso del sacerdote y, en el otro, anunciando la captura de una paloma de oro). De este modo, engaña al clérigo, le roba su mula o su sombrero y escapa, a pesar de la promesa que le hace al sacerdote antes de despedirse, que en uno de los relatos dice: “voy a ser gente”. En el primer caso, el cura abandona el escenario despojado de su Biblia, su montura y su sotana (además de su animal), llega a la ciudad y con al ayuda de la limosna compra nuevamente las pertenencias robadas a un gaucho, que no es más que Pedro (quien le vende los artículos antes robados, pintando a la mula para que no sea reconocida). El viento descubre el color del animal, pero para ese entonces, Urdimal ha escapado. En el otro caso, el cura engañado, al intentar atrapar a la paloma de oro, se encuentra con la deposición fecal de Pedro, que lo enferma.








¿Quién es Pedro?

En primer lugar, Pedro Urdimal es un personaje que responde al estereotipo de los relatos americanos y europeos: es una persona astuta, inteligente y amoral, que no duda en emplear estas aptitudes en el embuste a otros personajes. Pero más allá de estos aspectos compartidos, en el contexto del corpus narrativo considerado, Pedro es una figura mítica, de aspecto humano, pero con la capacidad de cambiar su fisonomía en otras también humanas. Nada aparece como extraordinario en su aspecto físico, al punto tal de que, en ninguno de los casos, los involucrados en sus enredos lo reconocen (como ocurriría, por ejemplo, si se tratase del Diablo en sus múltiples metamorfosis).

De su arte mutante, junto a otros atributos excepcionales como el vuelo,8 su acceso a lugares vedados a otros seres y su ardid verbal, derivan su poder. La manipulación que el Urdimal realiza con este poder es peculiar: en tanto no puede ser reconocido, y consecuentemente temido, Pedro burla a todos e incluso más de una vez a un mismo sujeto. La soltura con la que se maneja en los distintos escenarios le permite un trato hacia los otros familiar y campechano,
a pesar de que estos personajes son poderosos por naturaleza, como el Diablo, y/o de una jerarquía social distinta, en los casos en que engaña a sus patrones. No tiene familia, ni amigos y su amoralidad no tiene límites, y aparece incluso delatando a las mismas personas que fueron solidarias con él y actuaron
seducidas por sus mañas. En cada una de sus historias, el Urdimal repite el procedimiento de la figura del trickster, engañando a personajes que aparecen, en un principio como más importantes, más fuertes o más potentes. Sin embargo, con su capacidad de burlador, Pedro invierte las situaciones y emerge como triunfador en sus hazañas. En este último sentido, no cumple con la segunda etapa de los relatos de trickster, en la cual el personaje en cuestión es humillado por aquellos que aparecen como más inofensivos, menores o débiles.
Así como por momentos, Pedro Urdimal nos recuerda al zorro, en otros parece el Diablo mismo, asociación que no escapa a los relatores que ocasionalmente emplean la denominación “diablito” para referirlo. Sus proximidades son muchas, entre ellas la asociación con espacios marginales, su interés por el alma de las personas, la preferencia por el Purgatorio, su transformación en “gaucho” (uno de los aspectos preferidos de las muchas facetas que puede adquirir Satanás), la movilidad cielo-tierra, y todos sus comportamientos protervos.

¿Con quiénes interactúa Pedro?
Dos aspectos son compartidos por sus víctimas directas: son de sexo masculino y se encuentran solos. De esta manera, tanto San Pedro, como el Diablo o cada uno de los patrones que lo emplean como pastor, o el cura mismo, cumplen con estas condiciones. En oposición a ello, Pedro actúa con la complicidad de las
mujeres: las hijas de su patrón ocultan su verdadero sexo y la relación amorosa establecida con el empleado de su padre, o la mujer del Diablo comete adulterio conociendo la identidad de su cómplice. De este modo, el Urdimal invierte la situación de desequilibrio que al comienzo de cada narración lo ubica en inferioridad respecto de otros actores, incluso estableciendo alianzas con estas mujeres, también representantes de una conducta impropia.
Luego, no puede dejar de observarse que los embaucados constituyen diversos representantes de lo que para esta cosmovisión es la alteridad existencial, por lo cual nos encontramos frente a un personaje que –aunque también foráneo- es resignificado dentro de la cultura grupal, depositario de conductas punibles al interior del grupo, pero que funcionan invertidas, extragrupalmente, para ridiculizar y desprestigiar a aquellos seres “otros”. La excepción a este proceder, se da cuando el chasqueado es San Pedro, depositario de la confianza de Dios para cuidar el acceso al reino celeste y a las ánimas que lo habitan. Si bien, en una primera oportunidad, Pedro engaña al apóstol, la decisión última y definitiva corresponde al santo que lo condena eternamente a una vida terrena. De este modo, este relato nos introduce explicativamente en la presencia y el destino de Pedro en la tierra, y su misión como constructor de las relaciones de extrañamiento. Conjuntamente lo coloca por oposición a lo sagrado, lo moral, lo justo, lo inocente, lo útil, y lo respetuoso, entre otros atributos de los que el personaje adolece y por los cuales se opone con sus ocasionales compañías. Por este motivo, y a pesar de una lista de santos a quienes se adora en este marco cosmovisional, Pedro se vincula con San Pedro, santo que no es mencionado en el panteón
aludido y que mediante el juego de nombres establece la cara y contracara de la axiología local.

¿Cuándo y dónde actúa Pedro?
Como se señalara anteriormente, a diferencia de otros relatos que tienen una evidente inscripción dentro de algún/os de los ciclos que caracterizan al tiempo mítico puneño, Pedro no actúa claramente en ninguno de ellos.
Su referencia a lo primordial está marcada por la naturaleza de los personajes con los que interactúa y con la normativa axiológica propia de este tiempo cualitativamente distinto del vivido. Sin embargo, y a diferencia de otros relatos en que los motivos temporales son abundantes, aquí los indicadores cronológicos son pocos o ninguno. No obstante, estas escasas menciones remiten todas a una idea de circularidad que es propia de esta concepción temporal, y que contiene a los acontecimientos que ocurren al interior de cada generación. Nos encontramos así con que los sucesos protagonizados por el Urdimal, responden a sucesión de días y noches, encadenamiento de semanas, recurrencia de eras que proyectan el
pasado, y acontecimientos que se repiten con patrones similares. Como puede observarse en las referencias temporales del primer relato, Pedro Urdimal trasciende el tiempo, alcanzando incluso el protagonismo de un futuro final de la existencia.

Espacialmente debe destacarse la asociación de este embustero a los espacios marginales con relación al centro de la vida cotidiana y doméstica, ya sea desde el cielo o, en su vida terrenal. En este último ámbito, Pedro asoma en la morada del Diablo, se mantiene en los sitios de pastoreo de altura separado de la familia que lo emplea, aparece en los pantanos llevando solitariamente a sus chanchos, o se encuentra con el cura en las afueras de la ciudad o en un angosto. Adicionalmente, en sus escapes, el Urdimal alcanza los límites que otros no pueden traspasar y avanza sobre ellos para concretar su huída.
En referencia a su territorialidad, creo que es interesante considerar particularmente el circuito que Pedro describe en el relato “Pedro Urdimal y el fin del mundo” que, como señalara más arriba, es medular para comprender el curso de sus episodios terrenales. En este mito, el Urdimal aparece en primera instancia en la plaza, donde comunica su voluntad de llegar al firmamento, deseo que cumple remontando vuelo con la ayuda del viento. Luego, ocurren las circunstancias antes descriptas en las cuales engaña y es engañado por San Pedro, para finalmente sentenciarse a la vida en la tierra, más precisamente en la playa (sitio distante y ajeno, por lo tanto también marginal, al paisaje local). De esta manera, el relato mítico instaura
el lugar definitivo asignado al personaje en cuestión, retirándolo de un espacio central, como es la plaza y que se constituye en el punto de vinculación con otra esfera del mundo, para colocarlo en el límite entre el paisaje familiar y el extraño, o entre el espacio permitido y el prohibido.

¿En qué circunstancias interviene Pedro?
Las referencias temáticas del ciclo de narraciones de Pedro Urdimal, completan lo hasta aquí expuesto. En los distintos sucesos narrados, Pedro compite con San Pedro por el reinado del cielo, rivaliza con el Diablo por el cortejo a su esposa, disputa con el dueño de los chanchos la propiedad de estos animales, se
enfrenta con otro patrón por la castidad de sus hijas, o porfía con el cura para robarlo. En estas distintas circunstancias, y salvo la excepción que involucra al primer relato, Pedro se presenta con una imagen contrapuesta a su verdadera esencia, engaña para obtener lo que desea, se revela el engaño, sucede una persecución, pero el Urdimal escapa y triunfa, e incluso puede repetir sus tretas.
Más allá de las circunstancias particulares, Pedro interviene en el espacio de la axiología intra e intergupal, representando un modelo de ser y actuar al interior del grupo y más allá de él, en una tensión que lo coloca en los límites de lo culturalmente propio. En esta tensión también aparece encarnando el modelo de comportamiento asocial o precario de las generaciones pasadas; aquel por el cual sus mismos habitantes se condenaron a la desaparición. Relacionado con lo hasta aquí expuesto, el protagonista adquiere la figura de un “protohombre”, que necesita recurrir a compromisos tales como “voy a ser gente”, que debe interpretarse literalmente como una intención de confundirse con, o acercarse a un modelo humano; o bien que es nombrado por otros con el trato de “animal”, como si por momentos su ser y actuar se encontrasen más próximos a tal categoría existenciaria. Por tanto, el operar del Urdimal también ilustra las consecuencias de repetir sus esquemas y la necesidad de poner en práctica normas de comportamiento que aseguren la supervivencia de “los de ahora”, la humanidad del ciclo vivido.

Algunas reflexiones acerca de Pedro Urdimal
Como señalaba al comienzo del trabajo, el nombre de Urdimal procede de su virtud de urdir con las palabras para concretar el embuste. Sin embargo, más allá de ello, Pedro también teje la trama de la existencia de los actuales puneños, moviéndose desde el presente hasta el origen mismo de la existencia y atravesando los sucesivos mundos creados y destruidos durante este devenir. En este sentido, Pedro es un
ejemplo más de la dificultad de conceptualizar y comprender las concepciones indígenas de la temporalidad, y la necesidad de reconocer el carácter metahistórico de las narraciones míticas, y su plasticidad en el marco de una historia contextual. Las menciones contemporáneas de los sucesos que involucran al personaje de Pedro Urdimal, no constituyen un acto de regresión, en el sentido de la repetición literal y conservadora de lo que ocurre en el mito, sino un modo de organización sagrada del tiempo vivido. De este modo, estos y otros relatos actúan articulando el bagaje simbólico preexistente con el legado de los diversos sucesos de contacto intercultural. Lo que Pedro dice al urdir las palabras, es el estar aquí de una cosmovisión reinterpretada a lo largo del devenir histórico.
Por esto, Pedro adquiere una centralidad particular a partir de su introducción en la narrativa, precisamente en su carácter de motivo inicialmente ajeno a las significaciones locales y, por tanto, “extranjero”, se internaliza como un promotor de la unidad y la interconexión de la existencia misma.
De esta manera, Pedro urde con sus palabras para desnudar a la alteridad amenazante y en esa misma acción atraviesa la existencia de la humanidad en los referentes espaciotemporales particulares de esta ideología, aportando motivos para vincular a los actuales campesinos narradores de estas historias con aquellos que vivieron y narraron en una existencia precedente.

Notas
1 La localidad de Coranzulí se ubica en el noreste del departamento de Susques, aproximadamente entre los 23° de latitud sur y los 66° 30’ de longitud oeste. Se trata de la región de menor densidad de población dentro de la provincia de Jujuy. Forma parte de un semidesierto de altura, de extrema aridez, grandes amplitudes térmicas, escaso desarrollo hidrográfico y una vegetación de matas y pastos esparcidos. Este espacio está habitado por unidades familiares pastoras de rebaños mixtos, que se concentran en torno de la disponibilidad de agua, constituyendo comunidades de caseríos o pueblos. El trazado del ferrocarril, hacia comienzos de siglo, su proximidad al centro administrativo y comercial de Abra Pampa y el desarrollo de emprendimientos de explotación de minerales en las cercanías, han hecho de Coranzulí uno de los sitios susqueños con mayor población permanente en las últimas décadas.
2 A partir de 1570, esta porción de las tierras altas del noroeste argentino, sufre numerosos cambios de pertenencia estatal e intraestatal, que pueden sistematizarse, siguiendo lo propuesto por F. Delgado y B. Göebel, en los siguientes períodos: a) Época colonial (1560/70-1825); b) Bolivia (1825-1879); c) Chile (1879-1900); d) Argentina: d.1. Gobernación de los Andes (1900-1943); d.2. Provincia de Jujuy (1943-...). (Delgado y Göebel, 1995).
3 Urdir constituye la acción por la cual se colocan paralelamente los hilos que se pasarán por el telar para constituir la urdimbre o conjunto de hilos que se colocan a lo largo, para conjugarse con la trama. En épocas pasadas, las prendas eran confeccionadas a partir de estos tejidos, fundamentalmente de lana de oveja. Sobre sus telares, dice Boman: “... son extremadamente simples, compuestos por dos bastones horizontales, atados a estacas clavadas en la tierra, y entre las cuales se tienden los hilos que componen la urdimbre de la tela y que se suben y bajan a mano” (Boman, 1908: 440).
4 Dentro de la estructura temporal de la cosmovisión puneña, se mencionan habitualmente tres ciclos significativos, luego de la creación del mundo. Los mismos proveen un soporte explicativo, a partir de la integración de los aportes de las situaciones de contacto intercultural y sus procesos de cambio, cada uno de ellos con una calificación específica. De este modo se menciona que el primer ciclo es la “generación de víboras”, habitada por mujeres y animales de naturaleza condensada, que reproducen una humanidad promiscua y viciada. Luego del diluvio que rescata a los elegidos, comienza la “generación de los antiguos”, representados hoy día por los antigales o entierros en abrigos rocosos naturales. Este tiempo de esplendor acaba con la presencia del sol, que inicia la “generación del Rey Inka”. La llegada del “gringo” establece el umbral entre el tiempo de los “antiguos” y el presente, asociando a su permanencia las condiciones de vida hostiles que caracterizan a la humanidad “de ahora”.
5 Así como el zorro trickster, también Pedro –en su volubilidad ética y jurídica- dinamiza el actuar y se presenta como un generador mitopoyético.
6 Las prácticas de antropofagia ritual han sido habituales en el pasado en nuestro noroeste, aunque es posible documentar algunos casos para las últimas décadas. (Palma, 1973).
7 En un trabajo de campo realizado recientemente (enero- febrero del 2001) en las localidades de Susques y Casa

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