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2014 Octubre
Estudio del Nguillatun y la religión araucana
 
Estudio del Nguillatun y la religión araucana

Rodolfo Casamiquela con Diana A. Aloia

Un libro sobre el cual hemos anticipado la introducción ( incluyendo la definición del término), bibliografía y currículum de su autor, requiere ahora avanzar en su contenido, cosa que haremos a través de una síntesis del capitulo 4, titulado justamente “Análisis de la ceremonia”




Casamiquela con José Qinchamal

Ultimo cacique tehuelche

Aunque Rodolfo Casamiquela fue experto en estudiar las etnias  del sur de nuestro país en sus variedades y características, como se aprecia cuando aparece en la foto superior con el ultimo cacique tehuelche, ciertamente la región norpatagónica  resultó su favorita.

Y entonces la cuestión araucana resulta clave en su obra. El nguillatun no podía no estar. Pero ¿Cuál nguillatún?


¿Puede hablarse con propiedad de nguillatún araucano, con sentido unitario? Si las ceremonias se han realizado a lo largo del tiempo (antes y ahora) y del espacio (Chile y Argentina)? La integración del conjunto, nos dice, en una sola entidad taxonómica es real, pero evidentemente es una entidad complexiva que tiene más categoría de grado que de clado * (en sentido de Julián Huxley). Pues a medida que se profundiza el análisis se esfuman los rasgos “típicos” para dar lugar a asociaciones cambiantes- según lugares y épocas, de elementos que disociados son comunes a otras ceremonias y prácticas culturales, o por lo menos relacionados con lo sagrado.
(*) partidario de la selección natural y de la eugenesia, en 1957 creó en término “clade” , o Clado, para referirse a un conjunto de especies emparentadas, formando una única “rama” en el árbol de la vida.

Así nos recuerda que Augusta (1932,208)  asimila el nguillatún a verdaderos sacrificios, y distingue en ellos “la víctima, el altar, el sacerdote y el ser soberanos a quién se ofrece la víctima”. Estos elementos (excepto el altar en Argentina, que sí está en Chile) estan en efectop presentes en todas las manifestaciones del nguillatún, pero aunque haya sacrifico, no puede concebirse el  nguillatún aislado de una compleja liturgia que incluye muchos otros ingredientes. Por otro lado la rogativa tiene igual significación que el sacrificio, asi como la plegaria individual, hogareña, es nguillatún de cualquier manera, y no hay sacrificio. A la inversa, sacrificio sin rogativa no existe.
Por ello le resulta mas objetivo y científico seguir planteos como el de Palavecino (Groeber y Pal. 1928) que distinguen los sacrificantes, el lugar, los accesorios, las víctimas, inmolación, sacrificio de vegetales, rogativas u oraciones, a los que Casamiquela agrega motivos, duración, los piwichén, hierofanías vegetales y aspectos musicales.
El libro (de una riqueza que, insistimos, vale la pena recorrer) trata con detalle cada uno de estos aspectos, con un detalle que aquí solo podemos anunciar. Pero para muestra, elegimos el botón del “cantaro sagrado” ( pag 79).

En algunos nguillatún figura, nos cuenta, un rito interesantísimo por su carácter adivinatorio , presumiblemente vinculado con esa facultad del shamán, del que describe un Nguillatún según el relato del indígena S .Wenuñamko a Augusta.

asi habían hecho nuestros antepasados, nuestros abuelos, nuestros viejos finados, así hacían cuando tenían sus rogativas: por eso pues, te muestro mi amor con un corazón de cordero, pues es el tiempo del llamekan y del cántaro que profetiza” Una traducción libre, sobre la que Augusta aclara: “sobre la palabra llamekán dice el padre Havestadt: `el cantar de las indias cuando muelen´ en tanto P. Febres:
`cantar cuando muelen maíz al son de la piedra como lo usan hacia Voroé´( hoy dia Boroa), mientras Domingo W explicó que `Cuando las mujeres preparan tortillas para el nguillatún, cantan unas canciones especiales, cuya melodía es tan linda como el canto de los padres en la misa: este canto se llama llameken o llamekan´

Para el rito adivinatorio se dice” al día siguiente se examina el jarro de chicha enterrado, para que se sepa si habrá buena cosecha o si efectivamente tendrá malos días la gente. Así se desentierra el cantarito., se examina si aún contiene la chicha: en algunos años tienen granos, hasta (pepitas de) manzana hay dentro del cántaro. Si tiene de todo, se conforma la gente, pues habrá buena cosecha; se alegran. Pero cuando no hay granos, eso es señal de que habrá escasez y entonces se afligen. Ya visto todo se vuelve a enterrar, se le echa chicha nueva”; con lo que Casamiquela desprende que cada año se desentierra el cántaro del año anterior. Latcham (1924, 526) indica que la chicha enterrada procede del residuo de todos los cantaros utilizados en el ritual, es decir de los cántaros mareupúll.

La adivinación por cántaros no es exclusiva de los nguillatún, sino común a practicas de los machi de cierta categoría. Incluso lo cita para averiguar “detectivescamente” el autor de asesinatos, sacando raspaduras del cuerpo del muerto, enterrandolas en un palo hueco (cantarito) y luego de unos días conduciéndolo al adivino, al que se le paga bien. Éste lo coloca sobre un cultrum y se le hacen las preguntas, que el cántaro responde y se actua en consecuencia, matando al familiar culpable, o realizando un malón contra el grupo del ajeno si éste es de fuera de la familia.


    Dejamos el resto de las características par que nuestros lectores las estudien por sí. Habrá otras….


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