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Carlos Vega
Nació en Cañuelas, provincia de Buenos Aires, un 14 de abril de aquel año de 1898 hij...
 
Carlos Vega


Nació en  Cañuelas, provincia de Buenos Aires, un 14 de abril de  aquel año de 1898 hijo de Antonio Vega y Josefa Sánchez. Estudió guitarra desde los doce años de edad y desde los dieciséis fue discípulo de Antonio Torraca en violín, solfeo y teoría musical. Fue futbolista aficionado y, en Cañuelas fue llamado el loco Vega por su costumbre de recitar poemas de amor parándose sobre un banco de la plaza.


Desde 1920 viajó por las provincias argentinas y colaboró con los diarios Heraldo e Yrigoyen de la ciudad de Concordia (Entre Ríos) bajo los seudónimos de Cardenio y Rey Negro.
En 1926 se estableció en Buenos Aires. En 1927 creó en Cañuelas la Biblioteca Popular Domingo Faustino Sarmiento y en ese mismo año fue adscripto ad honorem al Museo Argentino de Ciencias Naturales "Bernardino Rivadavia", sección de Arqueología, donde colaboró con José Imbelloni.
En 1930 inició un proyecto de relevamiento musicológico del folklore argentino y en 1931 fundó el Gabinete de Musicología Indígena del Museo de Ciencias Naturales, entidad precursora del Instituto Nacional de Musicología que dirigió y que actualmente lleva su nombre. Al mismo tiempo, llevó a cabo un amplio estudio de los códices medioevales.
Desde 1963 fue docente de la Facultad de Artes y Ciencias Musicales de la Universidad Católica Argentina, entidad a la que donó numerosos materiales musicológicos de su propiedad. En 1965 se incorporó a la Academia Nacional de Bellas Artes de la Argentina como numerario. Fue asimismo correspondiente de entidades similares en Uruguay, Bolivia, Perú, México y Estados Unidos.

Un muy buen trabajo de Santiago Giacosa, Carlos Vega, a cuarenta años de su muerte (1966-2006) publicado en Temas de historia argentina y americana nº10 de la UCA, nos permite profundizar en estos aspectos.

Fue, nos dice  “ un luchador incansable por elevar este campo del conocimiento al nivel científico. Notable investigador y prolífero escritor, se destacó en sus investigaciones en una época saturada de pensadores de renombre y, a pesar de no haber recibido una educación formal, fue un pionero en estos estudios (… y) logró la creación de dos instituciones dedicadas al desarrollo de esta ciencia. El  Instituto Nacional de Musicología Carlos Vega y al Instituto de Investigación Musicológica Carlos Vega  de la Pontificia Universidad Católica Argentina, los cuales conservan su legado y continúan en la senda señalada por él”.



Y lo caracteriza con precisión en su valor:

“Vega fue criollo porque quiso a su gente –gauchos, indios, negros e inmigrantes– en su música y en sus versos, en sus danzas y en sus costumbres sencillas de la hóspita caridad cristiana. Su gente lo supo, y por ello el valor y el cariño sincero que brindó a sus trabajos.

Vega no poseyó la preclara conciencia histórica y católica tradicional de Juan Alfonso Carrizo, ni aquel profundo sentido contemplativo de la res rústica y la apostura gaucha de Augusto Raúl Cortazar; no fue un filósofo de las verdades trascendentes en las simples cosas como Bruno Jacovella ni fue el antropólogo criollo que encontró en nuestra pasada historia fronteriza una epopeya anónima digna de ser conocida como Guillermo Terrera; tampoco poseyó la insondable cultura rioplatense y la incomparable capacidad de plasmarla por escrito del padre Guillermo
Furlong, por tan sólo recordar a algunos de sus amigos, allegados y conocidos.

Vega fue, en cambio, el primer gran investigador y recopilador de nuestro patrimonio sonoro tradicional.(…) En síntesis, Carlos Vega, poeta, músico, historiador y escritor prolífero, amó la música tradicional de nuestra tierra y dedicó su vida a su estudio y a la preservación de este invaluable patrimonio común a todo el pueblo argentino.
Tuvo un noble ideal por meta en su vida y consagró, en consecuencia, sus dones a la consecución del mismo. Los frutos están a la vista.”

Siguiendo los ideales del Centenario, y la necesidad de integración  a la esencia, puesta en el folklore, nos muestra los mas claros objetivos pedagógicos que asignaba Vega a su trabajo y como actuó consecuentemente.


“Para Vega, no se trataba solamente de conservar nuestro patrimonio musical por su alto valor histórico tradicional, sino, ante todo, por su importancia simbólica y formativa en el aprendizaje de las virtudes familiares, sociales y cívicas del pueblo argentino para la conformación de la Nación y su continuidad histórica. Como acertadamente señalaba,
[…] Los símbolos patrios (la bandera, el escudo y el Himno) representan, en síntesis, un corpus ideológico y una realidad geográfica –la Patria– que el sentido de los hombres no siempre percibe en toda su profundidad y extensión.
La Canción Popular es también un símbolo, un símbolo precioso que tienen, como el Himno, la virtud de obrar en los más íntimos planos del sentimiento, proclamando, con la tremenda fuerza de su lenguaje inmaterial y profundo, la autonomía lírica del pueblo que la canta.
Más de una vez en nuestra historia, las notas de una canción nativa reunieron a los dispersos, concitados por su extraña virtud de bandera sonora. […] Supera a todo lo imaginable el arraigo y el poder de los símbolos sonoros. Nuestro Himno Nacional, magnífica página concebida sobre moldes clásicos universales, nos dio una prueba de ese arraigo y de esa fuerza cuando se pretendió modificar la línea que había consagrado el culto de muchas generaciones de argentinos […]

Lo que se perdía junto a esas melodías y a los antiguos cantares era una parte esencial del ser nacional y de nuestra propia identidad y cultura tradicional.

Preocupación identitaria, por otra parte, compartida por amplios sectores de la sociedad, ante el desarraigo y el cosmopolitismo que la inmigración masiva iba provocando. Por ello era fundamental para nuestro autor enseñar nuestra música nativa en las escuelas, para contribuir por su intermedio a despertar el sentimiento de pertenencia y apego en los nuevos pobladores del país y mantener el patriotismo en los antiguos. Al respecto observaba acertadamente:
[…] Los hijos de extranjeros, Señor Presidente –cifra enorme–, ni cantan las canciones de sus antepasados, ni tienen canciones propias. Forman colectividades tristes. Sólo un culto propicio de la infancia puede congraciar el espíritu con la tradición del suelo en que habitan. Pero no han rendido ese culto; y por eso, cuando son músicos, se creen obligados a seguir las pautas europeas, en lugar de extraer sus enseñanzas para aprovecharlas en beneplácito de la expresión genuina de América.
No han oído sino accidentalmente, ni los tristes pampeanos ni las vidalas norteñas.
Deben fundarse en sus propios sentidos y tienen razón. Cuando oyen alguna canción nativa, les resulta tan extraña como una canción rusa, y aseguran que eso no es lo de ellos. Y es verdad. No es lo de ellos, es lo nuestro, de los que tenemos el antecedente de la herencia, de la infancia hogareña provinciana, del aire campesino saturado de cantares, de los que llevamos en la entraña las sensaciones de muchos años felices, prontas a vibrar y revivir conforme las acaricia la onda cordial de los bellos cantares nativos. El canto popular, Señor Presidente, es el hogar del espíritu. […] Nadie sabe, Señor Presidente… nadie sabe lo que puede representar para el adolescente del porvenir, un puñado de canciones nativas desgranado en el patio de los niños […]

Los avatares de la búsqueda de concretar estos proyectos también es representativa: en 1931 la Dirección del Museo crea el Gabinete de Musicología Indígena y le encomienda su conducción. Dentro del Gabinete, Vega logra, en 1932, fundar la Sección de Musicología, la cual fue creciendo hasta independizarse en 1948.  Giacosa lo desarrolla con detalle, particularmente sin apoyar su insistencia en encontrar,  dentro de la teoría difusionista, líneas de derivación de la música andaluza medieval al folklore argentina, para lo cual   “intentó aplicar los parámetros de los cancioneros folklóricos, a los de las Cantigas y Trovadorescos medievales”.

 Conviene, en fin,  recordar la secuencia que llevo a la creación del Instituto de musicología:
En 1944, el Gabinete de Musicología Indígena que funcionaba dentro del Museo de Ciencias Naturales pasó, por decreto del presidente Farrell del 10 de septiembre, a constituirse en el Instituto de Musicología Nativa como sección independiente dentro del mismo Museo. Cuatro años después, Vega logró que por decreto del presidente Perón, del 5 de julio de 1948, el Instituto pasara a depender de la Secretaría de Cultura y Educación de la Nación. Finalmente, en 1971, el Instituto de Musicología Nativa se constituyó en el Instituto Nacional de Musicología por el decreto 731 del 5 de marzo; y en 1978, por resolución del secretario de Cultura de la Nación, adoptó el nombre de “Carlos Vega” en homenaje a su creador.
Y sus colaboradores que a partir de ello:
 
“De esta manera fue logrando interesar y acercar en torno a su persona a noveles egresados del Conservatorio que pronto llegaron a constituir una primera y una segunda camada de discípulos. Entre los primeros se encontraron Isabel Aretz y su amiga y compositora Margarita Silvano de Regolí, a quienes se sumó prontamente –por intermedio del crítico de arte del diario La Prensa, Gastón Talamón– la compositora María Teresa Maggi, que aplicó sus talentos a la composición en forma tradicional. Al poco tiempo se agregó al grupo Silvia Eisenstein, compositora y prestigiosa pianista que trabajó a la par de Vega, le acompañó en sus viajes de estudio y colaboró en sus conferencias y que, finalmente, en 1951, contrajo matrimonio con él.

Completaron este primer grupo discipular el crítico de arte y joven profesor uruguayo Lauro Ayestarán, quien le acompañó hasta el final en una sincera y correspondida amistad, y la pintora y artista plástica Aurora Di Pietro, quien ilustró varios de sus trabajos y permaneció también junto al maestro hasta los últimos momentos. Un segundo grupo lo formaron Mario García Acevedo y el becario venezolano Luis Felipe Ramón y Rivera, uno de sus más talentosos colaboradores y posteriormente contrajo matrimonio con Isabel Aretz, radicándose ambos en Venezuela. Luego se sumarían la becaría boliviana Helena Fortín, el peruano Jorge Huirse Reyes, el chileno Eugenio Pereyra Salas, y puede ser considerado asimismo como perteneciente a este grupo el Padre Osvaldo Catena”.



Obra musicológica


•    La música de un códice colonial del siglo XVII (1931).
•    Escalas con semitonos en la música de los antiguos peruanos (1932).
•    Danzas y Canciones Argentinas (1936).
•    La Música Popular Argentina (1941).
•    Panorama de la Música Popular Argentina (1944).
•    Bailes tradicionales argentinos: El Cuando - El Carnavalito - La Mariquita - El Pala Pala - El Bailecito - El Pajarillo - La Huella - La Firmeza - La Sajuriana - La Media Caña - El Minué Federal - Los Aires y (1944-1953).
•    Los instrumentos musicales aborígenes y criollos de la Argentina (1946).
•    Música sudamericana (1946).
•    La forma de la cueca chilena (1947).
•    Las danzas populares argentinas (1952).
•    El origen de las Danzas folklóricas (1956).
•    La ciencia del folklore (1960).
•    El himno nacional argentino.
•    Danzas argentinas (en dos volúmenes, 1960-1961).
•    Danzas argentinas (1962).
•    El canto de los trovadores en una historia integral de la música (1963).
•    Lectura y notación de la música (1965).
•    El cielito de la independencia (1966).
•    Antecedentes y contorno de Gardel (1966, publicado póstumamente).
•    La Formación Coreográfica del Tango Argentino (1977).
•    Apuntes para la historia del movimiento tradicionalista argentino (recopilación y materiales inéditos,1981).
•    Estudios para los orígenes del tango argentino (2007).

Obra Literaria

•    Hombre (1926, poesía)
•    Campo (1927, poesía)
•    Agua (1932, cuentos)
•    Obras de teatro, inéditas.

Obra musical


•    Andantino, Andante y Plegaria para guitarra, estrenados en 1929.
•    Música para Madame Bovary, 1935.
•    Música para La Salamanca de Ricardo Rojas, 1943.
•    Música para El amor del Sendero, de Federico Martens, 1947.
•    Danzas y canciones para orquesta, 1943 - 1952.
•    Música para la película Alma Liberada, junto con su esposa, Silvia Eisenstein.

Reconocimientos y galardones

Carlos Vega recibió en 1948 el Premio Nacional de Historia y Folklore por  Bailes Tradicionales Argentinos. En 1952 nuevamente obtuvo el más alto galardón que otorga SADAIC a la mejor obra sobre música popular por su libro Las Danzas Populares Argentinas.

Fue también para Vega una satisfacción personal según consta en sus papeles, que Ricardo Levene lo convocara para redactar el capítulo concerniente a “La Música Argentina” en la Historia de la Nación Argentina que publicó la Academia Nacional de la Historia con la Editorial El Ateneo en 1946. Era miembro de número de la Asociación Argentina de Estudios Históricos y miembro titular del Archivo Histórico de la Provincia de Buenos Aires, presidido por Ricardo Levene.
Fue Presidente del Consejo de la Sociedad Argentina de Folklore, e incorporado como miembro correspondiente a distintas instituciones dedicadas a los estudios folklóricos del exterior siendo miembro correspondiente de la Sociedad Folklórica de México, de la Sociedad Peruana de Folklore, de la Sociedad Folklórica del Uruguay, de la Sociedad Folklórica de Bolivia, y finalmente de la Sociedad Folklore América de los Estados Unidos.
Sobre el final, Vega recibió numerosos reconocimientos por sus aportes musicológicos en distintos países como Italia, Portugal, España, Alemania, Inglaterra, Estados Unidos, México, Colombia, Perú, Bolivia, Brasil, Chile, y por supuesto, la República Oriental del Uruguay y nuestro país, para el cual realizó un invaluable servicio.
Apenas tres meses antes de su fallecimiento, Carlos Vega fue incorporado como miembro de número de la Academia Nacional de Bellas Artes, y así logró el más alto reconocimiento que por su labor puede aspirar un músico e investigador de este campo de estudio en nuestro país. Su discurso de presentación del 21 de octubre de 1965, versó sobre “La Musicología como Ciencia”, sintetizando, quizás, uno de sus mayores desvelos intelectuales de su vida.


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