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2014 Octubre_2
Tejada Gómez
 
Analizadas por Carlos Molinero

En estos artículos (que alguna vez soñamos completar como librillo) intentamos
Recorrer la obra poética del gran autos mendocino, cuya producción no ha sido suficientemente trabajada, a nuestro entender, y a fin de aportar elementos a este trabajo pendiente, con una visión propia. Tres artículos anteriores han abierto en Camino en el Pregón Criollo, hoy nos vamos a sus inicios literarios.


Pachamama es su primer libro. Alumbró allá por 1955, a sus 25 años, en Mendoza, en los talleres D’Accurzio por la editorial La Avispa, nombre que en realidad es también del grupo de teatro, que lo auspició para “estimular la labor de los creadores en Cuyo”. Sobre Tejada Gómez el grupo en la solapa nos dice que es un “hombre joven que  de golpe –y por su sola valía- se incorpora al núcleo de grandes poetas americanos.” Presintiendo sin duda que ese “lirismo masculino, civil-diríamos- lo desborda, dando la medida de la futura obra del artista”. Porque “Tejada define definitivamente-diríamos- no dejando lugar ni para la imaginación ni para la sugestión”,  sería efectivamente así, aunque  el reconocimiento no llegaría igualmente de golpe.

    Este primer producto presenta en realidad un grupo de poemas largos, (cada uno iniciado por un dibujo específico), de los cuales, el título del libro deriva del primero de ellos, que son en orden:  el homónimo del libro, Pachamama (poema de la tierra  y el origen) Pampa y Zonda, La Montaña,  El Agua, y en fin (no por casualidad) La Raiz del Canto.

En este enunciado de temas se ve sin dudar como el origen ab-origen, viene de la tierra (descripta en lugar de pertenencia regional, el Zonda, y nacional, la Pampa. Así como los elementos constitutivos de sus límites y paisaje (montaña) que inspiran y determinan, y productivos (el agua) que da el alimento y la productividad, o sea los nutrientes y origen (la raíz) a su destino: el Canto. Nada es casual, todo es predestinado.

    Rescatamos  algunos párrafos:


Pachamama trae el origen no desde los indios, sino del universo, sale de la religión (católica o indígena) para racionalizar (una constante en su obra) y encuadrar en ese marco las creencias, reorientándolas. Fragmentos aislados de este largo poema, lo muestran:


Estaba,
Era anterior.
Como fuego y no solo como fuego

Eran caparazones andando para fósiles
Fémur como camino, costillas como abrazos…

La tierra, nos dice, era un volcán encendido, pero no solo eso. Ya había vida, donde los grandes animales que hoy vemos en sus museos, iban, sin saberlo, a su destino, es decir estaban ya, siendo para nosotros hoy. La historia es camino, andando,  casi solo antecedente necesario para el hoy, como hoy, entonces podemos entendernos serlo solo del mañana. Científicamente ineludible, como el materialismo dialéctico señala.


Estaba
Era anterior.

Tierra venía a ser. Inevitable era.
Venía a su crecer rompiendo las estrellas.
    (…)
Desde allá, del vacío
A procrear el llanto, la música y la fiebre.
A inaugurar el hombre…

Es una masa deshabitada, ciega, (…que) crepitaba y dormía, (…que) tal vez movía un brazo y hacía una montaña. Una tierra a la vez humanizada en su brazo y deshumanizada, por vacía. Y en ese sentido preguntamos, nos preguntamos: ¿porque ir (llevarnos) tan lejos? Ir en su literatura pre-destinada, a fundar su poesía en el universo que rompe estrellas, que no da destino universal sino un muy específico (procrear el llanto y la música)? Porque justamente desde el hombre, desde el tiempo hecho hombre y el hombre hecho tiempo, Armando Tejada Gómez construirá todo su propio universo que no viene de las estrellas, sino que va, a su propio crecer. No es el origen la historia pasada, sino la visión desde y para el futuro que somos, que debíamos ser. Y así, del que deberemos ser aun más.

Me concierne del tiempo

Ha aparecido. Vengo
La voz como un cuchillo
Que estuviera naciendo.
Erguido
Ya de pie.
Creciendo

Si la voz es como un cuchillo, esa arma no está para no ser usada, es su  mismo destino ser y “que salga cortando”, como diría Hernández. El tiempo ha aparecido, erguido y creciendo, pues

Por mis venas América, extendida a mi muerte,
invasora en mi carne.
(…)
Tierra que no sabía la voz y la guitarra
 ¿Cómo no tentarse a rastrear a Canción con todos en estos gérmenes? Claro, si un análisis es anacrónico, pierde fidelidad histórica, mas en cuanto a la poética identifica constantes de pensamiento y de formas. Esto es lo que nos mueve a acentuarlo. Aun no hay certezas, pero si
por aproximaciones
por cortezas de canto.
Con un temblor de edades
atravieso los vientres.

Pachamama cusilla, es esa aproximación, esa “corteza de canto” que le consiente afirmarse en la historia, vegetal y humana. Cuando usa para ello  “decir invocaciones, desenterrar los ritos”, parece preanunciarnos el espectáculo de El Cóndor Vuelve, su radicalizada obra teatral que recorre la historia de América desde el punto de vista de un subalterno, el runa, y que en su momento ya evisceramos (Molinero Carlos, “Militancia de la Cancion”, Ed De aquí a la vuelta; Bs As, 2011, pag 351-382). Pues él está  necesariamente pre-destinado, a ser arma, eterna.


Fatal de pie
y de nuevo oteando el horizonte
como al arco su flecha
total
y para siempre
 Y eso construirá, desde el primer intento… hasta el último día de su vida.



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