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2014 Octubre
MEDITACIONES ACERCA DEL FOLKLORE
 
MEDITACIONES ACERCA DEL FOLKLORE
(Octava Nota)

                                                                              Por Rafael Rumich

   
En los artículos anteriores hemos alternado constantemente con los términos realidad e imaginario. Esta sucesiva repetición tiene su explicación. En principio digamos que ambos conceptos son partes constitutivas del folklore. Como los dos son componentes fundamentales del conjunto de elementos que integran la sabiduría del pueblo, emergen con asiduidad en el espacio conformado por las cuestiones y los problemas propios de las variadas actividades y campos relacionados entre sí, otorgándole incertidumbres y ambigüedades, como así también, sentido y significado al folklore.

    Ahora bien, en la medida en que intentemos echar luz sobre esta compleja cuestión nos enfrentaremos a situaciones dilemáticas y controversiales que, en mayor o menor grado, obstaculizan y dificultan la comprensión del ámbito objetual. Todas estas complicaciones se exteriorizan a través de conflictos profundos que propician, en el caso de la ciencia folklórica, distintas concepciones e intereses cognitivos encontrados.
    La pregunta que se nos plantea es ¿Esta situación se puede resolver? Sí, pero tal resultado depende de nosotros. Si seguimos actuando con la liviandad con la que enfrentamos dicha cuestión o nos abroquelamos en posturas intransigentes, categóricamente tenemos que manifestar que no habrá futuro para el Folklore, ni las proyecciones tendrán asidero, como de igual manera, tampoco las diversas aplicaciones tendrán sustento ni fundamento legítimo.
    Por consiguiente, no podemos proseguir así; indudablemente nos debemos una profunda reflexión colectiva, tenemos que romper las corazas que nos hemos impuesto y asumir con responsabilidad lo que nos concierne: resguardar y proteger: el folklore.
    Corresponde que asumamos tal compromiso por el valor que condensa y la importancia que reviste este conocimiento como tal. Este procedimiento básicamente requiere que converjan y se interrelacionen bajo un amplio dominio el material y la acción de las diversas fracciones que lo componen. Implica, además, el análisis de la pertenencia real e imaginaria de cada  una de las porciones disciplinares.
    Un proceso de esta naturaleza permitiría establecer el ordenamiento de las ideas, materias y saberes que conforman el ámbito dual que caracteriza al folklore: lo real y lo imaginario, que no se deposita solamente en el espacio del material propiamente folklórico, sino que invade los sitios propios de la filosofía, la ciencias, las proyecciones y aplicaciones de carácter folklórico e influye en el pensamiento y la conducta de los sujetos sociales que actúan y se desempeñan en esos campos.
    Si logramos alcanzar dichas metas, mediante la referida acción estaríamos ayudando a formar actores socioculturales que actúen con idoneidad, solvencia y capacidad en los menesteres aludidos.
    Posibilitando el desarrollo y la concreción de la aspiración señalada lograríamos lo que hace tiempo teníamos que haber obtenido: el correcto conocimiento de una disciplina única en su estilo y constitución. Es decir un corpus que englobe una filosofía específica; a diferentes ciencias, especialmente las sociales y las humanidades; a los elementos que se proyectan a través de todas las actividades artísticas, utilizando diversas técnicas y tecnologías y se aplican en diversos haceres.
    Corresponde aclarar también que cuando utilizamos el término Folklore, ya no  nos referimos exclusivamente a la ciencia folklórica, como lo hizo el maestro Raúl Augusto Cortazar, que nos legó ese distingo lingüístico y técnico para nombrar indistintamente folklore a los diversos materiales que constituyen el objeto de estudio y Folklore a la ciencia que observa, documenta, describe, analiza, clasifica, estudia, compara y explica tales entidades biopsicosocioculturales.


    Atento a los cambios producidos en el tiempo y transforman la realidad de manera casi vertiginosa, nos hemos visto obligados a resignificar el folklore y al Folklore. Por las razones expuestas en la actualidad la categoría conceptual y de análisis Folklore no puede quedar limitada a la ciencia. Hoy con la nominación Folklore integramos y nos referimos a la filosofía folklórica, la ciencia folklórica (interdisciplinaria y transdisciplinaria), las proyecciones y las aplicaciones del material estudiado y clasificado a través de las herramientas que se utilizan en determinadas actividades.
    Debemos avanzar en la construcción. Ya hemos perdido mucho tiempo; a pesar de los muchos esfuerzos que se hacen debemos reconocer que en distintos aspectos todavía andamos dando vuelta a la deriva, sin encontrar el rumbo que precisamos fijar.
    En este sentido no podemos desaprovechar lo que forjó una pléyade de hombres y mujeres que con su trabajo nos legaron un andamiaje sólido que sirvió para construir una etapa importantísima y fundamental, pero, hoy, dado los cambios socioculturales producidos, tenemos que adecuarnos a la realidad imperante.
    Los nuevos tiempos nos muestran y enfrentan a situaciones distintas. Indudablemente, el mundo avanza y cambia. Debemos estar preparados para abordar lo que la actualidad registra e impone. Si no contamos con la capacidad y las herramientas para interpretar esta realidad, por más que nos esforcemos, los conocimientos y los mecanismos que no han sido actualizados no nos sirven para discernir y lo único que nos quedará como riqueza será el recuerdo nostalgioso de épocas pretéritas de esplendor. Por lo tanto, tenemos la obligación de construir la nueva etapa de este largo proceso para otorgarle la continuidad que precisa y merece. Es la única manera de que el folklore cumpla con la misión que tiene que plasmar.
    Esta situación no nos debe angustiar, por el contrario, debe constituirse en una advertencia y debemos aprovecharla. Su comprensión simplemente nos mostrará que tal complejidad es la prueba que no estamos frente a algo fácil y superficial que se puede abordar con liviandad. Si dejamos de mirar al folklore como algo trivial, fácil de entender y lo examinamos como lo que es en definitiva: la sabiduría del pueblo, entonces percibiremos que estamos ante un objeto de estudio sumamente significativo y denso que precisa para interpretarlo de herramientas epistemólógicas y metodolóticas pertenecientes a la filosofía, la ciencia y las teorías de las diversas artes para, así, poder atravesar  nuestro inmenso campo de estudio, empezar a vislumbrar muchas cosas hoy todavía incomprensibles y que, la mayoría de las veces, nos incomodan, alteran y angustian.  
    Sucede que las distintas disciplinas, especialmente las científicas, han producido un reduccionismo de los objetos de estudio procurando acotar los espacios de estudio. Si bien este es un procedimiento que proporciona beneficios, muchas veces este mecanismo ha parcializado la realidad, segmentando la totalidad y separando las partes. Con el afán de favorecer y  avanzar en la construcción de conocimientos han concebido posturas  cientificistas donde son más importante los dispositivos que se aplican a los materiales que se estudian que el objeto que debe ser estudiado.
    Este proceso ha facilitado la constitución de un archipiélago compuesto por islas e islotes que no se comunican entre sí. Cuando más nos encerramos en nuestros espacios y dejamos de conectarnos con los otros, más truncalidades y sesgos producimos, más alienación y disgregación del conocimiento causamos. La Física, por ejemplo, ya no tiene como objeto a la fisis original. En su inicio éste tenía un sentido diferente, no era solamente el laboreo con un material específico, se relacionaba con el espíritu humano, el alma, el ánima. Al producirse la separación de la materia del espíritu tuvo lugar en el pensamiento humano una disociación que alteró para siempre la idea de integridad o totalidad que teníamos de nosotros como individuos y especie.
    Si llegamos a discernir cuál es el verdadero fin del Folklore advertiremos que el camino de la indagación folklórica es el único medio que poseemos para encontrar el camino que nos conducirá a la recomposición de la constitución original del ser humano como individuo y como sujeto social, reencontrándonos con su particular esencia. Caso contrario, seguiremos contribuyendo con la recreación de una sociedad enajenada y caótica. El estado social imperante nos priva de los instrumentos que precisamos para reconocer la  verdadera naturaleza humana. Asimismo este es un llamado de atención para los que consideran que el folklore culmina en el espectáculo artístico, en el estudio y diseño de vestimentas y enseres, en el castigo inhumano de caballos en espectáculos de “doma y folklore”, en la recopilación y registro de hechos y sucesos históricos protagonizados por nuestros antepasados, o que se defiende la nacionalidad únicamente a través de la implantación de un cancionero seudo autóctono que no refleja la argentinidad, o, de igual manera, mediante un conjunto de expresiones coreográficas rotuladas “danzas folklóricas argentinas”.
    Todo eso tendrá sentido de ser y producirá consecuencias positivas cuando entendamos plenamente cual es la esencia de lo que llamamos folklore, pero dicha percepción debe ser integral, total, no inconclusa ni parcial.     Para que podamos producir este hecho, desde esta actualidad que nos agobia tenemos que ir a las primeras causas, debe ser un viaje de ida y vuelta, viajar a la interioridad de lo que llamamos folklore y volver fortalecidos.
    Nuestra entidad humana es biopsicosociocultural y nos desenvolvemos en un medio natural. Nuestra tarea es encontrar las distintas aristas y facetas que comprenden la sabiduría del pueblo. No es tarea fácil. Por eso el Folklore como mega disciplina y meta-meta discurso tiene un significado y alcance que otras disciplinas sociales, culturales o humanísticas no alcanzan a poseer.     También tenemos que percatarnos que sin el auxilio y el aporte de todas las otras ciencias en función interdisciplinaria, el Folklore no puede lograr su cometido. Un desempeño de esta índole  le permitirá atravesar toda la realidad y llegar a lo más recóndito de la esencia humana permitiendo una función transdisciplinaria. Asimismo, todo depende del convencimiento que tengamos y del esfuerzo que depositemos al servicio de esta finalidad.
    El Congreso Nacional realizado en agosto pasado en el Centro Cultural Recoleta de la ciudad de Buenos Aires fue pródigo en logros y aportes. Todavía no hemos efectuado el amplio análisis que merece. La copiosa producción que arrojaron los intercambios y debates de conocimientos indudablemente precisa del debido tiempo para su análisis. Sin dudas próximamente irán emergiendo las excelentes aportaciones que efectuaron los congresales. No obstante ya contamos con algunos resultados que merecen destacarse. Lo que brindó este Foro organizado por la novel Academia Nacional de Folklore constituye una positiva respuesta a las cuestiones aquí esbozadas. En ese  sentido, por su estrecha relación con lo que planteamos en este artículo, tenemos que destacar el avance alcanzado. En ese sentido hoy nos vemos en la obligación de analizar conceptos, categorías y registros, como así también, distinguir como intervienen los mismos, incluso, las maneras en que se mezclan entre sí, propiciando atractivos que otras disciplinas no poseen.


    Esta condición es propia del folklore. Constituye el atributo que lo hace  atrayente y sugestivo. El interés que despierta reside justamente en dicha cualidad.
    En el mundo folklórico siempre hay algo insondable, arcano. Aunque desde distintas posturas filosóficas, científicas o religiosas hagamos lo imposible por conocer qué es real y que no, para no sucumbir ante lo desconocido, ese interrogante siempre estará a flor de piel. Es que lo velado e ignoto siempre ha sido una presencia ineludible y una constante en el hombre, algo imposible de zanjar, que nos tendrá permanentemente sobre ascuas. El hombre aún no posee los recursos para encontrar repuestas a todo y vive entre dos planos: lo que podemos  conocer y lo insondable. Lo segundo está dado por lo que intuimos que existe, tenemos la sensación, pero está velado a nuestro conocimiento porque no tenemos la capacidad para comprenderlo. Nuestras capacidades cognitivas aún están en pañales. Eso es lo que le da sentido al folklore, un universo que se ocupa de lo conocido. Ese universo se asemeja a un iceberg (lo poco que conocemos de él es lo que emerge sobre la superficie del agua mientras el mayor volumen de su cuerpo permanece oculto). El atractivo descansa en que los que habitamos este espacio geosociocultural llamada Suramérica somos productos de una realidad mágica.     Este navegar entre lo aparentemente racional y lo mágico, este condicionante del que no nos podemos sustraer es lo que nos hace sujetos folklóricos. Nadie está librado de este influjo. Somos consecuencia de este hecho o proceso porque nuestra existencia está determinada por este conjunto de componentes que no terminamos de descifrar. Esta situación no es privativa de nadie y, en mayor o menor grado, es común a todos
    Tal vez lo que más se esmeran por negar esto son los que inconscientemente están más propensos a ejercer una conducta folklórica. El inconsciente colectivo nos envuelve a todos y nos lleva en su barca en el viaje por el tiempo; en su bodega está apilado todo el patrimonio mítico y religioso que hemos construido durante la existencia de la humanidad, aunque la historia del pensamiento nos relata cuanto se esforzó el hombre por encontrarle una respuesta racional a esta cuestión. Por lo que apreciamos en la actualidad todavía quedan muchos interrogantes por responder.
    Indudablemente la simplicidad del mundo pastoril era más sencillo y espontáneo para encontrar explicaciones, responder los por qué. El incremento del conocimiento científico que propició su aplicación a la tecnología provocó una desmesurada complejidad que de alguna manera esclavizó al hombre, lo subyugó y alienó. Hoy todo es tan urgente, estamos condicionados por la instantaneidad. No terminamos de  adaptamos que ya tenemos que aprender algo nuevo, sin que haya una conveniente aprehensión. Esto lleva a que nuestra natural y lógica capacidad cognitiva se vea desbordada. Ya no somos los que manejamos los instrumentos tecnológicos; nos hemos convertido en una prolongación de los mismos. Vivimos eras simultaneas: una de ellas se caracteriza por nuestra mutancia cibernética. No solamente dependemos de los artificios tecnológicos sino que hemos creado una realidad paralela: la virtual.     Esto, más la realidad que nos crean los modernos medios de comunicación, nos aleja de nuestra condición humana, nos disocia, pero, a pesar de todo, en las profundidades subyace nuestra naturaleza humana. Ante tanta presión las puertas de los mecanismos de defensa contra la represión ceden y aflora todo aquello que estaba reprimido. Un habitante de ese espacio que viene viajando desde los principios de la humanidad, Mithos, se libera y ocupa un lugar en el yo psicológico y en el yo colectivo.
    Sólo hay que transitar las calles y observar los espacios públicos de las grandes megápolis y distinguir como las personas han sido ganadas por Mithos. Podríamos decir que los habitantes de esas urbes en la actualidad son los mejores portadores y exponentes de fenómenos folklóricos.
    Para que en ellos resida el folklore ya no es necesario que formen parte de un grupo real, con compartir una comunidad virtual ya son constructores de hechos o fenómenos folklóricos.
    Además, el folklore tiene matrices básicas que van cambiando y adecuándose de acuerdo a las exigencias externas que plantea la misma realidad, así también por ser el hombre un ser humano, su condición de folklórico, con más o menos intensidad, es inherente al individuo y lo fortalece y reinventa en el seno de uno o varios grupos. El grupo responde a una necesidad gregaria, es casual, cumple una función; en el individuo, en cambio, reside la esencia humana.
    Nos encontramos entonces ante una preguntas: El Folklore ¿se encarga simplemente de indagar la sabiduría del pueblo o también tiene como objeto de estudio lo que porta el pueblo en forma consciente o inconsciente, es decir, teniendo conciencia o no de lo que acarrea consigo?
    Otro interrogante que nos vemos obligados a emitir es ¿cómo si algo es real puede admitir la  condición mágica? En definitiva ¿qué es lo real y que lo mágico?

   
Como apreciará estimado lector, en la medida que nos internamos por los senderos del folklore y el Folklore, son cada vez más las innumerables cuestiones que afloran y cuantiosas las preguntas que surgen. Sugerir nuevos temas y tratar de encontrar repuestas a esos cuestionamientos expresan el fundamento y el por qué de estas meditaciones.

    Hasta la próxima.
    


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