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2014 Noviembre
MITOS, CREENCIAS Y CASOS EN LA NARRATIVA. DE SALTA Y EL NOROESTE ARGENTINO
 
 

Por María Cristina Bianchetti**



Valor de  la creencia y entidades sobrenaturales,su vigencia y actualidad.


Introducción
     Hace unos años, una serie de suicidios juveniles por ahorcamiento,  nueve en una semana, puso en vilo a las autoridades policiales en la ciudad de Salta. La versión oral,  de la que se hicieron ecos medios periodísticos,  atribuían tal hecho, a la creencia popular de que ”el familiar  de La Cerámica S.A.”, había quedado libre al demolerse un antiguo horno, el primero construido al inicio del emprendimiento. La versión popular atribuía a los antiguos dueños el haber firmado un pacto con el Demonio,  para la prosperidad de la empresa.


    Las versiones circulaban de boca en boca, impulsadas por el diario más importante  de la región. De inmediato, los vecinos de las populosas barriadas que circundan el área y el tristemente célebre Cerro Bola, donde se produce el mayor índice de suicidio de la Provincia, entraron en pánico. Se hablaba de la aparición del Maligno, como un ser blanco, barbado y de ojos azules. Este amenazaba con llevarse ese mes, veinte almas de adolescentes,  que vivían en las barriadas vecinas. La venganza provenía de haber  roto los descendientes el pacto de sangre y derruida la morada de su acólito “el familiar”,  que había firmado su contrato con el ya fallecido propietario. La piqueta de la modernidad  había demolido el ya derruido  y obsoleto horno, corazón  central de la antigua fábrica, para  dar paso a una moderna planta acorde al siglo XXI.


          El pánico se extendió por todo el sector sudeste de la ciudad. Las populosas barriadas marginales, que concentran en la actualidad, la mayor parte de la empobrecida población peri urbana de Salta capital, recurrían a los templos, particularmente Católicos y a la policía buscando amparo. Era común ver en ellos y otras capillas cercanas, a los jóvenes lucir un  rosario bendito en el cuello, como reaseguro para que “el familiar no se los coma”. Es creencia popular que si le roba el alma a los jóvenes  estos se suicidan.

    Convocada para analizar la situación, cuando los suicidios habían llegado a  nueve en una semana,  propuse la hipótesis de una denuncia social encubierta  por parte de un sector de  la comunidad  que se ve  involucrada directamente,  al formar parte de esa castigada sociedad que sufre diferentes flagelos: drogadicción, pandillas, violencia juvenil,  violencia familiar,  infantil, social; falta de oportunidades laborales, deserción escolar, analfabetismo,  precariedad habitacional y  salubridad deficitaria.
   
    Analizados los factores,  coincidieron las autoridades con la versión propuesta: la inserción de una familia foránea  en el medio, que respondía a las características raciales y físicas planteadas, que desentonaba con el entorno, desconfiando de sus actividades, las que consideraban relacionadas con la incrementación de la distribución  y venta de drogas.

     Encarada la situación y profundizada la línea de investigación,  se silenció la versión, aunque los suicidios siguieron, pero a ritmo normal, que lleva al mes de noviembre del dos mil cinco, setenta y seis casos, como hecho habitual por la combinación de alcohol y droga. En poco tiempo  recrudecieron  los suicidios, pero en otros  barrios distantes del área de origen de la versión original, aunque la  cohorte  descendió en edad, hacia menores  de trece y once años, con otra situación económica  de la población y como secuela de amores frustrados,  embarazos no deseados, o soledad.
       
 A partir de este hecho trataremos  de mostrar en estas líneas,  la vigencia  del relato tradicional oral y una visión general de las manifestaciones culturales/etnográficas  del noroeste argentino, destinadas a conservar la vida del hombre en su medio.


Hacia una aproximación de la vigencia de los casos y acontecidos


Salta y el noroeste argentino presenta un mosaico cultural complejo, con grupos humanos que residen desde la agreste montaña, hasta el exuberante verde de la cada vez mas reducida  selva y monte chaqueño. El medio geográfico condiciona al hombre y la naturaleza, en su lucha por la sobrevivencia.

La dura lucha con los elementos naturales finaliza con una mutua adecuación, basada en la tolerancia entre unos y otros por ser el espacio donde obtienen su alimentación y  lugar de quehacer laboral. La convivencia  se sustenta en el respeto a la fuente que brinda alimento, calor, protección, y trabajo la  Madre Tierra, a la que imaginan como madre generatriz y veneran como tal, y creen que rige todos los actos cotidianos del hombre.

Todo lo relacionado con la supervivencia del pastor, el agricultor, el hachero o minero que residen en  áreas rurales o aislados parajes en medio de los desiertos y salares  debe ser diariamente propiciado. De allí que brindan ofrendas a los ojos de las aguadas, a los que denominan ciénegos o pujios, a los arroyos, ríos, y lagunas, a las quebradas, cerros y montañas, a los aleros o concavidades de las minas y al viento o remolino, a los que consideran poseedores de un espíritu o entidad que lo rige. También lo hace a la Tierra como su protectora y a otras entidades o seres tutelares de los animales silvestres y domésticos. La corpachada y challada, las aspersiones y el humo de la sahumada, tienen por objeto que no falte agua, ni pasto, y que no se agoten los alimentos que sustentan a los animales y por ende al hombre, o los minerales que son fuentes de trabajo.

En otras áreas, el hombre recurre al dueño del monte, de los peces,  de los animales, o al protector de la selva, para solicitar su sustento. Pero en la actualidad, frente a la depredación tecnificada, el hombre tiene cada vez menos alimento y sus dioses y seres protectores, están también ausentes, no sobreviven al exterminio de la selva y el monte, y junto con ella se van, aunque reaparece una nueva entidad “Pachamama”.

Este hombre enraizado en su agreste medio, donde su vida depende de la conservación del equilibrio, sufrió el primer impacto con la llegada del conquistador, quien  al desconocer el mecanismo de las creencias como reguladoras del medio, inició su paulatino deterioro, marcando serias  contradicciones entre la religión judeo-cristiana  y las prácticas locales en que se sustentaba su vida.

Donde el enfoque espiritual cobra una extraordinaria riqueza es en el mundo mítico, donde el animismo forma parte del pensamiento mágico. Es aquí donde cobra vida la fantasía de los lugareños en viejos relatos fantásticos de salamancas o wankares , del runa uturunco , el ucumar , la mulanima , la coquena , el duende, los condenados , la uminta , la nina nina , el  katé kate , la sapamsucam , la viuda, el farol, el silbo del anima y el familiar,  entre otros y de los que refieren que han sido testigos directa o indirectamente de situaciones con características sobrenaturales.

 Así también en casos o acontecidos que hicieron las delicias de arrieros y mineros, con la secreta esperanza,  de que se convirtieran en realidad aquellas  viejas quimeras de la ciudades de oro, el tapado del Zorrito, el toro de oro, el tesoro de los jesuitas,  las lagunas encantadas que ocultan doradas ciudades como la de Los Pozuelos, Guayatayoc, Laguna Verde y otras tantas que abundan al  pié de los nevados de la alta cordillera. Otros relatos como la sirena del río y muchos otros relatos, relatados como casos y acontecidos, forjaron nuestra quimera en la voz de viejos ancianos durante las largas vigilias en la niñez. Mas tarde fuente de gozo mientras realizábamos los trabajos de investigación.

El pueblo expresa literariamente su narrativa en forma oral, la cuenta, la relata, la cree, la practica en ritos, en ceremonias, en supersticiones, como un rasgo característico del hecho folklórico, del que forma parte como patrimonio tradicional del pueblo.

Muchos de estos relatos forman parte de las creencias reguladoras de la vida y como ellas las mostraremos en un cuadro que solo nos introduce superficialmente en la cosmovisión del hombre del noroeste, que tiene su proyección en los países vecinos, al compartir una identidad cultural y racial común.

Las situaciones creadas en los relatos, durante el encuentro con seres sobrenaturales o míticos, en forma especial aquellos que tienen relación con etiologías mágicas, los consideran  responsables de afecciones orgánicas o alteraciones mentales. Ellos forman parte de tabúes pautados dentro de la comunidad, para mantener un orden estructurado.

Estos tabúes tienen por objeto señalar aspectos condenables  de la conducta humana, para proteger la vida del hombre. Es así que los tabúes relacionados con lugares geográficos  indican sitios pasibles de transgresiones, señalando lugares y horas no adecuadas para transitar por ellas. El wankar, los sitios bravos, los ojos de las aguadas, los angostos, palcas  y profundas quebradas, los filos de cerros y montañas, los antigales y tumbas o chulpas,  mantienen una serie de tabúes con relación a las horas en que se puede transitar por ellas. Los lugares y las horas consideradas como no adecuadas,  están relacionadas íntimamente  con el origen de  enfermedades y desdichas.

Otros tabúes señalan la sacralidad de las normas, que rigen el compadrazgo, con relación a las relaciones interpersonales de ayuda mutua o antiguas mingadas , o como vinculación familiar adquirida, que implica un vínculo mayor que el consanguíneo.  La condenación del alma y el convertirse en almamula o mulanima y condenados,  advierte de transgresiones locales relacionados con el incesto, donde es penado en mayor grado la relación con el sacerdote,  en segundo término y como de extrema gravedad,  la vinculación o relación sexual  entre compadres, tabú superior a la relación o convivencia  entre miembros de la propia familia.

Es fundamental que el hombre mantenga un doble vínculo, con lo ancestral, que siempre vive en él y con el grupo social actual del que forma parte como el producto de un cruce  inter¬cultural y multiétnico.  La creencia es el puente entre el mito y la  realidad.  Ella  acerca al hombre con la  divinidad, con lo mágico y sobrenatural, que  despierta en el hombre una  atmósfera fantástica donde desenvuelve toda su vida.

Toda sociedad tradicional o etnográfica, mantiene  el equilibrio del medio ambiente, el control de los pisos ecológicos, donde complementan su dieta alimentaria y  la  custodia de la relación humana, en base a  un  sistema  de creencias  que  estructura y articula lo moral, lo  social y lo económico.  Toda trasgresión que desestructure o desarticule el precario equilibrio de la vida en cualquier eslabón, ocasiona  no solo  conflictos  interpersonales  o comunitarios, sino que la creencia y el sentir popular puede atribuirle la responsabilidad sobre la consecuencias  relativas a las pérdidas de los bienes.  En ellas incluyen  epidemias y epizootias, catástrofes, calamidades y plagas que afecten todos sus bienes e incluso aspectos relacionados con enfermedades físicas y mentales y hasta la defunción de los pobladores.

La riqueza  de relatos, que con relación a las creencias observamos, son el resultado de castigos,  que desde lo sobrenatural  deviene como respuesta a lo estructurado míticamente en un pasado remoto, que en la actualidad solo quedan escasos eslabones diseminados en entidades rectoras  o dueñas de los diferentes medios, que analizamos en trabajos anteriores.

El  mito por lo general tiene un origen histórico, que con el tiempo se transforma en diferentes posibilidades o inter¬pretaciones, como es el caso de las leyendas, relatos,  narracio¬nes, casos o acontecidos, que de acuerdo a la posibilidad de expresión del grupo social asume una importante función  articu¬ladora entre el hombre, la comunidad y el ambiente en que  trans¬curre su vida cotidiana. En la actualidad esta articulación  está dada  en base a ciertas entidades reguladoras, que tomadas  fuera de contexto pueden ser enfocadas como creencias, fábulas, leyendas, sin observar su rol social en el grupo.

De esta manera señalaremos la estructura moral,  social y económica que sustenta tanto al hombre que reside en las  áreas urbanas, debido a los trasplantes  generados con  las migraciones por subsistencia o búsqueda de fuentes de trabajo, como en las áreas rurales del norte argentino.


 Los seres ordenadores de la vida y el medio ambiente

    Uno de los hechos fundamentales  es la  vigencia y  permanencia de relatos que están presentes en diferentes áreas del norte argentino en relación con  seres y entidades  sobrenaturales sea por medio de mitos, leyendas, casos,  cuentos y acontecidos, como  por creencias y rituales  relacionados con las entidades reguladoras  socioculturales y morales.
                                                        
              El tradicional saludo  utilizado  por los quechuas, que se dirigen unos a otros, los que retribuyen idéntico deseo, recuerda el buen comportamiento como base de  la armonía en la sociedad; por ello, el no robes, no seas mentiroso, no seas perezoso u ocioso, señala que allí se encuentra la raíz de los grandes males o vicios de la humanidad.

      Durante el Incario se instaura una sociedad íntegra,  donde todos se beneficiaran  con trabajo y ocupación, en su justa medida. Llegó a ser la mítica tierra sin mal,  aquella tras la  que peregrinaban los Chiriguanos desde el sector sur en poder de los portugueses, e impulsados por los bandeirantes hacia el interior del continente. Lograron llegar a los confines  ansiados, la Cordillera de los Chiriguanaes, y  sin saber que  habían encontrado su tan ansiado objetivo, se convirtieron en sus más feroces enemigos.

En el Imperio a nadie debía faltarle techo, abrigo, salud y alimentos. Todo estaba  resguardado por un sistema jurídico-moral, donde nadie debía enriquecerse, pero tampoco ser pobre o indigente. De ello resultaba  una sociedad alegre y entusiasta, que se concentraba en el trabajo, producía y lo disfrutaba al ritmo de los huaynos, jaillis, aranway y aymoray .

De ese sentido moral hoy poco ha quedado. Algunos resabios sobresalen entre  las creencias que consideramos como ordenadores sociales y morales que rigen la vida humana y los diferentes  medios, donde el hombre desarrolla sus labores y su vida. De allí la importancia de duendes, condenados, almamula o mulánima, almas en pena, la madre tierra o Pachamama, los dueños de las aguadas y los cerros, el Huayra o viento de las quebradas, los wankares  y las wipucas, entre otros, que solían mantener el orden social y espiritual de las comunidades. Los cuentos animalísticos, los de transfiguraciones mágicas, entidades sobrenaturales y seres  demoníacos, guardan resabios moralizadores, donde sigue aún vigente los preceptos ordenadores del Incario,  resumido en un simple saludo que recuerda los valores morales.
                                       
La sabiduría indígena ha sobrevivido cinco siglos  y ha mostrado los defectos humanos y sus resultados, por medio de relatos y narraciones  relacionadas a creencias, mestizadas o no, donde se destacan los principales defectos del hombre, ironizados o  resaltados por medio de la narrativa  vigente. El aranway, con su  fina ironía y humor, utilizó la anécdota y la fragilidad humana para ridiculizar defectos, señalar aspectos morales bajo formas ejemplarizadoras, que generaran  pánico en el  hombre, manteniendo la moralidad.

De esta manera se  puede  rastrear el  origen  de  los  cuentos, casos,  y relatos  tabuados,  vigentes en el noroeste argentino, y en especial en  el área de  la  Puna y  los  Valles  Orientales, en las  expresiones  literarias  quechuas y  aymaras que nos llegaron modificadas tras cinco siglos de contacto. Los  géneros  literarios quechuas  prehispánicos más  utilizados  fueron  el   Aranway y el Jailli, pero correspondió al  primero  un papel destacado por  su  especial características, el de  poesía humorística o moralizadora que  presentada a  manera  de  fábula carecería  de  moraleja.

Los  Amautas  y  Haravec, sabios  educadores  Incas, mezcla  de  hierofante y  poeta, emplearon  como forma   corriente  de  transmitir  conocimientos como  relatos fabulados y  apólogos versados, teniendo en  cuenta su mejor  retención, enseñando aspectos  morales  bajo  formas  aleccionadoras.

Estos  géneros literarios  prehispánicos  y sus  versiones  actuales, los  relatos populares y cuentos  folklóricos, dejan  a  la vista  defectos  condenables en el  ser  humano y que muy  bien  resalta gráficamente Guaman Poma de  Ayala. En el  texto resalta que la envidia y  la pereza,  eran formas condenables y criticables de comportamiento humano, pasibles  de  duros  castigos. Pero  la   ingratitud,  el  desprecio, la mala fe, la traición y  el robo  de tierras  eran  considerados como  falta  en  extremo grave. Los  relatos  y  casos al respecto,  señalan estas  actitudes  y  defectos  humanos como hechos  que el Inca  castigaba con  la muerte. (Guaman Poma de Ayala,1980: 279)
Continuará…

BIBLIOGRAFIA

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