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2014 Diciembre
En el mes más devoto del año, nuestra Académica de Honor ha incorporado a la biblioteca Virtual de la UCA, su libro mariano. Con su permiso reproducimos...
 
por Olga Fernández Latour de Botas


En el mes más devoto del año, nuestra Académica de Honor ha incorporado a la biblioteca Virtual de la UCA, su libro mariano. Con su permiso reproducimos por capítulos, no necesariamente en orden (algo muy del editor de este Pregón Criollo…). De hecho comenzamos por parte del Capítulo VII, que trata del tema en la proyección folklórica. Tal vez le de gusto por averiguar el resto. En otros números iremos agregando partes esenciales de este libro que recomendamos. Para encontrarlo, desde ahora:
Fernández Latour, Olga E. ¡Achalay mi virgen : María en el folklore argentino [en línea]. Buenos Aires : Educa, 2014.
Disponible en: 
http://bibliotecadigital.uca.edu.ar/repositorio/libros/achalay-mi-virgen-maria..pdf.


 LA DEVOCIÓN MARIANA
EN LAS PROYECCIONES POÉTICAS



De todas las posibilidades que presentan las proyecciones del folklore, la expresión poética resulta siempre la más atractiva para los autores, ya sea que escriban poesía de proyección folklórica para ser leída, como creación con destino libresco, ya sea que la escriban para ser cantada, como letras de piezas inspiradas en especies de la lírica pura o de la lírica aplicada de nuestra cultura tradicional. Los temas marianos ocupan, en esta producción tan peculiar, un lugar destacado.
Bien es cierto que, desde los tiempos hispánicos, los segmentos más instruidos de la población habían provisto modelos abundantes en este sentido, y es insoslayable evocar aquí el grato nexo entre España y nuestra Córdoba del Tucumán que se establece en el siglo xvii por la poesía de don Luis de Tejeda y Guzmán, nacido y criado en esta última y “docta” ciudad del actual territorio argentino. Con solo recordar las características por las cuales aquella poesía fue alabada por su primer genealogista,165  en el siglo siguiente, se percibe la continuidad de formas y de estilo que entonces iba tendiéndose como una fina red comunicadora entre todos los estamentos sociales de los pueblos hispanoamericanos. Antonio Serrano Redonnet extrae de aquellas páginas dieciochescas algunos fragmentos reveladores en tal sentido 166
  señala que algunos afirman que la obra de Tejeda (El Peregrino en Babilonia), “puede ocupar… lugar al lado de los mejores poetas sagrados; y verdaderamente –agrega– es digna de leerse por la sinceridad y vehemencia de sus expresiones, por la variedad agradable de sucesos infaustos combinados con una multitud de prodigios, y por el divino entusiasmo con que se transporta, abate y eleva sobre sí mismo el penitente poeta en la narrativa de las más menudas circunstancias de sus juveniles extravíos” […]. Cree que la obra de Luis de Tejeda “a nadie podrá desplacer”, puesto que está en “metro romancesco” y unida a la “amenidad de su brillante dicción y argumentos sobre hechos raros y prodigiosos”.

No solo dichas formas ya en su época popularizadas cultivó Tejeda, puesto que, en endecasílabos mezclados con heptasílabos y también en sonetos, ha dejado composiciones donde brillan su erudición y su religiosidad. Pero es en el romance –escrito en cuartetas pero monorrimo en el transcurso de toda la composición– donde el poeta se acerca a la más entrañable manera de allanar su discurso al nivel del que también poseían los sectores sociales más “rústicos”, para dedicarlo a la tierna devoción que da título a uno de sus poemas: “Al Niño Jesús”. He extraído, de este último, algunos fragmentos de entre los muchos referidos especialmente a la Virgen María:

Belén, portal dichoso,
Casa de pan que ciñes
Aquel cándido trigo
Nacido en tierra virgen. […]
¡Oh cómo está la madre
Agradeciendo humilde
El abrigo a las bestias,
Que el hombre le prohíbe! […]
Entre pucheros tiernos
Ya llora, ya se ríe
El Niño con la Madre,
Y ella, llorando, dice:
Si tu desnudez lloras,
Dime,¿por qué saliste,
Dejando mis entrañas
Que eran pañales firmes?
Mas ya me estás diciendo,
Mientras lloras y ríes:
Salgo a buscar ingratos,
Pues por ingratos vine.
No llores, pues, bien mío,
Si a tanto te atreviste
Que a tu Padre dejaste
Y a tu madre despides. […]

En cuanto a la presencia mariana en la poesía de este autor –formado en las aulas del Colegio Máximo de la Compañía de Jesús de su ciudad natal e incorporado a la Orden de Predica  dores a los cincuenta y nueve años, después de una intensa vida mundana– considero que es digna de un estudio particular y detenido que excede los límites de esta tesis. No obstante, vale recordar que, además de las piezas que han llegado hasta nosotros, dejó una obra inconclusa de asunto religioso consagrada a la Santísima Virgen María que, según el erudito crítico antes citado, 167 intentó configurar tres coronas líricas: la primera de rosas, la segunda de espinas (a la cual le falta el quinto misterio) y una tercera cuyo contenido no ha podido conocerse.
A la sombra de tales modelos, emitidos desde los sectores social e intelectualmente más altos de los tiempos coloniales, se fue gestando un espíritu de la forma y del fondo que impregnó a la poesía popular, que se convirtió en folklore y que luego ha resurgido y se mantiene hasta nuestros días en los cultivadores ilustrados de aquella misma línea ético-estética.

La Virgen María en la poesía gauchesca argentina

Las proyecciones del folklore se han dado en distintos géneros. Uno de esos géneros es la poesía gauchesca, original creación rioplatense cuyo Homero fue el montevideano Bartolomé Hidalgo –como lo ha dicho Bartolomé Mitre–168 que culmina con el Martín Fierro de José Hernández, y en la cual rige una suerte de convención –“que casi no lo es a fuerza de ser espontánea”, según Jorge Luis Borges–169 por la que el autor hace hablar o cantar a gauchos en un lenguaje que remeda el de la conversación común de este paradigma de los jinetes ganaderos de la pampa y de las cuchillas.
La expresión de la religiosidad cristiana en la poesía gauchesca ya ha sido magistralmente destacada por la reciente tesis de la doctora Alicia Sisca titulada Martín Fierro como obra portadora de valores cristianos enraizados en el ser cultural argentino. Bajo el título 5.3.1.2.1., “La Virgen María”, la autora expresa:170 Además del culto a la Virgen, bien ejemplificado en el relato de Picardía, hay tres referencias concretas que demuestran que el gaucho siente amor por la Virgen, a quien reconoce como Madre de Dios y protectora de los hombres. Así, ante una situación de riesgo, acude a ella para que lo proteja:

Por suerte en aquel momento
Venía coloriando el alba
Y yo dije: “Si me salva
La Virgen en este apuro,
En adelante le juro
Ser más güeno que una malva”.

(Ida, IX, vv. 1585-1590).

Al comenzar la segunda parte les agradece por igual a María y a Dios por seguir conservando su capacidad como cantor:

Gracias le doy a la Virgen,
Gracias le doy al Señor,
Porque entre tanto rigor
Y habiendo perdido tanto,
No perdí mi amor al canto
Ni mi voz como cantor.
(Vuelta, I, vv. 37-42).

También se refiere a la Virgen cuando dice cómo la cautiva le pide su protección para ambos, después de la pelea con el indio:
En su dolor y quebranto
Ella a la Madre de Dios
Le pide en su triste llanto
Que nos ampare a los dos.
(Vuelta, 9, vv. 1361-1364).

En su obra Alicia Sisca destaca, por lo demás que “José Hernández recreó magistralmente, con sus versos, las vivencias del hombre que inició nuestro ethos cultural” y afirma, en conclusión que comparto totalmente: Por eso pienso que su obra trasciende el tiempo y tiene vigencia para nosotros, los argentinos. Además la sustentó en los valores cristianos que son, en esencia universales. De esto infiero que Martín Fierro también trasciende el espacio y tiene vigencia para toda la humanidad.171
Otros poetas gauchescos, además de Hernández, han reflejado el singular valor que el culto de hiperdulía tiene en la religiosidad del jinete de las pampas. Esta presencia mariana en los poemas gauchescos se manifiesta, a veces, como una manera de marcar ciertos cambios en la sociedad de la época. Es lo que ocurre en la relación que hace el gaucho Ramón Contreras a Jacinto Chano de todo lo que vio en las Fiestas Mayas de Buenos Aires, en el año 1822, de Bartolomé Hidalgo, cuando para mostrar la influencia de las ideas de la Revolución Francesa y el espíritu del siglo en contraste con el arraigado cristianismo del paisano, dice el relato:172

Luego, con muchas banderas,
Otros niños se acercaron,
Con una imagen muy linda
Y un tamborcito tocando.
Pregunté qué virgen era;
La Fama, me contestaron.
Otras veces, en cambio, constituye un recurso por el cual el autor conecta su obra con los comportamientos más arraigados en la costumbre popular. Esto es lo que ha hecho Hilario Ascasubi en su obra Santos Vega o los mellizos de La Flor, cuyo capítulo LX comienza con la siguiente “Invocación gaucha” en romance monorrimo:173

¡Virgen Santa de Luján!
¡Madre de Dios soberano!
Que sois en nuestra campaña
La abogada de los gauchos.
¡Y vos también, madre mía
Y señora del Rosario!,
Abogada de imposibles
Y de los desamparados:
Dénmele a mi pecho voces
Y expresiones a mis labios,
Ahora, al fin, que explicar debo

Los prodigiosos milagros
Que tan repetidas veces
Ha hecho Dios en estos campos.
Uno de los autores que con más espontaneidad y sentimiento ha interpolado el nombre y la imagen de María en su obra gauchesca es Estanislao del Campo en el poema titulado
Fausto. Impresiones del gaucho Anastasio el Pollo en la representación de esta ópera. Es célebre la descripción de Margarita, la protagonista, que hace el gaucho Anastasio a su amigo Laguna. En ella la interpretación de la imagen del personaje teatral como evocadora de la de la Virgen en su advocación de la Inmaculada Concepción es explícita:174

¡Ah, don Laguna! ¡Si viera
Qué rubia!… Creameló:
Creí que estaba viendo yo
Alguna virgen de cera.
Vestido azul medio alzao,
Se apareció la muchacha:
Pelo de oro, como hilacha
De choclo recién cortao.
Blanca como una cuajada,
Y celeste la pollera,
Don Laguna, si aquello era
Mirar a la Inmaculada.
………………………………………
Por otra parte, en este poema hay una frecuente presencia del nombre y de la invocación a la Virgen, como ocurre cuando surgen las exclamaciones “¡Virgen mía!” o “¡Virgen bendita!”, o cuando, para hacer más chocante el engaño del Diablo, se lo hace aparecer en la casa de la vieja que cuidaba a la protagonista anunciándose con la invocación mariana acostumbrada por los criollos:

¡Diaonde ese lujo sacás!
La vieja, fula, decía,
Cuando gritó: ¡Avemaría!
En la puerta, Satanás.
¡Sin pecao! ¡Dentre, señor!
¿No hay perros? ¡Ya los ataron!
Y ya también se colaron
El Demonio y el Dotor.
Las interjecciones “¡Virgen bendita!”, “¡Virgen santa!”, “¡Virgen mía!”, son frecuentes en escritores gauchescos de ambas bandas del Río de la Plata desde Nicolás Granada hasta José María Silva, entre muchos ejemplos.
Pero, además de la gauchesca, los otros tipos de poesía de proyección folklórica han dado siempre testimonio de un mismo espíritu de arraigado cristianismo que no es sino reflejo, asimilado por autores ilustrados, del sentimiento popular. Y en el cristianismo la presencia mariana tiene un lugar de privilegio.


                        (continuará…)
Notas
165 Véase: Serrano Redonnet, A., 1994, pág. 21.
166 Ibíd., págs. 10-11.
167 Ibíd., págs. 38-46.
168 Mitre, B., Carta a José Hernández, 1872.
169 Borges, J. L., 1960.
170 Sisca, A., 2002, págs. 101-102.
171 Sisca, A., 2002, pág. 164.
172 Hidalgo, B., 1986.
173 Ascasubi, H., 1953, t. II; XL, pág. 168.
174 Campo, E. del, 1888.


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