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Hilachas
Hilachas
Raúl De La Torre (1996)
 

Sentado en quince años
sin festejos,
vaya a saber qué piensa el lustrabotas.
Cajón apuñalado por tachuelas,
alpargatas volándolo en hilachas
y calles cansadas,
alas al fin;
hilachas en los trapos veloces,
hilachas en las manos enfangadas
y lívidas
y la mirada sin pretensiones.
El corazón
-sol caído del plátano esquinero-
rejunta gorriones
en los blandos ojos
mensajeros,
-hilachas del alma-.

Hilachas se le caen
de la  última voz de niño
y se meten  en el hombre
a cachetazos.

Una mañana de tantas,
en la esquina del plátano abatido
-hilachas de la joven peatonal-
me permitiste el río sangre de tus lustres,
y mis zapatos
ahuyentaron sombras pisoteadas
de los otros y mías,
que -¡vaya uno a saber!-
cuántas veces remolqué,
-hilachas nuestras-;
y esa mañana,
con tu pase mágico
de solcitos en mis pies,
hilachas de ternura, 
y el dorado de tu adolescencia
lagrimeando primaveras muertas
en mi pecho,
remodelé algunas cuadras cansadas,
sacudí melancolías de las esquinas,
descubrí hilachas de luz
en los nidos, 
planté un semáforo deshilachado
en soles
y liberé pájaros muertos.

Es cierto: estuve triste,
pero vivo.


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